martes, 28 de noviembre de 2017

EL PENSAMIENTO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

Pedro Conde Sturla


[La historia tradicional glorifica el crimen como hazaña y la codicia como virtud, y glorifica desde luego a los grandes asesinos, a genocidas, conquistadores, tiranos y depredadores de toda especie. Relegados a un segundo plano quedan en cambio los grandes benefactores de la humanidad. Los aportes a la medicina de Pasteur, Carlos Finlay, Alexander Fleming, Jonas Salk y  otros que han salvado y siguen salvando a millones de seres humanos, no se comparan con la fama del petit caporal, como le llaman los franceses (o el petit cabrón, como le llama Pérez Reverte) y mucho  menos con los honores que se le rinden.

Napoleón es “el mayor genio militar de la historia y un tirano cuyas guerras causaron la muerte de millones de personas”,  así como “uno de los personajes más megalómanos y nefastos de todos los tiempos”, como dice Paul Johnson. Dejó a Europa desangrada y a Francia diezmada con miles de muertos y  mutilados.

Afirma Stefan Zweig que Napoleón fue odiado durante más de cincuenta años en Francia y fuera de Francia, hasta que no murieron los mutilados de guerra y los padres y madres e hijos de innumerables víctimas de sus guerras. Sólo entonces pudo abrirse paso  el culto al infame corso. Al carnicero más renombrado de su época.

Sin embargo, la tumba de Pasteur es una miniatura en comparación con el tumbón de Napoleón en Los Inválidos de París. El título o reconocimiento como padre de la medicina moderna y benefactor de la humanidad que corresponde a Pasteur no está a la par aparentemente con el de Emperador y Genio Militar de Napoleón.

El culto oficial de Sarmiento en Argentina no tiene que ver con Napoleón, pero obedece a un mecanismo parecido de manipulación, tiene que ver con el arma más poderosa en manos del poder que es la mentira, la mentira que permite el ocultamiento y endiosamiento del personaje, que sólo deja ver la punta del iceberg. Domingo Faustino Sarmiento es justamente celebrado por el valor de sus obras literarias y como “gran humanista”, gran presidente y educador. Sin embargo, y al margen de sus innegables méritos, Sarmiento es el pensador más retrógrado y atrabiliario que ha parido América Latina, un cómplice y justificador de abominables crímenes. De ese pensamiento retrógrado y atrabiliario, de su complicidad en hechos abominables, de su disponibilidad intelectual a favor de las peores causas, dejó constancia en muchos escritos.

En unos cuantos fragmentos de antología que Federico Martín Maglio ha recogido en su artículo “El pensamiento de Sarmiento”, se verá cómo en sus propias palabras exalta el ilustre prócer argentino el crimen como hazaña y la codicia como virtud, y cómo al escribir con tanta saña, con ese odio visceral, se define a sí mismo como un troglodita ilustrado.

Los gloriosos títulos de Napoleón y Sarmiento no disimulan su vocación de carniceros. PCS, 27/10/2016]


 EL PENSAMIENTO DE SARMIENTO
 Federico Martín Maglio
 Marzo de 1999
 San Nicolás
 República Argentina

 En la República Argentina fue entronizado como héroe por la historiografía liberal. El día de su fallecimiento, 11 de septiembre, es conmemorado con un feriado escolar, acto y hasta un himno dedicado a él. Su pensamiento es bien conocido en cuanto a lo positivo como su célebre frase "educar al soberano"; o sus discursos en el Congreso Nacional cuando pedía mayores inversiones para el tendido de ferrocarriles y telégrafos. No obstante, hay una parte de este personaje que ha sido sistemáticamente ocultada. Para ir descorriendo el velo de la mentira se presentan extractos de algunos de sus innumerables escritos...

 El gaucho argentino: "Se nos habla de gauchos... La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos". Carta de Sarmiento a Mitre del 20/09/1861.

La masa popular: "Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad?. El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas". Carta de Sarmiento a Mitre del 24/09/1861.

Huérfanos: "Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos?. ¿Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer". Del discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires, 13/09/1859.

Masacre patriótica: "Necesitamos entrar por la fuerza en la nación; la guerra si es necesario" (1861). "Los sublevados serán todos ahorcados, oficiales y soldados, en cualquier número que sean" (1866). "Es necesario emplear el terror para triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos. Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación alguna, imitando a los jacobinos de la época de Robespierre" (1844). "La invasión de las Malvinas por parte de los ingleses es útil para la civilización y el progreso", El Progreso, 28/12/1842. En el tomo 4º, pág. 12 de sus obras completas se lamenta de la derrota de los ingleses cuando nos invadieron.

La Patagonia: "He contribuido con mis escritos aconsejando con tesón al gobierno chileno a dar aquel paso... El gobierno argentino engañado por una falsa gloria, provoca una cuestión ociosa que no merece cambiar dos notas. Para Buenos Aires tal posesión es inútil. Magallanes pertenece a Chile y, quizá, toda la Patagonia... No se me ocurre , después de mis demostraciones, cómo se atreve el gobierno de Buenos Aires a sostener ni mentar siquiera sus derechos. Ni sombra ni pretexto de controversia le queda". El Progreso, 11 al 28 de noviembre de 1842 y "La Crónica", 11/03/1849, 04/08/1849 y 29/04/1849. "Es una tierra desértica, frígida e inútil. No vale la pena gastar un barril de pólvora en su defensa. ¿Por qué obstinarse en llevar adelante una ocupación nominal?". "El Nacional", 19/07/1878.

El Pueblo Paraguayo: "Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse". Carta a Mitre de 1872.

El Indígena: "¿Lograremos exterminar los indios?. Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado". "El Progreso", 27/09/1844, "El Nacional", 19/05/1887, 25/11/1876 y 08/02/1879.

Patriotismo: "Los argentinos residentes en Chile pierden desde hoy su nacionalidad. Chile es nuestra patria querida. Para Chile debemos vivir. En esta nueva afección deben ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales". "El Progreso", 11/1/1843.

Artigas: "Artigas es un bandido, un tártaro terrorista. Jefe de bandoleros, salteador, contrabandista, endurecido en la rapiña, incivil, extraño a todo sentimiento de patriotismo, famoso vándalo, ignorante, rudo, monstruo, sediento de pillaje, sucio y sangriento ídolo con chiripá. Ese salvaje animal que enchalecaba hombres con cuero fresco lleva por séquito inseparable el degüello y la devastación". Obras Completas, tomo 17, págs. 87 y 92; tomo 15, págs. 348 y 349 y tomo 38, pág. 280.

Religión: "Franklin en moral avanza sobre la moral misma de Jesucristo" (01/01/1886). "Los frailes y monjas se apoderan de la educación para embrutecer a nuestros niños... Ignorantes por principios, fanáticos que matan la civilización, emigrantes confabulados y récua de mujeres; basura de Europa, son la filoxeta y el cardo negro de la pampa, hierba dañina que es preciso extirpar". Febrero de 1883.

Democracia: "La muerte de Benavídez es acción santa sobre un notorio malvado. Dios sea loado." "El Nacional", 28/10/1859. "En las provincias viven animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor". Informe a Mitre de 1863.

Podemos leer también su libro "Conflictos y Armonías de las Razas en América" que también forma parte del tomo 38 de sus Obras Completas. ¿Y si leemos "Facundo"?.

También hay más en el libro "Rosas", de Raúl Rivanera Carlés, Bs. As., Editorial Liding S. A., 1979.

Con respecto a la masonería, es ampliamente conocido por los historiadores y los dedicados a las Ciencias Políticas lo que realmente es. Se trata de una organización que intenta dominar el mundo para beneficio propio, no para el bien de la sociedad. Son conocidas todas las personas que de nuestro pasado formaron parte de sus filas; basta nombrar (como ejemplo) el arreglo que se hizo en la batalla de Pavón y las notas de agradecimiento por los servicios prestados a Urquiza y Mitre en tales circunstancias.

Para finalizar, no es mi ánimo explayarme más en tales temas; es que me produce asco. Lo que sucede es que siempre se ha ocultado la realidad para que no se sepa cuáles son realmente los móviles políticos que formaron nuestro país y así tener un pueblo ignorante. Si nos guiamos por la historia de Mitre y todos sus seguidores, entonces no conoceremos la verdad porque el ex-presidente mintió a sabiendas y nunca se basó en documentos (lo hizo para justificar su política).

No voy a negar que también hicieron cosas positivas... pero digamos toda la verdad, que el pueblo sepa de dónde venimos y cómo manejan el poder aquellos que lo tienen para seguir perpetuándose en él.

Algunos interrogantes pueden servir para conocer ciertas verdades ocultadas a propósito de nuestro pasado...

¿Es cierto que durante la presidencia de Mitre el ejército que estaba encargado de terminar con los caudillos mataba a todos los habitantes de las poblaciones del interior por donde pasaba?, para tal labor ¿se contrataron mercenarios de países limítrofes porque el ejército argentino se negó a hacerlo?.

En la Guerra de la Triple Alianza... ¿formaban los batallones separando a negros, indígenas y gauchos y los utilizaban como carne de cañón con el fin, no sólo de atacar al Paraguay, sino también de ir cometiendo un genocidio encubierto?, ¿es verdad que mataron al 90 % de la población masculina del Paraguay y ocuparon por 2 años el país luego de su derrota para dinamitar todas las industrias que tenían?.

¿Es cierto todo lo que se dice acerca de las escuelas y Sarmiento o fue todo obra de su Ministro de Educación, Nicolás Avellaneda?. En realidad... ¿cuántas escuelas fundó Sarmiento?... si se toman la molestia de averiguarlo se llevarán una pequeña sorpresa.

Marzo de 1999








EL OJO DEL AMO


Pedro Conde Sturla
28 de Noviembre de 2006

Dice Eduardo Galeano, en una de las brillantes páginas de Las venas abiertas de América Latina, que hay seres que se miran “con el ojo del amo”, asumen su punto de vista, su ideología -el “falso concepto de la realidad” que Marx define como ideología-, sus prejuicios y perjuicios, y muchas veces se perciben a sí mismos, se presumen, se asimilan como mandarines y a veces mandan, pero en el fondo son siervos de un sistema, lacayos a carta cabal. Trujillo se miraba con el ojo del amo, se rechazaba a sí mismo en cuanto mulato de origen haitiano y se sentía o se fingía blanco a base de crema Perlina e imponía la hispanidad como único legado cultural de la nación dominicana, que es una comunidad mulata, descendiente en mayor parte del cruce de españoles con esclavos africanos en el más glorioso mestizaje del Caribe y quizás de América Latina. Una comunidad racista, pero no segregacionista, que nos ha permitido vivir en armonía. Trujillo, desde luego, era un mandarín y un tirano, y al mismo tiempo un siervo del imperio, aunque con amplio margen de autonomía para cometer crímenes de lesa humanidad contra el pueblo haitiano y el pueblo dominicano.
El racista antihaitiano en particular asume todos los prejuicios trujillistas y descarga toda su rabia, su odio, todo su desprecio contra un pueblo que ha sufrido todas las plagas de la historia y no es responsable de sus desgracias. El antihaitianismo ciego ni siquiera es capaz de identificar a los verdaderos culpables, confunde a las víctimas con los victimarios. Los primeros culpables de la tragedia haitiana son el colonialismo y los colonialistas franceses y norteamericanos, de los que nadie parece acordarse. 
El principal culpable de que haya en el país dominicohaitianos indocumentados de segunda o tercera generación es el tirano Trujillo. Los principales responsables de la proliferación y el tráfico de haitianos ilegales son las fuerzas armadas, la guardia fronteriza, los terratenientes, los productores de azúcar, café, arroz y cacao, los industriales de la construcción y sobre todo el estado dominicano que auspicia un proceso de desnacionalización en todos los frentes y es uno de los mayores, sino el mayor empleador de haitianos ilegales. Los llamados prohaitianos, que yo sepa -los que denuncian los abusos que se cometen contra los haitianos-, no tienen arte ni parte en ese comercio vil.
Estoy convencido, y ya lo he dicho, de que la mezcla masiva de haitianos y dominicanos degenerará tarde o temprano en un conflicto regional si no se regula el tráfico de ilegales, aunque para eso sería necesario primero regular al estado dominicano que propicia la ilegalidad. Lo que no parecen entender los nazionalistas, los que atizan la hoguera ciega del odio, es que la exacerbación del tema y una posible reacción violenta de los dominicanos contra los nacionales haitianos traerían como consecuencia la ocupación del país por fuerzas multinacionales y a lo peor una compartimentación a base de enclaves y segregación territorial.
En cuanto a los indocumentados dominicohaitianos de segunda y tercera y quizás cuarta generación, si los dejamos en el limbo en su condición de bestias de carga (y no sólo a ellos, sino a la gran masa de dominicanos que comparten su condición miserable), seguirán siendo aptos únicamente para cortar caña amarga, desyerbar potreros y cavar zanjas.
Si se regularizara la situación de dominicohaitianos y dominicanos en general y se les permitiera acceso a la educación, si se implantaran programas de desarrollo industrial y humano quizás podríamos vislumbrar la modernización de la agricultura y el país, utilizando recursos disponibles que desperdiciamos a granel, creando por ejemplo en todas las extensiones de UASD escuelas laborales para impartir carreras cortas y formar en pocos años técnicos agroindustriales, amén de enfermeras y paramédicos bien entrenados que serían más útiles que todos los abogados y malos médicos que egresan de nuestras universidades.
Para llevar a cabo una tarea tan simple se necesitaría un partido, una clase política con un proyecto nacional. Los partidos del sistema, por desgracia, incluyendo al “Partido de la Liberación Dominicana” en el poder, sólo tienen como proyecto la lucha contra la pobreza en la cual han tenido un éxito innegable. Todos los dirigentes políticos de los partidos que han ocupado el poder en los últimos decenios han dejado de ser pobres, saqueando lo que queda del país y haciéndonos pagar sus fechorías por vía del FMI. Inútil e injusto sería intentar distraerlos de tan noble empeño.


PCS, martes, 28 de Noviembre de 2006.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Strange fruit

Pedro Conde Sturla - 13 de marzo de 2011 - 

[El texto que hoy presento ha sido armado con retazos de artículos de prensa para darle a los lectores el sentido de la inmediatez de la crónica de  una época y de su impacto en la sociedad. Es un texto terrible, sobrecogedor como la imagen que estamos viendo, difícil de digerir sin sentir asco e indignación. Es la imagen de un  período en que a los negros Norteamericanos los ahorcaban por cualquier pretexto, incluso solamente por ser negros.
No el ahorcamiento en el patíbulo, que termina con la vida en un segundo por desnucamiento. Ahorcamiento por asfixia que implica una lenta agonía, el martirio reflejado en el rostro, el lúgubre pataleo y convulsiones que tanto regocija a los espectadores sádicos. Ese fue el caso de Thomas Shipp y Abram Smith y de cientos como ellos.


Lo que sigue, lo que vemos en la espeluznante fotografía, lo que leemos, la canción que podemos escuchar en YouTube en la voz de Billie Holiday y otras cantantes de color (cantantes de dolor) es la narración del horror, un horror infinito como el de “El corazón de las tinieblas” en el que han vivido durante casi cuatro siglos los negros norteamericanos”. PCS].

El día 7 de agosto de 1930, “Lawrence Beitler tomó una foto que se convirtió en la más icónica imagen de un linchamiento en Norteamérica.”
Thomas Shipp y Abram Smith –según dice el pie de foto- fueron linchados en el centro de la ciudad de Marion, Indiana, por una turba de fanáticos blancos, bajo la acusación de haber asesinado a un obrero de una factoría llamado Claude Deeter y de haber violado a su compañera  Mary Ball. El caso nunca fue ni intentó ser resuelto y los sospechosos pasaron de la cárcel a la horca, con el beneplácito de la policía que los custodiaba.
Para peor, la foto recoge una imagen feliz de algunos de los linchadores que parecen haber hecho su buena acción del día como si fuesen boy scouts. Muchos sonríen, otros señalan a los cuerpos como si fueran venados los que estuvieran colgados. Pero eran negros, seres humanos de color negro que habían sido arrastrados brutalmente a la horca sin apelación. El paisaje racista del sur de Norteamérica estaba poblado en esa época de negros linchados como parte del paisaje nacional. Parte del “sueño americano” que para los negros, en particular, fue solamente pesadilla (como lo había sido para los indios).
“Abel Meeropol,  un profesor judío de origen ruso afiliado al Partido Comunista de los Estados Unidos, vio una foto de los linchamientos de Thomas Shipp y Abram Smith que según su testimonio le persiguió durante todo el día y no le dejó dormir. Entonces escribió el poema Bitter Fruit, que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan en la revista New York Teacher y en el diario comunista New Masses. Más tarde musicó el poema en la canción Strange Fruit. 
La presentación de la canción la realizó la mujer de Meeropol en la asamblea de profesores de Nueva York.”
Southern trees bear a strange fruit, / Blood on the leaves and blood at the root, / Black bodies swinging in the Southern breeze, / Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant south, / The bulging eyes and the twisted mouth, Scent of magnolias, sweet and fresh, / Then the sudden smell of burning flesh. / Here is fruit for the crows to pluck, / For the rain to gather, for the wind to suck, / For the sun to rot, for the trees to drop, / Here is a strange and bitter crop.

(Los árboles del sur tienen un fruto extraño/  Sangre en las hojas y sangre en la raíz,/ Cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur,/ Extraño fruto que cuelga de los álamos.
Escena pastoral del galante sur, / Los ojos abultados, la boca torcida, / El aroma de las magnolias, dulce y fresco, / Y de pronto el olor de la carne quemada. / Aquí está el fruto que arrancarán los cuervos, / Para que reciba la lluvia, para que chupe el viento, / Para que el sol la madure, para que los árboles la suelten, /Aquí está una extraña y amarga cosecha).
Pero fue la trágica cantante afroamericana Billie Holiday quien la hizo mundialmente famosa.  “La canción fue una de las obras de arte que predicó con más fuerza en contra de los linchamientos en los estados del sur de los EE. UU. y uno de los primeros lemas del movimiento por los derechos civiles estadounidense. La expresión Strange Fruit se estableció como símbolo de los linchamientos.” Alguien dijo que era la canción más triste del mundo y no estoy en desacuerdo.
“En la canción se habla del cuerpo de un negro que cuelga de un árbol. La letra obtiene su fuerza emocional al confrontar la imagen bucólica del sur tradicional con la realidad de los linchamientos. En la segunda estrofa, por ejemplo, se dice: ‘Pastoral escena del galante sur / los ojos abultados, la boca torcida / el aroma de las magnolias, dulce y fresco”.
“Strange Fruit se popularizó entre los círculos de la izquierda estadounidense gracias a Barney Josephson, el propietario del Café Society que rompió barreras raciales. The wrong place for the wrong people (El lugar equivocado para gente equivocada). El Café Society era un Club de los intelectuales liberales y de izquierda en la Bohème de Nueva York del Greenwich Village. Aunque era sobre todo visitado por blancos, acudía un público mixto -fue de los primeros clubs de fuera de Harlem en los que se atendía por igual a blancos y a negros. El propietario era un vehemente partidario de la integración racial, así como del buen jazz y la buena conversación”.
“Barney Josephson invitó a Billie Holiday a incluir Strange Fruit en su en su programa. Holiday dudó al principio. Tras la primera actuación el público quedó en silencio en el Café Society, tras lo que empezaron, al principio dubitativos para ir cobrando fuerza, los aplausos.”
“Las cantantes que hasta ese momento habían cantado el poema lo habían 
 bien como canto de batalla o recitadas con un patetismo a menudo exagerado”.
“Billie Holiday, en cambio, la transformó en un discurso inmediato y de mucha fuerza: ‘en muchas versiones se tiene la emoción de una excelente representación de una excelente canción; cuando Billie cantaba se tenía la emoción directamente de los pies del árbol'”.
“Esta interpretación llegaba tanto a los grandes auditorios como a los pequeños y más allá de los círculos afines. En consecuencia ayudó a concienciar a grandes masas de población de los horrores de las relaciones entre blancos y negros. Strange Fruit era la canción con la que cerraba su actuación Holiday. Se apagaban todas las luces excepto por un foco dirigido a la cantante, que iniciaba la actuación con los ojos cerrados. Inmediatamente tras finalizar la actuación desaparecía del escenario. Después llegaba la calma sin música para dejar claro que la actuación había acabado. Holiday sólo cantaba la canción en los bises de clausura: de la misma forma que se la cantaba a un público con el que simpatizaba, como para provocar a otro público cuyas ideas rechazaba. Escribió en su autobiografía ‘Esta canción consigue que la gente que está en orden se separe de los cretinos y los idiotas’. En los estados del sur, donde de por sí actuaba poco, cantó la canción aún más raramente, pues sabía que causaba irritación. En Mobile, Alabama fue perseguida hasta salir del estadio sólo porque intentó cantar la canción 

sábado, 25 de noviembre de 2017

LAS HERMANAS MIRABAL Y LA TRADICIÓN DEL CRIMEN IMPUNE

Pedro Conde Sturla
27 de noviembre de 2007



       Si algo me duele, si algo me molesta en los cojones del alma y me da rabia y urticaria es el hecho de que a tantos años del asesinato de las hermanas Mirabal, después de novelas, películas  y escritos históricos sobre su martirio, después de un día de la no violencia consagrado mundialmente a su memoria, después de haber bautizado una provincia con su apellido, casi nadie recuerda, no parece recordar que el hombre al que Trujillo ordenó la operación de humillarlas, martirizarlas, matarlas a palos junto a su amigo Rufino de la Cruz, que les servía de chofer, y finalmente arrojarlas a una barranca vive placidamente en Puerto Rico, circundado quizás de amigos y del amor de hijas e hijos y nietos que no se  saben descendientes de un monstruo y adoran seguramente al abuelito bonachón.
     El nombre del sicario, un vomitivo, un conjunto de siglas repugnantes que no se pueden mencionar sin ensuciarse la boca, es Alicinio Peña Rivera. Y junto a él Ciriaco de la Rosa, Ramón Emilio Rojas, Alfonso Cruz Valeria, y Emilio Estrada Malleta.
         Como puede leerse en una página Web de Greeysis de la Cruz Taveras, “La impunidad ha rodeado a estos asesinos, pues nunca cumplieron las penas que les impuso un tribunal en 1962. A excepción de Ciriaco de la Rosa, todos fueron condenados a 30 años de prisión. De la Rosa recibió una pena menor de 20 años, por haber pedido a sus cómplices en el tribunal que admitieran su responsabilidad en el cruel hecho.[i]
Durante la Revolución de Abril de 1965, todos escaparon misteriosamente de la cárcel, en el área dominada por las autoridades constitucionalista. Escaparon a los Estados Unidos incluyendo al jefe de operación, mayor del ejército, Alicinio Peña Rivera, quien con asesoría de “ghost writers” o escritores fantasmas, se ha dedicado a escribir libros sobre la negra etapa de la era de Trujillo, incluyendo sus actividades como espía.”[ii]
Nuestra sociedad, que al parecer ha perdido ya la capacidad de indignación y hasta el sentido de la vergüenza,  se ha revelado incapaz de hacerle justicia tanto a un asesino vesánico como al más ladrón de todos los banqueros que hemos padecido, ladrón de cuna ladronil, de ascendencia ladrona, usurpadora, traidora y fusiladora.
El célebre Bernardino, el monstruo del este, murió tranquilamente en su cama a pesar de innumerables crímenes, igual que alguno de los asesinos de las Mirabal.
El caso del ex coronel Luis José León Estévez, alias Pechito, y otros personajes siniestros que campean impunemente por sus fueros constituye una afrenta nacional. Pechito está señalado como torturador, responsable de muertes y desapariciones de opositores durante la tiranía de Trujillo, junto a César Rodríguez Villeta, Cándido Torres y José Ángel Rodríguez Villeta, y su participación en la masacre de la Hacienda María, donde fueron ultimados varios implicados en el ajusticiamiento del sátrapa, está documentada como obra maestra de sadismo.
Pechito, el torturador retirado, vive ahora dedicado a sus devociones, participa regularmente en los ritos de una conocida parroquia de Arroyo Hondo y no aparece nadie que lo ayude a purgar sus pecados friéndolo, por ejemplo, en ácido de batería.
Sin embargo, más que quejarnos y lamentarnos en vano, nos corresponde asumir una responsabilidad histórica, aunar las pocas fuerzas dispersas en asociaciones patrióticas y adoptar iniciativas, ejercer responsablemente nuestra pequeña cuota de poder.
Un primer paso sería el de confeccionar afiches y boletines con las fotos y nombres de tantos asesinos sueltos y la historia de sus bellaquerías durante el régimen de Trujillo y los doce años del genocida Balaguer, confeccionar, por igual, boletines y afiches con las fotos y el historial de banqueros y ladrones de cuello blanco y ponerlos a circular profusamente en Internet, hacerlos llegar como castigo a manos de sus íntimos y descendientes y a la opinión pública en general.
De esta manera podríamos por lo menos someterlos al acoso de la historia, someterlos al escarnio, señalarlos permanentemente con la marca de la infamia y alimentar entre las nuevas generaciones la llama del odio justiciero que tanta falta nos hace.

pcs, martes, 27 de noviembre de 2007




[i] Sobre la responsabilidad en cuanto a la liberación de los asesinos de las Mirabal y otros criminales trujillistas, en la reseña de libro Caamaño, Guerra Civil 1965, escrito por el Mayor Claudio Caamaño (Hoy, jueves 29 de Noviembre del 2007), Ángela Peña informa que “Montes Arache, según Claudio Caamaño, asumió durante la contienda posturas reprochables. Escribe que ‘en una negociación con el coronel Montes Arache’ fueron soltados ‘esbirros y asesinos del régimen de Trujillo’ que todavía guardaban prisión en la fortaleza Ozama: ‘el general José María Alcántara, coronel piloto Octavio Balcácer, capitán Alicinio Peña Rivera, licenciado Félix W. Bernardino, y treinta connotados asesinos y torturadores del Servicio de Inteligencia (SIM)’”.
Montes Arache reconoció el hecho en una entrevista publicada en el Nacional en fecha que ahora no puedo precisar, y en alguna ocasión justificó esta acción argumentado razones “humanitarias” que nunca he podido entender y que parecen, más bien, un derroche de cinismo.
Por otra parte, de acuerdo con la opinión de Edwin Disla -el autor de la reciente y recomendable polémica novela Manolo-, a pesar de que la prensa dominicana no ha reseñado el acontecimiento, Alicinio Peña Rivera falleció al parecer hace ya un buen tiempo.


[ii] Mientras tanto, durante el curso de tales eventos, y sin que muchos nos enteráramos, el coronel Montes Arache había asumido posturas reprochables que luego produci­rían estupor entre las filas. Montes Arache, había nego­ciado u otorgado graciosamente la libertad de esbirros y asesinos que manteníamos bajo celosa custodia en prisión con el propósito de hacerles justicia cuando llegara el mo­mento. Uno de ellos era el principal asesino de las her­manas Mirabal, Alicinio Peña Rivera, condenado a treinta años, otro era el monstruoso Felix W. Bernardino, que te­nía en su finca del Este un cementerio privado. Algunos, como Octavio Barcácer y el general José María Alcántara eran torturadores de fama. Otros treinta eran connotados asesinos del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Mon­tes Arache no sólo impidió su ajusticiamiento, sino que los puso en libertad entregándolos personalmente al ejército imperial y todos murieron de viejos y en sus camas. Fue la primera derrota de la revolución, una dolorosa y trau­mática derrota moral, el inevitable subproducto de una alianza coyuntural con trujillistas que nunca dejarían de serlo, como demostraría la historia más adelante.
(PCS, Uno de esos días de abril, p. 99).


ALUCINACIONES Y ESPANTACIONES

Pedro Conde Sturla
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Confieso que Gógol me hace recordar episodios de la remota infancia pueblerina, veladas a la luz de velas y velones o temblorosas luces incandescentes amarillas, literatura oral, cuentos espeluznantes y espeleznudos en boca de personas que creían y te hacían creer al pie de la letra en lo que contaban, cuentos  de galipotes, de muertos que salen o aparecen, del diablo en persona fumando cachimbo, echando fuego por la nariz, cuentos que te ponían los pelos de punta, la piel de gallina, te aflojaban el fulimiñín y te ponían a ver nimitas (admitiendo que existan esas palabras), convertían el corto e interminable camino de regreso a la casa en una dimensión desconocida...
Un cuento que nunca se me olvida es el del compadre. El compadre iba por la vereda, ¿saben?, la que pasa junto al arroyo y se mete en el cacaotal, que comenzaba a teñirse de sombras, y se moría de miedo, de ganas de fumar. Pero los fósforos se habían mojado y había que aguantarse las ganas, aguantarse el miedo y las ganas de fumar, que era peor. Iba pitando, silbando como de costumbre, para espantar las ánimas, para espantar el miedo que no se le quitaba, las ganas de fumar y de repente…
De repente lo vio cuando venía hacia él, allá lejos lo vio, a una distancia eterna. Claro está que lo vio, aunque de lejos, aunque al principio lejos. Y venía caminando, igualmente quizás venía pitando, venía quizás silbando pero también fumando: en la boca la lumbre lo alumbraba.
Y se seguía acercando a paso lento, pero ya no silbaba. Era un paisano, con su machete al cinto. Cuando lo vio de cerca la lumbre no alumbraba, tenía dientes de oro, todos los dientes de oro.
            El compadre le dijo buenas noches y le pidió candela para prender el pachuché. El otro abrió la boca y le enseño los dientes, todos los dientes de oro, a modo de saludo y se tanteó un bolsillo, en búsqueda de fósforos.
         Que Dios me lo bendiga, dijo entonces el compadre. El otro se detuvo, se le mudó el semblante, se lo quedo mirando un segundo y le enseñó los dientes, todos los dientes de oro, le dijo ¡Prenda aquí!, y largó un candelazo por la boca…
         Algo parecido le paso a Moreno hace muchos años. Moreno regresó cansado de trabajar y se encerró en el ranchito que había alquilado el día anterior, techo de zinc, tablas de palma, piso de cemento. Lo había alquilado a buen precio porque a nadie en los alrededores parecía interesarle y tenía un buen tiempo desocupado a causa de rumores infundados, chismes de patio, supercherías en las que Moreno no creía.
         Viviriá allí con su familia, su mujer y cuatro hijos, dos varones, dos hembras, un perro prieto. Pero esa noche estaba sólo, estaría solo hasta que llegara la mudanza con el resto de los muebles y su gente.
         Los vecinos lo habían visto llegar, lo saludaron de lejitos, lo miraron con  aprensión, con  recelo, se hicieron cruces. En esa casa no se puede vivir, le habían dicho, hay presencias extrañas, se oyen voces, la mecedora empieza a mecerse.
La mecedora, sí, cuál mecedora. Moreno no creía en esas cosas y se sentó en la cama, empezó a decir sus oraciones, a quitarse las botas. No creía en esas cosas, pero más le valiera haber creído.
No quería creerlo hasta que vio la mujer, la cabeza de la mujer que lo miraba desde el rincón. Empezó a creerlo de verdad cuando la cabeza de la mujer comenzó a crecer, a llenar con su presencia todo el espacio sin dejar de mirarlo. Lo miraba a los ojos con un olor podrido y se acercaba. Moreno se puso blanco, momentáneamente blanco, tembloroso y ajado como un papel. Encomendó su alma al Altísimo. Ahora estaba creyendo. Misericordia, Señor, misericordia. Ahora estaba creyendo de verdad…
El mejor de todos los cuentos me lo contó varias veces tío Raúl. Tío Raúl venía en su mula de paso fino de la finca de El Pozo y le había cogido la noche, noche negra encendida. Amenazaba lluvia y el cielo estaba tronando, relampagueando. Antes de llegar al puente la mula se espantó, se frenó. Tío Raúl le clavó las espuelas y la montura no respondió. Estaba aterrada. Trató de convencerla por las buenas hablándole al oído, pero la mula no quiso entrar en razones.
Alguien, con sombrero, de estatura imponente, estaba reclinado en una barandilla del puente y parecía estar mirándolo  con malos ojos. Tío Raúl le pidió que por favor se quitara del  lugar, que le estaba espantando la montura, que lo dejara pasar, pero el hombre del sombrero no se movió, no respondió, se quedó mirándolo con la misma impertinencia.
Por, favor, repitió tío Raúl, mire que está casi lloviendo y va a caer un diluvio. El hombre del sombrero no se inmutó, no se movió, no respondió y lo seguía mirando con malos ojos.
Al cabo de un buen rato, después de agotar sus mejores recursos persuasivos, tío Raúl se apeó de su mula de paso fino y se dirigió hacia el impertinente que lo doblaba en tamaño. Ya había perdido la paciencia. De nuevo le pidió, le rogó para que por favor lo dejara continuar pero el impertinente volvió a dar la callada por respuesta y lo miraba con sorna, con descaro. En ese momento pareció llevarse la mano al cinto y tío Raúl supo que se estaba jugando la vida. Sacó raudo el machete, tiró un planazo al cuerpo, escuchó un ruido seco, paff, y vio la figura desplomarse, caer más bien al río como una yagua seca.
Como lo que era.

P.S.: Cerca de ese lugar había un ranchito de mala muerte que no parecía tener dueño, nadie lo había reclamado en años. Era el ranchito que había alquilado Moreno .

14 a 17 febrero 2017


viernes, 24 de noviembre de 2017

Mecedoras

Pedro Conde Sturla
 
El caso es que la mecedora se mecía, comenzaba a mecerse brevemente y la piel a ponerse de gallina. A veces se sentía un aire dulce, tibio, y luego el sonido de la mecedora, como si el aire dulce y tibio la meciera, empezara a mecerla.Corría un rumor insano, si acaso no lo son todos. En la casita de madera había vivido y envejecido una señora que se pasó los últimos años meciéndose en una mecedora de caoba y después de muerta se mecía, seguía meciéndose, inconfundiblemente se mecía y remecía a altas horas de la noche sobre el piso de madera y el mecimiento se escuchaba en el cuarto de servicio. A veces la señora pedía su leche y llamaba en voz alta a la muchacha, que no duraba en el empleo. Ninguna duraba en el empleo, ya ni siquiera lo aceptaban. Soplaba el viento, el viento de las ánimas, y se mecía con el viento la señora en su mecedora a veces toda la noche, toda la inmensa noche.
De día era diferente. La casita de madera tenía dos niveles, una apariencia alegre, una reata con flores y tres delgadas palmas, de las llamadas areca, que crecían justo al frente y se movían alegremente al viento. Soplaba continuamente el viento y nada de lo que se escuchaba estaba fuera de lugar.
En el segundo nivel había una sola habitación donde se congregaba cada noche un grupo de universitarios para estudiar y fumar, planificar, entre otras cosas, el próximo fin de semana, y ninguno creía, por supuesto, en cuentos de aparecidos y ancianas difuntas que se mecían en mecedoras. Sólo el estudiante de odontología le concedía al fenómeno el crédito de la duda, aguzaba de vez en cuando los oídos, creía oír lo que no oía y los demás se burlaban, se reían, le hacían pesadas bromas, lo tachaban de supersticioso y timorato. Hasta que un día, una noche, les fue revelada “una gran maldad”.[i] 

Sopló un viento nocturno esa noche, no podía ser de otra manera, todos sintieron el sonido del viento, y al estudiante de odontología le pareció escuchar la mecedora que los demás no escucharon. Pero el viento arreció y empezó sentirse un raque raque y todos palidecieron. Era el viento de las ánimas. Soplaba, al parecer, el viento de las ánimas, y se mecía al viento la mecedora.En la casita de madera había vivido y envejecido una señora que se pasó los últimos años meciéndose en una mecedora de caoba y después de muerta se mecía, seguía meciéndose, inconfundiblemente se mecía y remecía a altas horas de la noche sobre el piso de madera y el mecimiento se escuchaba en el cuarto de servicio y ahora en toda la casa, incluyendo el cuarto de estudio y una inmensa cagazón invadió a todos los estudiantes.
El estudiante de ingeniería miró en derredor, miró hacia arriba, se asomó a una ventana, buscó una explicación lógica, pero no la encontró. Los demás se miraron unos a otros las caras pálidas, los ojos desorbitados, el pellejo erizado, los cabellos descompuestos por el fuerte viento de las ánimas, que entraba por todas las ventanas de la ventilada habitación.
El estudiante de odontología hizo acopio de prudencia, cerró el libro, dio por terminada la sesión, se puso de pie y se dirigió a la puerta de salida. El estudiante de medicina -el futuro Dr. Mime- hizo lo mismo. El estudiante de química no quiso quedarse atrás.
El estudiante de ingeniería dudó un instante, volvió a mirar en torno y hacia arriba, buscando una explicación que no encontró y finalmente les siguió los pasos.
Uno y otro tras otro abandonaron el lugar con el rabo entre las piernas, sintiendo esta vez que la piel se les ponía de cocodrilo, sintiendo con pavor el viento de las ánimas que movía la mecedora, todas las mecedoras y los troncos de las palmas. Las tres delgadas palmas, de las llamadas areca, que crecían justo al frente de la casita de madera y se movían lúgubremente al viento. Los troncos de las tres delgadas palmas que se mecían y remecían con el viento, que rozaban una de las planchas del techo de zinc y pronunciaban un sonido quejumbroso como el de una anciana señora en su mecedora sobre un piso de madera.



[i] Leopoldo Marechal, “El banquete de Severo Arcángel”

jueves, 23 de noviembre de 2017

VIGILIA DEL ALMIRANTE (1-2)

MEMORIA Y DESMEMORIA
DEL ALMIRANTE
Pedro Conde Sturla.


En aquellos días fatídicos en que un cieguito aciago  construía en hormigón armado un monumento a la memoria del Almirante, y a la suya propia de paso, Augusto Roa Bastos –el muy augusto y vasto escritor paraguayo- erigía con palabras trascendentales otro monumento aun más monumental a su desmemoria, a la ingloriosa fama de su gloria, malamente ganada por simple error de cálculo.  
En el país de los ciegos el tuerto es rey, pero en el país de los dominicanos la ceguera siempre ha estado en el poder hasta más no poder, junto a la locura y la infamia. Así, mientras se vertían aquí paladas y paladas de cemento en homenaje a la hazaña que, al parecer del cieguito, la historia ya no podía negarle, mientras el infausto gobernante rendía tributo en hormigón a los faustos del Descubridor y Encubridor, Roa Bastos reflexionaba sobre el tenebroso personaje, sobre “el puñado de sombra vagamente humana que quedó del Almirante”, sombra nada más.
La empresa literaria de Roa Bastos, “Vigilia del Almirante”, describe y descubre al descubridor bajo una luz inédita. El mismo Augusto Roa Bastos es un poco una sombra, un escritor de bajo perfil, relativamente. La calidad de la obra de este coloso de las letras ha estado opacada por la desmedida fama de plumíferos que no le dan por el tobillo y nunca ha alcanzado la difusión que se merece. Es obra de introspección intensa y profunda con trazos casi siempre magistrales, dominada por un extraño sentido del humor, un sentimiento lúdico y travieso del lenguaje que se manifiesta en el continuo juego de palabras, en la inteligencia que pone en cada palabra con la precisión de un artífice:
“Quiere este texto recuperar la carnadura del hombre común, oscuramente genial, que produjo sin saberlo, sin proponérselo, sin presentirlo siquiera, el mayor acontecimiento cosmográfico y cultural registrado en dos milenios de historia de la humanidad. Este hombre enigmático, tozudo, desmemoriado para todo lo que no fuera su obsesión, nos dejó su ausencia, su olvido. La historia le robó su nombre. Necesitó quinientos años para nacer como mito.”
El propósito de Roa Bastos no es despejar sino más bien recrear la incógnita del Almirante, “este enigma, sobre este hombre interminable del que todos hablan sin saber quién es…” y al que algunos llaman “judío catalán de oscura prosapia”, “marinero apestoso a salmuera”, “indocto autodidacta” que en alguna época de su vida fue, quizás, “navegante predatorio”, o mejor dicho pirata.
Prácticamente, en lo que concierne a su origen y su vida, no hay nada que no sea misterioso, incierto, oscuro, incluyendo su efigie, la representación pictórica de su almirante efigie:
“Su aspecto es autoritario y a la vez sumiso y aquiescente del que sabe mandar y obedecer. Así nos lo muestra de medio perfil el pintor florentino Domenico Bigordi, llamado Rodolfo Ghirlandaio, en un retrato tomado del natural un año después de su primer viaje.
El genovés aparece revestido con su traje de almirante. Y tocado por un extraño bonete negro que no corresponde a la investidura naval sino a la de prior del convento de los Hermanos Menesterosos de Florencia. Hay dudas sobre este retrato. Todo en la vida del Almirante es sujeto y objeto de dudas e incertidumbres. Algunos eruditos sostienen que es el retrato de Martín Alonso Pinzón, tomado por el pintor como el verdadero jefe de la empresa descubridora. Otros, que el Almirante nunca fue retratado en vida por ningún pintor, sin contar que el mayor de los Pinzones murió en Bolonia al regreso del primer viaje acabado por la enfermedad de las bubas, según algunos, y según otros por el sufrimiento que le produjo no haber obtenido audiencia de los reyes católicos en su carácter de autor y actor principal del descubrimiento. De todos modos, el retrato de Ghirlandaio, conservado o más bien se diría oculto en el Museo Naval de Génova, contribuye a espesar, en genio y figura, el enigma del Almirante.”
No sale muy bien parada históricamente en la obra de Roa Bastos la figura de este aventurero tenaz que la propaganda, la iconografía oficial se ha empeñado en presentar en veste de humanista, proponiéndolo  como figura de culto que oculta su lado oscuro, casi en olor de santidad. El descubrimiento de América trae aparejado el encubrimiento del descubridor.
“La grandiosa hazaña del genovés”, dice un alter ego del narrador, se resume en “La descomunal ignorancia que con respecto a ella tenía quien la ejecutó, gracias al azar, a su ineptitud cosmológica, a la devoción a sus errores, a su frenética ambición de riquezas, disfrazada de hipócrita misticismo. Protonautas predescubridores desconocidos hubo a montones antes de tu Almirante, miles de años antes que él.”

PENURIAS DEL ALMIRANTE
DE LA MAR OCÉANA



En el inicio de la reflexión de Roa Bastos -que es el inicio de la narración sobre el Gran Almirante de la Mar Océana-, “tres cascarones desvelados”, La Pinta, La Niña y la Santa María navegan o mejor no navegan en el mar de los Sargazos, atrapados por la calma chicha y la capa vegetal.
“Nadie puede calcular la extensión, la densidad, la profundidad de esta inmensa capa fósil de materia viviente. La fatalidad ha levantado este segundo mar encima del otro para cortarnos dos veces el camino.”
Los hombres de la tripulación de la nave capitana, “carne de presidio, frutos de horca” dan muestra de desesperación, el pánico se apodera de ellos y se traduce en rabia contra el Almirante que trata de “engañarlos para su bien con la leche del buen juicio. Infelices don nadies que se han lanzado contra su voluntad a descubrir un mundo que no saben si existe”.
Uno de ellos, “un cántabro de descomunal estatura”, le meterá “un plasto de gargajo en el ojo sano” y el Almirante salvará de milagro la vida.
El nombre del Almirante no se nombra o se menciona poco, de soslayo, quizás por aquello del fucú, la yetatura o mala suerte que lo acompañó toda su vida. Aquí, entre nosotros, la supuesta contagiosa mala suerte que deriva de la simple mención de su nombre causa terror entre connotados intelectuales y paladines de la libertad de prensa que no se atreven a pronunciarlo y que además se horrorizan, se hacen cruces, si algún imprudente lo pronuncia en su presencia. (Ninguno entre la partida de supersticiosos y cobardes recuerda que la superstición trae mala suerte como dicen que decía el gran cineasta Buñuel, el mismo paradójico Buñuel que juraba que gracias a Dios era ateo).
El viaje de Almirante había comenzado, como la mayoría de sus proyectos, con malos augurios. Una sentencia real había obligado a la gente del puerto de Palos y otras localidades a contribuir con una pesada carga al equipamiento de los navíos que compondrían la escuadra del Almirante. Y cuando al Almirante le regalaban flores, venían con “su pesado tiesto de mármol”, apuntando a la cabeza.
La rechifla de la multitud, acompañada de insultos, huevos, hortalizas y piedras lo despidió al partir con su tripulación patibularia el 3 de agosto al viaje del Descubrimiento y Encubrimiento. Nada de eso aparecía ni aparecerá en los textos de historia que nutrieron nuestra infancia.
“Debo a los hermanos Pinzón, a los Niño, a Juan de la Cosa, que la armada haya podido partir. Ellos mismos se encargaron de formar la tripulación y hasta de la compra de bastimentos y de armas.
“Martín Alonso Pinzón, además de proveer su propia carabela, aportó un lote de treinta fogueados marineros paleños que le obedecen como a su patrón absoluto. No bastaban. El Martín Alonso persuadió al gobernador de Sevilla para liberar a setenta presos, de los que abarrotaban las cárceles de la provincia. Trajo veinte asesinos condenados a la horca. Él mismo los eligió entre los más vigorosos y de condenas más largas. Únicamente no pudo enganchar a los prisioneros de Dios, condenados al fuego por los tribunales de la inquisición.” Pero sí pudo incluir a “varios desorejados y desnarigados por penas menores.”
El Almirante se duele por “la caterva de gente proterva que los Pinzones (…) han metido en los barcos. Hombres de no fiar ni confiar en un tomín. Los tengo en la alcuza del ojo. Hube de aceptarlo todo con tal de hacerme a la mar. A falta de otra cosa, por lo menos tienen buenos brazos, caras patibularias, siniestros corazones. Después de todo no son más que hombres. Y el hombre es la substancia más maleable y deleznable que existe. Depende de lo que se haga con ellos en una situación determinada. Los héroes se diferencian muy poco de los criminales. A veces éstos son más héroes y los héroes más criminales.”
En mano de esta gente está “el mayor acontecimiento cosmográfico y cultural registrado en dos milenios de historia de la humanidad” y está a punto de zozobrar.
Pero el descubridor encubridor no es mejor que ellos.
“Tu Almirante –dice el alter ego del autor- debió ser achicharrado en las parrillas del Santo Oficio por sus repetidos robos con fractura, por el doble y premeditado sacrilegio de una falsa confesión con la que complicó a los frailes de la Rábida, sus más fieles benefactores. Y a través de ellos, a la propia Isabel la Católica, quien no podía dudar de su confesor. Por las orgías bestiales a las que los ‘descubridores’ se entregaron teniendo como víctimas a las inermes y desnudas mujeres que no eran para ellos más que las primeras bestias de la creación. Bestias para descargar la lujuria de los ‘hombres venidos del cielo’. Bestias de carga. Bestias para producir hijos. Bestias irremediables estos seres desnudos cuya desnudez era, para los hombres vestidos de hierro, el estigma más evidente de su bestialidad. Había pues que despellejarlas vivas. ¿No castigaba la Inquisición con el fuego el comercio carnal entre seres humanos y bestias? El descubrimiento fue en realidad una orgía bestial en todos los sentidos, que duró siglos. Después se encargaron de ello los mestizos.”



pcs, 7 y 11 de junio de 2008