miércoles, 21 de noviembre de 2018

CAQUITO

Pedro Conde Sturla
31 de julio de 2009

Caquito visto por Cestero
Hoy me vino a la mente algo así como un soplo, el viento de un recuerdo y la nostalgia que siempre trae aparejada. Es el recuerdo y la nostalgia de gratas conversaciones en el Palacio de la Esquizofrenia (Restaurante Cafetería El Conde) con el poeta Ernesto Hernández, Caquito. Cariñosamente Caquito.
Corrían los años noventa, el siglo apuntaba a su fin. Caquito vivía también sus últimos años y en El Palacio de la Esquizofrenia todo era viejo y nuevo como sigue siendo ahora. Nuevo y viejo y actual.
Caquito había pasado su juventud en el exilio y había regresado al país para cuidar a la madre anciana y descubrir que era extranjero en su patria. En alguna calle de Nueva York había sido aparatosamente atropellado por un vehículo El accidente le dejó cicatrices en el cuerpo y en el alma, y una notable cojera.
Caquito era un ser cansado y desencantado, envejecido quizás prematuramente y con grandes limitaciones económicas. Una mano atrás y otra adelante. Se fumaba la vida que le quedaba, un pitillo tras otro, y sólo bebía café, mucho café. En él ya se cumplía la sentencia de aquellos versos de Quevedo:
“Vencida de la edad sentí mi espada, / y no hallé cosa en que poner los ojos / que no fuese recuerdo de la muerte.”
Sin embargo, en la grata conversación, en tantas gratas conversaciones en El Palacio de la Esquizofrenia (a veces en compañía del poeta Barracuda, Macho Miolán y Marta Matos), el poeta revivía evocando mejores días y revivía por el amor a la revolución y la poesía. Declamaba intensamente poemas ajenos y propios. Nadie come él recitaba “Soneto de yodo y sal” de Ruben Suro. Ernesto Hernández, Caquito, vivía por el amor a la poesía y por el amor a una musa misteriosa y morena, con la cual desaparecía ocasionalmente sin dejar rastro.
Cuando a uno le tocaba en suerte conocer a Ernesto Hernández, un poeta con cara de llamarse Ernesto Hernández, podían suceder dos cosas: la aceptación o el rechazo. No había medias tintas. Hernández carecía de dobleces y ambigüedades, carecía de la hipocresía social del simulador y sólo le interesaba ser el mismo, si acaso le interesaba algo, aparte de su madre, el sexo y la poesía. El hombre se daba o no se daba a la amistad, y cuando se daba lo hacía de cuerpo entero, quizás por horror al menudeo.
Ernesto Hernández, Caquito, se parecía a su cara: tenía cara de llamarse Ernesto, “la importancia de llamarse Ernesto”. Mejor aún: se parecía a su poesía. Templado en el exilio, en la soledad, en la ausencia, el hombre y su poesía eran una misma cosa: exilio, soledad, ausencia, reticencia. Así lo captó el ojo certero del pintor Cestero en la instantánea de un genial dibujo de trazos elementales: con toda su extraña leche, sentado frente a una tacita de café, mirada torva, la expresión desafiante, el semblante aguerrido, el aura trágica de soledad.
Ninguno de sus poemas se le parece tanto ni lo desnuda tanto como “Lápiz”. Es un poema paranoico, típico del exiliado que aun no se repone del exilio. Es el poema de alguien que ha vivido en el sobresalto, en el peligro, en el temor a la delación, la sospecha: un poema reticente que expresa el miedo del poeta a sus propias palabras, cuando no a sus propios pensamientos. El poema habla sin hablar de un régimen de espanto donde la palabra era prohibida. Prohibida y peligrosa incluso en el exilio, por lo menos en ciertas circunstancias de exilio, porque aún en el exilio muchas cabezas rodaban. Ninguna palabra era prudente entonces. La cojera del poeta. Hernández lo confirma. !Accidente, atentado? Lo cierto es que el poeta miraba todavía por encima del hombro, temiendo que alguien lo escuchara, lo delatara. Se ponía clandestino cuando decía:
“Escribe lápiz mió. Di algo. / Me conoces, te conozco. / soy tu historia.”
Hay aquí palabras cargadas de sentido. Cada palabra remite a un sentido, no deja un solo verso vacío. Si algo hay que celebrar en la poesía de Ernesto Hernández, dentro de su forma engañosamente simple y apacible, es la densidad de pensamiento y vivencia que acuna en cada verso, así como su determinación de llevar el poema, a través de un exordio y un nudo, a un desenlace.
El poeta paranoico no se repuso ni se repondría del exilio porque lo seguía sufriendo en el retorno a su país natal. Por eso dice a su lápiz:
“No me delates, / déjame salir del reloj, / y entonces, / escribe sin mi, / cuando no encuentres mi mano.”
El poeta ejercía su oficio con palabras de post-muerte, confiaba al lápiz lo que no podía decir, y mientras tanto se arrinconaba, se sumergía en capítulos herméticos y deambulaba como sombra por la calle El Conde. Sombra sonámbula que soñaba, derrelicto de un exilio sin fin: el exilio interior.
La obra poética completa de Ernesto Hernández, Caquito, cabe en pocas páginas y sobra espacio. No es una obra significativa, quizás, pero es una obra representativa de un estado del alma, puro trabajo de humildad. En la lápida de Ernesto Hernández, Caquito, encajaría perfectamente el “Epitafio para un poeta" de Conrado Nalé Roxlo:
“No le faltaron excusas / para ser pobre y valiente. / Supo vivir claramente. / Amó a su amor y a la Musas. / Yace aquí como ha vivido, / en soledad decorosa. / Su gloria cabe en la rosa / que ninguno le ha traído.”

POEMAS DE ERNESTO HERNÁNDEZ

Lápiz

“Escribe lapiz mio. / Di algo. No todo. / Me conoces, /te conozco, / soy tu historia. / Te conozco / hasta cuando cambias / el color de mi palabra, / o se te cae una letra. / Somos amigos / antes de que mi mano hablara. / Soy tu secreto. / No digas La verdad / que se esconde en las uñas / de mis manos urbanas; / fábrica de puñales invisibles / que nacen rotos. / Economiza; / deja algo. / Eso, / no lo sabe el hombre. / No me delates, / déjame salir del reloj, / Y entonces, / escribe sin mi, / cuando no encuentres mi mano.” (1993).

MARIPOSA AZUL

“Tú / mariposa azul / volando sobre el mundo / de mis cosas. / Yo. / canción casi olvidada / por tus Labios. / Se / que no se, / que eres ajena. / cuando el agua baña mi alma / con Las manos vacías. / Tú, / mariposa azul, / volando sobre el mundo de mis cosas. / Yo, /
dolor llorando una canción / cada mañana.” (Enero, 1993).

NOCHE

“Habló el silencio en las puertas del olvido. / Lloró la noche inmensa su agonía. / Se apagaron los astros en el cielo. / Y yo mi Dios perdí la amada mía. / La vi marcharse de manos con la noche. / Sin virar siquiera su cara adonde mi. / Y quedé callado cual estatua / Sin hablar, sin mirar, sin sentir. / Por ella es que roto está mi verso. / Por ella es que en mi ser ya no hay poesía. / Porque la mano negra de su engaño / rompió las cuerdas de la lira mía.” (Enero, 1993).

SOLEDAD

“Llegó / más temprano / que el alba. / Más serena / que la calma. / Y sentóse / sobre mi alma / a pasarle la mano / a mi tristeza. / Serena / como la muerte. / Implacable / como el Destino. / Cuando marchó / había mojado / mi cabeza en vino.” (22 de marzo, 1993).

ODA A JUAN LOCWARD

“Aquel buen amigo / de la cara triste, / que escribe canciones /al amor y al mar, / estará dormido / sobre el pentagrama / o estará soñando / con el ancho mar. / Aquel buen amigo / de la cara triste / que un fin de semana / se puso a cantar / canciones muy bellas / bordadas de estrellas / con música suave / de yodo y de sal. / A mi buen amigo / de la cara triste / hoy que estoy tan solo / quiero preguntar / ¿por qué esta tan lejos / la reina de mi alma? / Es que yo sin ella / no puedo soñar. / Dime amigo mió / de la cara triste, / que escribes canciones / al amor y al mar, / ¿qué hago con mis penas? / Dímelo en tu canto, / si las dejo al viento / o las tiro al mar.” (1993).

pcs, viernes 31 de julio de 2009


sábado, 17 de noviembre de 2018

SIETE AL ANOCHECER (11)

Pedro Conde Sturla

Siete al anochecer (11)

EL ÚLTIMO CAUDILLO
(segunda parte)
Muchos consideran que la retirada o el repliegue táctico (o simplemente la huida) de Desiderio Arias a posiciones defensivas en sus tierras de Mao, a finales de abril de 1931, constituye una primera rebelión contra Trujillo. Sin embargo, lo que todo parece indicar es que el ya añejo caudillo se vio o creyó obligado a tomar el monte y las armas con el propósito elemental de ponerse a salvo del largo brazo de la bestia. 
El hecho en sí constituía, por supuesto, una especie de rebeldía o por lo menos un rechazo que Trujillo no estaba dispuesto a aceptar. Por eso mandó primero una comisión a escuchar lo que Desiderio tenía que decir y luego otra comisión seguida de otra comisión. Desiderio Arias reclamaba el fin de la represión contra miembros del Partido Liberal, el fin de los desmanes del ejército contra la población, pedía garantías para él y sus hombres y el respeto por todo lo concerniente a las libertades públicas consagradas en la constitución. Además parecía no estar dispuesto a ceder, a transigir, a negociar en otros términos, y mucho menos a abandonar su refugio ni las armas.
Trujillo y Desiderio Arias
Finalmente lo convencieron, quizás por obra del diablo, de reunirse con Trujillo. O mejor dicho al revés.
Con anterioridad al encuentro llegaron a Mao agentes de seguridad y militares con ropa de civil para prevenir y contener o neutralizar en la medida de lo posible cualquier movimiento de los partidarios del caudillo.
Trujillo llegó al lugar con una pequeña escolta y se reunió, en condiciones desventajosas, con el pundonoroso general y senador de la República. Por este hecho, y otros no menos ilustres, Trujillo haría que el congreso le concediera años después una medalla al valor: La gran cruz del valor. 
Trujillo no era valiente, pero era inteligente, observador, intuitivo. Conocía de lo que era capaz y no capaz su adversario y planificó sobre esta base una visita que no estaba exenta de riesgos, por supuesto, y pudo haberle costado (felizmente)  el pellejo. De hecho lo hubiera dejado en el lugar si Desiderio hubiera hecho caso al consejo o petición de sus hombres. Pero Desiderio era (lamentablemente, en este caso) hombre de honor, de principio, o quizás pensó que matar a Trujillo era un suicidio. Quizás simplemente no sabía que ya estaba muerto en la cabeza de Trujillo. 
De acuerdo a los testimonios del encuentro, Desiderio se mostró muy reservado, distante, y escuchó con desconfianza las palabras risueñas del infame brigadier. Éste no se explicaba cuáles eran las razones de su levantamiento o aislamiento, le ofreció garantías para que se reintegrara a la vida pública, le ofreció armas que le entregaría puntualmente (todas con desperfectos), casa para su esposa, cargos en el gobierno para sus seguidores. Promesas de una vida mejor en el más acá.
Los hombres de Desiderio rabiaban alrededor y ardían en deseos de hacerle justicia al indeseado visitante, se oponían tajantemente a todo tipo de arreglo. Pero al final Desiderio cedió. Dicen que él y el ofidio se abrazaron en público en el parque de Mao, que hubo aplausos, se pronunciaron discursos. Arias  emitiría luego unas declaraciones guabinosas:
“… es necesario que el pueblo sepa que no hay bases ni convenios entre el Honorable Presidente de la República y yo. Nuestra entrevista fue la de dos buenos y viejos amigos en que se tocaron diversos tópicos que no dudo redundarán en beneficio de la reconstrucción nacional, en la cual el Honorable Presidente está vivamente interesado, a tal punto que recabó de mi humilde persona mi opinión y colaboración, la cual gustoso y como ineludible muestra de patriotismo le ofrecí incondicionalmente”.
A principios de mayo Desiderio se traslada a Santiago, pero allí no se sentía a gusto ni seguro . De hecho, ya no estaría seguro en ningún sitio. Trujillo lo había convencido de abandonar su refugio con el único propósito de darle muerte a la primera oportunidad que se presentara. Una muerte discreta, como la que podía propinarle alguno de sus hombres debidamente motivado, sobornado, una muerte que pareciera fruto de envidias y rencillas personales y no un crimen de estado.
Mientras tanto, la matazón en todo el territorio nacional continuaba, la carnicería continuaba con renovados bríos. Diariamente caía un opositor en algún lugar del país. Los partidarios de Arias estaban siendo asesinados o simplemente desaparecían.
Desiderio Arias tenía miedo, estaba cansado, estaba deteriorado físicamente y no tenía ganas ni bríos para emprender nuevas aventuras bélicas, pero todo conspiraba en su contra, Trujillo conspiraba en su contra y lo empujaba poco a poco al abismo, a la perdición, a la desesperación.
Finalmente no pudo más y decidió enfrentar lo inevitable. En el mes de junio de 1931 -dos meses después de haberse reconciliado en público con la bestia-, dio a conocer un manifiesto en el que se pronunció contra los crímenes, la secuela de abusos que cometía la guardia impunemente, contra el régimen de impunidad que tenía como garante al brigadier Trujillo.
Éste sería el preludio del último y forzoso levantamiento del último caudillo dominicano. Un documento que rezuma dignidad por toda su tinta, la dignidad de un guerrero vencido que no rehuye el combate en el que va a morir 
“Es necesario ser honrados y manifestar responsablemente que el 23 de Febrero, no nos legó nada. Trujillo solo resucitó los odios y las pasiones, atrayendo las traiciones y el incremento del crimen, alentando los abusos de la autoridad y los excesos de poder. Los tantos asesinatos de los ciudadanos David Vidal Recio, Virgilio Martínez Reina y de su esposa embarazada, siguieron los del periodista Emilio Reyes, el de los generales Evangelista peralta (tío Sánchez) Ciprian Bencosme, Alberto Larancuent y Buluta Pelegrin. Además se cuentan 18 fusilamientos en San Francisco de Macorís y 116 en Puerto Plata, con más de 100 en Moca.
“Todos estos crímenes cometidos por el actual gobierno han despertado en el espíritu de los hombres libres de la Republica, sentimiento de venganza ciudadana contra los engreimientos y las acciones criminales de los que detentan el poder, desmoralizando el hogar y la sociedad, saqueando indecentemente la hacienda publica y privada.
“Por todas estas gravísimas cosas, yo me confieso culpable de esta situación, toda vez que irreflexivamente favorecí la candidatura del general Trujillo, mas yo deseo hacer constar que me engañé aquella vez por tener la creencia de que un hombre joven como él estaría enamorado de la gloria personal y del bien del pueblo y de la Patria y podía merecer todo por una obra de gobierno digna de la época y propicia del momento histórico que vivía la República; tuve fe, repito, en el orgullo que pone la juventud que no se ha corrompido y creí que el general Trujillo hubiera sido capaz de hacer del país una verdadera nación organizada en donde el derecho, la justicia, el amor, la cordialidad y el respeto a la vida y a la propiedad constituyeran el patrimonio de la sociedad y de la patria”.



Amazon.com: Pedro Conde Sturla: Books, Biography, Blog, Audiobooks, Kindle 
http://www.amazon.com/-/e/B01E60S6Z0


EL ÚLTIMO CAUDILLO
(segunda parte)

Muchos consideran que la retirada o el repliegue táctico (o simplemente la huida) de Desiderio Arias a posiciones defensivas en sus tierras de Mao, a finales de abril de 1931, constituye una primera rebelión contra Trujillo. Sin embargo, lo que todo parece indicar es que el ya añejo caudillo se vio o creyó obligado a tomar el monte y las armas con el propósito elemental de ponerse a salvo del largo brazo de la bestia. 
El hecho en sí constituía, por supuesto, una especie de rebeldía o por lo menos un rechazo que Trujillo no estaba dispuesto a aceptar. Por eso mandó primero una comisión a escuchar lo que Desiderio tenía que decir y luego otra   comisión seguida de otra comisión. Desiderio Arias  reclamaba el fin de  la represión contra miembros del Partido Liberal, el fin de los desmanes del ejército contra la población, pedía garantías para él y sus hombres y el respeto por todo lo concerniente a las libertades públicas consagradas en la constitución. Además parecía no estar dispuesto a ceder, a transigir, a negociar en otros términos, y mucho menos a abandonar su refugio ni las armas.

Finalmente lo convencieron, quizás por obra del diablo, de reunirse con Trujillo. O mejor dicho al revés.

Con anterioridad al encuentro llegaron a Mao agentes de seguridad y militares con ropa de civil para prevenir y contener o neutralizar en la medida de lo posible cualquier movimiento de los partidarios del caudillo.

Trujillo llegó al lugar con una pequeña escolta y se reunió, en condiciones desventajosas, con el pundonoroso general y senador de la República. Por este hecho, y otros no menos ilustres, Trujillo haría que el congreso le concediera años después una medalla al valor: La gran cruz del valor. 

Trujillo no era valiente, pero era inteligente, observador, intuitivo. Conocía de lo que era capaz y no capaz su adversario y planificó sobre esta base una visita que no estaba exenta de riesgos, por supuesto, y pudo haberle costado (felizmente)  el pellejo. De hecho lo hubiera dejado en el lugar si Desiderio hubiera hecho caso al consejo o petición de sus hombres. Pero Desiderio era (lamentablemente, en este caso) hombre de honor, de principio, o quizás pensó que matar a Trujillo era un suicidio. Quizás simplemente no sabía que ya estaba muerto en la cabeza de Trujillo. 

De acuerdo a los testimonios del encuentro, Desiderio se mostró muy reservado, distante, y escuchó con desconfianza las palabras risueñas del infame brigadier. Éste no se explicaba cuáles eran las razones de su levantamiento o aislamiento, le ofreció garantías para que se reintegrara a la vida pública, le ofreció armas que le entregaría puntualmente (todas con desperfectos), casa para su esposa, cargos en el gobierno para sus seguidores. Promesas de una vida mejor en el más acá.

Los hombres de Desiderio rabiaban alrededor y ardían en deseos de hacerle justicia al indeseado visitante, se oponían tajantemente a todo tipo de arreglo. Pero al final Desiderio cedió. Dicen que él y el ofidio se abrazaron en público en el parque de Mao, que hubo aplausos, se pronunciaron discursos. Arias  emitiría luego unas declaraciones guabinosas:

“… es necesario que el pueblo sepa que no hay bases ni convenios entre el Honorable Presidente de la República y yo. Nuestra entrevista fue la de dos buenos y viejos amigos en que se tocaron diversos tópicos que no dudo redundarán en beneficio de la reconstrucción nacional, en la cual el Honorable Presidente está vivamente interesado, a tal punto que recabó de mi humilde persona mi opinión y colaboración, la cual gustoso y como ineludible muestra de patriotismo le ofrecí incondicionalmente”.

A principios de mayo Desiderio se traslada a Santiago, pero allí no se sentía a gusto ni seguro . De hecho, ya no estaría seguro en ningún sitio. Trujillo lo había convencido de abandonar su refugio con el único propósito de darle muerte a la primera oportunidad que se presentara. Una muerte discreta, como la que podía propinarle alguno de sus hombres debidamente motivado, sobornado, una muerte que pareciera fruto de envidias y rencillas personales y no un crimen de estado.

Mientras tanto, la matazón en todo el territorio nacional continuaba, la carnicería continuaba con renovados bríos. Diariamente caía un opositor en algún lugar del país. Los partidarios de Arias estaban siendo asesinados o simplemente desaparecían.

Desiderio Arias tenía miedo, estaba cansado, estaba deteriorado físicamente y no tenía ganas ni bríos para emprender nuevas aventuras bélicas, pero todo conspiraba en su contra, Trujillo conspiraba en su contra y lo empujaba poco a poco al abismo, a la perdición, a la desesperación.
Finalmente no pudo más y decidió enfrentar lo inevitable. En el mes de junio de 1931 -dos meses después de haberse reconciliado en público con la bestia-, dio a conocer un manifiesto en el que se pronunció contra los crímenes, la secuela de abusos que cometía la guardia impunemente, contra el régimen de impunidad que tenía como garante al brigadier Trujillo.

Éste sería el preludio del último y forzoso levantamiento del último caudillo dominicano. Un documento que rezuma dignidad por toda su tinta, la dignidad de un guerrero vencido que no rehuye el combate en el que va a morir:

“Es necesario ser honrados y manifestar responsablemente que el 23 de Febrero, no nos legó nada. Trujillo solo resucitó los odios y las pasiones, atrayendo las traiciones y el incremento del crimen, alentando los abusos de la autoridad y los excesos de poder. Los tantos asesinatos de los ciudadanos David Vidal Recio, Virgilio Martínez Reina y de su esposa embarazada, siguieron los del periodista Emilio Reyes, el de los generales Evangelista peralta (tío Sánchez) Ciprian Bencosme, Alberto Larancuent y Buluta Pelegrin. Además se cuentan 18 fusilamientos en San Francisco de Macorís y 116 en Puerto Plata, con más de 100 en Moca.

“Todos estos crímenes cometidos por el actual gobierno han despertado en el espíritu de los hombres libres de la Republica, sentimiento de venganza ciudadana contra los engreimientos y las acciones criminales de los que detentan el poder, desmoralizando el hogar y la sociedad, saqueando indecentemente la hacienda publica y privada.

“Por todas estas gravísimas cosas, yo me confieso culpable de esta situación, toda vez que irreflexivamente favorecí la candidatura del general Trujillo, mas yo deseo hacer constar que me engañé aquella vez por tener la creencia de que un hombre joven como él estaría enamorado de la gloria personal y del bien del pueblo y de la Patria y podía merecer todo por una obra de gobierno digna de la época y propicia del momento histórico que vivía la República; tuve fe, repito, en el orgullo que pone la juventud que no se ha corrompido y creí que el general Trujillo hubiera sido capaz de hacer del país una verdadera nación organizada en donde el derecho, la justicia, el amor, la cordialidad y el respeto a la vida y a la propiedad constituyeran el patrimonio de la sociedad y de la patria”.


                                                                                                         pcs, 15 de noviembre 1918

martes, 13 de noviembre de 2018

A quién pueda interesar

Pedro Conde Sturla

Algo que no entienden, no parecen entender los nazionalistas es que un progrom o progromo, una escalada de la violencia a nivel nacional puede facilitar el pretexto para una intervención “humanitaria”, la creación de un enclave o enclaves haitianos (en la provincia de La Altagracia, por ejemplo), la compartimentación o federalizacion del territorio, y finalmente el libre acceso a las cuantiosas y codiciadas riquezas minerales de la cordillera central y la ruina definitiva del país.


En los  Balcanes, con la complicidad de la ONU, se inventaron una limpieza étnica en Kosovo para atacar a Serbia y acabar de destruir lo que quedaba de Yugoeslavia, luego "independizaron" a Kosovo y allí tiene el imperio usamericano la base militar más grande del mundo y la más grande puerta de entrada y salida de la heroína que producen en Afganistán. Un negocio redondo.

Cualquier parecido no es pura coincidencia.

PCS

lunes, 12 de noviembre de 2018

O. Henry. Cuentos de Navidad: EL REGALO DE LOS REYES MAGOS.

Pedro Conde Sturla
21 de diciembre de 2011

O. Henry era un mago, un virtuoso de la narrativa breve, uno de los más grandes escritores de la literatura norteamericana, un “Maestro de los finales sorpresivos”, dotado de una sensibilidad fuera de serie y prolífico como pocos.
Publicó, desde 1903 hasta enero de 1906, un relato a la semana.
Presionado por el tiempo, como ocurre con todos los columnistas de periódicos, escribió en tres horas su mejor relato que presento aquí editado por razones de espacio. Hoy es Navidad y el relato de O. Henry es mi mejor oferta a los lectores de esta página.
PCS 




EL REGALO DE LOS REYES MAGOS
O. Henry
Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y setenta centavos estaban en céntimos. Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendo con el almacenero y el verdulero y el carnicero hasta que las mejillas de uno se ponían rojas de vergüenza ante la silenciosa acusación de avaricia que implicaba un regateo tan obstinado. Delia los contó tres veces. Un dólar y ochenta y siete centavos. Y al día siguiente era Navidad.
Evidentemente no había nada que hacer fuera de echarse al miserable lecho y llorar. Y Delia lo hizo. Lo que conduce a la reflexión moral de que la vida se compone de sollozos, lloriqueos y sonrisas, con predominio de los lloriqueos.
Mientras la dueña de casa se va calmando, pasando de la primera a la segunda etapa, echemos una mirada a su hogar, uno de esos departamentos de ocho dólares a la semana. No era exactamente un lugar para alojar mendigos, pero ciertamente la policía lo habría descrito como tal.
Abajo, en la entrada, había un buzón al cual no llegaba carta alguna, Y un timbre eléctrico al cual no se acercaría jamás un dedo mortal. También pertenecía al departamento una tarjeta con el nombre de “Señor James Dillingham Young”.
Entre las ventanas de la habitación había un espejo de cuerpo entero. Quizás alguna vez hayan visto ustedes un espejo de cuerpo entero en un departamento de ocho dólares. Una persona muy delgada y ágil podría, al mirarse en él, tener su imagen rápida y en franjas longitudinales. Como Delia era esbelta, lo hacía con absoluto dominio técnico. De repente se alejó de la ventana y se paró ante el espejo. Sus ojos brillaban intensamente, pero su rostro perdió su color antes de veinte segundos. Soltó con urgencia su cabellera y la dejó caer cuan larga era.
Los Dillingham eran dueños de dos cosas que les provocaban un inmenso orgullo. Una era el reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo. La otra era la cabellera de Delia. Si la Reina de Saba hubiera vivido en el departamento frente al suyo, algún día Delia habría dejado colgar su cabellera fuera de la ventana nada más que para demostrar su desprecio por las joyas y los regalos de Su Majestad.
La hermosa cabellera de Delia cayó sobre sus hombros y brilló como una cascada de pardas aguas. Llegó hasta más abajo de sus rodillas y la envolvió como una vestidura. Y entonces ella la recogió de nuevo, nerviosa y rápidamente. Por un minuto se sintió desfallecer y permaneció de pie mientras un par de lágrimas caían a la raída alfombra roja.
Se puso su vieja y oscura chaqueta; se puso su viejo sombrero. Con un revuelo de faldas y con el brillo todavía en los ojos, abrió nerviosamente la puerta, salió y bajó las escaleras para salir a la calle.
Donde se detuvo se leía un cartel: “Mme. Sofronie. Cabellos de todas clases”. Delia subió rápidamente Y, jadeando, trató de controlarse. Madame, grande, demasiado blanca, fría, no parecía la “Sofronie” indicada en la puerta.
-¿Quiere comprar mi pelo? -preguntó Delia.
-Compro pelo -dijo Madame-. Sáquese el sombrero y déjeme mirar el suyo.
La áurea cascada cayó libremente.
-Veinte dólares -dijo Madame, sopesando la masa con manos expertas.
-Démelos inmediatamente -dijo Delia.
Oh, y las dos horas siguientes transcurrieron volando en alas rosadas. Y Delia empezó a mirar los comercios en busca del regalo para Jim.
Al fin lo encontró. Estaba hecho para Jim, para nadie más. En ningún comercio había otro regalo como ése. Y ella los había inspeccionado todos. Era una cadena de reloj, de platino, de diseño sencillo y puro, que proclamaba su valor sólo por el material mismo y no por alguna ornamentación inútil y de mal gusto… tal como ocurre siempre con las cosas de verdadero valor. Era digna del reloj. Apenas la vio se dio cuenta de que era exactamente lo que buscaba para Jim. Era como Jim: valioso y sin aspavientos. La descripción podía aplicarse a ambos. Pagó por ella veintiún dólares y regresó rápidamente a casa con ochenta y siete centavos. Con esa cadena en su reloj, Jim iba a vivir ansioso de mirar la hora en compañía de cualquiera. Porque, aunque el reloj era estupendo, Jim se veía obligado a mirar la hora a hurtadillas a causa de la gastada correa que usaba en vez de una cadena.
Cuando Delia llegó a casa, su excitación cedió el paso a una cierta prudencia y sensatez. Sacó sus tenacillas para el pelo, encendió el gas y empezó a reparar los estragos hechos por la generosidad sumada al amor.
A los cuarenta minutos su cabeza estaba cubierta por unos rizos pequeños y apretados que la hacían parecerse a un encantador estudiante holgazán.
Jim franqueó el umbral y allí permaneció inmóvil como un perdiguero que ha descubierto una codorniz. Sus ojos se fijaron en Delia con una expresión que su mujer no pudo interpretar, pero que la aterró. No era de enojo ni de sorpresa ni de desaprobación ni de horror ni de ningún otro sentimiento para los que ella hubiera estado preparada. Él la miraba simplemente, con fijeza, con una expresión extraña.
-Jim, querido -exclamó- no me mires así. Me corté el pelo y lo vendí porque no podía pasar la Navidad sin hacerte un regalo. Crecerá de nuevo ¿no te importa, verdad? No podía dejar de hacerlo. Mi pelo crece rápidamente. Dime “Feliz Navidad” y seamos felices. ¡No te imaginas qué regalo, qué regalo tan lindo te tengo!
-¿Te cortaste el pelo? -preguntó Jim, con gran trabajo, como si no pudiera darse cuenta de un hecho tan evidente aunque hiciera un enorme esfuerzo mental.
-No pierdas el tiempo buscándolo -dijo Delia-. Lo vendí, ya te lo dije, lo vendí, eso es todo. Es Nochebuena, muchacho. Lo hice por ti, perdóname
Pasada la primera sorpresa, Jim pareció despertar rápidamente. Abrazó a Delia. Durante diez segundos miremos con discreción en otra dirección, hacia algún objeto sin importancia. Jim sacó un paquete del bolsillo de su abrigo y lo puso sobre la mesa.
-No te equivoques conmigo, Delia -dijo-. Ningún corte de pelo, o su lavado o un peinado especial, harían que yo quisiera menos a mi mujercita. Pero si abres ese paquete verás por qué me has provocado tal desconcierto en un primer momento.
Los blancos y ágiles dedos de Delia retiraron el papel y la cinta. Y entonces se escuchó un jubiloso grito de éxtasis; y después, ¡ay!, un rápido y femenino cambio hacia un histérico raudal de lágrimas y de gemidos, lo que requirió el inmediato despliegue de todos los poderes de consuelo del señor del departamento.
Porque allí estaban las peinetas -el juego completo de peinetas, una al lado de otra- que Delia había estado admirando durante mucho tiempo en una vitrina de Broadway. Eran unas peinetas muy hermosas, de carey auténtico, con sus bordes adornados con joyas y justamente del color para lucir en la bella cabellera ahora desaparecida. Eran peinetas muy caras, ella lo sabía, y su corazón simplemente había suspirado por ellas y las había anhelado sin la menor esperanza de poseerlas algún día. Y ahora eran suyas, pero las trenzas destinadas a ser adornadas con esos codiciados adornos habían desaparecido.
Pero Delia las oprimió contra su pecho y, finalmente, fue capaz de mirarlas con ojos húmedos y con una débil sonrisa, y dijo:
-¡Mi pelo crecerá muy rápido, Jim!
Y enseguida dio un salto como un gatito chamuscado y gritó:
-¡Oh, oh!
Jim no había visto aún su hermoso regalo. Delia lo mostró con vehemencia en la abierta palma de su mano. El precioso y opaco metal pareció brillar con la luz del brillante y ardiente espíritu de Delia.
-¿Verdad que es maravillosa, Jim? Recorrí la ciudad entera para encontrarla. Ahora podrás mirar la hora cien veces al día si se te antoja. Dame tu reloj. Quiero ver cómo se ve con ella puesta.
-Delia -le dijo- olvidémonos de nuestros regalos de Navidad por ahora. Son demasiado hermosos para usarlos en este momento. Vendí mi reloj para comprarte las peinetas. Los Reyes Magos, como ustedes seguramente saben, eran muy sabios -maravillosamente sabios- y llevaron regalos al Niño en el Pesebre. Ellos fueron los que inventaron los regalos de Navidad. Como eran sabios, no hay duda que también sus regalos lo eran, con la ventaja suplementaria, además, de poder ser cambiados en caso de estar repetidos. Y aquí les he contado, en forma muy torpe, la sencilla historia de dos jóvenes atolondrados que vivían en un departamento y que insensatamente sacrificaron el uno al otro los más ricos tesoros que tenían en su casa. Pero, para terminar, digamos a los sabios de hoy en día que, de todos los que hacen regalos, ellos fueron los más sabios. De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son los seres como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Reyes Magos.
pcs, miércoles 21 de diciembre de 2011


domingo, 11 de noviembre de 2018

BIBLIOGRAFÍA INFORMAL

Pedro Conde Sturla 


Pedro Conde Sturla (nacido en San Francisco de Macorís, República Dominicana,1945, en el apogeo de la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina), es escritor y maestro, publicista a regañadientes, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, autor de textos de crítica e historia literaria y poesía a deshora, amén de narraciones del género satírico, una novela histórica, cuatro volúmenes de cuentos y relatos. 
En 1953 ingresa al Colegio de la Salle de la ciudad capital, Ciudad Trujillo, donde cursa el tercero de primaria. Al niño pueblerino no le sentará nada bien la experiencia en aquel ambiente doctrinario, autoritario, al que pagará tributo de rencor y determinará en gran parte su aversión a la religión y su radical anticlericalismo.
El ajusticiamiento del sátrapa en 1961 abre al país nuevos horizontes políticos y culturales y la ciudad de Santo Domingo recupera su histórico nombre. Dos años después, el prestigioso escritor Juan Bosch es elegido presidente de la República en las primeras elecciones libres celebradas en el país después de más de tres décadas de tiranía, y destituido al cabo siete meses de gobierno por un golpe de estado que contó con el auspicio de la embajada norteamericana.
En 1963, el mismo año de la elección y derrocamiento de Juan Bosch, ingresa a la universidad estatal y a la militancia política de izquierda en el Partido Socialista popular (PSP): el futuro Partido Comunista Dominicano (PCD).
En 1965 toma parte en la insurrección constitucionalista de abril, un movimiento cívico militar que pretendía reponer en el poder a Juan Bosch y se convirtió en guerra patria tras la intervención de fuerzas de ocupación yanquis. Su participación en la contienda, liderada  por el Coronel Caamaño, dejará en su biografía una honda y amarga huella que plasmará parcialmente en su única novela: Uno de esos días de abril (2012). 
 _____________________________________________
_______ ________

Si alguien le preguntara por su mayor título de orgullo, diría que fue  
escritor, que fue maestro, que alguna vez fue soldado del Coronel Caamaño. 
_____________________________________________________
________

Durante casi diez años, antes y después de publicar su primer libro -una Antología informal (1970) con la que se da a conocer y a odiar en el mundillo de las letras dominicanas-, vive fuera del país, estudia en Monterrey, Windsor, se gradúa de Doctor en letras en la Universidad de los estudios de Roma.
A su regreso en 1975 se dedica ocasionalmente a la publicidad y a partir de 1978 se consagra durante treinta años a la docencia como profesor de historia y literatura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), de la cual se retira con la distinción de Profesor Meritísimo.

Durante un tiempo pública con ciertas limitaciones, debido a la censura estructural, en periódicos y revistas alternativos como “!Impacto Socialista!” y “Vetas”, y ocasionalmente en medios de prensa de México, Venezuela, Cuba y El Salvador.
En 1978 publica el ensayo Notas sobre el enriquillo, que le granjeó cierto reconocimiento, aunque circuló de manera casi clandestina.
En 1984 se da a conocer como narrador con un relato largo titulado Los cocodrilos, un engendro satírico, irreverente y despiadado de una cierta 
bohemia intelectual, a la cual pertenecía el propio autor, una especie de 
“ensayo” sobre poetas que incrementó su mala fama entre los escritores del  patio. 
En este libro, de muy contados lectores, bajo la mirada implacable de un crítico de mala leche, recrea el escenario de las venturas y desventuras de un grupo de poetas en viaje memorable a Puerto Rico, el discurrir de una tertulia pantagruélica en la que dominicanos y boricuas dan rienda suelta a la imaginación, al relajo, a la gula, a la afición etílico literaria. 

___________________________________________________________________________________

LAS PALABRAS
El escritor no obedece a las palabras. Las palabras obedecen al escritor o no  es escritor.
___________________________________________________________________________________

En el año 2004, quizás el más importante de su carrera, pública Los cuentos negros, una  colección de relatos en la que confirma su vocación de crítico punzante, incisivo, sardónico y vitriólico, todo un ajuste de cuenta entre el escritor y sus demonios.
Cuentos negros revertidos en humor negro. Visión satírica, entre risueña y amarga, de los aspectos más siniestros y podridos del poder. El poder en sus múltiples ramificaciones. El poder encarnado en el autoritarismo del estado 
seudo democrático, el estado delincuente y sus capítulos represivos. El poder encarnado en las ejecuciones sumarias, en la aplicación rutinaria de medidas que vulneran el derecho de gente, en la impunidad del crimen, la impunidad de la corrupción, el racismo ordinario. El poder manifiesto en el autoritarismo político y el autoritarismo eclesiástico, que se apoyan y se complementan: el poder que se expresa en los privilegios irritantes de la clase dirigente, en el boato y la vida disipada de los príncipes de la iglesia. 

A partir de esa publicación, y al cabo de un periodo de aislamiento, el surgimiento de los medios digitales abre una brecha por la cual se cuela de inmediato y se  convierte en asiduo colaborador de Clave digital, cosa que le permite por primera vez el acceso a un público más amplio sin problemas de restricciones ni censura hasta su desaparición forzada en el 2010. Con este medio seguirá colaborando años más tarde a partir de su relativa resurrección con el nombre de Acento .com.

________________________________________________________________

EL ESCRITOR 
Alguna vez me han preguntado, me he preguntado yo mismo muchas veces cómo se convierte uno en escritor. Cómo se aprende el oficio.
Uno comienza juntando palabras con un trabajo enorme en mi caso, las pone unas al lado de otras y sobre otras, como si fueran bloques o ladrillos, como si fuera uno una especie de albañil.
Uno se pasa horas enteras para escribir una página y a veces muchos meses, muchos años para escribir un cuento o una novela.
Escribes durante días, durante meses, durante años, pero no eres escritor.
Disfrutas de la felicidad y el tormento de escribir, pero no eres escritor.  
Hasta que un día descubres una particular forma de decir las cosas que  puede ser tuya o no ser tuya, pero que sientes tuya. No sé si buena o mala, pero que sientes tuya.
El oficio consiste en ser tu mismo. El oficio consiste en encontrarte.     
Entonces uno se convierte, si acaso se   convierte, en escritor.
________________________________________________________________


En el año 2008, gracias a los buenos oficios oficios de Felix Garcia Castellanos, empieza a escribir una página semanal sobre temas literarios, históricos y culturales en El Caribe sin abandonar la plataforma digital. Inicia entonces el período más fecundo de una producción literaria en la que imprime su estampa más profunda como escritor satírico. En está época 
publica cientos de artículos históricos, políticos, literarios, cuentos y relatos y una novela corta por entrega (su mayor título de orgullo), en la que recoge parte de sus vivencias sobre la insurrección constitucionalista de abril de 1965. Esta obra, Uno de esos días de abril (2012), describe los principales episodios de la contienda y tiene como personaje de referencia a una mujer extraordinaria que constituye el eje de la narración: la cojonuda viuda Pichardo.
Los cuentos y relatos (que sigue publicando ocasionalmente en El Caribe y Acento.com), han sido recogidos hasta ahora en dos volúmenes: Monedas en la fuente ( 2016) y Ritos ancestrales ( 2017), dos colecciones de cuentos y relatos viscerales y una noveleta truculenta de humor negro, vitriólico, sobre un negro período de la vida política de un país en el mundo: Flaubert se fue a la guerra.

—————————————————————
IDEALAGANARIO

Yo no recibo órdenes de la RAE.
Por eso escribo como me sale de los melones

El oficio consiste en ser tu mismo. El oficio consiste en encontrarte.      

La imaginación poética es una forma de locura, una membrana entre la imaginación y la alucinación, y creo que la alucinación está más cerca de la poesía.


La magia o destreza de un escritor consiste muchas veces en los giros inusitados que imprime al lenguaje, esos giros en qué las palabras se vuelven una sola cosa con el sentido que fundan.  

Las palabras son para retorcerlas, para desdoblarlas y descalabrarlas y despalabrarlas, incluso para mamarlas, para sacarles el jugo, la quintaesencia. El escritor no obedece a las palabras, las palabras obedecen al escritor o no es escritor.


La soledad acompaña al escritor y es la mejor compañera del escritor, pero escribir no es un ejercicio de soledad, es un acto regocijante muchas veces y a veces muy doloroso, y es siempre una forma de compartir con amigos o conocidos reales o imaginarios, vivos o muertos. La literatura, como la vida, sirve sobre todo para vivirse y compartirse
___________________________________________


Bibliografía 

Narrativa
Los cocodrilos, ensayo sobre poetas (Editora Alfa y Omega, 1984) 
Los cuentos negros (Editora Búho, 2004)
Uno de esos días de abril (Editora Amigo del Hogar, 2012)
Monedas en la fuente (Amazon, 2016)
Ritos ancestrales (Amazon, 2017)
Historia criminal del trujillano (publicación por entregas en El Caribe y Acento.com, recogida en mi página Web)

Antologías y ensayos literarios
Antología  informal (Editora Nacional, 1970)
Notas sobre el Enriquillo (Editora Taller, 1978)
Poemas de una sola intención (estudio y recopilación de la obra de Ruben Suro (Editora Taller, 1978)
Problemas de historia (en colaboración con Felix Calvo, Editora Taller, 1982)
Oficio de poeta (ensayo de interpretación de la obra de Roque Dalton, en la edición dominicana de Taberna y otros lugares  (editora Taller, 1983)
La luz en el regreso (estudio y selección de la antología poética de Víctor Villegas (Editora Búho, 1993)
El chivo de Vargas Llosa, una lectura política (Amazon, 2000)
Memorias del viento frío. Poesía de la guerra y la posguerra (publicación por entregas, recogida en mi página Web, 2002)

Poemas
El humo de los rostros (en colaboración, ¿?, 1992)

Juicios
Ángela Peña: LOS CUENTOS NEGROS DE CONDE 
Eva Taberne Alvarengue: REÍR PARA NO LLORAR
https://eltallerdeletras.blogspot.com/2018/06/eva-taberne-albarengue-reir-para-no.html
Jesús Martín: UN CÍNICO ADMIRABLE
https://eltallerdeletras.blogspot.com/2018/06/un-cinico-admirable.html
Leíla Roldán: LOS CUENTOS NEGROS DE PEDRO
Lauro Zavala: VOCES CON VIDA: Un encuentro polifónico
https://eltallerdeletras.blogspot.com/2018/06/voces-con-vida-un-encuentro-polifonico.html