domingo, 10 de julio de 2022

El acoso de los Bencosme

Cipriano Bencosme

El acoso de los Bencosme (1)

Pedro Conde Sturla 


19 de noviembre1930
(primera parte)

El general Cipriano Bencosme sobresale hasta cierto punto en la historia dominicana como un defensor de causas perdidas.

En 1911, a raíz del alevoso asesinato de su amigo y presidente Ramón Cáceres en los alrededores de Güibia, incursiona por primera vez en la lucha armada: toma parte en la llamada guerra o Revolución de los Quiquises, apoyando a Horacio Vázquez y Desiderio Arias contra los Victoria, que se habían establecido en el poder (aprovechando el vacío dejado por Cáceres) y pretendían de seguro quedarse por tiempo indefinido.

Durante este episodio a Bencosme le fue mal, peor que mal. Los partidarios de los Victoria o Quiquises le quemaron la casa y un hijo pequeño se esfumó y lo dieron por muerto, hasta qué apareció al cabo de un año en brazos de la niñera que se había escondido todo ese tiempo prudentemente.

La sangrienta contienda se decidió a favor de los intereses del imperio que intervino directamente para ponerle fin mediante presiones económicas y militares. Estas dieron origen a una Comisión Pacificadora que eligió como presidente al oportunista y servil Arzobispo Nouel en 1912 por un periodo de dos años que no llegó a cumplir.

Bencosme no escarmentó y, otra vez en alianza con el general Desiderio Arias y Horacio Vázquez, del cual era incondicional, se levantó contra el arzobispo presidente, pero las fuerzas de los insurrectos fueron sitiadas y tuvieron que capitular.

Un año más tarde acompañaría a Horacio Vásquez en un nuevo levantamiento, esta vez contra el gobierno de José Bordas Valdez, pero con Desiderio Arias en contra (la llamada Revolución del ferrocarril), y fueron otra vez derrotados, aunque algún tiempo después lograron echarlo del poder, lo que dio paso a un gobierno provisional de Ramón Báez, seguido por otro de Juan Isidro Jiménez y luego por otro de ocho años impuesto por las cañoneras del fatídico imperio del norte.

Con la misma entereza y el mismo valor que había demostrado toda su vida, protestó Bencosme contra las tropas yanquis que ocuparon el país entre 1916 y 1924, y llegó incluso a confabularse con un grupo de patriotas para llevar a cabo unas acciones que no llegarían a materializarse. Cipriano  Bencosme sería traicionado, delatado, apresado e incluso maltratado en prisión por la soldadesca interventora. 

Se dedicó después o, mejor dicho, volvió a dedicarse a las labores del campo que eran su medio de vida. Bencosme, oriundo de Moca, era un rico terrateniente que se había casado con una prima más terrateniente que él y se convirtió en uno de los principales hacendados del país. Llegó a poseer un emporio agrícola de miles de tareas en el que según se afirma, con cierta exageración, trabajaban más de quinientas personas. 

Dice Rufino Martinez que era un hombre espléndido que no le negaba protección o asilo en sus tierras a ningún perseguido, un hombre pródigo que a nadie negaba los frutos de la tierra que necesitaran.

Ahora bien, cuando no estaba sembrando o participando en levantamientos militares, Cipriano Bencosme se dedicaba a hacer muchachos. Su apetito sexual incurable lo llevó a tener una inmensa prole de veintisiete   descendientes directos con diez mujeres.


Cuando las tropas del imperio abandonaron el país, si acaso alguna vez lo han hecho, cuando pareció restablecerse la soberanía nacional -un espejismo-, se realizaron elecciones y su cancachán Horacio Vázquez se convirtió en presidente y él en diputado. Pero Bencosme subió sin hambre al poder y se desempeñó, según se dice, con ecuanimidad.

Renacieron viejas esperanzas y se fortaleció la fe en el progreso. Pero todo era una ficción, pura apariencia. El reloj de la historia marchaba de nuevo hacia atrás. 

Después de cuatro años de gobierno corrupto como pocos, Horacio Vázquez descubrió que un solo periodo en la presidencia era muy corto para llevar a cabo su magna obra de gobierno y decidió prolongar su estadía en el poder con un par de años más, una extensión de dos años probablemente renovable. Luego trataría de reelegirse y se armaría la pelotera.

Era la oportunidad que la bestia esperaba agazapada, la compuerta que abrió las aguas del pandemonio.

Horacio confiaba ingenuamente en la bestia, lo había ascendido a teniente Coronel, a brigadier, a general de brigada, lo había convertido en el hombre fuerte más fuerte del país. Cuando Rafael Estrella Ureña abandonó las filas del gobierno para organizar -contra los propósitos reeleccionistas de Horacio- un movimiento de desobediencia cívico militar que estremeció el Cibao, éste acudió a la bestia para que le sacara las castañas del fuego. Pero la bestia y Estrella estaban confabulados. Coludidos.

Estrella Ureña había apoyado a Horacio en las elecciones de 1924 y había sido nombrado en el ministerio de Justicia e instrucción pública hasta que las veleidades continuistas de Horacio lo llevaron a conspirar con Trujillo, que era Jefe de las fuerzas armadas, su hombre de confianza.

Horacio Vázquez trató entonces de detener el golpe de Trujillo y Estrella Ureña nombrando a última hora a Sergio Bencosme, hijo de Cipriano, como Secretario de Defensa, un cargo que ya resultaba ser poco menos que honorífico

Una vez derrocado Horacio, Estrella Ureña ocupó la presidencia provisional y organizó unas elecciones para mantenerse más o menos legítimamente en el cargo. Estrella tal vez creía haber utilizado a Trujillo, pero era todo lo contrario. En las elecciones de 1930 iría como candidato a la vicepresidencia y Trujillo a la presidencia, y ganarían por una abrumadora mayoría de fraudes condimentados con una buena dosis de represión y terror. 

Las relaciones entre ambos mandatarios se deterioraron de forma tan violenta que Estrella Ureña se vio obligado a viajar fuera del país en 1932 y anunció desde Cuba su renuncia por supuestos motivos de salud.

Se desempeñó luego como juez de la Suprema corte de justicia, hasta que un día se vió obligado a someterse a una operación quirúrgica de la que no sobrevivió, posiblemente por consejo de Trujillo a los médicos.

Cipriano Bencosme -ya se dijo- era incondicional de Horacio Vázquez, lo acompañó en todos sus levantamientos, con él estuvo en las buenas y en las malas, 
estuvo con él cuando se le ocurrió extender en dos años el periodo de gobierno y lo secundó en la aventura de la fracasada reelección, en todas las circunstancias le brindó, en fin, un apoyo sin fisuras. Lo seguiría hasta la última consecuencia, hasta que la muerte los separó. La muerte de Bencosme.

Historia criminal del trujillano (4)
Bibliografía:




Federico D. Marco Didiez, “Los primeros crímenes de Trujillo”,

Jorge Zorrilla Ozuna, “Cipriano Bencosme ”, http://hoy.com.do/cipriano-bencosme-2/

Rufino Martínez, “Diccionario biográfico-histórico dominicano, 1821-1930”

El acoso de los Bencosme (2)
Pedro Conde Sturla 

19 de noviembre1930
(segunda parte)

Bencosme le tenía ojeriza a Trujillo por la deslealtad que había mostrado a Horacio  Vásquez, quien había sido su benefactor,  por no haberlo apoyado en su proyecto de perpetuarse en la presidencia y por traidor, por haberlo, en una palabra, reemplazado y porque ahora comenzaba a perfilarse como el monarca sin corona que sería durante más de treinta años y por los métodos brutales que estrenaba en el ejercicio del poder, incluso antes de la toma de posesión y durante la campaña electoral.

La época de las revoluciones, o mejor dicho, de los levantamientos de la montonera, ya había perdido su base de sustentación desde que los invasores comenzaron a desarmar a la población civil y a crear un ejército que suplantaría al de los tiempos de Mon Cáceres. El que se forjó en parte -como dice Rufino Martínez- bajo el mando de Alfredo Victoria a base de rigurosa disciplina, el cuerpo militar más acabado que tuvo la República, el último ejército netamente dominicano.

Ahora había un ejército más moderno con hombres mal pagados, como de costumbre, bien armados y entrenados, uniformados y fanatizados, pero al servicio de intereses foráneos 

(...se desvanecía con ello -dice Rufino Martínez- el espíritu del honor militar...).

La mayoría de los revolucionarios de profesión estaban sin empleo o estaban muertos o jubilados, y con los pocos que quedaban  no era posible organizar un movimiento armado que pudiera dar directamente el frente a la guardia nueva que ahora custodiaba los intereses de la nación norteamericana.

Quizás por eso Bencosme cogió el monte, el monte que de seguro conocía al dedillo, se alzó el 26 de junio en las lomas de El Mogote, cerca de Moca, casi dos meses antes de que la bestia tomara posesión, se levantó en armas por última vez en su propio territorio con un puñado de seguidores (entre los cuales había no pocos peones de su finca), tratando de crear un foco guerrillero que no llegó a prender.

En compañía de Bencosme se alzaron hombres de gran carisma y relieve militar  como el temerario Domingo Peguero, un coronel tan horacista y decidido como él, alguien que se había ganado el rango y un enorme prestigio a sangre y fuego en la sangrienta revolución de los quiquises, pero el movimiento no pudo aglutinar a las menguadas huestes horacistas y fue perdiendo fuerza, la poca que tenía, ante el acoso de las tropas del gobierno. 

En torno al levantamiento de Bencosme se han hecho numerosas conjeturas y edificado montones de fábulas. Que Trujillo conocía las intenciones de Bencosme y fue dos veces a visitarlo para hacerlo cambiar de opinión, que envío a Estrella Ureña varias veces con el mismo fallido propósito, que Bencosme contaba en principio con un total de quinientos hombres, que organizó la sublevación confiando en la promesa de un envío de armas que nunca se materializó, que Trujillo se vio precisado a pedir unos aviones prestados al dictador Machado de Cuba para sofocar a los insurrectos.

Lo poco que se saca en claro es que el movimiento guerrillero no prosperó en ningún sentido y  que al final Bencosme se vió acorralado, aislado, casi solo y luego se vio obligado a buscar refugio en una finca de Jamao, Puerto Plata, la finca de un tal Luis D’Orville, que supuestamente lo delató.También es posible que haya sido delatado por sus compañeros de armas, los pocos que le quedaban, los que habían caído presos y hablado bajo tortura.


Se sabe que lo perseguían con la rabia de perros rabiosos. Se sabe que el 19 de noviembre de 1930 reposaba en una hamaca, se dice que sacó la cabeza al escuchar un ruido,  que le dieron un balazo en la cabeza o en un ojo, que lo enterraron y desenterraron, que lo llevaron de Puerto Plata a Moca en parihuela para avergonzar su cadáver, que lo expusieron al público como un trofeo de caza. Todo un poco quizás a la manera de lo que hicieron con los restos de aquel héroe troyano, aquel famoso Héctor de La ilíada, el domador de caballos.

...como si hubiera sido un malhechor, -dice Rufino Martínez-, su cadáver, casi profanado, tuvo una mala sepultura. Todo Moca, donde era apreciado por la mayoría de los moradores y estaba emparentado con buen número de ellos, rumió su dolor, inmersa en el silencio más angustioso.

La propiedades de Bencosme fueron saqueadas, devastadas, la familia cayó en la ruina, descendió bruscamente del bienestar a la pobreza, fue reducida a la miserable condición de paria.

Así le escribía, de rodillas, el día 14 de octubre de 1930, la suplicante Ana Bencosme a la bestia:

Nos está vedado todo. Los intereses de mi padre están en poder del comandante de Moca, el teniente Pérez. El café lo cogen y lo venden verde en la casa "Rojas", de Las Lagunas de Moca; no podemos contar con nada; animales...gallinas, caballos, mulos... víveres… Por eso vengo a arrodillarme ante Usted...

xxx

28 de abril 1935

Las tribulaciones de la familia Bencosme no terminarían con la muerte de Cipriano y la devastación de sus propiedades, sólo  estaban empezando. El segundo en la lista de difuntos sería Sergio y luego Donato, el menor y más conocido de sus hijos, a los que se sumarían Alejandro y Boíl. Cuatro de los veintisiete que tuvo.

Sergio Bencosme, aquel que Horacio Vasquez nombró Secretario de Defensa en su vano intento de parar el golpe de Trujillo, se había asilado en Estados Unidos, junto a otros cientos de dominicanos, y se supone que lo mataron por error. 

El asesino, un conocido sicario llamado Luis de La Fuente Rubirosa, alias Chichí, intentaba matar, silenciar para siempre a Ángel Morales, un archienemigo del régimen, y al parecer se confundió, confundió al joven Sergio con Ángel Morales, y lo ultimó a balazos, según dicen, en su propio apartamento de Nueva York. Probablemente no hubo tal confusión y Ángel Morales se salvó simplemente porque no estaba en el apartamento que compartía con su amigo cuando el verdugo llegó a cumplir lo que parecía ser una doble encomienda.

En las oscuras circunstancias del hecho, el asesino logró escapar a Santo Domingo, donde la bestia lo recibiría, si acaso lo recibió, con todos los honores que el miserable merecía.

El tal Chichí era sobrino de un oscuro personaje que había tenido a su cargo la coordinación de las labores de inteligencia para ubicar a Ángel Morales, y que ya se había manchado y se mancharía las manos y el alma de sangre al servicio de la bestia. Era Porfirio Rubirosa, una especie de crápula que más tarde brillaría con luz propia en el firmamento de las grandes estrellas del jet set, un play boy, un vividor, un parasito glorificado.

Otro personaje que intervino en la planificación del crimen fue el abominable Félix W. Bernardino, el cónsul dominicano en  Nueva York, uno de los planificadores del rapto y desaparición de Mauricio Baéz en cuba, un señor de horca y cuchilla en sus tierras de este, un sicópata  bilioso, siempre sediento de sangre, que moriría de viejo pacíficamente en su cama.

Mientras tanto, al joven Sergio Bencosme le cupo el triste honor de ser el primer enemigo de Trujillo asesinado en el extranjero. El primero de una larga serie que sería alcanzado en el exterior por el brazo largo de la bestia

Historia criminal del trujillano (5) 
Bibliografía
Cipriano Becosme Comprés, https://www.ecured.cu/Cipriano_Bencosme_Compr%C3%A9s
Cipriano Bencosme, http://mocanos.typepad.com/my_weblog/2008/11/cipriano-bencosme.html
El general Cipriano Bencosme entra en la corriente…, https://www.diariolibre.com/opinion/lecturas/el-general-cipriano-bencosme-entra-en-la-corriente-JODL350229
Federico D. Marco Didiez, “Los primeros crímenes de Trujillo”,
http://unojotacuatro.blogspot.com/2011/11/los-primeros-crimenes-de-trujillo.html
Jorge Zorrilla Ozuna, “Cipriano Bencosme”, http://hoy.com.do/cipriano-bencosme-2/
Rufino Martínez, “Diccionario biográfico-histórico dominicano, 1821-1930”.


El acoso de los Bencosme (3)
Pedro Conde Sturla 

18 de febrero 1957

Donato Bencosme había heredado de su padre la figura de recio galán, el carácter rebelde, insumiso, la pasión por las mujeres y unos ojos azules que lo hacían, según se decía, irresistible.

Fortuna, buenos modales, galanura y otras muchas cualidades garantizaban su éxito con las mujeres, aparte del envidiable arte o artificio para convivir con varias en extraña armonía. De hecho, llegó a tener relaciones con seis al mismo tiempo y tuvo en total treinta y dos hijos, cinco más que los que se le conocían a su progenitor.

Por lo demás, había reconstruido y tal vez acrecentado el patrimonio familiar y vivía como un potentado, como lo que era, un hombre rico, laborioso, culto y refinado que había estudiado en Europa y conocía varios idiomas, un hombre de mundo que se daba todos los lujos y se complacía en hacer ostentación de ellos. 

En especial tenía debilidad por los automóviles y era el feliz propietario de una flamante colección, una flotilla, ocho en total, y cada uno con su garage designado, aparte de habitación privada con baño para cada chofer.

Donato Bencosme no medraba, pues, a la sombra del padre, se había construido su propia leyenda, pero la sombra del padre gravitaba ominosamente sobre su cabeza, era un hombre marcado por el odio de la bestia para morir de mala muerte.

A ello contribuía una actitud desafiante o quizás fatalista, la de quién sabía que no iba a poder evadir para siempre las trampas del destino y respondía a las amenazas patentes y latentes con extrema dignidad.

El esplendor y boato en que vivía constituía sin duda una afrenta para sus enemigos políticos y un motivo de rencilla para todos los envidiosos. Pero no hubo contra él durante mucho tiempo una hostilidad manifiesta.

Donato había servido a la bestia en el cargo de gobernador en un par de ocasiones, había sido presidente del Partido Dominicano, el partido único, el de la bestia, y en alguna de sus propiedades había un letrero que ensalzaba la obra de gobierno, la de la misma bestia. También se cuenta el cuento de que en  una ocasión denunció un complot para eliminarla.

Nada, pues, enturbiaba la fidelidad o aparente fidelidad de Bencosme a Trujillo. El mismo Bencosme quizás pensaba que se había producido una reconciliación desde el momento en que la bestia le había permitido rehacer la fortuna familiar y hacerse cargo de sus hermanos y hermanas. Pensaba quizás ingenuamente que le habían otorgado el perdón por la rebeldía del padre y del hermano. Pensó que podía disimular, seguir disimulando, hacerse el muertito, guardar las apariencias, pensaría quizás que su propia fortuna demostraba que gozaba del favor de la bestia o que un hombre de su posición social era intocable.

De hecho, logró mantener su estatus durante más de dos décadas, hasta los años finales de la tiranía, hasta que la paranoia de la bestia se desató de forma incontrolable.

Las relaciones de la bestia con sus enemigos tenían muchas veces un carácter cíclico en el que se alternaban los castigos y los premios. De la cárcel se podía pasar a un cargo público y del cargo al cementerio. Algo rutinario. 

Donato no había sufrido ningún castigo y la bestia lo había premiado o premiaría con honrosos nombramientos que no podían ser rechazados, pero la suerte se le estaba agotando.

En el momento quizás menos pensado, Donato Bencosme fue objeto de un Foro público en el que se lo acusaba de que tenía en su poder las armas que nunca llegaron a manos de su padre y que se aprestaba para tumbar al gobierno en cualquier momento.

El Foro público, la gloriosa creación de Panchito Pratz Ramirez, era una columna diaria de difamación e injuria que se publicaba en ElCaribe y generalmente anunciaba quién estaba o iba a caer en desgracia con el régimen.

Donato Bencosme protestó públicamente contra la acusación y en medio del revuelo que se armó o quizás al final del mismo fue inconsultamente nombrado gobernador de la  Provincia Espaillat. 

El juego del gato y el ratón había empezado.

Siendo gobernador empezó a tener una racha de tropiezos, una serie de desencuentros con prominentes figuras del régimen, empezando por el llamado Pipí Trujillo, a quien acusó de malandrín y cuatrero, lo que en efecto era, y se lo ganó de enemigo. Más adelante se enemistó con el general Pupo Román, que era jefe del ejército, a causa de un accidente de tránsito, y luego se granjeó el odio del tenebroso Coronel Ludovino Fernández, a quien echó de su casa por haberse presentado en compañía de una querida. Para peor, se dice que en alguna ocasión encolerizó a la misma bestia por un asunto en relación con una candidata a reina de belleza.

Aparte de esas minucias, su familia estaba fichada, etiquetada como enemiga del gobierno. Se decía que Donato financiaba los proyectos subversivos de Toribio y Ramón Camilo Bencosme en el exterior, que juraba entre sus íntimos que algún día tomaría venganza por la muerte de su padre y de su hermano.

De la noche a la mañana precipitaron los acontecimientos y empezaron a 
acosarlo, a perseguirlo, lo botaron del cargo, lo volvieron a poner, lo acusaron 
de atentar contra el orden y la paz, lo condenaron a prisión, lo multaron, le concedieron una precaria libertad. Pero ya era hombre muerto. Definitivamente muerto.

Andaba siempre con Rafael Camacho, su chofer, su guardaespaldas, su más leal y fiero servidor. Y un día, por fin, un fatídico día los detuvieron en Piedra Blanca, los trasladaron al palacio de la policía de Santiago. Allí los esperaban Pipí Trujillo, Ludovino y otros matarifes, los ofendieron seguramente de palabra y maltrataron, le clavaron un punzón a Rafael Camacho en el pescuezo, le cayeron a palos a Donato Bencosme, lo masacraron, lo machacaron a palos sin el menor asomo de piedad. Después los metieron en sacos, los metieron en el baúl del Opel en que andaban cuando los capturaron en Piedra Blanca, los arrojaron a un Barranco, un precipicio en la llamada Cumbre de Puerto Plata, los apalearon y despeñaron como harían años más tarde con las tres hermanas Mirabal y su chofer Rufino de La Cruz.

Era el 18 de febrero de 1957 y Donato Bencosme tenía cuarenta y nueve años de edad.

“Fue una muerte muy anunciada -dice su hijo Cipriano-. Los que nos acompañaron fueron  los pobres y mendigos. Nosotros fuimos repudiados por Moca entera”.

Las noticias del trágico accidente, “debido a la rotura de la varilla del guía”, repercutieron en los escasos medios de prensa y provocó una soterrada conmoción.

Todos sabían quién era el autor “intelectual” del accidente. Sólo el poeta Joaquín Balaguer no pareció enterarse nunca:

“¿Quién le dio muerte a Donato?/ ¿Es verdad que conspiraba?/ ¿O algún amante celoso le tendió vil emboscada?”

1959

A la familia Bencosme le faltaba pagar todavía un nuevo y pesado tributo de sangre y lo pagó dos años después con las vidas de Ramón Camilo Bencosme y el doctor Toribio Bencosme en el amargo episodio de la repatriación armada del 14 de junio de 1959.

Alguien dice que murieron en combate y otros dicen que fueron como la mayoría capturados, puntualmente torturados, sometidos a una secuela de horrores inenarrables.

Historia criminal del trujillano  (6)
Bibliografía:
Angela Peña, Donato Bencosme, La muerte anunciada de un coloso que recuperó la herencia que parecía perdida, http://hoy.com.do/donato-bencosme-la-muerte-anunciada-de-un-coloso-que-recupero-la-herencia-que-parecia-perdida-2/
José Abigail Cruz Infante, 50 años de la muerte de Donato Bencosme, https://listindiario.com/puntos-de-vista/2007/2/17/3557/50-anos-de-la-muerte-de-Donato-Bencosme
TANIA MOLINA, Vivió como un sultán y murió con honor, https://www.diariolibre.com/noticias/vivi-como-un-sultn-y-muri-con-honor-DLdl126746


viernes, 8 de julio de 2022

Rubirosa (6). El ascenso

Pedro Conde Sturla

Porfirio Rubirosa en el ring de su casa 

La familia de Rubirosa subió como la espuma a raíz de su matrimonio con Flor de Oro y superó rápidamente las estrecheces económicas. Varios parientes ocuparon puestos en la administración pública, se pusieron de moda, recuperaron su estatus, ascendieron socialmente. Rubirosa había dado lo que se llama un braguetazo, pero nunca pareció enterarse cabalmente de que estaba casado, no se dio cuenta, continuó con su vida de soltero, juntándose con sus amigotes, jugando juegos de azar, parrandeando, llegando a deshora a su casa con aliento alcohólico. Pronto empezó a tener problemas con la mujer, problemas en la milicia y con el suegro. Pero además Rubirosa seguía siendo pobre, no le alcanzaba el dinero y nunca le alcanzaría.



La bestia lo había nombrado subsecretario de estado de la presidencia, lo nombró presidente de su compañía de seguros, lo nombró en la Secretaría de relaciones exteriores, lo nombró diputado, lo había nombrado capitán de su cuerpo de ayudantes, pero tanto él como Flor de Oro incurrían en gastos que no podían solventar y se endeudaban cada vez más.

Para peor, en alguna ocasión Rubirosa tuvo la infeliz ocurrencia de probar su suerte en los negocios y salió mal parado, muy mal, parado. El hecho es que dispuso imprudentemente de la jugosa dote de cincuenta mil pesos que la bestia había dado a Flor de Oro y se metió en un negocio con un ingeniero puertorriqueño bisexual que estaba haciendo unos trabajos de dragado en el puerto, el célebre Félix Benítez Rexach. Rubirosa se metió también con la mujer del ingeniero en una extraña relación, engañó al ingeniero con la esposa, pero el ingeniero lo engañó a él con el dinero y lo perdió, lo perdió todo. Una pequeña fortuna en aquella época.

Rubirosa recurrió entonces a la peor amenaza, lo amenazó de muerte. El ingeniero tenía relaciones inmejorables con la bestia y fue a su despacho a quejarse. Rubirosa recibiría una dura reprimenda de parte de su suegro. La bestia le prohibió molestar al boricua y quizás también a la mujer del boricua, le prohibió ir al palacio, le prohibió hasta visitar su casa. Rubirosa se quedó sin pito, sin flauta, sin los cincuenta mil pesos de Flor de Oro.

En otra infausta ocasión Rubirosa y Flor de Oro decidieron ir a probar suerte a Nueva York. De común acuerdo abrieron, según cuenta Flor de Oro, un club nocturno llamado Do Re Mi que hubiera podido tener éxito. Sin embargo, por lo que dice la misma Flor, Rubirosa disponía liberalmente del flujo de caja del club, probablemente se lo jugaba o se lo bebía o lo gastaba con otras mujeres. No pasó, pues, mucho tiempo para que el club quebrara.

Fue en esa época —1934—, que la bestia nombró diputado a Rubirosa y lo hizo volver al país. Ya para entonces había calado a Rubirosa, sabía que su ambición no tenía límites y sabía para lo que daba o podía dar. Apenas un año después lo envió de vuelta a Nueva York con una delicada encomienda. 
Organizar o dirigir el asesinato de Ángel Morales, un incómodo exiliado que tenía relaciones con altos funcionarios del Departamento de Estado y se mostraba cada vez más influyente y activo.

Como es sabido, en vez de matar a Ángel Morales, el gatillero (que era primo de Rubirosa) mató por error a otro exiliado llamado Sergio Bencosme, pero la bestia demostraría su agradecimiento. Con Rubirosa se podía contar para lo que fuera necesario y la bestia retribuiría generosamente sus buenos servicios.

Finalmente, en el año 1936 las puertas del paraíso se abrieron de par en par para Rubirosa. La bestia lo envió a Alemania como tercer secretario de la embajada dominicana en Berlín y su llegada coincidió con la celebración de los Juegos Olímpicos. Según se dice, Flor de Oro y Rubirosa ocuparon un palco cercano al de su majestad Adolfo Hitler. Después lo mandarían a representar a la República Dominicana en la fastuosa coronación del rey George VI en Londres y posteriormente a París… De nuevo volvía estar Rubirosa en el lugar al que pertenecía o quería pertenecer.

Por desgracia, en el año 1937, mientras se encontraba en Francia, y en el momento en que su carrera despegaba, el matrimonio con Flor de Oro se fue a pique. Rubirosa era un desconsiderado. Maltrataba a la gallina de los huevos de oro. Parecía olvidarse que a ella y a su padre se lo debía todo y le robaba las prendas, disponía de las joyas de su sufrida esposa, de sus finas pulseras, las vendía o empeñaba, se gastaba el dinero o más bien lo dilapidaba. Lo vaporizaba. Y la golpeaba con frecuencia cuando se quejaba.

Cuentan que entonces Flor de Oro se desesperó, se cansó de las traiciones y malos tratos de su esposo, se cansó de su desprecio y lo abandonó y regresó al país y le contó a su papito lo que pasaba y papito se encolerizó o por lo menos se indignó.

Al igual que los había casado, la bestia los divorció, ordenó el divorcio y el matrimonio se disolvió, despojó a Rubirosa de las propiedades que hubieran podido tocarle y lo canceló. Le quitó su flamante cargo diplomático y supuestamente lo declaró persona no grata en el país. Hay quien dice que lo mandó a matar y que Rubirosa tuvo que esconderse.

Sin embargo, afirma Crassweller que el divorcio, que se efectuó en 1938, no disgustó a nadie, ni a Flor de Oro ni a Trujillo y mucho menos a Rubirosa, Pero lo cierto es que por esa o cualquier otra razón la bestia y Rubirosa se distanciaron,  Rubirosa se quedó de nuevo sin pito y sin flauta durante algo menos de un par de años en los que se dedicó a estafar judíos y otras cosas peores, mucho peores… Pero la providencia no tardaría en acudir en sus auxilio.

En el año 1939, durante la presidencia putativa de Jacinto Peynado, la bestia se tomó unas largas vacaciones y viajó a los Estados Unidos y viajó a Francia. Peynado lo había investido y revestido como Embajador extraordinario en misión especial ante los gobiernos de Francia e Inglaterra, pero los maleducados franceses y los gélidos ingleses no se dieron por aludidos. No obstante, en París le esperaba desde el día 10 de junio una adorable bebé, su casi recién nacida hija Angelita y su ahora amada esposa María. María Martínez de Trujillo, a la que llamaban la españolita.

La estadía de la bestia en Francia pasó prácticamente desapercibida. Ni la prensa ni el gobierno se dieron realmente por enterados, no hubo recepciones ni agasajos oficiales, ni ceremonias conmemorativas. Los únicos que de verdad mostraron interés por su visita fueron unos izquierdistas revoltosos que se manifestaron frente a la embajada dominicana en su contra y que fueron sometidos al orden por una turba pagada por Porfirio Rubirosa. Quizás dirigida en persona por Rubirosa, que tomaría parte en la riña, luciéndose como boxeador. Ese acto heroico, según se dice, le permitió reconciliarse con el querido jefe. Rubirosa recibiría honores de héroe cuando regresó a Santo Domingo.

Todo lo demás vendría después por inercia. Los cargos diplomáticos, aunque con ciertas interrupciones y contratiempos, empezarían a lloverle casi hasta el fin de sus días. Muy pronto empezarían a lloverle las mujeres famosas y la riqueza.

(Historia criminal del trujillato [95])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso” 

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado - Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor(https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)

viernes, 1 de julio de 2022

Rubirosa (5)

Pedro Conde Sturla 

1 julio, 2022


El enlace de Flor de Oro con Porfirio Rubirosa fue magistralmente descrito con inigualable cursilería por un periodista, un redactor, un plumífero de antología del diario La Opinión de Santo Domingo. Todos los presentes eran caballeros, distinguidas damas, príncipes de la iglesia, y el paisaje era pastoral, idílico, paradisiaco. La pomposa ceremonia transcurrió en “un maravilloso paraje de trópico, sinfonía de luz, de colores y de aromas, que es como decir balada de amor”. Transcurrió en “San José de las Matas, la eglógica Villa de los Pinares, prestigiada con la residencia temporal del Primer Magistrado de la Nación y de la Primera Dama de la República”.


Desde la creación del mundo no parecía haber ocurrido algo tan importante en ese pueblo ni volvería a ocurrir. Se trataba en verdad de un “acontecimiento sin precedentes” y los habitantes de San José de las Matas serían testigos privilegiados. Para eso habían nacido. Para ver semejante prodigio tenían ojos en la cara. Las deslumbrantes bodas del “clubman” Porfirio Rubirosa y la inmaculada Flor de Oro Trujillo fueron un “acontecimiento apoteósico”. Se congregaron en ese lugar, por primera y única vez en la historia, “los más selectos representantes de la sociedad dominicana, las más altas autoridades civiles, militares, eclesiásticas y diplomáticas del país”, los más afamados cortesanos y matarifes, la crema y nata, la espuma del chocolate, las burbujas de la champaña, el bouquet de los más finos vinos.

Lo conmovedor del relato es la forma, la manera edulcorada y empalagosamente descriptiva en que el plumífero de La Opinión recrea el paisaje de la región o lo dibuja al son de una fanfarria de palabras altisonantes que pretenden ser poéticas, un lenguaraje de mal gusto al estilo de lo que estilaba Balaguer:

“Allí, donde canta Natura su himno de triunfo en la deslumbradora exuberancia tropical, celebráronse la última tarde sabática las regias bo­das del joven y caballeroso clubman, señor Porfirio Rubirosa, Secretario de Primera Clase de la Representación Diplomática de nuestro país ante la Corte de St. James, perteneciente a una significada familia dominica­na e hijo del fenecido general y diplomático, don Pedro María Rubiro­sa, con la gentilísima y encantadora señorita Flor de Oro Trujillo, toda hecha de delicadezas y aromas, flor por su nombre perfumado y por los madrigalescos encantos que en ella florecen, hija mimada del Jefe del Estado, General Rafael Leonidas Trujillo Molina, en cuya espléndida mansión veraniega ha tenido efecto este acto matrimonial de la mayor resonancia y en el cual se han congregado representaciones de cuanto vale y significa en todos los sectores de la vida nacional.

“De todo el país concurrieron prestantes caballeros y distinguidas da­mas que hicieron su parada en Santiago, ciudad ésta de donde salieron a medio día para estar a la hora indicada en aquel sitio delicioso que es San José de las Matas. San José de las Matas, que aquella tarde iba a perfumarse con los aromas nupciales de las bodas más suntuosas que ha registrado este año de 1932 en nuestro país.

“Cuatro y media de la tarde. La mansión veraniega del Presidente Trujillo y de la Primera Dama de la República, doña Bienvenida Ricar­do de Trujillo, luce magnífica de buen gusto en artísticos adornos para la celebración de estas bodas de la fina y exquisita Flor de Oro. Flor de Oro, que es poema de todas las delicadezas, verso de madrigal y que lleva en sus ojos todo el caudal de luz embriagante de nuestras maravillosas mañanitas. Guirnaldas, símbolo de triunfo, símbolo de alegría y felici­dad, de juventud y de amor adornaban el salón principal de la mansión donde se iba a celebrar la ceremonia”.

***

Las bodas se realizaron como tenían que realizarse, primero por lo civil y después por la iglesia, acorde con las buenas costumbres de la época. La parte civil se llevó a cabo en la llamada Mansión Presidencial, en una atmósfera recogida y serena, donde algunos de los presentes apenas se atrevían a respirar. Después el cortejo nupcial (o por lo menos aquellos que podían permitírselo) se trasladó por un difícil sendero a la distante iglesia parroquial. El prestigioso monseñor Adolfo Alejandro Nouel, ex presidente de la República, descendiente de la más rancia nobleza francesa y Arzobispo de Santo Domingo impartió la bendición a los novios.

Porfirio tenía veinticuatro años y Flor de Oro, “hija mimada del general Trujillo Molina”, apenas diecisiete. Ambos se veían nerviosos, temblorosos, emocionados y formaban una linda pareja, la más linda de todas las parejas.

“El enlace fue apadrinado por el general Trujillo, Bienvenida Ricardo, Primera Dama de la República; Hans Frederich Arthur Schoen­feld, Enviado Extraordinario y Minis­tro Plenipotenciario de los Estados Unidos, y por su esposa Mrs. Schoenfeld”.

A la mamá de Flor de Oro, Aminta Ledesma, no la dejaron acercarse aunque de seguro andaba por el lugar, pero el que sí estaba presente era el ilustre caballero don José Trujillo Valdez, el abuelo de la novia.


Cuando el cortejo regresaba desde la iglesia a la mansión presidencial cayó como de maldad un terrible aguacero que aguó literalmente la fiesta y todos llegaron empapados, ensopados en sus lujosos trajes, despeinados y sucios. Pero esto no lo cuenta el plumífero.

De lo que tampoco habla ni podía hablar el genial plumífero de La Opinión es de la noche de bodas, de la luna de miel y acíbar, del kamasutra en que se enfrascaron los amantes en la intimidad. La terrorífica noche de bodas de la inmaculada Flor de Oro Trujillo.

Quizás por suerte o simplemente por descuido, o por la razón que fuese, la pundonorosa Flor de Oro dejó en algún libro de memorias, o grabado en una cinta, un testimonio conmovedor, un relato exquisito de su traumática experiencia. El viacrucis, la dolorosa inmolación de la doncella.

La calumniada Flor de Oro (que según las malas lenguas había adquirido en Paris fama de licenciosa a la que fue fiel toda la vida), ofrece en un divertido relato otra versión de sí misma. Describe delicadamente su indefensión, el pudor que la invadía, el miedo a perder su virginidad, la impresión patibularia que le produjo ver a Rubirosa desnudo, con la bayoneta calada, el arma en ristre y apuntando hacia ella, los ojos encendidos de lujuria, las vueltas que dio alrededor del lecho nupcial para tratar de escapar del acoso del fauno, el daño que le hizo, el tiempo que tomó en recuperarse…

“Todavía llevaba puesto mi vestido de bodas para que mi madre pudiera verme con él antes de perder mi virginidad. Él me llevó al lecho nupcial. Estaba asustada con esa cosa apuntándome. Me asusté y corrí por toda la casa. Me costó una semana recuperarme de esa noche”.

(Historia criminal del trujillato [94])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)

La Opinión, 5 de diciembre 1932, “Constituyeron un acto social esplendoroso las bodas de los jóvenes Rubirosa-Trujillo” (http://pieroespinal.blogspot.com/2012/12/80-anos-de-las-bodas-de-porfirio.html)

sábado, 25 de junio de 2022

RUBIROSA (1-4)

 Rubirosa (1)


Pedro Conde Sturla 

3 junio, 2022 



Es difícil encontrar un personaje tan despreciable y repulsivo, tan inmoral y tan frívolo, y a la vez tan popular y admirado como Porfirio Rubirosa. Porfirio Rubirosa Ariza.


Rubirosa fue el más famoso cortesano de la era de la bestia, quizás el dominicano más vergonzosamente mencionado y glorificado de la historia. Quizás Porfirio Rubirosa, junto a Pedro Henríquez Ureña y Maximo Gómez (guardando, por supuesto, las insalvables diferencias), sean todavía hoy los dominicanos de mayor proyección internacional.


En Europa lo idolatraban, lo celebraban y lo celebran como el más grande play boy del siglo XX, como si fuera algo honroso, como si fuera admirable conquistar y desplumar mujeres ricas y además propinarles de vez en cuando golpizas. El hecho es que Rubirosa (o simplemente Rubí como le decían cariñosamente) aparecía en los noticieros, aparecía de refilón en algunas películas francesas, en las carreras de caballo y de autos, aparecía hasta en la ensalada. Los franceses bautizaron en honor a su miembro los grandes pimenteros de sus restaurantes de lujo con el nombre de Rubirosa, la prensa amarilla celebraba sus conquistas, celebraba al seductor irresistible, celebraba al jugador de polo, al piloto de carreras de autos, al hombre que según decía estaba demasiado ocupado para trabajar… Terminó convirtiendo al vulgar gigoló, al vulgar chulo, al infame prostituto, al detestable falócrata y vividor y maltratador y engañador de mujeres en una especie de modelo a seguir, en un personaje de culto.


De las bellaquerías que cometió en la misma Europa y de los asesinatos en que se vio envuelto al servicio de la bestia raramente se decía una palabra, si acaso se decía algo. Rubirosa estuvo involucrado en escándalos internacionales y en algunos de los peores crímenes que la bestia patrocinó en el extranjero, aparte de los que cometió por cuenta propia.


Por órdenes de la bestia, en el año de 1935 participó en la planificación y tentativa de asesinato del exiliado antitrujillista Ángel Morales, que vivía en Nueva York, y que culminó, por un azar del destino, con la muerte de Sergio Bencosme, hijo del hacendado Cipriano Bencosme, ultimado en 1930 por sicarios de la bestia. Sergio Bencosme se convertiría en la primera víctima de la bestia en el extranjero. El hombre que le quitó la vida era un primo de Porfirio, un desalmado gatillero llamado Chichí Rubirosa. Luis de la Fuente Rubirosa, alias Chichí.


Porfirio Rubirosa estuvo involucrado igualmente —junto a Felix y Minerva Bernardino y el general Arturo (Navajita) Espaillat— en el rapto de Galíndez y en tareas de espionaje y otras cosas sucias que muchos de sus admiradores prefieren no mencionar.


Durante la guerra civil española y el período anterior al estallido de la segunda gran carnicería mundial —amparado en su condición de diplomático— fueron numerosas las canalladas que cometió en perjuicio de exilados y fugitivos que buscaban salir desesperadamente de Europa y pagaban lo que fuera por un pasaporte o cualquier tipo de salvoconducto que les permitiera ponerse a salvo en algún país americano. Además, alguna vez fue mencionado, junto a otros diplomáticos dominicanos, en el robo y contrabando de valiosas piezas arqueológicas provenientes de Grecia. Se le menciona, por igual, en el asesinato de un polaco con el que viajó a España en busca de unas joyas durante la guerra civil, a finales de los años 1930.


Según se dice, el polaco y un joyero español se habían puesto de acuerdo con Rubirosa para que Rubirosa y el polaco fueran a rescatar lo que constituía prácticamente un tesoro, unas valiosas prendas que no habían podido sacar del territorio español. Era un viaje lleno de peligros que Rubirosa logró sortear viajando desde Francia en un automóvil con placas diplomáticas y con sus credenciales de diplomático, por supuesto. Rubirosa hizo el viaje de ida y vuelta y entregó al joyero español una parte del botín, quizás una parte insignificante.


El polaco en cambio desapareció o lo hizo desaparecer Rubirosa. También desapareció en los bolsillos de Rubirosa la mayor parte de las prendas. El polaco, desgraciadamente —de acuerdo con la versión de Rubirosa— fue víctima de la guardia fronteriza, al igual que el resto de las joyas, y Rubirosa no podía estar más compungido.


Lo cierto es que Rubirosa siempre tuvo problemas con las autoridades europeas y si salía bien librado era solo debido a su buena suerte y a su condición de diplomático. Incluso con la bestia tuvo problemas serios que pudieron costarle la vida. Trujillo mandaría a matarlo, supuestamente, para castigarlo por las golpizas que le había propinado a su hija Flor de Oro cuando estuvieron casados. Las golpizas y los cuernos. Rubirosa ya había sido despojado por la bestia de su condición de diplomático, pero sus amigos lo pondrían sobre aviso y se ocultaría durante un tiempo. Quizás no haya nada de cierto en esa historia, quizás se trató de una falsa alarma, pero con la bestia nunca se podía estar seguro.


Lo que sí es cierto es que estuvo a punto de perder la vida en 1946 —cuando recién había terminado la segunda guerra mundial—, por cortesía de unos miembros de la resistencia francesa que le metieron tres balazos en el cuerpo. Pero el blanco, o en este caso el trigueño, no era Rubirosa. Se trataba de un mal entendido, una equivocación o mejor dicho un lamentable accidente. Nadie quería eliminar a Rubirosa, sino a su reciente esposa, la bella actriz Danielle Darrieux, a quien se acusaba de colaboracionista. Rubirosa, según se dice y se repite, recibió heroicamente los balazos destinados a ella y le salvó la vida. Sin embargo, nada tendría de extraño que Rubirosa también fuera colaboracionista o simpatizante del nazismo. Lo extraño sería que no lo fuera. Lo más probable es que ambos eran colaboracionistas y filonazistas y que los erráticos balazos estaban dirigidos sin discriminación a uno y otra con la intención de poner fin a sus días, pero no cumplieron su cometido. Desafortunadamente las balas tuvieron mala suerte. 




(Historia criminal del trujillato [90])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso” 

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3) 


Rubirosa (2)


Pedro Conde Sturla 

10 junio, 2022


La celebrada vida de Porfirio Rubirosa —la impresionante y fascinante vida de un seductor como la definieron y definen muchos escritores y periodistas—, fue la vida de un libertino, un tipo vacío, un hombre hueco, hinchado de vanidad, un narcisista poseído de sí mismo en grado extremo, que hacía el mal sin darse cuenta o sin pretender darse cuenta y que tomaba lo que al parecer creía que el mundo le debía. Alguien que tuvo acceso durante una infancia dorada a la mejor educación, a una existencia regalada y placentera, y que pudo ser una persona útil y eligió ser un parásito.


Porfirio Rubirosa Ariza y sus dos hermanos mayores (Ana y César) eran hijos de un general de la época de Concho Primo (Pedro María Rubirosa Rossi), que se cansó de tirar tiros y abrazó la carrera diplomática en cuanto se le presentó la oportunidad. Eso le permitió a la familia dejar atrás el escenario del caciquismo y la montonera, las casas con refugios soterrados donde los habitantes podían protegerse de los muy frecuentes tiroteos, la violencia endémica que se agravó a partir de la muerte de Lilís en 1899 y perduró durante los primeros dieciséis años del siglo XIX.




La diplomacia le permitió, en definitiva, al general Rubirosa partir con su familia hacia Saint Thomas en 1914 y luego establecerse como jefe de la delegación dominicana en París de Francia casi en el mismo momento en que estallaba la primera guerra mundial. Los Rubirosa pasaron, pues, del sartén al fuego, y por un período de más de cuatro años se convirtieron en espectadores de la más feroz carnicería que había conocido la humanidad.


En 1916, a los dos años de la llegada a Francia, se produjo la primera ocupación armada del imperio norteamericano en Santo Domingo, que se prolongaría por ocho años. Ese pudo haber sido el fin de la estadía de los Rubirosa Ariza en Europa, pero los servicios internacionales y las representaciones diplomáticas o consulares se mantuvieron a pesar de la ocupación en países como Francia e Inglaterra. En el gobierno de Horacio Vázquez, que sucedió al de los yanquis, el general Rubirosa fue confirmado en su cargo y posteriormente nombrado como embajador en Londres


De tal manera, la familia Rubirosa Ariza pudo permanecer en el viejo continente durante largo tiempo. Porfirio llegó a París cuando tenía seis años y regresaría contra su voluntad al país cuando tenia diecinueve, un tiempo después que sus padres y hermanos.


Como estudiante no sirvió para nada y ni siquiera pudo terminar la enseñanza media. Pero aprendió inglés y francés, probablemente sin acento, y aprendió según se dice algo de alemán y portugués. 

Aprendió a boxear, aprendió a bailar como un profesional, aprendió los más refinados modales, el arte de seducir, de engatusar, de engañar. Aprendió, además, el arte del desdoblamiento, el arte de la doble personalidad y doble moral. Podía ser el tipo más fino, el más atento, el más gentil y galante y podía propinar a una mujer una golpiza, matar por dinero o por órdenes de la bestia.


Lo más importante de todo es que aprendería a jugar polo y se convertiría en un notable jugador. Al polo se dedicaría toda la vida y llegó a tener su propio equipo, el equipo Cibao–La Pampa con el que cosecharía notables éxitos. Incluso llegó a ganar, en lo que sería el último día de su existencia, la Copa de Francia.


El polo le permitió relacionarse, desde su época de estudiante, con gente de alto postín, de un postín tan alto como el de Alí Khan, con el que entabló una especie de amistad que duró toda la vida. Ali Khan era hijo y sucesor de Aga Khan III, un líder religioso musulmán de la India, un tipo obeso, o por lo menos corpulento, al que sus fieles regalaban todos los años su peso en oro, a veces en diamantes, a veces en platino, quizás en piedras preciosas. Alí Khan, desde luego, estaba podrido en dinero y es muy probable que Rubirosa le ayudara con mucho gusto a gastarlo en incontables correrías, en fiestas, en prostitutas de lujo. La vida nocturna se convirtió para Rubirosa en la vida por excelencia, la verdadera vida. En algún momento decidió —si no lo había decidido desde siempre— dedicar su vida a la juerga, vivir de juerga en juerga, dedicarse a tiempo completo a la dolce vita, quizás la más divertida, superficial y estúpida manera de vivir.


Lo malo es que le faltaban los recursos. Su amigo Ali Khan había elegido el mismo estilo de vida y se convertiría con el tiempo en un famoso play boy y conquistaría muchas mujeres, pero a base de papeletas y no de muela, como Rubirosa. Rubirosa no gastaba dinero en mujeres, vivía de las mujeres, invertía en mujeres. Ali Khan se dio a conocer como mujeriego. Porfirio Rubirosa ganó fama como prostituto de alta sociedad. Dicen que un columnista llamado Taki Theodoracopulos decía que cuando Porfirio Rubirosa se emborrachaba, le echaba mano a la guitarra y cantaba “Soy sólo un chulo, soy sólo un chulo”.


En realidad era un poco más que eso. Atraía a las mujeres como dice Juan Luis Guerra, pero al revés: como el panal a la abeja. Como un imán. Pero un chulo era en esencia: un renombrado y exitoso chulo.Uno de esos extraños alborotadores de hormonas, un tipo feromonal. Un cuero macho.


Historia criminal del trujillato (91)


Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)


Rubirosa (3)


Pedro Conde Sturla


17 junio, 2022


La familia Rubirosa Ariza —con excepción de Porfirio— dejó a Europa en 1928 y regresó al país en un momento de crisis, de gran incertidumbre. El gobierno de Horacio Vázquez se tambaleaba y la bestia preparaba el golpe de mano que lo llevaría al poder. Porfirio había demostrado ser un caso perdido, un bueno para nada, y ahora de repente había perdido el apoyo económico del cual había dependido toda la vida. Aún así decidió tratar de sobrevivir y sobrevivió en París durante un tiempo a base de sus encantos, de sus buenas y malas artes, echando mano a todos los recursos que tenia a su disposición y a otros que improvisaría sobre la marcha, haciendo de tripas corazón. Hay quien dice que se ganó el pan como miembro de un conjunto de baile, que se exhibió en clubes nocturnos de mala muerte y en las calles, como artista callejero, quizás cantando y tocando guitarra. Pero las cosas, y sobre todo las mujeres, no se le dieron tan fácil desde abajo, sin la cobertura y el pedestal y el brillo diplomáticos y fracasó en casi todo lo que intentó, incluso como seductor, como Don Juan y gigoló, y al cabo de un tiempo tiró el guante y decidió regresar al país, al paisaje que había conocido en su infancia y del cual posiblemente no conservaba memoria. Pero lo peor es que ni siquiera tenía dinero para regresar y regresó de contrabando, como polizonte, en un barco mercante que lo dejó en Puerto Plata.


Porfirio había nacido en 1909, se había ido como hijo de diplomático a Europa cuando apenas tenía seis años y ahora regresaba con una mano delante y otra atrás, a fines del gobierno de Horacio Vázquez, cuando tendría unos diecinueve. Para peor, la situación de la familia no era buena y tendía a empeorar. Se agravó definitivamente cuando el padre murió en 1930 en San Francisco de Macorís. El año en el que se estrenaba el régimen de la bestia.


La gente que conoció y trató a Porfirio Rubirosa en esa época cuenta que su situación económica no era nada halagüeña y que se vio obligado a desempeñar oficios humildes. Los sábados y domingos, sin embargo, vestía sus mejores galas y se reunía en el parque con los jóvenes del pueblo, trataba siempre de destacarse, exhibiendo sus finos modales, sus conocimientos de idiomas y de mundo. Haber ido a París era una profesión, como se decía en ese tiempo. Ser blanco también era una profesión. Pero Porfirio hablaba con amargura y desencanto de sus frustrados sueños. A más de un conocido le contó que la gran meta de su vida era conquistar una mujer rica, pero sabía que para lograrlo también tenía que ser rico o por lo menos aparentar cierto nivel de bonanza. Se sentía irrealizado, sentía que no tenía presente ni futuro y no encontró nada mejor que hacer que engancharse a la guardia. 



Obedecer y recibir órdenes, dormir en incómodas literas, levantarse de madrugada y someterse a una disciplina, a una casi dictadura castrense no era lo suyo. Pero la carrera militar le abriría la puerta de sus sueños.Lo que menos pensaba Rubirosa, en el momento en que se puso el uniforme, es que esa mujer rica que había estado persiguiendo en la imaginación, muy pronto estaría al alcance de sus manos.


A la bestia le gustaba rodearse de hombres buenos mozos y gallardos, de gente elegante, atildada, bien vestida, y muy pronto se fijaría en Rubirosa y ese sería el principio de una gran amistad. La bestia lo designó como miembro de su escolta personal y al poco tiempo ostentaba el grado de capitán. Pero no cualquier capitán. El uniforme de Rubirosa estaba hecho a la medida, estrictamente a la medida de Rubirosa, todo en Rubirosa parecía estar hecho a la medida. Rubirosa lo medía y calculaba todo, como si estuviera permanentemente al acecho de una presa. Como en efecto lo estaba.


De una presa, de una codiciada presa había oído hablar y murmurar varias veces, la había oído mencionar, casi en secreto, y de seguro estaba esperando el momento de conocerla, la oportunidad de saltar sobre ella cuando el momento fuera propicio. De hecho, le saltó arriba casi desde el momento en que la vio y el salto estuvo a punto de costarle la vida.


El nombre de la agraciada era Flor de Oro Trujillo Ledesma, la hija superviviente de las dos que había tenido la bestia con una mujer humilde de la cual ahora se avergonzaba, de la madre de la única hija que tenía en esos años. Su hija llamada primorosamente Flor de Oro, la que había estado estudiando en París y regresó en 1932, a los diecisiete años de edad, la flor de la edad.


Semejante acontecimiento no podía ser pasado por alto y la bestia ordenó un recibimiento digno de una princesa. El Puerto de Santo Domingo se llenó de funcionarios y una multitud de curiosos. Toda una comitiva de edecanes, militares y cortesanos (entre los que no podía faltar y no faltaba Porfirio Rubirosa), fueron a recibirla. Flor de Oro bajaría del barco entre aplausos y voces de bienvenida, desfilaría entre filas de admirados admiradores, abrazaría a su amante padre. El padre le presentaría a sus acompañantes. Rubirosa le hablaría en francés, la deslumbraría desde el primer momento. Rubirosa también sufriría o fingiría sufrir un deslumbramiento. Se intercambiarían miradas furtivas. Se comerían con los ojos uno a otro.


Poco tiempo después Rubirosa estaría preso, mal preso, sería dado de baja deshonrosamente y reenviado a San Francisco de Macorís en las más vergonzosas circunstancias. 


(Historia criminal del trujillato (92)

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

Porfirio Rubirosa. Mi vida como playboy (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

Pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ).

Rubirosa (4)


PedroConde Sturla 

24 junio, 2022


Hay que imaginar que desde que conoció a Flor de Oro —y quizás desde antes de conocerla—, Rubirosa no pensaría en otra cosa. La hija de la bestia no era muy agraciada, debía tener un genio de mil demonios (como demostrarían a la larga sus ocho o nueve matrimonios fallidos), era seguramente una engreída, era dientuda o dentona, pero no carecía de encantos, ciertos encantos secretos. Flor de Oro tenía -según decían las matronas de la época- su música por dentro. Tenía, además, en especial, un atractivo que la hacía irresistible a los ojos de Rubirosa, algo inefable que la convertía en la mujer más deseada, la mujer de sus sueños. Era hija de la bestia. Era la gallina de los huevos de oro, era la llave maestra que le abriría la puerta del futuro. La mujer de su vida.


De hecho Rubirosa se lo debería todo a la hija de la bestia, ella sería la más importante de todas sus conquistas, la que le permitiría despegar, volver al mundo de la diplomacia y convertirse en lo que se convirtió.


Lo qué pasó entre ellos desde el día en que se encontraron por primera vez en el puerto, dio origen a múltiples versiones, algunas de ellas sazonadas con una cierta dosis de romanticismo. Lo más probable es que empezarían a verse a escondidas y que la bestia se enteró y sufrió una rabieta. De acuerdo con otra versión más creativa, fue a Flor de Oro que se le ocurrió hacer público el noviazgo. Se presentó un día en el despacho de su padre con los galones de capitán de Porfirio Rubirosa y le pidió que se los regalara de cumpleaños con todo y capitán. Esta versión también termina con una rabieta de la bestia, una rabieta bestial.


A Flor de Oro le prohibieron volver a verlo, fue confinada a sus habitaciones, la harían sufrir y llorar como una Magdalena, le prohibirían sus paseos a caballo. La privarían en fin del equivalente del celular y la tarjeta de crédito.


A Rubirosa lo bajaron del pedestal al que se había subido, lo dieron de baja, lo desconsideraron, lo humillaron, lo encerraron en la Fortaleza Ozama, lo arrojaron más bien en una celda inmunda para que se lo comieran los piojos y las pulgas y allí se estuvo consumiendo durante un tiempo.


La gente que lo conocía cuenta que lo vieron regresar a San Francisco de Macorís en un vehículo militar, que lo bajaron a empujones y que estaba sucio, sucio maltratado y descalzo, sin sus lustrosas botas de oficial, vestido apenas con los pantalones y una camisa ripiosa, andrajosa. Hay quien afirma que parecía un espantajo y que se escurrió por las calles del pueblo y fue a buscar refugio a la finca de un tío y no se le volvió a ver en algún tiempo. También se corrió el rumor de que la bestia lo había mandado a matar con Ludovino.


Cuando reapareció en el parque, vestido de la mejor manera posible, Rubirosa parecía una sombra de sí mismo. Había recibido una paliza sicológica, amenazas y malos tratos. Estaba deprimido y triste, hablaba ahora amargamente de cómo había estado a punto de empezar a cumplir sus objetivos y de cómo todo se había echado a perder. Ahora se encontraba sin dinero, sin profesión y sin oficio y sin esperanzas y con miedo de que le pudiera pasar algo. Como en efecto pasó.


Pasó que un día, al improviso, corrió el rumor de que lo habían venido a buscar. Un rumor que no presagiaba nada bueno. Lo vinieron a buscar a la finca y lo invitaron a subir a un vehículo militar y se lo llevaron de vuelta para la capital y no volvió a saberse de él durante un tiempo. Después se supo que a Rubirosa le habían restituido sus galones, sus botas y su brillo y su uniforme, le habían restituido la sonrisa y la luz de sus ojos y que se iba a casar con su Flor de Oro.


Dicen que la bestia se oponía a la relación entre Flor de Oro y Rubirosa porque Rubirosa se había propasado, porque había traicionado su confianza y le había faltado al respecto, porque le había arruinado la mercancía. Dicen que se había opuesto en principio porque ambicionaba casar a Flor de Oro con una persona de alcurnia, igual que alguna vez pretendería —según dicen las malas lenguas—, casar a su hija Angelita con Juan Carlos I de España, que tanto se la merecía. Dicen que la mamá de Rubirosa intervino, que fue ella la que convenció a la bestia de que los jóvenes se amaban, de que se merecían uno al otro. Dicen que la bestia se hartó de los interminables berridos de Flor de Oro, que se le ablandó el corazón. El hecho es que cambió de parecer y dio el permiso o mejor dicho la orden para que la infeliz pareja se uniera en matrimonio y fuera aún más infeliz. Pero la mamá de Flor de Oro no asistiría al matrimonio, ni siquiera se la mencionaría. La bestia se había casado en 1927 con una distinguida dama de Montecristi llamada Bienvenida Ricardo (aunque ya andaba entrotado con María Martínez, que le había dado un hijo), y ella sería la madre oficial de Flor de Oro. Un anuncio de prensa muy escueto anunciaría que EL GENERAL RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO MOLINA, Presidente de la República, y BIENVENIDA RICARDO DE TRUJILLO se complacían en participar a sus amistades el matrimonio de su hija FLOR DE ORO con el Señor PORFIRIO RUBIROSA, y que el acto se celebraría en la mansión Presidencial de San José de las Matas el 3 de diciembre del presente año de 1932 a las 4 de la tarde.


El matrimonio se realizó, en efecto, en el mismo pueblo donde la bestia había hecho matar dos años antes a Virgilio Martínez Reyna y su esposa embarazada Altagracia Almánzar.


Cayó por cierto un aguacero, un aguacero monumental (aunque no del tamaño del que cayó en el cuento Dos pesos de agua de Juan Bosch), y el torrente que corría por las calles tenía un tinte rojo que se desprendía de los adornos de papel que se usaron para engalanar las calles…, como si el cielo llorara de indignación.


(Historia criminal del trujillato [93]) 


Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.


Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”

(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)

Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)

Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)

PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)

pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)