martes, 30 de octubre de 2018

La mitología griega al alcance de todos

Pedro Conde Sturla

18 de abril 2016

La mitología era parte fundamental de la religión de los griegos y hoy en día poca gente cree en ella, aunque muchos rasgos doctrinales y rituales sobreviven.


Los dioses griegos bebían, se emborrachaban, mentían, engañaban, intrigaban, se enamoraban, traicionaban, sentían celos unos de otros y a veces de los comunes mortales, eran viciosos, libertinos, promiscuos, “maquinaban odiosas acciones”,  mataban, cometían adulterio, faltaban a casi todos los mandamientos y además conspiraban, sostenían cruentas luchas por el poder y todo lo que usted pueda imaginar. Tenían además una especie de humor negro muy negro, tal y como lo describe el romano Apolodoro en su “Biblioteca mitológica”.
Así, durante la primera gran conspiración celestial, el primer golpe de estado celestial, la rebelión contra Urano incluye el uso de una guadaña para cercenar su equipo colgante, lo castran al pobre Urano sin misericordia, ¡al padre de los dioses! Toda una crueldad y una falta de respeto.
Más adelante, durante la segunda conspiración (esta vez contra Crono, el que devoraba a sus hijos, el mismo que empuñó la guadaña contra Urano,), los conjurados emplean un purgante:
Castración -Urano

“Urano fue el primero que gobernó sobre todo el mundo. Casado con Gea engendró en primer lugar a los llamados Hecatonquiros: (…), los cuales eran invencibles en tamaño y fuerza y tenían cien manos y cincuenta cabezas. Tras éstos Gea dio a luz a los Ciclopes (…), cada uno de ellos con un solo ojo en la frente. Pero Urano una vez atados los arrojó al Tártaro (lugar tenebroso que se halla en el Hades, a tanta distancia de la tierra, como la tierra del cielo). Y de nuevo engendró hijos de Gea, los llamados Titanes: Océano, Ceó, Hiperión, Crío, Jápeto Cronos, el más joven de todos; y las hijas lamadas Titánides: (…). Indignada Gea por la destrucción de sus hijos arrojados al Tártaro, convence los Titanes para que ataquen a su padre; y le da una hoz a Crono. Éstos, al margen del Océano, lo atacan y Crono corta los genitales de su padre y los arrojó al mar. De las gotas de sangre que manaba nacieron las Erinias: (…). Luego de expulsar el poder a su padre, subieron a los hermanos que habían sido arrojados al Tártaro y le dieron el poder a Crono. Pero Crono de nuevo atándolos los encerró en el Tártaro y casándose con su hermana Rea, a raíz de que Gea y Urano le habían profetizado que le sería arrebatado el poder por su propio hijo, devoraba sus retoños recién nacidos. A la primera que nació, Hestia, se la tragó, después a Deméter, a Hera, tras las cuales, a Plutón y Poseidón. Irritada por esto, Rea se retiró a Creta, cuando coincidió que sé hallaba encinta de Zeus y dio a luz en la cueva de Dicte. Se lo entrega a los Curetes y a las ninfas Adrastea e Ida, hijas de Meliseo, para que lo criasen. Por tanto ellas alimentaban al niño con la leche de Amaltea, mientras los Curetes armados custodiaban la criatura en la cueva y entrechocaban los escudos con las lanzas, para que Crono no oyese a voz del niño. Y Rea, envuelta una piedra en pañales, se la dio a Crono para que se  la tragara como si fuera el niño recién nacido".
“Una vez que Zeus hubo crecido, tomó a Metis, la hija de Océano, como apoyo. Ésta le dio a tragar a Crono un bebedizo que le obliga a vomitar primero la piedra y después los hijos que había devorado. Con ellos Zeus inició una guerra contra Crono y los Titanes. Y habiendo estado en guerra durante diez años, Gea vaticinó a Zeus la victoria si lograba tener por aliados los que habían sido arrojados al Tártaro. Aquel, dando muerte a Campe, que los vigilaba, desató sus ligaduras. Entonces los Cíclopes dieron a Zeus el trueno, el relámpago y el rayo, a Plutón el yelmo y a Poseidón el tridente. Armados así vencen a los Titanes y encerrándolos en el Tártaro pusieron como guardias a los Hecatonquiros. Echan a suertes el poder y le toca a Zeus el dominio del cielo, a Poseidón el del mar y a Plutón el del Hades”. (Apolodora, “Biblioteca Mitológica”).
Hesíodo, el poeta griego contemporáneo o casi contemporáneo de Homero, describe en su “Teogonía” el episodio de la emasculación de Urano, pero con mayor lujo de detalles y derroche de poesía:
“Castración de Urano. Afrodita.

“Pues bien, cuantos nacieron de Gea y Urano, los hijos más terribles, estaban irritados con su padre desde siempre. Y cada vez que alguno de ellos estaba a punto de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el seno de Gea sin dejarles salir a la luz y se gozaba cínicamente con su malvada acción. La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba en su interior y urdió una cruel artimaña. Produciendo al punto un tipo de brillante acero, forjó una enorme hoz y luego explicó el plan a sus hijos. Armada de valor dijo afligida en su corazón: ‘¡Hijos míos y de soberbio padre! Si queréis seguir mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones’. Así habló y lógicamente un temor los dominó a todos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el poderoso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al punto respondió con estas palabras a su prudente madre: ‘Madre, yo podría, lo prometo, realizar dicha empresa, ya que no siento piedad por nuestro abominable padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones’. Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su corazón y lo apostó secretamente en emboscada. Puso en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló perfectamente la trampa. Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de aflados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás. No en vano escaparon aquellos de su mano. Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en sus mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales,
desde el mismo instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella”.
La mitología griega es de una riqueza incomparable y la abundancia y variedad de criaturas divinas, semidivinas, héroes humanos, brujas, monstruos y demonios constituye una especie de laberinto donde es difícil orientarse. Por añadidura, muchos eventos, muchos personajes se repiten en diferentes versiones y el número crece y crece en modo exponencial. Entre los griegos, el mencionado Hesíodo (que nació probablemente en la segunda mitad del siglo VIII a.C) fue quizás el primero en tratar de poner orden en la maraña de historias que habían circulado durante siglos en forma oral, asentándolas por escrito en su famosa “Teogonía”. (Del mismo modo, durante cuatrocientos años circularon de boca en boca las narraciones sobre la guerra de Troya y las aventuras de Ulises, antes de ser escritas por un poeta o escuela de poetas que designamos convencionalmente con el nombre de Homero).
Entre los romanos, tres de los principales recopiladores son Ovidio, Virgilio y el incierto Apolodoro, el discutido autor de la “Biblioteca mitológica”.
La mitología era parte fundamental de la religión de los griegos y hoy en día poca gente cree en ella, aunque muchos rasgos doctrinales y rituales sobreviven.
En cambio, de la población de siete mil millones de habitantes que agobia el sobrecargado planeta tierra, casi la mitad cree de alguna manera en las religiones derivadas de la mitología judeo cristiana, copiada, como la griega, de las de Mesopotamia, Egipto, Persia y otras fuentes bien conocidas.

EL PRÍNCIPE DE MAQUIAVELO

Pedro Conde Sturla
3 de septiembre de 2012
 

[Tres pequeños grandes libros sacudieron las ideas y la moral del Renacimiento. La “Utopía” de Tomás Moro, el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam y la obra póstuma de Nicolás Maquiavelo, “El príncipe”, famosa entre todas las famosas y la más digna –o indigna-  de antología  por el valor en sí de la pieza.
Todas gravitan sobre el pensamiento universal, aunque muy pocos las conocen más que de nombre, salvo los políticos ilustrados, y generalmente malvados, que de ella se nutren.
Todavía se discute si Maquiavelo fue un cínico que propuso una tesis para gobernar al margen de la moral y la ética, o si quiso denunciar una práctica aberrante, o quiso dejar un manual para el mejor de todos los gobiernos.
De hecho lo que hizo fue fundar la ciencia política. Teorizar, trasponer desde el terreno de la práctica al terreno de las ideas, como decía mi profesor de historia del arte moderno: Julio Carlo Argán.
Una ciencia se constituye a partir del establecimiento de un dominio (además de un objetivo y un método propios) y eso fue lo que hizo Maquiavelo.
“El mérito fundamental de Maquiavelo consistió en su habilidad para estructurar una teoría política con base en las experiencias cotidianas, al margen de toda concepción idealista. “El príncipe”, su obra maestra, ha tenido una trascendencia universal por constituir un verdadero manual para el ejercicio del poder. Se dice que, a lo largo de la historia, ha sido el libro de cabecera de Napoleón, Richelieu y muchos otros grandes políticos y estadistas.
“No es de extrañar la amoralidad del celebérrimo libro si se toma en cuenta que Maquiavelo fue secretario de César Borgia, a quien puede considerarse su principal inspirador. En efecto, el escritor florentino estuvo al lado de César cuando éste convocó, con pretextos amigables, a los capitanes que habían rehusado servirle, y en seguida los mandó degollar. Maquiavelo redactó un minucioso informe sobre aquel trágico episodio, donde ya se advierte su manera de separar tajantemente la política y la moral.”
Uno de los capítulos fundamentales de “El príncipe”, que aquí se reproduce a continuación, trata sobre el deber y el modo en que los príncipes deben cumplir sus  promesas una vez que han cambiado las circunstancias en que se vieron comprometidos a hacerlas.
Más adelante veremos, con el correr de los tiempos, si el nuevo príncipe dominicano se atiene a lo prometido o cambia  de opinión en el ejercicio del poder. Si se mantiene fiel a sus palabras. O bien si se comporta igual que el ex monarca constitucional, el de hablar soso y amanerado, el informal y descarado que no cumplía ni con el horario. PCS]
Capitulo XVIII
DE QUE MODO LOS PRÍNCIPES DEBEN CUMPLIR SUS PROMESAS
Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez;  pero la experiencia nos demuestra,  por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho  menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas.
Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que  los criara y educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede
durar mucho tiempo sin la otra. De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el
príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del
león demuestran poca experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan
desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Nunca faltaron a un príncipe razones legitimas para disfrazar la inobservancia. Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que
mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular.
Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a
las necesidades del momento, que aquel que engaña con arte encontrará siempre quien se deje engañar. Pero es menester saber encubrir ese proceder artificioso y ser hábil en disimular y en fingir.
No quiero callar uno de los ejemplos contemporáneos. Alejandro VI nunca hizo ni pensó en otra cosa que en engañar a los hombres, y siempre halló oportunidad para hacerlo. Jamás hubo hombre que prometiese con más desparpajo ni que hiciera tantos
juramentos sin cumplir ninguno; y, sin embargo, los engaños siempre le salieron a pedir de boca, porque conocía bien esta parte del mundo.No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto  a irse al otro extremo si ello fuera necesario. Y ha de tenerse presente que un príncipe, y
sobre todo un príncipe nuevo, no puede observar todas las cosas gracias a las cuales los hombres son considerados buenos, porque, a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión. Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal. Por todo esto un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de
los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la clemencia, la fe, la rectitud y la religión mismas, sobre todo esta última.
Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos  pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres;  y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado. Y en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un
príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse. Un príncipe de estos tiempos, a quien no es oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras. (Nicolas Maquiavelo,“El príncipe”)
(A José Ramón Bonilla Almonte, como anillo al dedo).


domingo, 28 de octubre de 2018

COSMOGONÍAS Y TEOGONÍAS: EGIPTO (1-2)

Pedro Conde Sturla
 21 de marzo / 28 de marzo 2016

Cosmogonías y teogonías: Egipto (1)

La producción espiritual de la existencia reproduce de muchas maneras las condiciones de la producción material de la existencia y en Egipto solo era posible gracias al Nilo, fuente de irrigación, de alimentación y de transporte, fuente de inspiración, río manso, educado, el más largo del mundo y el de mejor temperamento.

En el principio era el agua, generalmente el agua, el agua “primordial”. Agua y dioses acuáticos en Mesopotamia, agua y dioses acuáticos en el fértil valle del río indo, agua y dioses acuáticos en la cuenca del río amarillo de China, agua y dioses acuáticos en la inmensa  laguna de Tenochtitlan.
De una u otra forma, está presente el agua. A veces como “Una enorme masa líquida y amorfa en la que residían las fuerzas de la creación y de la destrucción, apoteósicamente enfrentadas en los comienzos del proceso creativo, o lo que es lo mismo, en el paso del caos al cosmos”.[1]
La producción espiritual de la existencia reproduce de muchas maneras las condiciones de la producción material de la existencia y en Egipto solo era posible gracias al Nilo, fuente de irrigación, de alimentación y de transporte, fuente de inspiración, río manso, educado, el más largo del mundo y el de mejor temperamento. No sorprende, pues, que en la más conocida de las cosmogonías de Egipto, la que surgió en Heliólopis (con más de cinco mil años de antigüedad), se hable de “un océano primordial llamado Num, del cual brotó un primer terruño en el que pudo posarse la primera deidad autocreada, denominada Atum-Ra” A continuación remontó vuelo “sobre esa primera colina con forma de pirámide y dio inicio a la primera generación de dioses”.[2] Sus descendientes, Osiris, Isis, Seth y Neftis parejas de gemelos  divinos de segunda generación, serían, junto a Horus,  los más importantes y venerados a través de cuarenta siglos de una de las más brillantes civilizaciones. 
Según explica Francisco López, “La historia de Isis y Osiris es  la leyenda más importante de toda la mitología egipcia, por lo  que ha estado abierta siempre a diferentes interpretaciones. 
No existe una reconstrucción exacta de toda la leyenda, salvo 
el ‘Tratado de Isis y Osiris’ de Plutarco, relato helenizado de 
la tradición popular. Son textos sueltos e inscripciones que 
permiten reconstruir la leyenda casi por completo. No 
obstante existen grandes diferencias entre la versión de los 
Textos de las Pirámides, que podríamos considerar como la 
más egipcia, y la obra de Plutarco, posiblemente debido a que 
 Plutarco trató de dar una visión más helenizada del mito, y 
como el mismo dice ‘eliminando de él todo lo que pudiese 
haber de inútil y superfluo’ por resultar absurdos o 
incomprensibles en el mundo griego”.[3] 



Basándose en el tratado de Plutarco de Queronea sobre la mitología egipcia (de la que los griegos se sirvieron a manos llenas) y unos textos de Diodoro de Sevilla, el mencionado Francisco López compuso una versión más elaborada, rica de detalles y didáctica que tiene la virtud de describir “en un lenguaje límpido y transparente” esta historia fascinante.
“Los nombres entre paréntesis – explica Francisco López- son los que aparecen en la obra de Plutarco, identificados con los dioses griegos”.
He aquí la primera parte de la leyenda de Isis e Osiris:
“Cuando Ra todavía gobernaba el Mundo, fue advertido de que su hija Nut (Rea), diosa de los espacios celestes, tenía comercio secreto con Geb (Cronos), dios de la Tierra, y que si en algún momento diese a luz un niño, este gobernaría la humanidad, por lo que Ra maldijo a Nut de manera que nunca podría tener un hijo en ningún día y ninguna noche del año (“Asi nunca Nut pueda dar a luz niño alguno ni en el transcurso del mes ni en el transcurso del año”).  Nut pidió consejo al gran Thot (Hermes), dios de la sabiduría, quien por cierto estaba enamorado de la diosa, de la que también había obtenido favores en su momento. Este, por medio de su sabiduría, encontró la forma de evitar la maldición. Thot acudió a Jonsu, dios lunar, cuyo brillo era entonces casi como el del Sol y lo desafió a un juego de mesa, en el que Jonsu apostaba su propia luz. Ambos jugaron y la suerte siempre estaba de parte de Thot, hasta que Jonsu fue derrotado. La apuesta consistía en la septuagésima parte de la luminosidad diaria de la Luna, y desde entoces Jonsu no ha tenido suficiente fuerza para brillar a lo largo del mes, por eso mengua y se recupera. Con esta luz Thot creo cinco nuevos días, conocidos como epagómenos (que significa añadidos), en el calendario que hasta entonces constaba de doce meses de 30 días cada uno y los añadió justo al final del año, de manera que no pertenecían ni al año viejo ni al nuevo.  Así Nut pudo tener a sus cinco hijos, y al mismo tiempo se cumplió la maldición de Ra. Primero nació Osiris, y su nacimiento fué anunciado como el de un dios bondadoso y benefactor del pueblo (“El gran señor de todas las cosas ha aparecido bañado por la luz”).  El segundo fue reservado para el nacimiento de Horus (Apolo), hijo de Osiris e Isis,  el tercero para Seth (Tifón), quien no nació ni en el tiempo que le correspondía ni por el camino adecuado, sino rasgando el costado de su madre Nut. El cuarto día nació Isis, entre las marismas, y el último Neftis (Afrodita, Teleuté y Victoria).
(Isis y Osiris, según Plutarco, estaban enamorados y “tuvieron unión incluso antes de nacer, en el seno materno”, pero nótese la incoherencia entre el nacimiento de Horus y el posterior nacimiento de su madre Isis, pcs).
“Osiris, el primogénito, era el heredero del reino y representaba el lado bueno, la regeneración y la fertilidad de la tierra, mientras que Seth representaba la aridez, el lado oscuro y las zonas desérticas.  Con el tiempo Osiris se casó con su hermana Isis, a quien amaba desde el vientre de su madre. Seth se casó con Neftis, pues al ser un dios sólo una diosa podía ser su esposa. Isis, la más inteligente de los cuatro hermanos, obtuvo con destreza el nombre secreto de Ra, el nombre que le otorgaba poder y grandeza (Véase historia de Ra)  y con el tiempo Osiris se convirtió en el Rey de Egipto. En aquellos tiempos la humanidad vivía en estado salvaje,  practicando el canibalismo, y fue Osiris quien  enseñó a su pueblo a  cultivar los campos, aprovechando las inundaciones anuales del Nilo, y cómo segar  y recoger la cosecha para alimentarse. También les enseñó como sembrar vides y obtener vino (de ahí la asociación griega con Dionisio)  y la forma de fabricar cerveza a partir del cultivo de cebada. Pero no sólo enseñó al pueblo cómo alimentarse y cultivar sino que le dió leyes con las que regirse en paz, la música y la alegría y les instruyó en el respeto a los dioses.”
Notas:



[1] Cristina Vidal Lorenzo, “El origen del mundo en el arte antiguo.”
[3] Francisco López ,“La historia de Osiris”.


Cosmogonías y teogonías: Egipto (y 2)

Isis debía empezar de nuevo su búsqueda, pero esta vez no se encontraba sola, contaba con su hermana Neftis, esposa de Seth, con quien estaba enfrentada en su rivalidad con Osiris y con Anubis, hijo de Osiris y Neftis.


Son muchas las versiones que existen sobre el mito de Isis y Osiris. Algunas fuentes niegan que Osiris muriera “por completo”, pero casi siempre se alude a su asesinato por parte de Seth y el desmenbramiento de su cuerpo, la posterior reconstrucción del mismo por parte de Isis y la derrota de Seth a manos de Horus. Sin embargo el desmembramiento a veces ocurre poco después de su muerte y otras después que Isis recupera el cuerpo.
“Plutarco sostiene que Seth robó y desmembró el cuerpo de Osiris solo después de que Isis lo recuperó. Entonces, Isis encontró y enterró cada pieza del cuerpo de su esposo, con la excepción del pene, que debió reconstruir con magia, debido a que el original fue comido por los peces en el río. Según Plutarco, esta es la razón por la que los egipcios tienen un tabú contra comer ciertos pescados; sin embargo, en los registros egipcios, el pene de Osiris es hallado intacto”…
En cuanto al nacimiento de Horus,  también hay grandes diferencias. Para Plutarco, el Horus o la forma de Horus “que venga la muerte de su padre ha sido concebida y nacida antes de la muerte de Osiris”, pero muchas fuentes egipcias dicen “que nació de la unión póstuma de Osiris con Isis”.

Seth
Roland Barthes decía, en su famoso libro “Mitologías”,  que “el mito es un habla”, aunque “no se trata de cualquier habla”, es más bien una forma de explicar cosas como el origen del mundo, de dar a veces un sentido a fenómenos que parecen no tenerlo: la caída de un rayo, un terremoto, un volcán, el bien y el mal en su continua pugna. Lo innegable es que bajo el mito subyace a menudo o casi siempre el dato histórico. Barthes afirma “que la historia humana es la que hace pasar lo real al estado de habla, sólo ella regula la vida y la muerte del lenguaje mítico. Lejana o no, la mitología sólo puede tener fundamento histórico, pues el mito es un habla elegida por la historia: no surge de la ‘naturaleza’ de las cosas”.
El surgimiento del mito, el paso “de lo real al estado de habla”, tiene a veces consecuencias terribles. Juan Goytisolo pone el ejemplo de un dios que condena a toda la humanidad porque alguien se comió una manzana, una fruta cualquiera, pero además maldice y discrimina a la mujer, a todas las mujeres. El habla, o La Palabra, al tiempo que traduce el horror al sexo confiere un origen divino a los dolores de parto, entre otras muchas cosas.
El mito de Isis y Osiris podría “representar la “lucha entre el orden y el desorden y la interrupción de la vida por la muerte, la resurrección en una nueva dimensión”.
Las lágrimas de Isis por la muerte de Osiris remitirían al hecho que permitía la vida en esa región:
“En el Imperio Nuevo, cuando la muerte y renovación de Osiris fue asociada con la crecida anual del Nilo que fertilizaba Egipto, las aguas del Nilo fueron igualadas a las lágrimas de Isis por el duelo o con los fluidos corporales de Osiris”.
El descuartizamiento de Osiris permitió el desarrollo de “una tradición según la cual cada una de las partes desmembradas ha sido equiparada con uno de los 42 nomos o provincias en que se dividía Egipto.”
La resurrección de Osiris tuvo gran influencia en otro aspecto de la cultura egipcia, el  arte de perpetuar la existencia en el más allá:
“Las diosas encontraron y restauraron el cuerpo de Osiris, con la ayuda de otras deidades, incluidos Tot, una deidad acreditada con grandes poderes mágicos y curadores, y Anubis, el dios del embalsamamiento y los ritos funerarios. Sus esfuerzos son las base mitológica para las prácticas egipcias de embalsamamiento que, al momificar los cadáveres, buscaba evitar y revertir el decaimiento que sigue a la muerte”.

El ojo de Horus
El relato de Francisco López basado en el tratado de Plutarco de Queronea sobre Isis y Osiris, es una entre muchas versiones, una entre muchas formas de recrear un mito que entre los Griegos, y a través de los Griegos, ha tenido una enorme importancia en la cultura occidental.
He aquí la última parte:
“Cuando había acabado su función Osiris partió a proclamar sus enseñanzas en otra tierras, dejando a cargo de Egipto a Isis quien gobernó sabiamente en ausencia de su marido. Pero Seth odiaba a su hermano, su poder y su popularidad, por lo que mientras Osiris se encontraba en otras naciones confabuló  un plan junto con otros setenta y dos conspiradores  y la reina de Kush (Etiopía), Aso. En secreto obtuvo las medidas exactas del cuepo de Osiris y fabricó un cofre de maderas nobles, ricamente adornado, como un Rey se merecía y en el que encajaba perfectamente el cuerpo de su hermano.  Tras el regreso de Osiris, Seth decidió dar un gran banquete en honor a su hermano, e Isis, enterada de la posible conspiración advirtió a Osiris, quien no vio nada malo en acudir al banquete. La fiesta, a la que habían asistido los setenta y dos conspiradores,  fue grande; las mejores comidas y bebidas y los mejores bailes de todo el reino. La fiesta y los acontecimientos que se relatan a continuación se produjeron durante el día 17 del mes Athyr del año 28 del reinado de Osiris.
“En un momento de la fiesta, cuando ya los corazones de los invitados estaban jubilosos, Seth enseñando el cofre dijo, con voz dulce: ‘Daré este cofre a aquel cuyo cuerpo encaje perfectamente en él’. Los invitados fueron probando  uno a uno  si su cuerpo encajaba dentro del cofre, pero ninguno lo obtuvo porque para unos era largo o corto y para otros demasiado ancho o estrecho. Osiris, maravillado por la grandeza del oro y maderas y por las pinturas que lo adornaban, acercándose a él dijo: ‘Permitidme probar a mi’. Osiris lo probó y viendo que encajaba afirmó: “Encajo y será mio para siempre”, a lo que Seth respondió ‘Tuyo es, hermano y de hecho lo será para siempre’ y cerró la tapa bruscamente, clavándolo luego con ayuda de los invitados y sellándolo con plomo fundido.  El cofre fue transportado hasta el Nilo donde lo arrojaron. Hapi, el dios del Nilo, lo arrastró hasta la costa fenicia, junto a la ciudad de Byblos, donde las olas lo lanzaron contra un arbusto de tamarisco, en el que quedó incrustado. El arbusto creció y se convirtió en un grandioso árbol con el cofre incrustado en su tronco. Pronto se corrió la voz de la grandeza del arbusto por las tierras del reino y el rey Malcandro, avisado de la extraordinaria apariencia del árbol, se acercó al lugar, ordenando fuese talado, para, con él construir un pilar que en adelante sujetara el techo de su palacio.
Isis, enterada de la traición de Seth, se propuso encontrar el cadaver de su marido para darle la justa sepultura, digna de un dios, y partió en su busca junto a su hijo Horus, también llamado Horus el Niño o Harpócrates, encontrando refugio en la isla de Buto en la que vivía Uadyet, a quien los hombres llamaban también Buto o Latona, y le  confió a Horus, temiendo que el odio de Seth acabase con la vida de su hijo de la misma forma que había acabado con la de su marido.
“Isis deambuló por toda la tierra en busca del cuerpo de Osiris, preguntando a todos los que veía, pero no había hombre ni mujer que conociese  el paradero del cofre, y la magia que Isis poseía no tenía efectos en tales circunstancias. Hasta que encontró a unos niños que jugaban en la ribera del río, quienes la informaron de la rama del Nilo por la que había llegado el cofre al mar. Además Isis descubrió meliloto en la corona que Osiris había  dejado cerca de Neftis, signo inequívoco del comercio que éste había mantenido con su hermana Neftis, a quien confundió con la misma Isis. De esta unión nació Anubis a quien Neftis había escondido al dar a luz por miedo a la posible venganza de Seth. Isis, guiada por perros, le encontró, le cuidó y alimentó y desde entonces Anubis se hizo su guardián y acompañante.
“Después Isis, solicitando siempre la ayuda de los niños, averiguó que el cofre había llegado hasta la localidad de Byblos, noticia que le había sido transmitida por un viento divino. Llegó a esta ciudad y se sentó en la orilla del mar. Las doncellas de la reina Astarté, esposa de Malcandro, bajaban cada día al río a bañarse e Isis, a la salida del baño, les enseñó cómo peinarse, trenzando sus cabellos, y las perfumó con las fragancias que emanaban de su cuerpo. Cuando las doncellas regresaron a palacio su señora quedó maravillada por sus nuevos peinados, hasta entonces desconocidos, y por las fragancias con las que habían sido ungidas. Las doncellas le relataron su encuentro con una mujer que se encontraba en la orilla, una mujer solitaria y triste que las había peinado y perfumado con sus fragancias. La reina mandó a buscarla y le propuso a Isis que sirviese en palacio cuidando de su pequeño hijo, que se encontraba débil y enfermo, al borde de la muerte. Isis aceptó diciendo ‘puedo hacer que este niño sea grande y poderoso, pero lo haré con medios propios y nadie debe interferir en mi obra’. Poco a poco el niño fue creciendo aunque Isis no hizo más que darle a chupar su dedo, en lugar del seno”.
“Más tarde Isis, que sentía gran afecto por el niño, decidió hacerlo inmortal, quemando sus partes mortales. Por la noche ponía grandes troncos en el fuego y arrojaba al niño a las llamas; después se convertía en una golondrina y emitía grandes lamentos en torno al pilar en el que se encontraba Osiris. La reina preguntó a sus sirvientes si conocían qué hacía su amiga para que el niño se hubiese restablecido de esa forma, pero nadie conocía el secreto de la diosa, por eso una noche, ávida de curiosidad  acudió a espiar a Isis y cuando vio que su hijo era arrojado al fuego fue a rescatarlo, privándole de la inmortalidad. Isis entonces pronunció las siguientes palabras: ‘¡Oh madre imprudente! ¿Por qué has cogido al niño?, sólo unos días más y todas sus partes mortales habrían sido destruidas por el fuego y, como los dioses, habría sido inmortal y joven por siempre’. En ese instante Isis adoptó su verdadera forma y la reina advirtió que se  encontraba ante una diosa. Los reyes ofrecieron a Isis los mejores regalos que podía imaginar, pero ella sólo pidió una cosa: el gran pilar de tamarisco que sujetaba el palacio y todo lo que en él estuviese contenido. Cuando se lo ofrecieron Isis lo abrió, sin ningún esfuerzo, y tomó el cofre, devolviendo el pilar al Rey cubierto por una fina tela ungida en esencias y flores. Este trozo de madera se mantuvo en Byblos como el pilar que una vez albergó el cuerpo de un dios, y como tal, fue largamente venerado. Cuando Isis recogió el cofre que contenía el cuerpo difunto de su marido, se estremeció, dejándose caer sobre él y de ella emergió un lamento tan profundamente agudo que el  más pequeño de los hijos del rey quedó como muerto en ese mismo instante. Isis cargó el cofre en un barco ofrecido por el rey y partió hacia Egipto en compañía del mayor de los hijos del rey. En la travesía a lo largo del río Fedros (Ouadi-Fedar actualmente) soplaba un viento extremadamente fuerte y violento. Isis, en un momento de irritación, desecó el curso. Cuando Isis se creía segura y sola decidió abrir el cofre que contenía el cuerpo de su marido, a quien besó. Pero el príncipe se encontraba cerca observándola. Isis le descubrió y fue tal la mirada que surgió de sus ojos que el hijo del rey falleció en el momento. A su llegada a Egipto, Isis escondió el cofre en los pantanos del Delta y acudió a Buto en busca de Horus.  Seth, que se encontraba cazando jabalíes una noche, encontró,  por la luz de la Luna, el cofre y lo reconoció. Encolerizado por el hallazgo lo abrió, tomó el cuerpo de Osiris y lo despedazó en catorce trozos que esparció a lo largo del Nilo para que sirviese de alimento a los cocodrilos. ‘¿No es posible destruir el cuerpo de un dios?’. ‘Yo lo he hecho – porque yo he destruido a Osiris’! dijo Seth riendo, y su risa se oyó en todos los rincones de la Tierra, y  todos aquellos quienes la percibieron temblaron, estremeciéndose de terror.
Isis debía empezar de nuevo su búsqueda, pero esta vez no se encontraba sola, contaba con su hermana Neftis, esposa de Seth, con quien estaba enfrentada en su rivalidad con Osiris y con Anubis, hijo de Osiris y Neftis. En su búsqueda iba acompañada y protegida por siete escorpiones, viajando por el Nilo en una barca de papiro, y los cocodrilos en reverencia a la diosa ni tocaron los trozos de Osiris ni a ella. Por eso en épocas posteriores cuando alguien navegaba por el Nilo en un barco de papiro se creía a salvo de los cocodrilos, pues se pensaba que estos todavía creían que era la diosa en busca de los trozos del cuerpo de su marido. Poco a poco Isis fue recuperando cada uno de los trozos del cuerpo, envolviéndolos en cera aromatizada, y en cada lugar donde apareció un trozo, Isis entregó a los sacerdotes la figura, obligándoles a jurar que le darían sepultura y venerarían, además de consagrarle el animal que ellos mismos decidiesen al que venerarían con los mismos honores en vida, cuando muriese y tras su muerte. Sólo un pedazo quedó por recuperar, el miembro viril, comido por el lepidoto, el pagro y el oxirrinco, especies que quedaron malditas a partir de ese momento,  y nunca más ningún egipcio tocaría o comería pez de esta clase (estas especies inspiraban terror a los egipcios). Isis reconstruyó el cuerpo y con su magia asemejó el miembro perdido, consagrando así el falo, cuya fiesta celebrarían mas tarde los egipcios.  Gracias a Anubis lo embalsamó, convirtiéndose en la primera momia de Egipto, y lo escondió en un lugar que sólo ella conocía y que permanece oculto y secreto hasta este día”.



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sábado, 27 de octubre de 2018

Siete al anochecer (8)

Pedro Conde Sturla
27 octubre 2018

Virgilio Martínez Reyna. 



La más bella revolución de América
(segunda parte)
La caravana de insurrectos del movimiento cívico y militar se encontraba en ese momento en la llamada curva de la U, una fatídica curva que serpenteaba en una cumbre de la carretera de Santiago a Santo Domingo, una curva cerrada y peligrosa como su nombre indica, de la cual se habían desbarrancado incontables conductores imprudentes.
Unos días antes, los insurrectos habían recibido, por fina gentileza del brigadier Trujillo, un cargamento de armas procedente de la capital. Después tomaron heroicamente por asalto la fortaleza de San Luis con esporádicos disparos al aire que los custodios del recinto respondieron, por órdenes o sugerencias del mismo brigadier Trujillo, con esporádicos disparos al aire.  
Las victoriosas tropas, en un número indeterminado de varios cientos o unos pocos miles de hombres mediocremente armados, se pusieron lentamente en marcha hacia la capital. Toda una revolución  casi triunfante.  
Cuando el brigadier Trujillo recibió de su presidente las concisas órdenes de mandar tropas a detener el avance de los rebeldes, hizo lo que de él podía esperarse: las incumplió puntualmente al pie de la letra. Los dejó pasar, simplemente pasar.
El 26 de febrero entraron a Santo Domingo a tiro limpio, tiros también al aire y al desgaire. Nadie o casi nadie ofreció resistencia, por supuesto, a excepción de Trujillo.Trujillo se atrincheró en la fortaleza Ozama para que no cayera en manos enemigas y en ningún momento dejó de manifestar su lealtad, su irrestricto apoyo al gobierno. Lo siguió apoyando desde la fortaleza hasta que Horacio se asiló y el gobierno finalmente dejó de existir. Trujillo, obligado por la fuerza de las circunstancias, aceptó el fait accompli, el hecho consumado. La más bella revolución de América había triunfado, parcialmente triunfado.
Horacio Vásquez y Estrella Ureña se reunieron en la sede de la Legación de los Estados Unidos, que era la verdadera sede de gobierno, y llegaron a un acuerdo. Estrella sería nombrado Secretario de Estado de Interior, Horacio renunciaría, Estrella asumiría la presidencia provisional y la asumió, en efecto, el día 2 de marzo de 1930. Tenía el encargo de organizar unas elecciones en las ni él ni
Trujillo podían ser candidatos.
Como medida profiláctica para evitar desórdenes y derramamiento de sangre, Trujillo le aconsejó y llevó a cabo el desarme de los expedicionarios de Santiago. Estrella acaba de ser nombrado presidente, pero ya no presidía. Trujillo era el hombre fuerte. El hombre al mando. El tutor y el garante de la nación.
Estrella se convirtió como quien dice en un preso de confianza. A los pocos días de su juramentación, los presidentes de las cámaras de diputados y senadores fueron desconsiderados por la guardia durante una visita que le hicieron. El 18 de marzo, dieciséis días después de haber asumido el cargo, Estrella se quejó ante la legación norteamericana de que Trujillo lo estaba degradando y pidió que el Departamento de Estado emitiera una declaración reiterando su oposición a una candidatura o un gobierno de Trujillo. El Departamento de Estado no accedió.
Horacio Vásquez se enteró muy tarde de que había sido traicionado por Trujillo, pero aún más tarde se enteraron los demás.
Gustavo Estrella, hermano del presidente, se lo diría en la mansión presidencial y en su cara, que lo habían engañado como a un niño, que su única alternativa era matar a Trujillo o darse a la fuga. Dos cosas muy difíciles de lograr. Trujillo ya era el jefe, o más bien el dueño de la guardia. 
Pronto comprendería Estrella y los demás integrantes del movimiento cívico militar que el brigadier no sólo los había engañado a todos, sino que de su terrible, demoníaca naturaleza solo conocían una parte. La bestia, eso lo sabrían pronto, no estaba dispuesta a compartir ni siquiera superficialmente el poder con quienes habían sido, voluntaria o involuntariamente, sus cómplices o aliados.
El acuerdo al que se había llegado en la sede de la legación norteamericana le cerraba en apariencia el paso a la candidatura deTrujillo y del mismo Estrella, pero no preveía que la situación del país pudiera alcanzar un grado tal de descomposición que hiciera necesario la adopción de medidas extremas. EntoncesTrujillo tomó medidas para descomponer el país.
Bandas de matones incontrolables, militares con traje de civil y uniformados se desperdigaron por los principales pueblos y ciudades, cometieron todo tipo de crímenes y tropelías, fomentaron el desorden, organizaron el terror, sumergieron el país en el caos. El tres de abril fueron ametrallados los vehículos de unos dirigentes políticos que regresaban de Montecristi. En La Romana se produjo un escandaloso hecho de sangre en el que tomó parte Pedro o Pedrito Trujillo, el menos agresivo de los hermanos de la bestia en opinión de Robert D. Crassweler.
 A finales de abril, la legación norteamericana reportó que la ley había dejado de existir y se declaró incompetente para reportar los cientos de episodios que involucraban la violación de derechos humanos. El clima del terror de la República Dominicana había vuelto a ser, como dice Crassveller, peor que en la época de Ulises Hilarión Heureaux Lebert, alias Lilis.
En semejante situación, la aparente reticencia de la legación norteamericana en relación a la candidatura de Trujillo se resblandeció. Ahora parecía prudente apoyar la candidatura de un hombre fuerte como Trujillo para restablecer el orden aunque ese mismo Trujillo fuese el causante del desorden. De hecho eso fue lo que sucedió.
Dos partidos políticos, la Confederación y la Alianza, proclamaron por un lado a Trujillo y Estrella Ureña, y por otro lado a Federico Velázquez y Ángel Morales como candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la nación.
Las elecciones, que tuvieron lugar el día 16 de mayo, fueron ejemplares en un sentido retorcido de la palabra. Desde que se anunció la candidatura del brigadier Trujillo y el general Estrella Ureña, con el beneplácito y el apoyo disimuladamente implícito del Departamento de Estado de los Estados Unidos, recrudeció la presión, aceleró la marcha la maquinaria del fraude, la intimación, la represión, el terror. Trujillo ganaría a las buenas o por las malas, preferiblemente por las malas. Eso ya se sabía.
El día 7 de mayo, la Junta Central Electoral renunció en pleno. Una nueva junta encabezada por Roberto Despradel y otros incondicionales de Trujillo fue creada por el presidente Jacinto Peynado, otro incondicional que sustituía en ese momento a Estrella Ureña en la presidencia por encontrarse éste en licencia.
El 15 de mayo, apenas un día antes de las elecciones, la oposición y todos los opositores renunciaron y denunciaron inútilmente la farsa electoral.
Para Trujillo y Estrella Ureña el torneo del 16 de mayo fue todo un éxito, ganaron sin oposición por aplastante mayoría, con un número superior de votos que de votantes.
Se acudió entonces a un tribunal, una corte, a la institución judicial correspondiente para que se pronunciara en torno a la validez del proceso, pero una banda de matones portando ametralladoras penetró a la sala donde los jueces deliberaban y se produjo, como dice Crasweller, la capitulación del poder judicial.
Quedaba en pie todavía el poder legislativo, el congreso, un congreso obsequioso que el día treinta de mayo, precisamente el 30 de mayo reconoció al gobierno emanado de las urnas. De esas urnas funerarias surgió la bestia chorreando lodo y sangre.
Apenas era presidente electo, pero ya estaba en el poder, lo había estado desde antes. Tan seguro se sentía de sus propias fuerzas y del apoyo incondicional que le brindaban sus amos del norte, que no vaciló en desatar una oleada represiva para acallar las voces de protesta contra el fraude que se extendían por todo el país.
Su .primer acto no oficial como presidente electo, apenas un día después de su confirmación fue el vulgar y terrorífico asesinato de Virgilio Martínez Reyna y Altagracia Almanzar, la esposa embarazada que esperaba su primer hijo.
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, Trujillo: the life and times of a caribbean dictator.



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viernes, 26 de octubre de 2018

LA. BIBLIOTECA DE UN REY LLAMADO ASURBANIPAL

Pedro Conde Sturla

11 de julio/ 18 de julio1916



Un rey llamado Asurbanipal

Por todo lo que se ha dicho es posible llegar a la conclusión de que una de las cosas que más contribuyeron a la mal ganada mala fama de Asurbanipal es el hecho de que sabía leer y escribir

Asurbanipal –el último gran rey de Asiria– es un personaje histórico deformado por la leyenda. Se lo conoce por varios nombres y personalidades como los de Osnaper en el Antiguo testamento, Sardanapal entre los griegos, Sardanapalus entre los romanos y Sardanápalo en castellano.
El que describen los griegos “fue un príncipe afeminado e indolente, que abandonó el gobierno a sus favoritos para entregarse a los vicios exclusivamente. Esto produjo tales desórdenes en el imperio, que el descontento se hizo general y por último, se manifestó en una revolución acaudillada por Arbaces, generalísimo de las tropas, y Belesis gran sacerdote y gobernador de Babilonia. Sardanápalo salió de su inacción y venció a los rebeldes en varios combates; pero como había aumentado la deserción en sus tropas, se encerró en Ninive, donde resistió un largo sitio, y cuando se vio perdido, prendió fuego a su palacio y se abrasó en él con sus tesoros y sus mujeres”.
Es el Sardanápalo en que se inspiraron músicos y poetas famosos y el no menos famoso pintor Eugène Delacroix. El Sardanápalo del impresionante óleo sobre lienzo de casi cuatro por cinco metros que se exhibe en el museo del Louvre:

Delacroix. La muerte de Sardanapolo (1827)


“El rey está recostado en un rico lecho, sujetando su cabeza con su mano, y vestido con una blanca túnica. Desde su posición, parece lanzar una mirada tranquila hacia el caos que se genera a su alrededor; el caos que forma el cortejo real de concubinas, esclavos, y caballos, en el mismo momento de su irremediable muerte en sacrificio al rey. El monarca observa cómo la voluptuosidad y el poder se esfuman, cómo la habitación y todo lo que la llenaba parece, más que agonizante, el fugaz recuerdo de algo creado y destruido de forma casi simultánea.
“Sardanápalo, asediado por el enemigo en una guerra sin posibilidad de victoria, manda llevar a las dependencias reales a su harén, sus guardias, sus posesiones más bellas, y ordena su destrucción, antes de que todos y todo, incluido él mismo, ardan consumidos por el fuego”. (Alejandra Guzmán Almagro).
“Esta obra viene definida por el movimiento, dando la impresión de ser una imagen barroca surgida de la imaginación de Rubens. Los escorzos, las diagonales, los fuertes contrastes de luz, las tonalidades oscuras contrastando con la claridad de los cuerpos desnudos o las expresiones de las figuras protagonizan una escena en la que la violencia generalizada choca con la tranquilidad del sátrapa. (http://www.artehistoria.com).
La versión que ofrece Isaac Asimov sobre este curioso personaje en su interesante historia de “El cercano Oriente”,  exalta en cambio la figura de un gobernante que a su juicio poco tenía de pusilánime, vicioso o afeminado:
“En algunos aspectos, Asurbanipal fue el más notable de todos los gobernantes asirios. Como todos los grandes reyes de ese país, fue un general capaz e infatigable, y nunca eludió la interminable tarea de defender el siempre agitado imperio. Pero, además, era un sabio. Había recibido una esmerada educación y se sentía fascinado por la historia antigua de Mesopotamia. (Ya hacía 2.500 años que se había inventado la escritura.)
“Asurbanipal se dedicó a la tarea de coleccionar un ejemplar de toda tablilla cuneiforme valiosa de Babilonia. (Él mismo leía y escribía la escritura cuneiforme, de modo que no tenía que depender de un modesto escriba.) Así, formó una enorme biblioteca en su palacio, cuidadosamente catalogada y en la que cada tablilla llevaba su nombre inscrito.
“Fue la mayor biblioteca reunida hasta entonces, e iba a ser de enorme utilidad miles de años después de la muerte del real bibliotecario.
“A mediados del siglo XIX, se sacó a la luz el palacio de Asurbanipal y su biblioteca. En 1872, el arqueólogo inglés George Smith halló entre los restos cuidadosamente excavados y descifrados nada menos que el poema épico de Gilgamesh en una docena de tablillas. Se descifró el cuento babilónico del Diluvio y se hizo evidente su semejanza con el cuento bíblico. Los especialistas se pusieron a buscar las fuentes de los primitivos libros de la Biblia ajenas a la inspiración divina. La biblioteca de Asurbanipal brindó también una enorme cantidad de otro género de información. Es estremecedor pensar qué poco sabríamos de la historia antigua de Mesopotamia de no ser por el entusiasmo erudito de Asurbanipal de hace veintiséis siglos.
“Asurbanipal expandió, enriqueció y embelleció su palacio y su capital, y en su reinado el lujo real alcanzó nuevas alturas. indudablemente, quien lo observase en su palacio rodeado de todo ese lujo y empeñado en búsquedas eruditas (lo que era aún peor, a los ojos de los rudos guerreros de la época), habría pensado que era un hombre afeminado, incapaz de gobernar el imperio más militarista que el mundo había visto.
“En épocas posteriores, los griegos elaboraron su propia versión legendaria sobre un rey asirio al que llamaban Sardanápalo. Era, decían, un completo afeminado que se vestía con ropas de mujer y jamás se movía de su harén. Finalmente, cuando sus súbditos se rebelaron y su palacio estaba a punto de ser tomado, hizo una pila con todas sus posesiones, incluidas sus mujeres, sus esclavos y él mismo, y puso fuego a todo, muriendo cubierto de llamas, aunque no de gloria.
“Hasta los griegos tuvieron que admitir, sin embargo, que, antes que rendirse, sacudió su indolencia, se puso una armadura y condujo bravamente a sus huestes contra el enemigo. Se ha supuesto durante mucho tiempo que Sardanápalo era la forma griega de Asurbanipal, e indudablemente el hecho de que Asurbanipal garabateara signos cuneiformes y su hábito de leer en voz alta a sus mujeres obras eruditas (quienes deben de haberlas odiado) contribuyó a dar origen a la leyenda. Sin embargo, Asurbanipal murió en paz y con su imperio casi intacto. Fue otro, como veremos, quien murió de la manera atribuida a Sardanápalo.
“Lejos de ser un afeminado afecto a su harén, Asurbanipal tuvo que combatir casi constantemente. Egipto estaba en rebelión por la época de la muerte de Asarhaddón, y Asurbanipal tuvo que efectuar dos ataques contra esa tierra. En el segundo, remontó el Nilo hasta Tebas, la gran capital del sur deEgipto, y la saqueó. Fue el punto más lejano al que llegó un ejército asirio”.
Por todo lo que se ha dicho es posible llegar a la conclusión de que una de las cosas que más contribuyeron a la mal ganada mala fama de Asurbanipal es el hecho de que sabía leer y escribir:
“Yo, Asurbanipal, aprendí en palacio la sabiduría de Nebo, el arte completo de escribir en tabletas de arcilla de todas clases.
Me hice experto en varias clases de escritura… leí las bellas tabletas de arcilla de Sumer y la escritura acadia, que resulta difícil de dominar. Experimenté el gozo de leer inscripciones hechas en piedra, pertenecientes a la época anterior al diluvio”.


La biblioteca de Asurbanipal

Él mismo cuenta que a los sobrevivientes de una ciudad vencida los pasó por las armas igual que a corderos y en la ciudad de Susa, por venganza, profanó las sepulturas de los reyes para que sus espíritus no tuvieran reposo (suponiendo que los espíritus reposan)

Los asirios hicieron grandes progresos en el arte de la guerra y en el arte de la crueldad, dos de los deportes favoritos de los llamados seres humanos. Sus férreos gobernantes fueron grandes constructores y grandes destructores. Construían palacios fastuosos, destruían ciudades y ciudadelas, masacraban poblaciones enteras. Las campañas bélicas eran devastadoras y brutales, aunque no tanto como la del imperio que convirtió recientemente toda la zona en un infierno. Durante siglos nada resistió el empuje de sus ejércitos. Durante siglos persistió entre los pueblos la ingrata memoria del pesado yugo que imponían a los vencidos. Las supuestas tribus perdidas  de Israel (las que deportaron los asirios), todavía no han sido encontradas.
Asurbanipal no era tan diferente a los mandatarios que, antes y después que él, ocuparon el trono en Asiria. Él mismo cuenta que a los sobrevivientes de una ciudad vencida los pasó por las armas igual que a corderos y en la ciudad de Susa, por venganza, profanó las sepulturas de los reyes para que sus espíritus no tuvieran reposo (suponiendo que los espíritus reposan).
Pero Asurbanipal fue educado posiblemente para desempeñarse como sacerdote o alto funcionario palaciego y recibió una educación de primer orden en artes y ciencias, una educación que no excluía el uso de las armas. Asurbanipal se benefició por igual del duro entrenamiento militar y fue por eso hombre de pluma y espada. El guerrero bibliotecario quizás disfrutaba tanto cortando cabezas como escribiendo y coleccionando documentos para engordar su biblioteca. Disfrutaba cazando, construyendo palacios, disfrutaba matando y quizás también acicalándose “igual que una mujer”, tejiendo y bordando como decían los chismosos griegos. Sentía además una auténtica sed, una profunda “devoción por el conocimiento.” Leyó “intrincadas tablillas inscritas en los oscuros sumerio y acadio, difíciles de desentrañar…”, estudió “el saber secreto de todo arte del escriba”.
A la iniciativa de un antecesor, Sargón II, y a los desvelos de Asurbanipal se debe el surgimiento, en el siglo VII, de “la primera biblioteca del mundo” o por lo menos de esa parte del mundo. Esta es su gloria, su mayor título de gloria.
Así describen -al personaje y su obra- Ariel Acosta, Elvia del Castillo, Dayner Acosta y Luis Amador, estudiantes del Seminario Teológico Adventista de Cuba:
“Es significativa su dedicación a la literatura. Sostuvo una escuela de escribas que se encargó de preservar la literatura y lingüística de los sumerios y acadianos, ellos reunieron la primera gran biblioteca de la zona, que se convirtió en el monumento perenne de este rey. Estaba reunida allí, cuidadosamente copiada en unas 5000 tablillas, la mayor parte de la extensiva producción literaria del país, todo lo que entonces se consideraba digno de ser conservado y releído. Al completarse la biblioteca llegó a tener cerca de 100 000 volúmenes. En el año 1853 d.c, dando continuidad a sus excavaciones previas con Layard, Rassam desenterró en Nínive el palacio del rey Assurbanipal, en el cual había un bello bajo relieve de gran tamaño que representaba al rey de pie en un carro de guerra, disponiéndose a salir a una expedición de cacería, mientras sus servidores le entregaban las armas para la caza. En dos pisos contiguos de altas cúpulas, se descubrieron amontonadas en los pisos miles de inapreciables tablillas de arcilla, que resultaron ser una gran porción de la Biblioteca de Assurbanipal. Layard también trabajó en este hallazgo, extrajo tablillas de arcilla cubiertas con caracteres cuneiformes. Estas variaban en su tamaño desde 1 hasta 12 pulgadas cuadradas. Las tablillas parecían haber estado organizadas y la biblioteca parecía haber sido un lugar público. Finalmente los restos arqueológicos fueron transportados hacia el Museo Británico de Londres. Se han excavado hasta ahora cerca de 30 000 textos.
“Veinte años más tarde (1872 d.C.) una de las tabletas causó una gran sensación cuando el asiriólogo George Smith, mientras trabajaba en el Museo Británico, comprendió que la misma contenía un relato acerca del diluvio. La tradujo y publicó, aunque hoy sus traducciones son consideradas algo anticuadas. Al fijar sus ojos en las palabras ‘la barca descansó sobre la montaña de Nisir’, se sintió muy emocionado, al igual que el Sr. Gladstone, el Decano Stanley y el propietario del periódico London Daily Telegraph. El Sr. Smith fue enviado a Nínive, donde mediante búsqueda diligente halló la otra porción de la tableta que contenía los diecisiete renglones que completaban el recuento caldeo del diluvio. Se le dio a este hallazgo el título de ‘Epopeya de Gilgamesh’. Más tarde encontró las tabletas de la creación según los babilonios, las cuales publicó en 1876 bajo el título de ‘Recuento Caldeo del Génesis’, al que también se le denomina ‘Enuma Elish’. Entre otras obras encontradas tenemos el descenso de Ishtar al mundo bajo; la leyenda Etana, quien huyó del cielo en un águila; otra leyenda que cuenta que Sargón de Acadia fue salvado al nacer, como Moisés, en su cesta de juncos en el río Éufrates, al ser rescatado por la diosa Ishtar; se encontró además gran cantidad de literatura de sabiduría, incluyendo el poema del ‘Justo Sufriente’, a menudo descrito como el Job de Babilonia; himnos; parábolas y cuentos populares.
“La estructura y contenido internos de la biblioteca resultan bien interesante si tenemos en cuenta que un libro babilónico o asirio consistía en varios departamentos, formados por tabletas de arcilla cuadradas escritas por ambos lados, cuidadosamente paginadas y apiladas una sobre otra en orden. Muchos de aquellos libros fueron copiados de tabletas babilónicas prestadas, aunque un gran número fueron, evidentemente, compuestas durante el reinado de Assurbanipal. Se prepararon listas completas de plantas. Árboles, metales y minerales. Además, se hizo un catálogo de todas y cada una de las especies animales conocidas, donde se clasificaron en familia y género. Lenormant dice: ‘Nos quedamos bien asombrados de ver que los asirios ya habían inventado una nomenclatura científica, similar en principio a la de Linneaus’. Se podían encontrar también libros religiosos explicando el nombre, funciones y atributos de cada dios, encantos mágicos con los cuales ahuyentaban los malos espíritus, y poemas sagrados parecidos en estilo a los salmos de David. Estaban las copias de las ya entonces reliquias babilónicas acerca de la Creación, el Diluvio y la Torre de Babel, que son como narrativas del Génesis, aunque fueron escritas cientos de años antes de que Moisés naciera. Había numerosos trabajos sobre gramática pues los asirios hallaron su lenguaje tan complicado que multiplicaron esfuerzos en reproducir léxicos y gramáticas para explicar y simplificar mejor su lengua. Vale decir que dichos libros, escritos para ayudar al aprendiz asirio durante 2500 años en el pasado, han sido encontrados sin valor alguno para el estudiante actual en el propósito de entender mejor dicha lengua. Toda esta vasta colección, recopilada con mucho cuidado por el rey, cayó con el palacio cuando fue destruido por su hijo Saracus; se rompieron la mayoría de los fragmentos. El descubrimiento de la Biblioteca de Assurbanipal ha tenido una notabilísima significación, tal vez este ha sido el descubrimiento más importante de Mesopotamia”. (“Biblioteca de asurbanipal”, Ariel Acosta, Elvia del Castillo, Dayner Acosta y Luis Amador, estudiantes del Seminario Teológico Adventista de Cuba).
“Para bien o para mal de la Humanidad –dice, por otra parte,  Fernando Fernández Palacios-, dependiendo de lo que uno entienda por progreso o desarrollo, la figura de Assurbanipal será por los siglos de los siglos […] una figura clave para entender el desenvolvimiento que el mundo ha tenido; si a esto le unimos el hecho de que, debido a sus esfuerzo, gran parte de la variada y riquísima literatura mesopotámica nos ha llegado gracias a las bibliotecas, no tendremos más remedio que reconocer que el hecho de acercarse a su figura puede haber sido un ejercicio que facilite la penetración en los arcanos de nuestra memoria colectiva, aunque a algunos eso de ‘los asirios’, o Assurbanipal en concreto, les parezca algo muy lejano en el tiempo y sin trascendencia alguna en sus vidas”. Fernando Fernández Palacios).



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