viernes, 30 de septiembre de 2022

La sirena y el Karlsruhe (texto completo)

(Diálogo)

Alfredo Conde Pausas



[Pocos años antes de la segunda guerra mundial, la bahía de Samaná era visitada por buques de la marina de guerra alemana. Durante su estadía, los jóvenes marinos germanos, tripulando veloces lanchas de motor, desde la salida hasta la puesta del sol recorrían incansablemente toda la superficie de la bahía, sondeando sus profundidades; y bordeaban palmo a palmo todos los festones de la accidentada costa para reunir los datos tendientes al levantamiento de los planos y mapas que pudieran servirles en caso de guerra.

Uno de esos buques era el Karlsruhe. 

El Karlsruhe, bautizado en honor a la ciudad alemana homónima (cuyo nombre en español se traduce como Reposo de Carlos), fue botado el 20 de agosto de 1927 y durante los años treinta fue destinado a realizar cruceros de representación por los puertos americanos.

El Buque fue hundido frente a la capital de Noruega, cuando Hitler de acuerdo con el traidor Quisling ordenó el asalto a ese valiente país.

Según los datos de que se tiene conocimiento, fue utilizado como transporte de tropas en la invasión alemana, que tuvo inicio el día 9 de abril de 1940 y terminó dos semanas después con la ocupación total del país. La nazificación del país. 

El mismo 9 de abril fue torpedeado por un submarino británico que causó graves destrozos. Al parecer, su propio capitán decidió hundirlo, no sin poner a salvo a la mayor parte de la tripulación.

Desde la época del naufragio no volvió a tenerse noticia de su paradero. La posición exacta de sus restos permaneció desconocida durante más de ochenta años. En el mes de junio de 2020 fue localizado “a una profundidad de 490 metros, 15 millas náuticas al sureste de Kristiansand, a solo 15 metros de un cable eléctrico de alta tensión submarino entre Noruega y Dinamarca”.


El autor del presente relato conversó con algunos de los oficiales del crucero durante una visita al bucólico poblado de Samaná, y de esos mismos oficiales recibiría algún tiempo después tarjetas postales con la imagen del Karlsrühe. La visita dejó por cierto una muy grata impresión entre los moradores del poblado por la disciplina y el comportamiento ejemplar que mantuvieron los integrantes de la tripulación. Algo muy diferente a la conducta de los marineros de otras naciones, que protagonizaban episodios de borracheras colectivas e irrespetaban a los habitantes.


La visita del Karlsruhe movió al autor a escribir en forma de diálogo, el relato que sigue a continuación, en el cual se condena la inversión de los recursos económicos y el empleo de los valores morales, no para favorecer a la humanidad, sino para destruirla mediante la guerra. Este texto fue publicado en la revista “Hélice”, antes del estallido de la última conflagración mundial, y se reproduce hoy, porque a pesar de haber transcurrido más de 80 años después de su publicación, conserva aún su actualidad. Sobre todo en estos momentos en que una especie de armagedon amenaza fatalmente a la humanidad.


Nota: El plural de la segunda persona que se emplea en el relato dialogado original (completamente en desuso entre nosotros), ha sido sustituido por el singular y se han actualizado y corregido algunos signos de puntuación. 

Pedro Conde Sturla].




—¿ESTÁ borracho, pero de verdad pretende hacerme creer en sirenas y buques que hablan?


—Se equivoca, no he bebido para tanto; lo que deseo relatar es un diálogo que yo mismo escuché. Esto acaeció, repito, entre el crucero alemán Karlsruhe, surto en la Bahía de Samaná, y una cautivadora sirena de piel nacarada, ojos de esmeralda y ensortijada cabellera negra, que es la deidad que preside esa preciosa bahía.


—Ya vuelve a las andadas. Bueno, si no está borracho, puede ser que este loco. De todos modos no quiero perder tiempo en escuchar desvaríos; conque, amigo, hasta otro rato.


—Ni loco ni borracho; estoy en mis cabales. Tenga paciencia, que el diálogo es en extremo interesante…

¡Vade retro!, señor mitólogo, tenga entendido que no quiero escucharlo.


—Pues tiene que escucharme.


—¡Bah!, ya caigo… veo que quiere


burlarse de mi. Y debo advertirle que no soy hombre con quien se gasten burlas impunemente…

—Pero si no quiero burlarme de usted, señor. Además, el caso no es nuevo, Bien recordará lo que Homero nos cuenta que sucedió entre el río Janto y Aquiles; o lo que Fray Luis de León dice haber mediado entre el godo Rey Rodrigo y el río Tajo, cuando éste sacó afuera el pecho y le habló de cierta manera, diciéndole entre otras cosas “forzador”. Supongo que no pensará que Homero y Fray Luis estuviesen locos, o viviesen borrachos, y mucho menos que quisiesen “tomarle el pelo”, como se dice por esos mundos de Dios.


—Tiene gracia, habla como un leguleyo, citando casos de jurisprudencia poética, Al fin y al cabo “anch’ío sono poeta” o por lo menos tengo momentos de sentirme poeta, y en consecuencia, antes de suponer a Homero y a Fray Luis ebrios o dementes, me declaro vencido por su lógica y quedo en disposición de escucharlo. Eso sí, con la advertencia —que es una súplica—de que se despache con toda presteza, sin dar paz a la lengua.


—Gracias, muchas gracias. Ignora el inmenso favor que me hace escuchándome. Ese diálogo es un secreto que ningún otro hombre posee y es para mi una montaña cuyo aplastante peso necesito compartir para que se haga más ligero. Esto aconteció ammediados del año que transcurre, un día en el cual, mientras se solazaba en aguas de sus dominios la deidad de ojos verdes, tez de nácar y endrina cabellera, que ya le referí, jugueteando cimbreante a flor de agua, vió venir navegando en dirección a ella al crucero Karlsruhe, de la marina de guerra alemana, el cual aminorando lentamente su marcha vino a fondear cerca de donde estaba nuestra linda Sirena. Esta dejó pasar un par de días, viendo desde respetuosa distancia cuanto pasaba en el crucero. Pero sirena al fin, algo tenía de mujer, que con el acicate de la curiosidad, pudo más en ella que el temor, Y así, se acercó al buque y le preguntó:


—¿Señor del traje de acero, cómo se llama?


—Mi nombre es Karlsruhe —contestó el interrogado con voz harto grave y ceremoniosa, cual convenía a su rango y misión.


—Pues yo soy una sirena —dijo ésta con dulce voz, contoneándose a flor de agua.


—Me alegro de conocerla, Fräulein Sirena —tornó a decir aquel, pero esta vez con tono menos grave, pues aunque de acero, no era del todo insensible a la meliflua voz y al incitante colear de su interlocutora, También él comenzó cierto balanceo, quizás efecto simplemente de la marea, no obstante la sirena se alejó algo, y continuó así:


—¿Y que haces tú, Karlsrühe, por mis dominios?


-Éste ya sereno, contestó sin penetrar por el fácil sendero del tuteo que le dejaban entreabierto:

—Bueno, sabrá Fraulein Sirena, que yo soy buque-escuela. He paseado los centenares de jóvenes que ve pulular sobre cubierta por los más remotos lugares de la tierra y los llevo de retorno a su patria, Pero por el momento véalos aquí: borrachas de azul sus miradas en ese cielo de zafir que se contempla en las tranquilas aguas, dentro del marco de esmeralda que brindan las siempre verdes costas montañosas…


—Gracias, señor, por la lisonja; a pesar de su traje de acero tiene frases muy galanas. Parece que lo valiente tampoco quita lo cortés. El caso es que, según se expresa, encuentra en mis dominios motivos de belleza.


—¡Oh!, Goethe, uno de los dioses de mi tierra, hubiera escrito aquí su más bello poema inmortal de haber visto el derroche de belleza que natura prodiga en este golfo glorioso cuando la aurora despierta en su lecho de nácares y al dulce murmullo de las olas en las playas hace dúo el melodioso canto de los ruiseñores en el bosque cercano; más tarde, cuando un sol de fuego se yergue en el cenit y los blancos copos de espuma que encrestan las olas figuran la bella dentadura de una mujer que sonríe… , luego, cuando cabrillean las olas reflejando caprichosamente la multicolora paleta del crepúsculo; y por último, cuando en sublime noche de plenilunio Selene derrite el oro y la plata de sus rayos difundiéndolos por el espacio infinito y la superficie del mar…


—¡Ah, ya comprendo—dijo entusiasmada la sirena—, para qué ha paseado esos centenares de jóvenes por los lugares más bellos del mundo! Es para que saturen su alma de belleza y al retornar su patria exprima cada uno su caudal, y así todos juntos, en unas horas de inspiración colectiva, elucubren allá en la tierra del super-hombre, un super-poema que sea, a la vez que la obra poética magistral del Universo, la suprema, la sublime epopeya de la belleza. 


—¡Oh no, Fräulein Sirena! Perdone, pero está en un error.


—¿Error? Ah, entonces no son poetas, ¡no hacen versos esos jóvenes!


—Sí, a veces hacen versos. Eso sí, todos sus versos llevan acento en su última sílaba y son monorrítmicos: todos terminan en ¡bom!, pues los hacen con esos aparatos que llaman cañones. Comprenderá que un buque cargado de poetas ocasionaría gastos poco prácticos, que ninguna nación ha efectuado hasta la fecha,


—¡Comprendo, comprendo! —dijo la sirena—, se busca utilidad práctica. Son estudiantes de medicina que van por todos los países del mundo estudiando todas las enfermedades y buscando el modo de evitarlas y curarlas; buscarán tal vez una panacea universal para así librar a la humanidad de dolores miserias morales y materiales, De ese modo el gasto no resulta Inútil.


—No Fräulein, no llevo estudiantes de medicina. Vuelve a equivocarse. Ninguna nación ha invertido dinero en equipar un buque para estudiantes de medicina con ese fin.


—Pues deben de ser —repuso ella algo dudosa—, jóvenes que estudian las leyes de los distintos países del Mundo con el fin de mejorar las de su propio país y buscar así la felicidad de sus hermanos por medio de las más perfectas instituciones jurídicas, que serían un compendio ecléctico de todas las que están en uso, con las innovaciones que ellos considerasen pertinentes, O bien ingenieros…


—Nada de eso, nada de lo que está diciendo, Fräulein Sirena, es cierto, Ningún país invierte dinero en tal cosa, Al contrario: gastan para oponerse a todo cambio. Esos jóvenes son militares.


—Bien, ¿y qué son militares, señor del traje de acero? —preguntó la sirena algo amoscada.


—Bueno, son los que en la guerra procuran el triunfo de su patria, Un Estado declara la guerra a otro; entonces va la juventud ebria de entusiasmo y ávida de gloria a matar la juventud del Estado contrario que avanza en opuesta dirección, pero por la misma causa, con los mismos móviles e idénticas intenciones. Los que sepan matar con mayor facilidad, tienen más probabilidades de éxito. De aquí que las naciones gasten sumas fabulosas para enseñar la juventud a matar.


—¡Ahl…!, y para enseñar a matar gastan las naciones lo que tienen y lo que no tienen. ¡Eso es práctico, según las ideas dominantes! Y eso de Patria y Gloria, ¿qué quiere decir?


—Bueno, acá para entre nos —dijo el crucero con voz que apenas era un murmullo—, esos conceptos de Patria, de Gloria con que se alucina a la juventud del Mundo para que se asesine recíprocamente, no los he podido comprender nunca. Es más, yo tengo ciertas dudas —agregó con voz aún menos perceptible

—, porque algunos se han atrevido a decir que esas palabras son algo semejantes al cebo que se pone a los anzuelos. Dicen además que los instigadores de la guerra son siempre hombres ricos que nunca van a ella personalmente: la usan como un medio de defender, de aumentar sus riquezas. Saben mantener a la humanidad en el engaño: la hacen creer que es más la Patria que la Humanidad, que es más la Gloria que el Amor, que Napoleón es más grande que el médico descubridor de la vacuna contra las viruelas.


—Pero —exclamó la sirena— esos hombres que gastan sumas fabulosas para la enseñanza del crimen colectivo no deben tener religión, o creerán en algún Dios feroz: un Ball o un Moloch.


—No, querida Sirena, vuelve a equivocarse. Son muy religiosos. Cierto es que, ¡ay!, cuántos mueren de hambre y frío, sin que nadie les de un mendrugo o un abrigo ni siquiera trabajo, pero en cambio tienen templos de un lujo deslumbrador: son cristianos.


—Le ha tocado el turno de equivocarse, mi querido Karlsrühe; se quien fue Cristo: él dijo: “Amaos los unos a los otros”, mientras que estos dicen “asesinaos los unos a los otros”. Verdad es que prometen la gloria, pero Mahoma prometía algo más halagador. Luego no son cristianos.


—Fräulein, le repito que se llaman cristianos.


—Podrán llamarse cristianos, pero no son sino asesinos. Porque llame cielo al mar no dejará de ser mar. Por consiguiente los que profesan la religión del crimen, no pertenecen a la divina religión del Cristo.


—Que pena me da —agregó la sirena— ver esos jóvenes que lucen con tanta gallardía el uniforme, que empaparán de sangre algún día por obra y gracia de unos cobardes que ni aun en un baile de máscaras se atreverían a vestir ese uniforme. Qué pena, qué pena me infunden esos jóvenes inocentes.


—La comprendo, Fräulein, pero no se desconsuele, que a pesar de los que no son cristianos, sino enemigos del cristianismo, hay muchos otros hombres que son cristianos como Cristo quiso y la humanidad algún día recogerá los frutos del primer sembrador, del que dijo: ”Amaos los unos a los otros”.


—Y aquí termina el diálogo de la sirena y el crucero. Usted compartirá conmigo el peso de este secreto abrumador.


—Bien, pero aún compartido pesa mucho. Voy pues a valerme de una añagaza: lo publicaré así como me lo ha relatado, y si algún incauto lo lee, allá él que cargue también. 


(Alfredo Conde Pausas).

sábado, 24 de septiembre de 2022

El intervalo comunista (5 de 5). Pericles Franco y Freddy Valdez

 Pedro Conde Sturla 

23 septiembre, 2022

Durante el año de 1946 el gobierno de la bestia enfrentó algunos de sus más grandes desafíos, empezando por la gran huelga de los obreros en La Romana y San Pedro de Macorís, la histórica huelga del 7 de enero que fue el más grande de todos los desafíos.

De hecho la gran huelga obrera y las manifestaciones de la Juventud Democrática y el Partido Socialista Popular sacudieron los cimientos del régimen y desataron, como era de esperar, una reacción en sentido contrario, una oleada represiva que volvió a poner las cosas en sus lugar. La ley mordaza volvería a campear por sus fueros, todos los fueros.

A consecuencia de la violenta represión que tuvo lugar desde los primeros meses de 1947 el Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática sufrieron un desplome, un colapso, y sus actividades políticas se redujeron a la mínima expresión, se produjo una estampida, un sálvese quien pueda. El doble juego estaba llegando a su fin, la supuesta fase de tolerancia estaba terminando y habían comenzado las detenciones masivas, las ejecuciones sumarias, el cierre de los escasos locales y medios de prensa de la oposición, la persecución de los dirigentes políticos, la elaboración de extensas listas con los nombres de los posibles enemigos del régimen, incluso de sus familiares. Los que pudieron asilarse se asilaron en las embajadas disponibles y otros cayeron presos, mal presos.

La bestia allanó de esta manera los obstáculos que perturbaban el proceso electoral, el proyecto reeleccionista en el que estaba embarcado. Ahora podía concentrarse en la campaña. La bestia estaba en campaña y competía contra dos partidos que había mandado a crear. Competía por la presidencia de la República contra dos aguerridos contendientes. Competía contra el reptante cortesano Francisco Panchito Prats Ramírez, al frente del Partido Laborista, y competía contra el Partido Nacional Democrático, presidido por el no menos reptante y cortesano Rafael A. Espaillat, y ganaría por supuesto las elecciones del 16 de mayo de 1947.

Como dice Crassweller, todo el proceso fue rutinario, a excepción del conteo de los votos, que fueron divididos en tres partes. Panchito Prats Ramírez obtuvo 29,186 y el otro Panchito recibió 29,765, lo suficiente para demostrar que hubo una cierta aunque poco reñida oposición. En cambio la bestia fue beneficiado con 781,389 votos. Además el número de votantes registrados resultó ser el mismo que el número de votos emitidos. Nadie —como dice Crassweller—absolutamente nadie en todo el país habría dejado de ir a votar.

El verdadero cierre oficial del doble juego entre la bestia y los comunistas se produjo, una vez pasadas las elecciones, en el mes de junio. El Congreso declaró ilegal al Partido Socialista Popular, declaró ilegales las actividades comunistas y se creó una comisión de investigación de actividades antidominicanas. El período de postguerra había terminado, había comenzado la guerra fría y todo lo que olía a socialismo o liberalización olía mal. Spruille Braden, el alto funcionario que había irritado tanto a la bestia, el crítico de los gobiernos militaristas, el que se había negado a venderle un cargamento de armas, fue retirado de su cargo en el Departamento de Estado en el mismo año de 1947. En lo sucesivo volvería a prevalecer la política de tolerancia, de colaboración con el tirano, con todos los tiranos y tiranuelos de América. Muy pronto los dirigentes y muchos otros miembros de la oposición estarían muertos, en el exilio o en la cárcel. Entre los encarcelados se encontraban Pericles Franco y Freddy Valdez, dos de los fundadores del PSP.

Pericles Franco Ornes había regresado al país en uno de los momentos más difíciles y asumiendo un riesgo quizás mayor que el de sus compañeros de lucha. Y además había recibido una bienvenida especial, algo que probablemente le tenían reservado desde algún tiempo.

Durante su primer exilio Pericles Franco había pasado por Cuba y Colombia y finalmente había ido a parar a Chile, donde empezó a estudiar medicina, pero también sacó tiempo para escribir un libro contra el desgobierno de la bestia (un análisis de la tiranía de Trujillo) y para relacionarse con ateos y disociadores y otra gentuza. Entre ellos el poeta Pablo Neruda. Además participó en una Conferencia Mundial de la Juventud que tuvo lugar en noviembre de 1945 y en la que se alzaron voces de los delegados de sesenta y cuatro países contra el gobierno de la bestia.

El libro de Pericles, “La tragedia dominicana”, publicado en 1946 por la Federación de Estudiantes de Chile (con prólogo de Pablo Neruda) fue muy leído y comentado y difundido. Muy pronto la fama del libro y el mismo libro llegaron a oídos y a manos de la bestia y como la bestia no podía en ese momento ponerle la mano a Pericles Franco hijo, le echó mano al papá, al Pericles Franco padre, a pesar de que el padre era un funcionario y colaborador del régimen. Es decir, lo usó como chivo expiatorio, lo despojó de sus cargos, dejó sin empleo a su esposa y a sus hijas, y a pesar de su edad lo metió preso, lo retuvo durante un tiempo desconsiderado en la Fortaleza Ozama. Lo maltrató, lo vejó.

Pericles se vio obligado a permanecer en el exilio, no pudo regresar con sus compañeros en 1946 y decidió, por precaución no permitir que se reimprimiera su libro.

Regresó, sin embargo, imprudentemente a finales de marzo de 1947, según se deduce de un informe de la embajada norteamericana del 1 de abril. Es decir dos meses antes de que se consumara la farsa electoral.

Por lo que dice el informe, Pericles había regresado recientemente y no lo habían molestado, lo dejaron que se ambientara, le permitieron que paseara y se mostrara por las calles, que visitará quizás a sus familiares, compañeros y relacionados, que empezara a sentirse confiado. Entonces, sin previo aviso, lo metieron tres días preso y después lo soltaron sin acusarlo ni interrogarlo, pero sin dejar más adelante de hostigarlo y vigilarlo permanentemente.

Poco tiempo después volvería a la prisión con la mayoría de los dirigentes del partido y allí permanecería hasta el año 1949. Después lo indultaron, lo liberaran, la bestia empezó a jugar con él al juego del gato y el ratón, que no presagiaba nada bueno. Pericles vivió en zozobra, en permanente zozobra, hasta que logró asilarse en la embajada mexicana en 1950 y salir después hacia Cuba. Se estableció en 1951 en Guatemala, al servicio del gobierno progresista de Jacobo Árbenz, que fue derrocado por la CIA en 1954. El exiliado Pericles cruzó la frontera, optó por reexiliarse en México

Freddy Valdez constituye un caso aparte. Él fue otro de los muchos que ingresaron a la cárcel en 1947 y en la cárcel permanecería hasta 1950. La cárcel de la fortaleza de San Francisco de Macorís. Entonces la bestia le ofreció el indulto a cambio de que firmara una carta de gratitud, de sumisión al régimen, pero Freddy Valdez era un temerario, un hombre de valor suicida. Dijo que sólo usaría su mano para escribir o disparar contra la bestia y firmó su sentencia de muerte. Dicen que la bestia ordenó que le descoyuntaran las manos, que le infligieran toda clase de torturas antes de colgarlo en el patio de la fortaleza el día 27 de enero de 1950.

En ese mismo año se produjo la desaparición, el rapto y asesinato de Mauricio Báez en La Habana.


(Historia criminal del trujillato [106])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.                              

Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm).                                   

Roberto Cassá, “Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana”.                                   

 Bernardo Vega, “Un interludio de tolerancia”.                                              José Abigail Cruz Infante, “Un líder sindical asesinado” (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2008/09/21/74536/un-lider-sindical-asesinado)

Miguel Aponte, “A los 72 AÑOS DEL VIL ASESINATO DEL FUNDADOR DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR (PSP) DE REPÚBLICA DOMINICANA” (https://nuevoperiodismord.com/a-72-anos-del-vil-asesinato-del-fundador-del-partido-socialista-popular-psp-de-republica-dominicana/)


El intervalo comunista (5 de 5). Pericles Franco y Freddy Valdez

Pedro Conde Sturla 

23 septiembre, 2022


Durante el año de 1946 el gobierno de la bestia enfrentó algunos de sus más grandes desafíos, empezando por la gran huelga de los obreros en La Romana y San Pedro de Macorís, la histórica huelga del 7 de enero que fue el más grande de todos los desafíos.

De hecho la gran huelga obrera y las manifestaciones de la Juventud Democrática y el Partido Socialista Popular sacudieron los cimientos del régimen y desataron, como era de esperar, una reacción en sentido contrario, una oleada represiva que volvió a poner las cosas en sus lugar. La ley mordaza volvería a campear por sus fueros, todos los fueros.

A consecuencia de la violenta represión que tuvo lugar desde los primeros meses de 1947 el Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática sufrieron un desplome, un colapso, y sus actividades políticas se redujeron a la mínima expresión, se produjo una estampida, un sálvese quien pueda. El doble juego estaba llegando a su fin, la supuesta fase de tolerancia estaba terminando y habían comenzado las detenciones masivas, las ejecuciones sumarias, el cierre de los escasos locales y medios de prensa de la oposición, la persecución de los dirigentes políticos, la elaboración de extensas listas con los nombres de los posibles enemigos del régimen, incluso de sus familiares. Los que pudieron asilarse se asilaron en las embajadas disponibles y otros cayeron presos, mal presos.

La bestia allanó de esta manera los obstáculos que perturbaban el proceso electoral, el proyecto reeleccionista en el que estaba embarcado. Ahora podía concentrarse en la campaña. La bestia estaba en campaña y competía contra dos partidos que había mandado a crear. Competía por la presidencia de la República contra dos aguerridos contendientes. Competía contra el reptante cortesano Francisco Panchito Prats Ramírez, al frente del Partido Laborista, y competía contra el Partido Nacional Democrático, presidido por el no menos reptante y cortesano Rafael A. Espaillat, y ganaría por supuesto las elecciones del 16 de mayo de 1947.

Como dice Crassweller, todo el proceso fue rutinario, a excepción del conteo de los votos, que fueron divididos en tres partes. Panchito Prats Ramírez obtuvo 29,186 y el otro Panchito recibió 29,765, lo suficiente para demostrar que hubo una cierta aunque poco reñida oposición. En cambio la bestia fue beneficiado con 781,389 votos. Además el número de votantes registrados resultó ser el mismo que el número de votos emitidos. Nadie —como dice Crassweller—absolutamente nadie en todo el país habría dejado de ir a votar.

El verdadero cierre oficial del doble juego entre la bestia y los comunistas se produjo, una vez pasadas las elecciones, en el mes de junio. El Congreso declaró ilegal al Partido Socialista Popular, declaró ilegales las actividades comunistas y se creó una comisión de investigación de actividades antidominicanas. El período de postguerra había terminado, había comenzado la guerra fría y todo lo que olía a socialismo o liberalización olía mal. Spruille Braden, el alto funcionario que había irritado tanto a la bestia, el crítico de los gobiernos militaristas, el que se había negado a venderle un cargamento de armas, fue retirado de su cargo en el Departamento deEstado en el mismo año de 1947. En lo sucesivo volvería a prevalecer la política de tolerancia, de colaboración con el tirano, con todos los tiranos y tiranuelos de América. Muy pronto los dirigentes del PSP y muchos otros miembros de la oposición estarían muertos, en el exilio o en la cárcel. Entre los encarcelados se encontraban Pericles Franco y Freddy Valdez, dos de los fundadores del PSP.

Pericles Franco Ornes había regresado al país en uno de los momentos más difíciles y asumiendo un riesgo quizás mayor que el de sus compañeros de lucha. Y además había recibido una bienvenida especial, algo que probablemente le tenían reservado desde algún tiempo.

Durante su primer exilio Pericles Franco había pasado por Cuba y Colombia y finalmente había ido a parar a Chile, donde empezó a estudiar medicina, pero también sacó tiempo para escribir un libro contra el desgobierno de la bestia (un análisis de la tiranía de Trujillo) y para relacionarse con ateos y disociadores y otra gentuza. Entre ellos el poeta Pablo Neruda. Además participó en una Conferencia Mundial de la Juventud que tuvo lugar en noviembre de 1945 y en la que se alzaron voces de los delegados de sesenta y cuatro países contra el gobierno de la bestia.

El libro de Pericles, “La tragedia dominicana”, publicado en 1946 por la Federación de Estudiantes de Chile (con prólogo de Pablo Neruda) fue muy leído y comentado y difundido. Muy pronto la fama del libro y el mismo libro llegaron a oídos y a manos de la bestia y como la bestia no podía en ese momento ponerle la mano a Pericles Franco hijo, le echó mano al papá, al Pericles Franco padre, a pesar de que el padre era un funcionario y colaborador del régimen. Lo usó como chivo expiatorio, lo despojó de sus cargos, dejó sin empleo a su esposa y a sus hijas, y a pesar de su edad lo metió preso, lo retuvo durante un tiempo desconsiderado en la Fortaleza Ozama. Lo maltrató, lo vejó.

Pericles se vio obligado a permanecer en el exilio, no pudo regresar con sus compañeros en 1946 y decidió, por precaución no permitir que se reimprimiera su libro.

Regresó, sin embargo, imprudentemente a finales de marzo de 1947, según se deduce de un informe de la embajada norteamericana del 1 de abril. Es decir dos meses antes de que se consumara la farsa electoral.

Por lo que dice el informe, Pericles había regresado recientemente y no lo habían molestado, lo dejaron que se ambientara, le permitieron que paseara y se mostrara por las calles, que visitará quizás a sus familiares, compañeros y relacionados, que empezara a sentirse confiado. Entonces, sin previo aviso, lo metieron tres días preso y después lo soltaron sin acusarlo ni interrogarlo, pero sin dejar más adelante de hostigarlo y vigilarlo permanentemente.

Poco tiempo después volvería a la prisión con la mayoría de los dirigentes del partido y allí permanecería hasta el año 1949. Después lo indultaron, lo liberaran, la bestia empezó a jugar con él al juego del gato y el ratón, que no presagiaba nada bueno. Pericles vivió en zozobra, en permanente zozobra, hasta que logró asilarse en la embajada mexicana en 1950 y salir después hacia Cuba. Se estableció en 1951 en Guatemala, al servicio del gobierno progresista de Jacobo Árbenz, que fue derrocado por la CIA en 1954. El exiliado Pericles cruzó la frontera, optó por reexiliarse en México

Freddy Valdez constituye un caso aparte. Él fue otro de los muchos que ingresaron a la cárcel en 1947 y en la cárcel permanecía hasta 1950. La cárcel de la fortaleza de San Francisco de Macorís. Entonces la bestia le ofreció el indulto a cambio de que firmara una carta de gratitud, de sumisión al régimen, pero Freddy Valdez era un temerario, un hombre de valor suicida. Dijo que sólo usaría su mano para escribir o disparar contra la bestia y firmó su sentencia de muerte. Dicen que la bestia ordenó que le descoyuntaran las manos, que le infligieran toda clase de torturas antes de colgarlo en el patio el día 27 de enero de 1950.

En ese mismo año se produjo la desaparición, el rapto y asesinato de Mauricio Báez en La Habana.


(Historia criminal del trujillato [106])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.                              

Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm).                                   

Roberto Cassá, “Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana”.                                   

 Bernardo Vega, “Un interludio de tolerancia”.                                              José Abigail Cruz Infante, “Un líder sindical asesinado” (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2008/09/21/74536/un-lider-sindical-asesinado)

Miguel Aponte, “A los 72 AÑOS DEL VIL ASESINATO DEL FUNDADOR DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR (PSP) DE REPÚBLICA DOMINICANA” (https://nuevoperiodismord.com/a-72-anos-del-vil-asesinato-del-fundador-del-partido-socialista-popular-psp-de-republica-dominicana/)


viernes, 16 de septiembre de 2022

El intervalo comunista (4). Juventud Democrática y Partido Socialista Popular

Pedro Conde Sturla

16 septiembre, 2022



El 27 de agosto de 1946, en un histórico manifiesto —firmado por Fredy Valdez, Roberto MacCane, Ramón Grullón, Mauricio Báez, Héctor Ramírez, Rafael Ovenedit, Luis Escoto, Antonio Soto— el Partido Socialista Popular anunciaba su presencia en el país y su decisión de lanzarse a la lucha política. Sus dirigentes habían dejado el exilio, habían salido de la clandestinidad, se habían atrevido a regresar, acogiéndose a un quebradizo pacto con la bestia, y muy pronto su presencia se haría sentir en el escenario nacional.

Una de las primeras cosas que harían los dirigentes del PSP fue reactivar la Juventud Revolucionaria, la JR, con el nombre de Juventud Democrática, el frente amplio destinado a captar y aglutinar a la oposición sin distinción de credo político. Otra cosa, quizás más importante, fue encauzar el trabajo de masas hacia las organizaciones de obreros, infiltrarse en la Confederación de Trabajadores Dominicanos, CTD.


La bestia nunca pudo prever el estado de zozobra en que los comunistas del PSP y los miembros de la JD pondrían al aparato estatal. El doble juego con los comunistas nunca estuvo bajo su control. De hecho, la criada le salió respondona. Muy pronto se producirían movilizaciones y protestas de cierta consideración en la capital y Santiago, se crearía un estado de agitación permanente. Durante poco menos de un año, entre agosto de 1946 y abril de 1947, los miembros del Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática se embarcaron en un frenético activismo político que durante los primeros meses se tradujo en numerosas jornadas de agitación y manifestaciones de masa, venta de periódicos y distribución de volantes. Entre la gente que sacó la cara y se afilió en la JD, dándose a conocer públicamente como antitrujillista, había hijos y parientes de altos funcionarios del gobierno. Otros opositores asumirían sin tapujos la militancia comunista y formarían parte de los más de treinta miembros del PSP que se inmolaron, muchos años después, en la expedición del 14 y 20 de junio de 1959.


Por lo demás, algunos activistas se entremezclaban y eran miembros de ambas organizaciones. La fiebre antitrujillista y revolucionaria contagiaba y unía por igual a personas de las más variadas inquietudes políticas. Nombres conocidos y desconocidos de los protagonistas de ese histórico episodio —que sólo es posible mencionar a título de ejemplo— llenarían las páginas de un libro infinito.


En ese ambiente de rebeldía prosperaron los dirigentes de Juventud Democrática: Manuel Mena Blonda, Virgilio Díaz Grullón, José Ramón Martínez Burgos, Juan Ducoudray, (quien también pertenecía al PSP), Josefina Padilla Deschamps. Al mismo tiempo surgieron órganos de prensa como “El Popular”, del PSP, y “Juventud Democrática de la JD. Por primera vez, desde el inicio de la tiranía, un frente político de oposición se atrevería a llamar a la gente a una manifestación antigobiernista y por primera vez acudiría gente, mucha gente al llamado.


La ciudad capital y Santiago, principalmente, fueron el escenario de grandes concentraciones, manifestaciones de masa convocadas por el PSP o la JD en las que se escucharon las voces de Mauricio Báez, Salvador García Agüero, Ramón Grullón, Poncio Pou, Fellín Moore y hasta Tiberio Castellanos en su mejor época. Una época en la que Tiberio se destacó como el mejor vendedor de periódicos de la Juventud Democrática y Hugo Tolentino Dipp cayó preso en una ocasión por repartir volantes de la misma agrupación junto a Virgilio Díaz Grullón, y en la que conocidos poetas e intelectuales como Máximo Avilés Blonda, Rafael Valera Benítez, Lupo Hernández Rueda y José Aníbal Sánchez Fernández hablaban alegremente contra el gobierno desde una peña literaria en la cafetera.


Sin embargo, el mal llamado interludio de tolerancia llegaría bien pronto a su fin. No duró mucho tiempo la bestia en darse cuenta de que había creado una especie de Frankenstein.Todavía no se había producido la huelga de los trabajadores de la caña en La Romana y San Pedro de Macorís, que tendría lugar en enero de 1947, pero se veía claro que los jóvenes activistas del PSP y de la JD ganaban cada día más adeptos y emprendían acciones más osadas.


Las manifestaciones del PSP en la ciudad capital, Ciudad Trujillo, habían sido tan exitosas que se decidió ponerle un alto.


Hasta el momento las fuerzas represivas habían actuado, a regañadientes, con cierta moderación, se limitaban a amenazar, a entorpecer, a tratar de que la gente no tomara parte en los actos. Sin embargo, el día 26 de octubre de 1946 el Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática convocaron a un mitin en el Parque Colón que fue violentamente reprimido.


Al parecer la convocatoria superó las expectativas. Millares de personas acudieron al llamado, inundaron literalmente el lugar. Se dice que el gentío, desbordó la plaza y las bocacalles aledañas. Al gentío se sumarían las voces libertarias, los aplausos atronadores, y provocaron la ira de las llamadas fuerzas del orden.


Una banda de facinerosos, de policías vestidos de civil, embistió contra la muchedumbre repartiendo macanazos, disparando, hiriendo a numerosas personas, y dispersaron en poco tiempo a los manifestantes. Muchos fueron apresados y otros buscaron asilo en la Embajada de México. Pero Trujillo fue esta vez generoso. El escándalo que provocó la violenta represión lo obligó a ser generoso y ordenó soltar a los presos y ofreció garantías a los que se habían asilado para que abandonaran la embajada.


Los opositores, por supuesto, no escarmentaron. El domingo 24 del mes de noviembre de 1946, la Juventud Democrática realizó sin mayores contratiempos otro mitin en la Plaza Rubén Darío de Ciudad Nueva.


El mayor de todos, con una participación estimada en cinco mil personas, fue el que se realizó en el parque de La Joya, en Santiago, el domingo 1 de diciembre de 1946. En esa ocasión se escucharon las voces, —“las voces emocionadas”— de Gustavo Adolfo Patiño (miembro de una familia que por su oposición a la bestia fue casi exterminada), habló además Virgilio Díaz Grullón, habló Jose Manuel de Peña hijo, habló Rafael Moore Garrido y habló también —para variar— una valiente mujer llamada Gilda Pérez (la que sería esposa de Pericles Franco Ornes).


La participación de Gilda Pérez —una de las pocas mujeres de la época que se aventuraron en política y se atrevían a hablar en público—, no habría tenido mayor relevancia si no fuera por un dato, una anécdota que recuerdan algunos memoriosos. Al parecer Gilda Pérez fue amenazada. Recibió amenazas muy explícitas por parte de agentes del servicio secreto para que no hablara en el multitudinario encuentro. La amenazaron concretamente con quitarle la ropa, con despojarla de todas sus prendas si se atrevía a tomar la palabra. Gilda Pérez respondió que tendría entonces el honor de ser la primera mujer dominicana que hablara desnuda en un mitin. El hecho es que Gilda habló y nunca la desnudaron. Los tenebrosos agentes que rodeaban el parque no se atrevieron a desnudar a la desafiante Gilda Pérez y es posible que muchas personas se sintieran defraudadas.


El hostigamiento contra los manifestantes no era sólo verbal, no se reducía a simples amenazas. De acuerdo a una información publicada en el Núm. 3 de “Juventud Democrática”, correspondiente al 7 de diciembre de 1946, “Altos funcionarios del Estado y otros señores siguen llamando a su despacho al que fué a un mitin, al hermano del que asistió a un mítin, al padre o a cualquier otro familiar del que presenció un mitin; si es empleado público, la destitución es indefectible…”. Es decir, no se penalizaba solamente a los que participaban. Muchas veces los que perdían el empleo no eran nada más los que asistían sino los familiares. 


(Historia criminal del trujillato [105])


Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm). Roberto Cassá, “Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana”. Bernardo Vega, “Un interludio de tolerancia”. José Abigail Cruz Infante, “Un líder sindical asesinado” (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2008/09/21/74536/un-lider-sindical-asesinado). Ángela Peña, “Luchador antitrujillista y locutor destacado”(https://almomento.net/luchador-antitrujillista-y-locutor-destacado/)


El intervalo comunista (4). Juventud Democrática y Partido Socialista Popular

Pedro Conde Sturla

16 septiembre, 2022

Durante poco menos de un año, entre agosto de 1946 y abril de 1947, los miembros del Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática se embarcaron en un frenético activismo político que durante los primeros meses se tradujo en numerosas jornadas de agitación y manifestaciones de masa, venta de periódicos y distribución de volantes. Entre la gente que sacó la cara y se afilió en la JD, dándose a conocer públicamente como antitrujillista, había hijos y parientes de altos funcionarios del gobierno. Otros opositores asumirían sin tapujos la militancia comunista y formarían parte de los más de treinta miembros del PSP que se inmolaron, muchos años después, en la expedición del 14 y 20 de junio de 1959.


Por lo demás, algunos activistas se entremezclaban y eran miembros de ambas organizaciones. La fiebre antitrujillista y revolucionaria contagiaba y unía por igual a personas de las más variadas inquietudes políticas. Nombres conocidos y desconocidos de los protagonistas de ese histórico episodio —que sólo es posible mencionar a título de ejemplo— llenarían las páginas de una historia infinita.

En ese ambiente de rebeldía prosperaron los dirigentes de Juventud Democrática: Manuel Mena Blonda, Virgilio Díaz Grullón, José Ramón Martínez Burgos, Juan Ducoudray, (quien también pertenecía al PSP), Josefina Padilla Deschamps. Al mismo tiempo surgieron órganos de prensa como “El Popular”, del PSP, y “Juventud Democrática de la JD. Por primera vez, desde el inicio de la tiranía, un frente político de oposición se atrevería a llamar a la gente a una manifestación antigobiernista y por primera vez acudiría gente, mucha gente al llamado.

La ciudad capital y Santiago, principalmente, fueron el escenario de grandes concentraciones, manifestaciones de masa convocadas por el PSP o la JD en las que se escucharon las voces de Mauricio Báez, Salvador García Agüero, Ramón Grullón, Poncio Pou, Fellín Moore y hasta Tiberio Castellanos en su mejor época. Una época en la que Tiberio se destacó como el mejor vendedor de periódicos de la Juventud Democrática y Hugo Tolentino Dipp cayó preso en una ocasión por repartir volantes de la misma agrupación junto a Virgilio Díaz Grullón, y en la que conocidos poetas e intelectuales como Máximo Avilés Blonda, Rafael Valera Benítez, Lupo Hernández Rueda y José Aníbal Sánchez Fernández hablaban alegremente contra el gobierno desde una peña literaria en la cafetera.

Sin embargo, el mal llamado interludio de tolerancia llegaría bien pronto a su fin. No duró mucho tiempo la bestia en darse cuenta de que había creado una especie de Frankenstein.Todavía no se había producido la huelga de los trabajadores de la caña en La Romana y San Pedro de Macorís, que tendría lugar en enero de 1947, pero se veía claro que los jóvenes activistas del PSP y de la JD ganaban cada día más adeptos y emprendían acciones más osadas.

Las manifestaciones del PSP en la ciudad capital, Ciudad Trujillo, habían sido tan exitosas que se decidió ponerle un alto.

Hasta el momento las fuerzas represivas habían actuado, a regañadientes, con cierta moderación, se limitaban a amenazar, a entorpecer, a tratar de que la gente no tomara parte en los actos. Sin embargo, el día 26 de octubre de 1946 el Partido Socialista Popular y la Juventud Democrática convocaron a un mitin en el Parque Colón que fue violentamente reprimido.

Al parecer la convocatoria superó las expectativas. Millares de personas acudieron al llamado, inundaron literalmente el lugar. Se dice que el gentío, desbordó la plaza y las bocacalles aledañas. Al gentío se sumarían las voces libertarias, los aplausos atronadores, y provocaron la ira de las llamadas fuerzas del orden.

Una banda de facinerosos, de policías vestidos de civil, embistió contra la muchedumbre repartiendo macanazos, disparando, hiriendo a numerosas personas, y dispersaron en poco tiempo a los manifestantes. Muchos fueron apresados y otros buscaron asilo en la Embajada de México. Pero Trujillo fue esta vez generoso. El escándalo que provocó la violenta represión lo obligó a ser generoso y ordenó soltar a los presos y ofreció garantías a los que se habían asilado para que abandonaran la embajada.

Los opositores, sin embargo, no escarmentaron. El domingo 24 del mes de noviembre de 1946, la Juventud Democrática realizó sin mayores contratiempos otro mitin en la Plaza Rubén Darío de Ciudad Nueva.

El mayor de todos, con una participación estimada en cinco mil personas, fue el que se realizó en el parque de La Joya, en Santiago, el domingo 1 de diciembre de 1946. En esa ocasión se escucharon las voces, —“las voces emocionadas”— de Gustavo Adolfo Patiño (miembro de una familia que por su oposición a la bestia fue casi exterminada), habló además Virgilio Díaz Grullón, habló Jose Manuel de Peña hijo, habló Rafael Moore Garrido y habló también —para variar— una valiente mujer llamada Gilda Pérez (la que sería esposa de Pericles Franco Ornes).

La participación de Gilda Pérez —una de las pocas mujeres de la época que se aventuraron en política y se atrevían a hablar en público—, no habría tenido mayor relevancia si no fuera por un dato, una anécdota que recuerdan algunos memoriosos. Al parecer Gilda Pérez fue amenazada. Recibió amenazas muy explícitas por parte de agentes del servicio secreto para que no hablara en el multitudinario encuentro. La amenazaron concretamente con quitarle la ropa, con despojarla de todas sus prendas si se atrevía a tomar la palabra. Gilda Pérez respondió que tendría entonces el honor de ser la primera mujer dominicana que hablara desnuda en un mitin. El hecho es que Gilda habló y nunca la desnudaron. Los tenebrosos agentes que rodeaban el parque no se atrevieron a desnudar a la desafiante Gilda Pérez y es posible que muchas personas se sintieran defraudadas.

El hostigamiento contra los manifestantes no era sólo verbal, no se reducía a simples amenazas. De acuerdo a una información publicada en el Núm. 3 de “Juventud Democrática”, correspondiente al 7 de diciembre de 1946, “Altos funcionarios del Estado y otros señores siguen llamando a su despacho al que fué a un mitin, al hermano del que asistió a un mítin, al padre o a cualquier otro familiar del que presenció un mitin; si es empleado público, la destitución es indefectible…”. Es decir, no se penalizaba solamente a los que participaban. Muchas veces los que perdían el empleo no eran nada más los que asistían sino los familiares. 
(Historia criminal del trujillato [105])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm). Roberto Cassá, “Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana”. Bernardo Vega, “Un interludio de tolerancia”. José Abigail Cruz Infante, “Un líder sindical asesinado” (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2008/09/21/74536/un-lider-sindical-asesinado). Ángela Peña, “Luchador antitrujillista y locutor destacado”(https://almomento.net/luchador-antitrujillista-y-locutor-destacado/)



Enviado desde mi iPad

sábado, 10 de septiembre de 2022

El intervalo comunista (3). Mauricio Báez


Pedro Conde Sturla

12-09-2022 




El día 7 de enero de 1946 estalló en el este, en la La Romana, en el corazón de la industria azucarera, la más grande y larga huelga de obreros que alguna vez sufrió el régimen de la bestia. Pocas veces, en toda la historia patria, había estado un movimiento de oposición a la bestia en manos de dirigentes tan capaces como audaces. Había en sus filas un activo, el Fer más valioso de todos: dirigentes obreros que le permitirían influir y accionar de manera determinante entre los trabajadores de la industria azucarera. Uno de ellos era Mauricio Báez, el más emblemático sindicalista en la historia de la República.


A Mauricio le habían salido los dientes en la lucha sindical, aunque también llegó a trabajar como obrero en el corte de caña. Empezó a batallar desde los años treinta, desde el inicio mismo de la era y muy pronto se dio a conocer por su carácter fogoso, insobornable. Sobresalía por “su alta estampa de negro formidable”, un negro perfilado y elegante al que gustaba usar traje y sombrero blancos. No tenía una educación formal, pero era dueño de una inteligencia despejada y de un talento y vocación de periodista, y era temible como orador, un orador de barricada, que recorría los muelles de San Pedro de Macorís y los numerosos locales de los trabajadores de la caña con sus palabras incendiarias, despotricando contra la injusticia y abogando por la unidad de la clase obrera. Organizó sindicatos, organizó y participó en numerosas huelgas y actos de protesta.

En torno a él, aparte de su inseparable correligionario Justino José del Orbe (el inolvidable Viejo Justo), se agruparon Héctor Porfirio Quezada, Julio Aníbal García Dickson, Alberto Laracuent Polanco, Hernando Hernández (padre de Homero Hernández Vargas), Benjamin Carela, Mario Julio Cuevas, Ismael Paulino y otros bragados dirigentes sindicales. Varios de ellos morirían de mala muerte en poco tiempo, asesinados por esbirros de la bestia, pero no sin haber logrado organizar numerosos gremios y una federación en la región, más una huelga de resonancia nacional.

Dice Crassweller que en esa época había en el este unas ciento cincuenta organizaciones laborales, aunque la mayoría obedecía a los intereses de la bestia. Se habían producido, sin embargo, varias huelgas (e incluso actos de sabotaje que incluían incendios provocados y descarrilamientos), y existía un auténtico fermento de rebeldía en la clase obrera.

El hecho es que al cabo unos meses de intenso trabajo organizativo se produjo, precisamente al inicio de la zafra, la madre de todas las huelgas en La Romana. Una huelga que —al decir de Crassweller— se extendió ampliamente, espontáneamente, hasta San Pedro de Macorís y que el aparato represivo de la bestia no fue capaz de detener con la fuerza de las armas, o que la bestia no se atrevió a detener a sangre y fuego por temor a las consecuencias, al posible entorpecimiento del proceso productivo. Fue la única huelga verdaderamente importante y exitosa que se le hizo al gobierno de la bestia y duró en total unas dos semanas y recibió —como dice Crassweller— la atención personalizada de los más altos funcionarios del gobierno.

Los acuerdos posteriores dieron a los obreros lo que habían buscado, un aumento sustancial del salario, que duplicaba lo que hasta el momento recibían los cortadores de caña y jornadas de ocho horas diarias. Además no hubo violencia durante la huelga ni hubo represalias mientras duró.

Lo que vino después fue, sin embargo, terrible, como era de esperar. Toda una ola o un tsunami represivo. Varios dirigentes serían burdamente asesinados y después acusados de cometer suicidio. Docenas serían encarcelados y otros se refugiarían en la embajada de México. 

La actitud desafiante de Mauricio y el enrarecimiento de la situación política lo llevaron primero a la cárcel y lo obligaron después a tomar la vía del exilio, del cual regresaría no mucho tiempo después con sus compañeros del PDRD que ahora se llamaba PSP. 

Desde que volvió a poner pie en la isla volvió a las andadas. Retomó de inmediato su labor de organizador y agitador en la región este, en el corazón de la industria azucarera, pero muy pronto se vería otra vez obligando a tomar la vía del exilio.

Mauricio Báez, el prominente líder comunista y sindicalista, volvería otra vez al exilio. El exilio en Cuba. Pero la bestia ya lo había sentenciado.

Mauricio no abandonó la lucha contra la bestia en el país ni en el extranjero. Denunciaba por la radio sus crímenes y atropellos y denunciaba la presencia de los espías y sicarios que importunaban la vida de los exiliados. Contra uno de ellos, el monstruoso Felix W. Bernardino, que era cónsul en La Habana, dirigía con frecuencia sus cañones. Lo acusaba abiertamente por los abusos y asesinatos que Bernardino había cometido en sus tierras del Este de la República Dominicana. El mismo monstruoso Bernardino a quien se le atribuye la planificación de su desaparición y muerte.

En varias ocasiones, su compañero Justino José del Orbe le había advertido del peligro que corría al exponerse públicamente de forma tan temeraria y de la necesidad de tomar precauciones. El día 9 de diciembre de 1950 se lo advertiría por última vez. En esa ocasión se trataba de una amenaza concreta. Justino era portador de un mensaje de la exiliada Genoveva Ramírez Alcántara, en la que esta le decía que había llegado a La Habana un grupo de sicarios de la bestia con el propósito de darle muerte a él y otros dos dirigentes del exilio. Pero todo fue inútil.

Uno o dos días más tarde Mauricio Báez recibió la visita de tres individuos con los que se le vio conversando en la calle, como si fuesen amigos o conocidos, se montó con ellos en un automóvil y desapareció para siempre.

De los horrores que sufriría solo es posible hacerse una idea, una pálida idea.

(Historia criminal del trujillato [104])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator. Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm).

Roberto Cassá, “Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana”. Bernardo Vega, “Un interludio de tolerancia”. José Abigail Cruz Infante, “Un líder sindical asesinado” (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2008/09/21/74536/un-lider-sindical-asesinado)