viernes, 26 de agosto de 2022

El intervalo comunista (1)

Pedro Conde Sturla

Primeros miembros del Partido Socialista Popular 

que regresaron del exilio en 1946. De pie, de

izquierda a derecha, Fredy Valdez, Roberto McCabe, Ramón

Grullón y Mauricio Báez. Sentados de izquierda a derecha,

Héctor Ramírez, Rafael Ovenedit, Luis Escoto y Antonio Soto



Ya en esa época la bestia se estaba preparando para la reelección en 1947, y para demostrar sus buenas intenciones, su firme determinación de democratizar el país, permitiría la participación de partidos de oposición, la participación plural de diferentes organizaciones que a favor o en contra formarían parte del más amplio espectro electoral.

Para dar inicio al ejemplar proceso democrático, en 1945 el gobierno de la bestia solicitó a conocidas figuras políticas formar y refundar partidos de oposición. Entre todos los llamados y todos los elegidos ninguno fue tan entusiasta y tan ingenuo como Rafael Estrella Ureña. Algunos de los más serviles e incondicionales servidores de la bestia —en lo que Crassweller llama una parodia de indulgencia o pantomima liberal— formaron partidos y organizaciones políticas, incluso sin renunciar a la membrecía o membresía del partido oficial. Sólo Estrella Ureña (a quien Trujillo había rescatado del exilio unos años antes con fines inconfesables), se tomó en serio la propuesta, renunció a un cargo judicial y se entregó de lleno a la organización de un partido y de inmediato empezaron a lloverle oprobios, lo sepultaron vivo en un cenagal de difamación e injuria. Lamentablemente, Estrella Ureña cayó enfermo al poco tiempo o lo enfermaron, lo sometieron a un procedimiento quirúrgico rutinario y falleció el 25 de mayo de 1945. Falleció al parecer de causas naturales, sospechosas causas naturales, con la inestimable ayuda de la bestia. El condolido mandatario declaró tres días de luto oficial y despidió el duelo con aparatosas honras fúnebres.

El sainete electoral siguió su curso. En 1946 el director del periódico “La opinión” fue invitado a publicar artículos contra el gobierno. Dice Crassweller que el director se resistió, se puso chivo en grado superlativo, entró en sospechas. Hay que imaginar que no le gustó la idea y que a lo peor pensaría que le estaban poniendo una trampa, una carnada o mejor dicho un gancho, como se decía en ese época, para probar su lealtad y agarrarlo asando batatas. De modo que pidió confirmación personal de parte de la bestia y la bestia le prometió que su vida, su libertad de acción estaban garantizadas y que el gobierno le daría, como en efecto le dio, seguridad y asesoría y financiamiento para que por fin aceptara la idea y dirigiera una campaña contra el gobierno orquestada por el gobierno. Cuando por fin el director se convenció o lo convencieron comenzaron a aparecer en “La opinión” unos cautelosos artículos contra la bestia y las honorables Fuerzas Armadas. Por desgracia, el director se tomó demasiado en serio lo de la libertad de prensa y publicó un carta de José Antonio Bonilla Atiles, vicerrector de la única universidad, en la que éste explicaba sus razones para no firmar un manifiesto a favor de la reelección de la bestia en 1947 y ahí terminó todo, ahí fue Troya. Bonilla Atiles fue despedido de todos sus cargos, fue acosado, perseguido y finalmente obligado a tomar la ruta del exilio. La bestia compró o se apoderó de las acciones de “La Opinión” y sus dueños igualmente consideraron prudente abandonar el país al poco tiempo. “La Opinión” se convirtió entonces en un vocero del reeleccionismo y desapareció del mapa no mucho después.

En el mismo año de 1946 empezó lo que Crassweller llama otro aspecto de la mascarada, la mascarada liberal. Un doble juego entre Trujillo y los comunistas en el que uno trató de sacar provecho de los otros y viceversa. Trujillo saldría ganando por supuesto, pero lo cierto es que en un primer momento fue mucho mayor el provecho que sacaron los comunistas que el que sacó la bestia. De hecho, la situación llegó a descontrolarse, amenazó con salir de su cauce y la bestia tuvo que ponerle freno drásticamente.

Todo terminaría como terminaban las cosas con la bestia, con un baño de sangre y una violenta represión, pero mientras tanto se había construido una fachada para demostrarle al imperio y al mundo que en el país se estaba instalando una verdadera democracia a pesar de los peligros que representaba la democracia. El peligro comunista entre ellos. Y el de la clase obrera.

En esa época el gobierno aprobó o modificó leyes que regulaban los contratos de trabajo, se creó la Secretaría de Trabajo y Economía y se reorganizó la flamante Confederación de Trabajadores Dominicanos (CTD), que había sido fundada durante el breve gobierno de Estrella Ureña en 1929. Al frente de esta última puso a Panchito Prats Ramírez, uno de sus más fieles y reptantes cortesanos. Esa medida y todas las demás demostraban o querían demostrar la preocupación de la bestia por la situación de la clase obrera.

Asimismo se dió rienda suelta a la creación de sindicatos, o mejor dicho a la proliferación de un falso sindicalismo que promovía huelgas y actos de sabotaje y puso los pelos de punta a los propietarios y gerentes y accionistas de los ingenios azucareros que pertenecían a los gringos.

Por si todo esto fuera poco, el gobierno de la bestia intentó o fingió tratar de establecer relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Nada más alarmante, sin embargo que el peligroso doble juego entre la bestia y los comunistas. Los comunistas del Partido Socialista Popular, que se encontraban en Cuba en su mayoría.

Un emisario de la bestia, muy calificado, el escritor Ramón Marrero Aristi, firmó o estableció de alguna manera un acuerdo con la dirección de este partido. El acuerdo estipulaba entre otras cosas la liberación de los presos políticos, que eran muchos, y la legalización del PSP en la República Dominicana, aparte de las necesarias garantías para que esto fuera posible.

En agosto de 1946, acogiéndose a las garantías que nadie garantizaba, regresaron los primeros temerarios dirigentes:

Fredy Valdez, Roberto McCabe, Ramón Grullón, Mauricio Báez, Héctor Ramírez, Rafael Ovenedit, Luis Escoto, Antonio Soto.

(Historia criminal del trujillato [102])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Gabriel Atilio, “Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana” (https://www.marxist.com/republica-dominicana-origenes-socialismo.htm)

viernes, 19 de agosto de 2022

Los vaivenes del poder

Pedro Conde Sturla

19 agosto, 2022



El tercer gobierno de la bestia como presidente de la República (1942-1947) fue un período de bonanza para la clase dominante y también de grandes descontentos y agitaciones políticas y sociales. El precio de la materia prima, productos agrícolas y agroindustriales y minerales se disparó a causa de la segunda guerra mundial y permitió consolidar las empresas del tirano y de su familia, que operaban generalmente en régimen de monopolio. Los negocios de María Martínez de Trujillo subieron como la espuma y los ingenios azucareros se convirtieron en la primera fuente de divisas del país, es decir, del tirano.


Soplaban, al mismo tiempo, vientos de fronda, vientos de rebeldía y rebelión que en alguna manera recordaban y reeditaban los sucesos de 1934 en Santiago y la feroz represión que desencadenaron.

Durante años la bestia recibió el apoyo y la simpatía de los más encumbrados funcionarios del imperio. Su amigo y canchanchán, su compinche Cordell Hull, el secretario de estado Corder Hull, lo consentía y lo protegía, y de la bestia seguramente recibía en metálico grandes muestras de afecto. Fue él quien tuvo la cachaza de decir: Trujillo es un SOB (un HDP, un hijo de puta ), pero es nuestro SOB. La misma expresión se le atribuye a Franklin Delano Roosevelt en referencia al dictador nicaragüense Tacho Somoza y es posible que así sea. Total, los dos pensaban igual y cualquiera pudo haber dicho lo mismo. Al fin y al cabo casi todos los dictadores latinoamericanos eran sus hijos de puta.

Trujillo, sin embargo, era probablemente el hijo de puta favorito. El más favorito de todos los posibles hijos de puta. Rooselvelt lo demostró cuando lo recibió en la Casa Blanca en 1939, dos años después del pavoroso escándalo de la matanza haitiana, y lo demostraron los diputados que le hicieron un recibimiento a su llegada a Nueva York y lo demostró el general George C. Marshall, que lo trató a cuerpo de rey.

Muy pocos funcionarios habían manifestado o manifestaban su animadversión a tal política de complacencia y al gobierno de la bestia. En 1931, desde casi el inicio de la infame era gloriosa, el entonces ministro Charles Curtis lo había definido como el jefe de una banda de gánsteres, y el subsecretario de estado Somner Welles siempre había mantenido con él una relación muy fría y distante y tenía cierta amistad o por lo menos contacto con miembros del exilio dominicano, entre ellos Ángel Morales, el hombre que la bestia mandó a matar con Rubirosa en el fallido atentado de 1935. Sin embargo las opiniones de estos prominentes personajes caían siempre en saco roto y no representaban la línea política del Departamento de Estado.

Como dice Crassweller, las buenas relaciones entre el imperio y el régimen de la bestia permanecieron cordiales desde el principio de manera ininterrumpida y el único tropiezo se produjo en 1937 a raíz de la masacre haitiana, que fue un episodio pasajero. Un acontecimiento al que en realidad no se le dio tanta importancia y que muy pronto recibió cristiana sepultura.

En opinión de Corder Hull —la opinión prevaleciente en el Departamento de Estado y del mismo Roosevelt—, gran parte de los primeros quince años de la era de Trujillo merecían una valoración positiva. Los campesinos dominicanos nunca habían disfrutado de tanta libertad, y lo que se había pagado por la estabilidad y la tranquilidad y el orden se había conseguido a muy alto precio, pero había valido la pena, según Cordell Hull.

Sin embargo, una vez terminada la segunda guerra empezaron a producirse en la política del Departamento de Estado ciertos cambios que a la larga resultaron ser retóricos, cosméticos, pero que durante un tiempo le causaron problemas a la bestia. Se empezó a hablar de la necesidad de una renovación, de la necesidad de destronar a todos los dictadores latinoamericanos. Voces críticas contra la tiranía de la bestia empezaron a escucharse en boca de altos funcionarios del imperio. En Venezuela y Brasil colapsaron en 1945 los regímenes militares y la bestia empezó a verse con nerviosismo en ese espejo.

Las cosas comenzaron a complicarse cuando su complaciente amigo Nelson Rockefeller —subsecretario de estado para asuntos latinoamericanos— fue sustituido en 1945 por Spruille Braden en el gobierno de Harry Truman. Braden era el principal impulsor de la nueva política y tenía pocas simpatías por el gobierno de la bestia.Trujillo trató de congraciarse con Braden proponiendo al congreso que bautizara a Dajabón (el epicentro de la matanza haitiana) con el nombre del fallecido presidente Roosevelt. Braden rechazó la envenenada propuesta con indignación y la bestia recibió el rechazo con una de sus acostumbradas rabietas. Se pondría furioso como el diablo. Como lo que era.

Pero lo peor no había ocurrido todavía.

Dice Crassweller que en el mes de noviembre de 1945 el gobierno dominicano solicitó una licencia para la compra de un gran cargamento de armas y municiones en los Estados Unidos. Era el procedimiento habitual en esos casos, un procedimiento rutinario que se se efectuaba rutinariamente. Sólo que esta vez la respuesta fue negativa y la bestia no podía creerlo. Una negativa con fecha del 28 de diciembre de 1945. Todo un desaire.

Además, el desaire venía acompañado de lo que suele llamarse un aide-mémoire, un recordatorio que contenía los lineamientos de la política de Braden. Una nota bien agria y urticante.

Decía más o menos en la nota (muy poco diplomáticamente), que el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos profesan un gran sentimiento de amistad y un más grande deseo de cooperar con aquellos gobiernos que permiten el ejercicio de la libertad. Decía que el gobierno de los Estados Unidos había observado durante los años pasados al gobierno de la República Dominicana y no había sido capaz de percibir la existencia de principios democráticos ni en la teoría ni en la práctica, que no había libertad de prensa ni libertad de expresión, que la oposición política y los partidos habían sido suprimidos, con excepción de un partido único. Proporcionar, en consecuencia, armas y municiones a un país con semejante sistema podía ser considerado como una intervención en los asuntos internos del país y un apoyo a su política represiva.

En conclusión, decía al final del documento, existían sobradas razones para negarle al gobierno dominicano la enorme provisión de armas y municiones requeridas y colorín colorado.

Dice Crassweller que el lenguaje era rígido y descortés (y descaradamente hipócrita además) y que Emilio García Godoy, el embajador dominicano, se puso lívido mientras lo traducía, por no decir que se estaba evacuando literalmente.


(Historia criminal del trujillato [101])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

martes, 16 de agosto de 2022

Armar el muñeco.

Cada semana o mejor dicho cada día me enfrento a la necesidad de armar el muñeco, organizar las ideas para escribir mi página para El Caribe y Acento.com, la misma que vengo publicando desde el lejano año de 2008. El muñeco es lo esencial, tiene pies y tiene cabeza.  La cabeza debe atrapar o por lo menos interesar al lector y los pies deben picar la curiosidad, dejarlo con ganas de seguir leyendo. No es un trabajo de oficinista, no tiene horario, me ocupa horas del día y de la noche, a veces me desvela a las tres de la madrugada. Es un flagelo, como decía Truman Capote, y es la felicidad de escribir, como decía Borges. 

PCS

sábado, 13 de agosto de 2022

Rubirosa (11 de 11) El patético final

Pedro Conde Sturla 

12 agosto, 2022

Muchas otras cosas empezarían a salir mal para Rubirosa y la bestia a partir de la revolución cubana. En 1960, a raíz de un fallido atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, el gobierno del tirano y el tirano mismo cayeron de la gracia de sus amos. Cayeron definitivamente en desgracia con el imperio. Los países de la OEA (la llamada Organización de Estados Americanos), rompieron relaciones diplomáticas con la República Dominicana e impusieron severas sanciones. Aislaron el territorio nacional como si se tratase de una especie de leprosario.


Para peor, la noche del 30 de mayo de 1961 un grupo de conjurados le partió el pescuezo a la bestia y el poder quedó en manos de un presidente títere llamado Joaquín Balaguer y del desquiciado Ramfis Trujillo, el desquiciado y sanguinario hijo mayor de la bestia, de quien Rubirosa era amigo y más que amigo un padrino.

Rubirosa interpuso inútilmente sus buenos oficios a favor del gobierno con el propósito de obtener el levantamiento de las sanciones. Se movió activamente entre los cabilderos, pagaría montañas de dinero a periodistas, tocó a las puertas de senadores y altos funcionarios y hasta trató de lograr un acercamiento con el presidente Kennedy, que había llegado al poder en el mismo año de la muerte de la bestia, pero los resultados fueron contraproducentes. Rubirosa había sido amigo del candidato y el candidato ya era presidente y se manejaba de otra manera. Por consejo de su hermano Robert había tomado prudente distancia de gente como Rubirosa y Frank Sinatra, ya no quería tratos con ellos. Los ingratos hermanos Kennedy rompieron por igual con Sam Giancana y otros conocidos gánsteres, los mismos que a solicitud del padre de los Kennedy habían comprado los ochenta mil votos que se necesitaron para ganar por un pelo las elecciones contra el abominable Richard Nixon.

Lo malo es que lo peor no había pasado todavía para Rubirosa. El glorioso y feliz día del 19 de noviembre de 1961 un alzamiento armado, el bien llamado levantamiento de los pilotos, puso fin a los treinta y un años de absolutismo, provocó la caída de los remanentes de la tiranía y la expulsión del hijo de la bestia y sus hermanos. De hecho, casi todos sus familiares se vieron forzados a abandonar el terruño, su paraíso terrenal. El taimado Joaquín Balaguer quedó al frente de un gobierno provisional, pero también sería expulsado por un movimiento de masas al cabo de unos meses: el día 7 de marzo de 1962. Rubirosa se quedaría, pues, sin pito y sin flauta. Un nuevo gobierno provisional lo despojó de su cargo de inspector de embajadas y de sus propiedades en el país. Pero lo grave no fue perder el cargo y las propiedades sino su inmunidad diplomática, la patente de corso que le garantizaba la impunidad. No mucho tiempo después Rubirosa sería requerido por el fiscal de Nueva York para ser interrogado en relación a los asesinatos de Sergio Bencosme en 1935 y de Jesús Galíndez en 1956. Pero de ahí no pasaría la cosa. Ni Rubirosa ni los Trujillo, con excepción de la bestia, pagarían por sus crímenes.

Rubirosa no tenía, o no debía tener en esa época, preocupaciones económicas. Con lo que le había sacado a Doris Duke y Barbara Hutton hubiera podido vivir varias vidas sin apremios pecuniarios, pero a él apenas le alcanzaría para vivir los pocos años que le quedaban.

Rubirosa era un botarate. Para mantener el ritmo de vida gastaba dinero alegremente, gastaba dinero a manos llenas, como si saliera de un surtidor, como si fuera agua que saliera de la llave de un grifo inagotable. Solamente en trajes, que a veces no se ponía más de una vez, consumía una fortuna. La manutención de los caballos de polo y su mansión de lujo costaba muchísimo dinero, el mantenimiento de los autos de carrera, su colección de Ferraris, costaba un chorro de dinero, el avión sangraba el dinero.
Llegó el día en que se vio obligado a vender la exquisita mansión parisina que le había dejado Doris Duke, las valiosas obras de arte, el avión que le había dejado Barbara Hutton. Igualmente vendió joyas y otra gran parte de sus bienes. El ingente patrimonio empezaba a menguar, quizás solo le quedaban uno o dos milloncejos. Además —no se olvide— vivía ya en el destierro diplomático.

También el mantenimiento de Odile salía caro, carísimo. Odile era una mujer de lujo a la que había colocado en una pedestal del que no podía bajarla sin temor a perderla. Odile fue para Rubirosa un poco lo mismo que Rubirosa había sido para sus ex esposas. Mucha gente dice que de alguna manera le hacía a él lo que él le hacía a otras mujeres. Rubirosa tenía más del doble de su edad aunque mantenía el vigor físico. Cuando cumplió cincuenta y seis años todavía jugaba polo, practicaba boxeo, participaba en carreras de autos, seguía siendo el mismo en apariencia, pero la vejez lo estaba alcanzando y sabía que muy pronto estaría en decadencia. Lo que significaría eso para un hombre que debía casi todo a su apariencia es fácil de imaginar.

Rubirosa se había retirado un poco a medias en la nueva y más modesta villa parisina que había adquirido en las afueras de París. Tal vez quería entregarse al reposo del guerrero y eso es algo que Odile seguramente habría consentido con poco entusiasmo. Ella lo había conocido en el mundo diplomático y Rubirosa ya no pertenecía a ese mundo y tenía que aceptarlo. Difícilmente, sin embargo, la joven y fogosa Odile aceptaría exilarse de la vida a la que estaba acostumbrada. No viviría en el destierro. Rubirosa vivía para Odile. Odile era su vida. Pero la joven y fogosa Odile seguramente creía en otra vida después de Rubirosa.

En esa época Rubirosa intentó darle un nuevo sentido a su existencia, se embarcó en varias empresas, varios negocios fallidos, empezó a escribir una mentirosa autobiografía que dejó inconclusa, se dedicó a buscar tesoros escondidos, se embarcó incluso en la venta de una especie de seudo viagra, un producto criollo para potenciar la virilidad al que se le hizo mucha publicidad en la República Dominicana. El una vez famoso “Pega Palo Fortidom, que pone a los viejos como un cañón”… Sin embargo, ninguna de sus ideas dieron frutos. En cambio empezó a insinuarse en su ánimo la depresión.

El 4 de junio de 1965, en lo que sería el penúltimo día de su vida (y mientras en la República Dominicana se batallaba contra la ocupación yanqui), al frente del equipo Cibao-La Pampa, Rubirosa ganó la copa de polo de Francia. En apariencia seguía siendo el mismo triunfador, pero ya estaba derrotado.

Al sonado triunfo siguió una bacanal, una celebración en regla hasta el amanecer, todo un acontecimiento que debía haber sido feliz para Rubirosa y no lo fue. Dicen que hablaba del terror que le inspiraba la vejez, la decadencia y la vejez. Dicen que decía que no quería llegar a viejo. Dicen que Odile desapareció de la fiesta. Dicen que Rubirosa la llamó un par de veces a su casa en las afueras de Paris para ver si estaba allí y Odile no estaba. Además dicen que Odile se había desaparecido de la fiesta en compañía de un joven jugador brasileño. Dicen que Rubirosa no paraba de tomar y que no permitió que un conductor designado lo llevara a su casa. Que se veía deprimido. Que a las siete de la mañana del 5 de junio de 1965 salió disparado en su Ferrari descapotable. Que iba a ciento sesenta kilómetros por hora en dirección a su casa y que al pasar por el bosque de Bolonia encontró un árbol que venía en vía contraria. El árbol contra el cual se estrelló o quiso estrellarse. 

(Historia criminal del trujillato [100])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso” (https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)Lipe Collado - Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor(https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)

viernes, 5 de agosto de 2022

Rubirosa (10) El principio del fin

Pedro Conde Sturla

5 agosto, 2022

El escandaloso idilio de Rubirosa y Zsa Zsa Gabor —salpicado con historias de adulterio, peleas a puñetazos entre un marido agraviado y su agraviador, demandas de divorcio por infidelidad—, hizo las delicias de los lectores de las revistas del corazón. La llamada prensa rosa o prensa amarilla, que se dedica a avivar la hoguera de las vanidades, a escarbar en la podredumbre, en los asuntos privados de los famosos, se dio banquete con los chismes, rumores o cotilleos a los que daba origen la relación de Porfirio y Zsa Zsa. Incluso hasta provocó que la bestia suspendiera durante un tiempo al conocido play boy del servicio diplomático.


A Rubirosa se le atribuían innumerables conquistas, aunque sin duda no tantas como las que se le atribuyen o se atribuye Julio Iglesias. Cualquier mujer que aparecía o había aparecido a su lado en una foto (Eva Perón, Ava Gardner, Dolores del Río, Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Joan Crawford, King Novak, Judy Garland) pasaba a ser parte de la lista y Rubirosa quizás no lo desmentía. No le interesaba desmentirlo. Si el rumor público le señalaba una nueva conquista, Rubirosa ejercía el derecho al silencio, un ambiguo silencio. Además, también había mujeres que se atribuían haber seducido o haber sido seducidas por el infame Rubirosa para obtener el divorcio.

Por fortuna, o por desgracia, lo de Zsa Zsa y Rubirosa terminó o empezó a terminar cuando Rubirosa conoció a Odile Rodín. En esa época tenía cuarenta y siete años. Ella tenía diecinueve y era todo un bombón. A Zsa Zsa Gabor no le hizo gracia, y con sobrada razón, el interés de Rubirosa por Odile. Difícilmente volvería a mirar Rubirosa en dirección a Zsa Zsa Gabor.

El apellido Rodin se lo había tomado prestado la deslumbrante Odile al famoso escultor Auguste Rodin: una alusión a la belleza de su cuerpo, por ser también ella una escultura. Además de bonita y escultórica parecía tener talento y una prometedora carrera en el cine. Hizo dos películas y en la segunda de ellas trabajó por casualidad con Danielle Darrieux, la que había sido esposa de Rubirosa hasta que se lo vendió a Doris Duke, si acaso es cierta la historia. La actuación y belleza de Odile no pasaron desapercibidas y en 1955 la revista Paris Match le dedicó la portada y todos quedaron prendados de sus encantos. Rubirosa quedaría prendado de sus encantos.

En la primera conversación que tuvieron, durante una partida de polo, Odile le dijo a Rubirosa que había oído decir muchas cosas de él y que ninguna era buena. Sin embargo, y a pesar de lo poco auspicioso del encuentro, Rubirosa lograría ablandar su corazón, inclinó poco a poco la balanza a su favor. Nadie sabe qué maña, que tipo de argucia o brujería empleó Rubirosa para conquistarla. Pero el hecho es que se empleó a fondo, tal vez como nunca en su vida, le hizo en definitiva una corte despiadada, le dio una muela cubana intensiva o algo semejante. El hecho es que en 1956 Odile Rodin abandonó su floreciente carrera para casarse con Rubirosa. Coincidencialmente —en el mismo año en que Rubirosa cortejaba a Odile—, participó activamente en el complot para raptar y desaparecer a Galíndez.

Esta vez no se había casado por dinero aunque es difícil saber sí se casó por amor. Lo cierto es que de Odile amaría por lo menos su juventud y belleza. Odile era una mujer para exhibir y exhibirse, sentirse orgulloso exhibiéndola. Una mujer trofeo igual que Danielle Darrieux, pero mucho más joven.

Dicen que en una o dos ocasiones vinieron de vacaciones al país. Dicen que alguna vez los vieron juntos en la Calle el Conde. Alguna vez un amigo de sus años mozos escuchó una voz de muchacha que decía mon amour en la Calle El Conde. Una belleza a la que muchos vieron con él en la calle El Conde y le decía mon amour. Odile era la muchacha que le decía mon amour, la que algunos de los viejos conocidos de Rubirosa vieron paseando con él en los últimos años de la tiranía, la que los dejó impresionados. Además, dicen que parecían felices.

Después de la luna de miel Rubirosa volvería como era de esperar a las andadas, siguió jugando polo, jugándose la vida en carreras de autos, moviéndose con Odile en los círculos diplomáticos, siendo infiel y pretendiendo ser fiel. Algunas cosas, como las que sucedían entre él y Zsa Zsa, no habían cambiado. Odile también pretendía ser fiel, pero lo cierto es que, según la mala prensa, ella se daba sus escapadas.

La carrera de Rubirosa iba, eso sí, en ascenso. Había conocido a Frank Sinatra y Sinatra lo había introducido en el exclusivo círculo de la familia Kennedy. Había entablado amistad o algo parecido con John Fitzgerald Kennedy, el que sería presidente de los Estados Unidos entre 1961 y 1963. Amistad espontánea entre dos depredadores sexuales, entre un depredador y un obseso.

En algún momento Rubirosa pensó sacar provecho de sus relaciones con Kennedy, sobre todo a favor de la bestia, pero al parecer fue todo lo contrario. Odile Rodin pasó a formar parte, con o sin el consentimiento de Porfirio Rubirosa, del variado repertorio de amantes de ocasión que se le acreditan a Kennedy.

En 1959, el año en que empezaron sus más grandes problemas —mientras se desempeñaba como diplomático, corredor de autos, jugador de polo y espía de la bestia en La Habana—, lo sorprendió la revolución cubana y pasó un mal rato. Se tuvo que refugiar con Odile Rodin en la embajada usamericana y no se sabe si pudo sacar del país su flamante Ferrari y sus caballos de polo, pero al menos pudo salir sin que le afeitaran el pescuezo.

Fulgencio Batista, el destronado dictador cubano, se aparecería al poco tiempo en busca de refugio en la República Dominicana, casi de la misma manera en que lo había hecho un año antes el derrocado dictador argentino Juan Domingo Perón… Ambos con maletas cargadas de dinero que la bestia se encargaría de aligerar alegremente.

Historia criminal del trujillato [99])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso” 

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado - Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)