sábado, 3 de octubre de 2026

Un país que casi no existe

 Pedro Conde Sturla 

Yemen es un país que casi no ocupaba y no ocupa mucho lugar en los medios de comunicación. Se sabe y se dice y se repite que es el país más pobre de la península arábiga, que ha sufrido durante los últimos años una guerra devastadora que comenzó en septiembre de 2014 y ha producido medio millón de muertos y cuatro o cinco millones de desplazados, que está siendo azotado por el hambre y la peste, que la desnutrición infantil y el cólera campean por sus fueros. De hecho los yemeníes sufrieron o sufren todavía la mayor epidemia de cólera del mundo. Todo causado y agravado, según los medios de comunicación de los dueños del mundo, por la espantosa guerra civil. “El prolongado conflicto armado y los bloqueos han colapsado el sistema de salud y dejado a millones de personas sin acceso a agua potable ni alimentos suficientes”.


Las noticias, propiciadas por la inteligencia artificial de Google, no establecen mayor relación de causa efecto. La guerra civil, que no es en rigor una guerra civil, parece haber surgido de la nada. El conflicto surgió por generación espontánea y los culpables son o parecen ser los yemenitas.

Lo cierto es que Yemen ha soportado el acoso de una coalición liderada por Arabia Saudita con el apoyo de Estados Unidos e Inglaterra y la participación de una decena de países: Egipto, Jordania, Sudán, Baréin, Kuwait, Marruecos, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Senegal, Pakistán… Algunos de ellos, en menor y mayor medida, han prestado recursos militares, aéreos, navales y han desplegado tropas terrestres. Durante los últimos dieciséis años Yemen ha sido invadido, sometido a una campaña de bombardeos a gran escala, a un bloqueo por aire mar y tierra y a un gran silencio mediático en la medida de lo posible… No es un país tan pobre, lo han empobrecido

En otra época, las cosas eran muy diferentes. Yemen era la joya de la corona y en muchos sentidos lo sigue siendo, pese a su situación actual. Los griegos y los romanos (o mejor dicho Claudio Ptolomeo en su obra “Geografía”, año 150) subdividieron la inmensa península de más de tres millones de kilómetros cuadrados en tres regiones que llamaron Arabia Pétrea, Arabia Deserta y Arabia Felix.

La primera se ubicaba al norte, abarcaba parte del Sinaí y colindaba con Jordania y Siria. Allí se encuentra la fabulosa ciudad rosa de Petra, la capital del reino nabateo, en lo que hoy es Jordania.

La segunda ocupaba el árido y casi imposible espacio interior desértico y llano y se extendía hacia el norte, hasta Mesopotamia y el desierto de Siria. Es un territorio inhóspito, una zona árida habitada de alguna manera por beduinos y nómadas que se dedicaban al pastoreo, al control de las caravanas. Es decir, al cobro de peaje por derecho de paso o al saqueo.

La tercera, la Arabia Felix o feliz, dichosa o fértil, ocupaba lo que es hoy el territorio de Yemen y sus zonas limítrofes, incluyendo la región del Hiyaz (la costa occidental de la península arábiga donde se ubican La Meca y Medina), que hoy pertenece a Arabia.

Se le llamaba Felix por ser la zona más rica, la más húmeda, florida verde y montañosa y por su enorme importancia comercial en la ruta de las especies y la producción de perfumes y de la muy cotizada resina de incienso y mirra que se utilizaban en ceremonias religiosas y medicina.

Tanta felicidad se debe, precisamente, a las montañas que hacen precipitar las aguas monzónicas y producen temporalmente un saludable régimen de lluvias. Yemen no tiene ríos de caudal permanente, sólo cursos de agua estacionales, pero cuenta con numerosos cauces y valles fluviales que se rebosan a veces violentamente con esas aguas que también alimentan acuíferos subterráneos y pozos y hacen florecer la agricultura. La escasa tierra labrantía se compensa en parte con un sistema de terrazas milenarias que impiden la erosión y amplían las áreas de cultivos.
Los grandes sistemas montañosos de Yemen no solo producen agua y vida, también brindan protección. 
Históricamente han servido para la defensa del país, como refugio para milicias locales y guerrillas. Sin embargo, sólo un dieciocho por ciento de Yemen es montañoso y fértil. El resto son mesetas y desiertos, pero en está zona montañosa vive el setenta por ciento de la población y se encuentra el pico más alto de la península arábiga. El clima, por supuesto, es fresco, privilegiado, con unas temperaturas máximas en verano que oscilan entre los 19 y 24 grados centígrados. El paisaje muchas veces se presenta recubierto de una mansa neblina.

Yemen cuenta con significativos recursos minerales y también hidrocarburos que no ha podido explotar más que en forma limitada a causa de los conflictos existentes, pero produce sorgo, mijo, maíz, trigo y cebada, se producen uvas, mangos de reconocida calidad, bananos, melones, papayas, higos, manzanas, peras, melocotones y cítricos y una planta estimulante llamada qat. Pero además es la cuna del café, del cultivo y comercialización del café, el famoso café que durante doscientos años llegaba a Europa desde la ciudad portuaria de Moca, cuando era el centro más importante del mundo para la exportación de café arábico.

La superficie de Yemen es de unos 527.968 kilómetros cuadrados y su población de unos treinta o treinta cuatro millones, casi a la par con Arabia Saudita. Es un país bien definido geográficamente e históricamente, no una construcción artificial como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo.

Téngase en cuenta, además, que Yemen está situado en una zona estratégica que le permitió el control de las rutas marítimas hacia la India y el surgimiento de ricas civilizaciones que acumularon enormes fortunas en oro.

Además Yemén es un país bicontinental. Forma parte de Asia y de África: una parte asiática al sur de la península arábiga y una parte africana en la fabulosa isla de Socotra, en la plataforma continental africana. Lamentablemente, desde 2018 se encuentra en manos de los Emiratos Árabes Unidos.

Su posición geográfica privilegiada, que le permite el control del estrecho de Bab el-Mandeb (la puerta de entrada y salida del Mar Rojo y el Océano Índico), no redunda necesariamente a su favor. Más bien ha sido víctima de esa importancia. Durante siglos ha sido la envidia y el objetivo de grandes potencias como el Imperio Otomano, Inglaterra y Arabia Saudita, que han llegado a ocupar aunque sólo parcialmente su territorio.

De hecho, al igual que Afganistán, “Yemen es históricamente conocido como el ‘cementerio de imperios’ debido a que, en su totalidad y de forma permanente, nunca fue completamente conquistado o asimilado por las grandes potencias extranjeras que lo intentaron”.

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