miércoles, 22 de noviembre de 2017

LA MESA REVUELTA

         
        
Créditos:

LA MESA REVUELTA
Anfitrión: Pedro Conde Sturla
        
         Imagen de texto al estilo del cine mudo:
La mesa revuelta es un revoltillo cultural
        
Esta mesa revuelta pretende ser un revoltillo cultural en el buen sentido de la palabra. O mejor dicho, un servicio de cultura gourmet para ciertos paladares no excesivamente sofisticados. La revuelta apunta en un doble sentido: gastronómico y filosofico, aparte de otros sentidos giroscópicos que no vienen ahora al caso mencionar.
La cultura, en general, comprende el modo de vida que identifica a una sociedad, comunidad, un pueblo. Esto incluye costumbres, creencias religiosas y políticas, organización económica, vivienda, expresio-nes artísticas y alimentación por supuesto.
         Además, sea dicho de entrada, a ma-nera de antipasto: la cultura no es enemiga del entretenimiento ni del humor. La cultura es o puede ser entretenida sin ser banal, ame-na e instructiva sin ser superficial, incluso digestiva y nutritiva y sobre todo baja de calorías. La cultura obesa no me  interesa.


Texto al estilo cine mudo:
Pellegrino Artusi escribió un libro de cocina y fue la gloria.
        
         Para muchos puede parecer sacrílego hablar de cultura en estos términos culina-rios, pero la cultura tiene mucho que ver con la comida, si no pregúntenle a un escritor italiano llamado Pellegrino Artusi. Artusi tenía vocación literaria y era, además gastrónomo. Publicó un libro de ensayos y otro sobre la vida de Ugo Foscoli y pasó desapercibido. En cambio publicó un libro de recetas de cocina y fue la gloria. La ciencia en la cocina y el arte de comer bien, que así se llama el libro, se vendió por millares y lo hizo famoso en su época, que fue la del siglo pasado. El libro recoge un tesoro de recetas, noticias, anécdotas, datos históricos, observaciones ciéntificas y también se deja apreciar por sus cualidades literarias, porque Artusi era un finísimo escritor. Así que Artusi posiblemente es el autor del libro de cocina mejor documentado y escrito. Alta cocina, alta literatura.


Texto al estilo cine mudo:
Julio Vega Batlle escribió la novela de la gastrosofía.
        
En la literatura dominicana hay una obra de tema culinario que es única en su género. Se trata de la novela póstuma de Julio Vega Batlle, publicada en l976 por la UCMM. Anadel, la novela de la gastrosofía, así se llama. En esta obra la erudicción y las referencias gastronómico culturales son sencillamente apabullantes. Ambientada en la bahía de Samaná, la trama de Anadel es un pretexto para pasar revista a diferentes estadios gastronómicos, o mejor gastrosóficos de la humanidad. Arranca desde los griegos y romanos, pasando por la edad media, el renacimiento y la época moderna, e incluye por igual a oriente y occidente.
Filosofía y gastronomía, de la mano con una gran dósis de humor, así es la obra  de este autor, que tambíen escribió dos de los cuentos más celebrados de nuestra literatura: El tren no expreso y El espejo ustorio.
         Por asociación de ideas me viene a la mente otra novela vinculada a la cocina, esta vez de la mejicana Laura Esquivel. Cada capítulo de esa novela titulada Como agua para chocolate, comienza con una receta de cocina y así se desarrollla. Laura Esquivel tuvo la suerte de estar casada con un magnífico cineasta que tradujo bellamente su obra a la pantalla y de aquí su justa fama, la de la novela y la de la película.
        
Texto al estilo cine mudo:
Cayo Claudio Espinal se dió banquetes de aflicción.
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         Como los poetas no pueden estar ausentes de esta mesa revuelta, hay  que mencionar a Cayito Claudio Espinal., oriundo de Macorís del norte. Este talentoso poeta, de complexión afable y temperamento delgado, ganó el premio Siboney de literatura 1978 con su poemario Banquetes de aflicción, uno de los mejores textos experimentales de su época
         Su amigo y mentor, Manolito Mora -el Serrano-, especie de anillo al dedo, es otro que no disimula por cierto el amor por la poesía y la comida bien servidas.
         Y qué decir de Alexis Gómez Rosa. Conmovedora, en verdad, es la pasión de este poeta . Aquel muchacho que a finales de los años sesenta comenzaba a ser gordo, nunca tuvo dudas respecto a la vocación que le había sido asignada: Desde temprana edad se dedicó al ejercicio de las letras y a la gula. El autor de Adagio cornuto, una de las mejores voces de la diáspora newyorquina, escribe a menudo poesía pantagrúelica, con cierta grandeza barroca subvertidora y una glotonería verbal desembozada (pariente cercana, por cierto, de la adjetivación gourmet de Enriquillo Sánchez).
         A este grupo se suma el poeta sumo Federico Jóvine Bermúdez, quien puso por título a su última entrega Ardiente pasión por la palabra. En la portada y contraportada también declara el poeta su ardiente pasión por su efigie, y a juzgar por la efigie, su ardiente pasión por la comida. Además, este libro contiene textos que ni la iglesia ni el papa aprobarían. Léalo a su propio riesgo.
        
         Texto al estilo cine mudo:
El carácter obeso puede ganar y perder peso
        
         La duda es una parte muy importante de toda la tradición del pensamiento occidental. Con la duda se indaga; sin la duda estaríamos paralizados o inhibidos para usar la gran herramienta del pensamiento lógico: el por qué de las cosas. Sin embargo hay personas a quienes su propia ignorancia las lleva tan lejos en su necesidad imperiosa de proclamarse el ombligo del mundo que de nada dudan si se trata de algo que concierne a su propio juicio, su actividad, su manera de ser, su propia vida y sobre todo su vida de relación…
Son personalidades atrofiadas por exceso. Sufren de una especie de obesidad del carácter. La exuberancia agresiva, la exsudación de esas personalidades ofende y sobre todo cansa..Todo lo refieren a sí mismas, no importa si se habla de astronomía, de medicina, de religión o deporte. Todo empieza en ellas y va a parar a ellas.
         Estos seres extrovertidos, impulsivos, son incultos aun cuando puedan tener una inteligencia natural. Y esa inteligencia básica los hace comportarse con inmodestia tambien natural, fruto de triunfos inmediatos o fáciles, y productos casi siempre de la inhibición de otros ante sus personalidades excesivas -castrantes- más que por méritos propios. Tienen necesidad constante de autoafirmación que puede ser originada en mecanismos encubridores de complejos muy hondos y no menos complicados.
        
         Texto al estilo cine mudo:
Ni la sombra de una duda
Los mecanismos de que se valen suelen ser una combinación de terrorismo verbal y de aventurerismo de juicios. Al ser  imperativos, dominantes, intransigentes, excesivos -obesos de la voluntad- pulsean con todo lo que los rodea para convertirse en padrinos o madrinas de patio, poniendo bajo su protección  a personalidades débiles y pusilánimes. Su opción  real es su capacidad de trasvase allí donde encuentren un vacío o una forma cualquiera de debilidad o de incompetencia. Pero su triunfo dura lo que dura el enfrentamiento con personalidades equilibradas, sobrias, que no requieren ser protegidas ni prohijadas porque disfrutan de su propia estimación  sin que ésta necesite en ningún caso ser excesiva.
         Intrigantes medulares por definición, residentes a perpetuidad del chisme, no resisten sin embargo la menor crítica sin que eso los convierta en sujetos de odio. Se dan a conocer cuando tratan de imponer su prepotencia, sin que los sobresalte ni la menor sombra de duda.
        
          Créditos en angulo inferior izquierdo de la pantalla

Prof. Ma. T. Quidiello
De la obesidad del caracter:
Apuntes de un retrato no complaciente de un prototipo de la no convivencia.

Texto al estilo cine mudo.
Ideas en circulación
        
         Cada persona puede morirse una vez sola, que se sepa, pero las bombas nucleares almacenadas permitirían matar a cada ser humano doce veces.
Este mundo enfermo de peste de muerte, que mata a los hambrientos en lugar de matar el hambre, produce alimentos que alcanzarían, y de sobra, para dar de comer a la humanidad entera. Pero unos mueren de hambre y otros de indisgestión
        

           
    Eduardo Galeano
            Ser como ellos y otros artículos
        

          La mesa revuelta volverá otro día. Gracias por la compañía.

pcs, 13/08/1997

martes, 21 de noviembre de 2017

LUCES, CÁMARA, ACCIÓN

Pedro Conde Sturla

A Humberto Frías, a su grata memoria

[Este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Ventana del Listín Diario -cuando era el “Listín Diario”- en el año de 1998, y se reproduce ahora porque de nuevo está de moda la renovación del espacio urbano de la Ciudad Colonial, la zona intramuros en conjunto. Lua preocupación ante el deterioro de barrios enteros y la desaparición de inmuebles y sitios de esparcimiento valiosísimos sigue siendo la misma, igual que la desconfianza en la solución que se dará al problema, si es que se lleva a cabo el proyecto. Un proyecto que arranca con una lentitud pasmosa, y que al parecer tomará años, que causa malestares a los inquilinos de las zonas intervenidas y daños a las edificaciones. Un proyecto que implica, sospechosamente, la remoción de enormes cantidades de material para el soterrado de los servicios, y su irracional sustitución por otro, amén de la eliminación de las aceras y posiblemente de la  copiosa arboleda de la calle Arzobispo Portes, entre otras barbaridades quizás parecidas al infame  cauchicidio de la casa de Bastida].






Los burócratas de la cultura se devanan la sesera reinventando la cultura, pero ésta se les niega porque la cultura no se inventa desde arriba: es una secreción social de los pueblos, comunidades, familias. La cultura se identifica con la vida. Incentivar la vida equivale a incentivar la cultura.
De aquí hay que partir para examinar las propuestas, e incluso las iniciativas concretas en pro de la rehabilitación física y cultural de la zona colonial, la ciudad intramuros en conjunto.
En el viejo San Juan, la cultura no es una propuesta: es un hecho, porque allí está lleno de vida lo que aquí está lleno de muerte.
A mi amigo boricua, el independentista Arsenio Suárez Franceschi, le debo el primer contacto con el viejo San Juan. La emoción, ese día, era doble, si no triple. Una por la temeridad de Arsenio al volante, otra por la estadía en Puerto Rico, otra por el deslumbramiento. Ninguna ciudad, después de Florencia, me había causado tal impresión.
Al viejo San Juan, de noche, sobre todo de noche, cuando la luz conspira a favor de la magia y la poesía, el visitante ingresa alucinado. Aquí la plaza a ritmo de melodías tropicales, aquí las calles adoquinadas con adoquines de piedra tallada (no adefesios de cemento), aquí las galerías repletas de paisanos y turistas, aquí el Museo de las Mariposas, aquí la casa de Ponce, aquí el incandescente Paseo de la Princesa, aquí el embrujo del coquí en los jardines de El Convento. Aquí también, por cierto, La Perla tenebrosa, el barrio pobre, donde pocos se atreven. Es la ciudad de Ricardo Alegría, su rehacedor. Promontorio macizo y quebrado, vertedero y vivero de cultura. La cultura y la vida volcadas hacia el exterior, como en Florencia, salvando las distancias.
En la zona colonial de Santo Domingo predomina la cultura de la muerte, cultura de la indolencia, del sucio y la basura, cultura del abandono, del atraco. Trujillo no le dio mayor importancia y destruyó a su antojo lo que quiso, declarando “peligro público” las edificaciones que entorpecían sus proyectos. Balaguer Amparo le cantó en su “Guía emocional de la ciudad romántica” y la dejó morir, seguir muriendo, a manos de arquitectos que se hicieron con partes de sus restos.
Las ciudades se mueren, como la gente, a pedazos, antes de ser difuntas. Se mueren o las matan. Pipí Trujillo, en los años cincuenta, mató el faro centenario de la José Gabriel García, desmantelándolo pieza por pieza para venderlo como chatarra. El Club de la Juventud, histórico por definición, murió de muerte natural en la misma década. Igual murieron o desaparecieron las mariposas de San Fernando, a las que el poeta Jóvine cantó en poema memorable. Después se murieron las retretas, las divertidas misas en latín, se murió la tanda vermut, se murieron el matinée, los paseos en el Malecón. Se murieron un poco los domingos porque no había domingos sin retretas, sin misas en latín para ir a mirar a las muchachas, y mucho menos sin tanda vermut, sin matinée y paseos en el Malecón
En el ámbito de la ciudad extramuros murieron o morirían por esa época los paseos en coche, las guaguas de dos pisos y las fiestas con luna sobre El Jaragua, el demolido Hotel Jaragua. Y para colmo, Güibia también había muerto. Güibia, el único balneario de la ciudad de Santo Domingo, había muerto de asfixia a consecuencias del dragado del puerto y la contaminación durante la era gloriosa. Años después, los bancos del Malecón de Santo Domingo y el malecón de la preciosa playa de Boca Chica serían vilmente asesinados por síndicos reformistas y perredeístas.
En otra era no menos gloriosa le tocaría el turno a esa joya de paisajismo e ingeniería que fue, alguna vez, el Parque Independencia, con su glorieta, sus fuentes, sus túneles de trinitarias y su inmensa población de ciguas palmeras. Las mismas que al atardecer, convertidas en ciguas bombarderas, obligaban a desalojar la plaza.
En lugar del viejo Parque Independencia se construyó otro muy nuevo, muy moderno (aunque ya de ancianidad), semejante en modo particular a un corral ganadero, con cerca y abrevadero. Y en el lugar de la espigada glorieta de antaño, que fue a parar a una finca de guardias, se irguió un monolito inverosímil cuya improbable belleza arquitectónica es tendencialmente fascista. ¡Ay, Doctor, qué dolor!
La muerte llegó a los cines de la ciudad intramuros, que era como decir todos los cines, los principales cines de Santo Domingo, aparte del presuntuoso Elite de la Pasteur. Así murió primero el glamoroso Olimpia de la Palo Hincado, murió el Rialto de tres pisos, con dos pisos para ver películas y uno para motel. Al cine militar de la calle Las Damas (del que pocos tienen noticias, igual que el baño de María de Toledo frente a la planta de “Timbeque”) lo remodelaron y convirtieron en Auditorio del Arzobispado. Al Santomé de El Conde lo ultimaron a golpes de mandarria. Al más viejo de todos, El Capitolio, justo frente a la Catedral primada, lo embalsamaron arquitectónicamente, conservando la fachada y lo convirtieron en tienda para turistas en espera de tiempos mejores. El Leonor glorioso murió y reencarnó en El Colonial, se hizo de nuevo difunto y permanece difunto: depósito de almas muertas. Un garaje igual que el Rialto.
Años más tarde, el arrogante Elite de la Pasteur murió de muerte ignominiosa. El cine de Gazcue, el cine de la burguesía trujillista donde era obligatorio asistir con saco y corbata a las tandas nocturnas, el engreído cine donde se cobraba la fortuna de setenta y cinco y cincuenta centavos de peso por platea y balcón, terminó convertido en canal de televisión. El canal 13. ¡Qué sarcasmo!
La zona colonial carga ya con un exceso de muerte, un peso muerto, literalmente, que amenaza con hundirla. Patios muertos, casas muertas, pero también casas sin vida y casas que nunca nacieron, como la clínica del doctor Pozo, en la calle Isabel la Católica. El célebre doctor Pozo invirtió sus recursos en el ideal de una clínica que nunca llegó a ser clínica. Inconclusa, la maciza edificación sirvió como residencia estudiantil, allá por los años treinta del pasado siglo, cuando la sede de la universidad estatal se encontraba en la misma calle. Al cabo de unas décadas de abandono, volvió a la vida, en el gobierno de los diez años de Balaguer, como sustituta interina del edificio de correos, y luego, de nuevo, dejada fue al abandono.
El horrible palacete de los Vicini, en la 19 de Marzo, tampoco llegó a nacer. Nunca o casi nunca ha estado habitado, hasta una época reciente
Por esos mismo alrededores, en la 19 de Marzo a esquina Padre Billini, hay otro horror de casas sin vida, deshabitadas, con espacios inmensos reducidos a viles almacenes. Casas sin vida son los espacios cedidos a embajadas como la Argentina, Italia, así como a instituciones y fundaciones ociosas, que de año en año realizan alguna actividad.
Para peor, mucho peor, la Casa de Francia, la institución más viva de la zona, amenazó con morirse y se murió. Se murió y dejó sumida en la muerte y la oscuridad a la calle Las Damas, calle apagada y sin vida, en la cual se sembraron árboles que sólo servían de estorbo a la imponente arquitectura colonial.
Peor que peor: En el largo, costoso, interminable proceso de remodelación de la zona, muchas cosas se han perdido, y otras, por desgracia, se conservan. Triste fue el episodio de la remodelación de La Fuerza, la fortaleza del Ozama. “Rescatando” la muralla original que corre frente a Las Damas, el inefable arquitecto restaurador derribó la parte superior, hasta dejarla convertida en la patética muralla almenada decreciente que hoy se aprecia. Sin saberlo, o sin importarle, el arquitecto derribó doscientos años de historia, derribó parte integral de la última obra construida, junto con la puerta actual, por los españoles en Santo Domingo, a fines del siglo XVIII. Derribó el arquitecto un trozo de muralla que había sido erigido precisamente en función de la nueva puerta y del nuevo ambiente. Derribó, en fin, la armonía, el sentido de las proporciones, hasta dejar el lugar convertido en lo que es hoy: meadero de gatos, paisaje prostibulario. Un poco como el que recoge José Mármol en su poema “Apología de la aguja”.
En el colmo de los agravios, a la vez que de un lado se liquidan un trozo de muralla y un ambiente valiosos, del otro se preservan la ignominia, la fealdad ciclópea, trujillista, de los muros que atenazan el perímetro suroeste de La Fuerza. No sugiero, sin embargo, que sea demolido, porque también los monumentos de oprobio tienen valor histórico. De hecho, lo correcto sería la eliminación de algunos lienzos de la fachada ominosa. Los que ocultan, entre otras cosas, las obras de defensa de la batería baja de la fortaleza y su entorno.
Afortunadamente las ciudades reviven o pueden revivir a fuerza de iniciativas audaces. Reviven como se mueren, a pedazos. Ahí está el caso de la histórica Cafetería que se salvó de la destrucción, gracias a los buenos oficios de un mecenas. Esto hay que celebrarlo, igual que la actual remodelación del edificio del Palacio de la Esquizofrenia (la Cafetería Restaurante el Conde). Se ha realizado también la remodelación y ampliación del Hostal de Ovando y del Hotel Comercial. Se ha realizado la reencarnación del Hotel Francés. ¿Habrá luz entonces al final del túnel de la muerte? Todo presagia luz, la luz de España.
España repuso hace mucho tiempo algunas de las luces que apagó (durante el Gran Incendio, por ejemplo). Luces y lámparas maravillosas en el parque Colón, luces de ensueño en El Conde, luces por los alrededores. Luz, al fin, o, al menos, luminarias, en la Cuna de América. Pero la luz no es todo. Hay que seguir reviviendo a los muertos. Hay que tomarle ahora la palabra a un gobierno que se interesa o finge interesarse en la cultura y el diálogo, y en el marco de un movimiento de conciencia por el rescate de la zona, proponer y proponerse una serie de objetivos.
Proponer, por ejemplo, el rescate de las salas de cine. Arturo Rodríguez Fernández habría estado dispuesto a inmolarse metafóricamente por la resurrección del cine Rialto, convertido en parqueo de un hotel alemán. Hace muchos años, Arturo orquestó una campaña, que no llegó a feliz término, a favor de la rehabilitación de esa sala y su conversión en cinemateca nacional. 
Actualmente podría intentarse con más fe y mejores augurios, pero la tarea es difícil. Hay tres salas de cine criminalmente cerradas en la zona intramuros. 
Crimen de lesa cultura: tres salas con un total de seis cines (porque El Colonial es cuadrúpedo). El Rialto, mejor que ninguna, podría ser la cinemateca anhelada y también el Olimpia. Cualquiera de las otras pudiera ser sala de teatro, sala de música, sala de conferencias o estudio de cine. Es decir, cualquier cosa preferible al abandono y la muerte. Y el Auditorio del Arzobispado, el antiguo cine de las fuerzas armadas, debería servir para algo de vez en cuando.
La clínica del doctor Pozo o cualquier inmueble en desuso, pero sobre todo la clínica del doctor Pozo, podría adquirirse y habilitarse para estudios de pintores, escultores y grafistas que pagarían con su trabajo rigurosos contratos de alquiler, no cesiones gratuitas, y mucho menos concesiones vitalicias. Ninguna otra labor, como la de los artistas de la plástica, daría tanta vida a la zona. Ahí están el modelo Francés y Boricua, de los que Freddy Javier y tantos otros podrían dar testimonio. Y hay más. Así como el capitalismo naciente generó la clientela burguesa que a su vez generó a los artistas y el arte del Renacimiento, el turismo de cruceros podría generar, en cuanto clientela, si no un renacimiento, un boom, un auge de la plástica. Siquiera la mejor realización de un modus vivendi.
Con mayor razón entonces hay que proponer y proponerse la creación de una escuela como la que funciona en Altos de Chavón: arte, moda, diseño. ¿Por qué no?
Proponer y promover espectáculos musicales, recitales, charlas, instalaciones y perfomances, teatro de mimos, titiriteros, representación de pantomimas y entremeses como el de Gutiérrez de Cetina, que fue la primera representación teatral en el nuevo mundo, frente al callejón de los curas.
Exigir de las instituciones extranjeras alojadas en la zona un mínimo de realizaciones semanales para intensificar el uso del espacio. Poblar la zona, darle vida. No sólo luces, sino también cámara, acción
Proponer, en fin, como Virginia Álvarez, una institución autónoma de la cultura, con vocación de servicio como gestor cultural. No Secretaría de la Cultura, no burócratas, sino pregones de la cultura, activistas interesados en la cultura.
El modelo existió en la zona, al alcance de la mano, igual que el pájaro azul de la felicidad. Ese modelo de gestión cultural autónoma, revitalizador, creativo, sin compromisos con el poder, nació en Santa Bárbara hace muchos años con la idea de una Bienal Marginal que, para sorpresa de muchos, desbordó la marginalidad. La idea sólo existía en la cabeza de un pintor soñador, agitador, comunista, gestor y activista cultural de toda la vida. Silvano y Lora a la vez, que es mucho ser.
Silvano dió lo mejor de sí en escenarios, países y circunstancias diversas y adversas. En la revolución de abril dirigió la propaganda del Frente Cultural, algo parecido hizo en el París de mayo de 1968 y  en la Panamá de Torrijos. Pero lo de Santa Bárbara  fue quizás su mayor reto y una de sus mejores realizaciones. Realización plural, no sólo personal.
Santa Bárbara es un barrio marginal dentro de la extrema marginalidad, dos veces marginal, dos veces amurallado. De hecho está arrinconado, literalmente arrinconado contra las murallas del Fuerte del Ángulo y un muro de la vergüenza (así hay que llamarle, en rigor, porque la pobreza es vergüenza ajena).
Allí, en Santa Bárbara, se inició un típico proceso de remodelación al estilo balaguerista. Remodelación es sinónimo de desalojo en el diccionario del poder: comienza por la expulsión de la gente y termina por privar de vida el contexto. Sin embargo, la remodelación no se produjo y el sector fue abandonado a su suerte, pero siguió viviendo, malviviendo. Actualmente Santa Bárbara es un promontorio en ruinas sin más adorno que la buena calidad de sus habitantes. 
Carece de todo, pero le sobra espíritu. La riqueza espiritual de esas familias es el elemento más valioso a preservar. Esa riqueza espiritual fue la que salió a flote  con más fuerza, durante la IV Bienal Marginal. Espectáculos de música, baile, canto y poesía, pintura, frituras, instalaciones, luces, sonidos, fanfarria de calderos vacíos. Fue una fiesta de todos, con participación de hombres, mujeres y niños. Y fue también un mentís, una sacada de lengua, una rechifla al gobierno que los privó, recientemente, de un edificio que había sido construido para ese proyecto alternativo.
El grupo de activistas nucleados en torno a la figura ecuestre de Silvano Lora es el mejor ejemplo de lo que puede hacerse con voluntad, con garra, sin mayores recursos que la imaginación y sobre todo con amor y respeto por la marginalidad y la pobreza: respetabilísimas formas de cultura.
Ahora bien, lo que vale para Santa Bárbara es válido para el resto de la ciudad intramuros, como modelo de gestión cultural autónoma, a mayor escala. De hecho, es el modelo perfecto para una zona que, a diferencia de Santa Bárbara, tiene dolientes pudientes. Ellos podrían patrocinar el renacimiento comercial, humano y urbano de esos predios, si no lo esperaran todo del gobierno. Pero como todo lo esperan, sin necesidad, del gobierno, industriales, comerciantes y banqueros del lugar no se han sentido en el deber de dotar a la ciudad intramuros, su gallina de los huevos de oro, de un servicio propio de recogida de basura y limpieza. Tampoco han pensado en declarar una independencia, siquiera efímera, en materia de energía eléctrica, cuando hace tiempo que debieron buscar a este problema una solución de conjunto, solución social y no individual, como acontece. De la política gubernamental sólo pueden esperarse ideas remendonas. Remiendo sobre remiendo y remodelación sobre remodelación ya se han tragado centenares de millones y no se avanza. La improvisación, la falta de planificación, la falta de ideas de conjunto impiden el desarrollo del enorme potencial de la zona. Con el concurso de todos los dolientes, un modelo alternativo de desarrollo y de gestión cultural autónoma no debería esperar del gobierno: se adelantaría al gobierno, trazaría pautas y exigiría del gobierno, a partir de realizaciones concretas, no a partir de intenciones.
Al malvado Cuchi le agradezco por  haberme presentado a Silvia Zimmermann durante su breve estadía en el país (algo hay que agradecerle a Cuchi Elías). En esa grata ocasión, la distinguida escritora argentina me obsequió un ejemplar de su libro “La dimensión de lo imposible”  (¡qué a propósito!), con una dedicatoria en que aludía “a la mágica ciudad de Santo Domingo”. Magia, sí, tenía magia la ciudad en esos días festivos, y ella como extranjera se apercibía mejor que nosotros. Pero la magia existía y existe a retazos, desde la Avenida del Puerto, por ejemplo, en los alrededores del Alcázar y La Catedral, en la recoleta calle Luperón. Magia dispersa, no la magia de conjunto que emana del viejo San Juan. Tenemos, sin embargo un patrimonio cultural mayor, mucho mayor que el del Viejo San Juan, pero escondido, en tinieblas, disimulado entre lotes de basura, esparcido, clausurado, muerto, deshabitado, sin vida.
Para restaurar armoniosamente el conjunto hay que pensar en ideas de conjunto, partiendo de premisas claras, muy claras. Se puede contribuir a desarrollar y a reactivar culturalmente un espacio acondicionándolo físicamente con inversiones que pueden ser millonarias, pero si no se logra preservar, insertar e integrar el elemento humano en el tejido urbano, no se producirá cultura ni desarrollo. Desarrollo a secas, quizás, producción de un vacío, como el que existe en el cementerio eclesiástico de los alrededores de la catedral.
Para la ingente tarea de restauración, no remodelación pura y simple, hay que contar con todos, llamar a todos los que sienten y padecen por la Ciudad Colonial la misma fascinación desesperada. Es decir: comerciantes, banqueros, empresarios, propietarios, residentes, visitantes, periodistas, escritores y críticos, artistas plásticos y sintéticos, músicos y bailarines, teatrantes, cineastas, cinéfilos y cineteros, bandas militares, bandas civiles, bandas armadas de imaginación, diseñadores, modistos, modistas y modelos, artesanos, limpiabotas, maniceros, paleteros y peleteros, “chiriperos borrachos” y “alaridos de Miriam”, fotógrafos, ilusionistas, floristas, contorsionistas, gimnastas, carnavaleros y chichigüeros, comunistas, agitadores, clarividentes, soñadores y despistados, gobiernistas y oposicionistas, miembros del clero y comparsa, fuerza pública y privada…En fin, si a alguien se omite o se olvida, culpa es de la memoria, no del deseo.

Nota: Publicado en 1998 en el suplemento Ventana (dirigido por Marianne de Tolentino) del Listín Diario cuando era  y está dedicado a la grata memoria de Humberto Frías.

El miquifriqui, la Barbie, el troglodita y el monarca representativo

Pedro Conde Sturla
6 de noviembre de 2011

En días pasados el director de Diario Libre no se cansaba de castigar al balbuciente y miquifriqui Danilo Medina por no aceptar a Margarita y ya vemos que está linda la mar, como decía Rubén Darío de la otra Margarita. La Margarita de Debayle, de la dinastía de los Somoza, y de sombreros nada ridículos.

Dicen que Danilo estaba buscando como vicepresidente otro candidato o candidata, quizás Minou, o mejor al popularísimo congresista del sur Wilton Guerrero, de Peravia, un danilista incondicional que ha denunciado barbaridades sobre la policía y el narcotráfico, y que sobrevive gracias a una escolta y a puros cojones.
Pero al miquifriqui le hicieron como Alemania y Francia a Grecia, y amenazaron con cortarle el agua y la luz. Y lo obligaron, en fin, a aceptar a Margarita, la Margarita Cedeño de Fernández y no Debayle.
Frente a un amarre como ese, piensan muchos que el futuro presidente tendría las manos atadas ante el poder judicial, legislativo y ejecutivo.
Fijarse bien en una cosa, la primera dama convirtió una biblioteca dominicana en su despacho y tiene un presupuesto de 600 y más millones de pesos. Pero si gana el miquifriqui, la vicepresidenta se va a quedar sin despacho y sin presupuesto, teóricamente
Pero en la práctica va ser difícil. En primer lugar porque las fuerzas armadas no van a discutir la autoridad del nuevo presidente.
En segundo lugar porque la devoción al máximo líder por parte de los congresistas está sujeta al bienestar de la cartera, y eso depende de quien hace los cheques y también de un presidente que puede gobernar por decreto si le da la gana, al menos en la vieja constitución. Incluso en la nueva puede hacer lo que le dé la gana.
Fijarse bien en una cosa, la primera dama convirtió una biblioteca dominicana en su despacho y tiene un presupuesto de seiscientos y más millones de pesos. Pero si gana el miquifriqui, la vicepresidenta se va a quedar sin despacho y sin presupuesto, teóricamente, y  el despacho pasará a manos de la dama de Danilo miquifriqui, si no hay previo acuerdo, y aún así, ¡Por qué habría de respetarlo?
Las opciones del troglodita, que parecen disminuir día por día, se limitan  por la manera en que habla y por lo que se recuerda de él como gobernante. El troglodita redujo a la clase media a clase casi mendicante, y convirtió el país en un desorden mayúsculo, sin servicio de correo, ni posibilidad de acceder a una cédula, licencia o pasaporte sin pasar por las horcas caudinas de los tributarios convertidos en reyezuelos.
Por la prepotencia con que se manejó el troglodita en el poder, echándole vainas a sus propios correligionarios y manteniendo como jefe de la policía a un verdugo que sólo se compara con el jefe de los cirujanos que nombró Faraonel Fernández  para darle continuidad a una política de estado que incluye el exterminio de culpables e inocentes, es poco lo que puede esperarse de sus posibilidades como candidato y no parece que tiene tantos electores, pero sí a media población aterrorizada. (A mí me inspiran desconfianza tanto el balbuciente como la Barbie o el bárbaro).
Si el miquifriqui preparlante llega al poder es poco lo que podrá hacer el jefe de la cléctocracia representativa para recuperarlo. Danilo miquifriqui Medina -ya lo dije en otra ocasión- aparte de miquifriqui y preparlante, tiene  una inteligencia, un don para crear cuadros dentro de su propio partido y seguidores incondicionales, incluso contra el poder constituido. Domina el arte superlativo de un Fouché, tiene un talento nato como el del genio tenebroso de la biografía de Stefan Zweig y podría serrucharle el palo a Faraonel para siempre, como justa venganza, a menos que no le echen un polvito. Y de lo que digo aquí no me salva ni el médico chino si llegan a cumplirse estos vaticinios o si el tiro me sale por la culata. Culpa de Sara Pérez por contagiosa.
pcs, domingo 06 de noviembre de 2011

lunes, 20 de noviembre de 2017

LA COMEDIA

Pedro Conde Sturla

La comedia electoral, cualquier comedia electoral en nuestro país tiene color de hormiga. Se disputan el poder, o mejor dicho se disputan el botín, como de costumbre, dos o tres asociaciones de malhechores llamados partidos políticos.

Uno de los candidatos será posiblemente de nuevo el troglodita y otro será de nuevo el miquifriqui. La palabra no existe en el diccionario y no me importa. No significa nada, pero lo define de cuerpo entero. 
Junto a ellos participarán la Barbie (o mejor dicho la Barbolona), otra vez el capo (otro capo), y algún oportunista reverdecido, pero no verde.
El troglodita, Insólito Lejía, es un tribuno, tribuno de la plebe y plebe él mismo. Plebe con cojones, sobre todo de la cintura para abajo. Es abanderado de la lucha contra la corrupción. De la corrupción sólo excluye a sus corruptos favoritos. Se excluye además a sí mismo.
Insólito Terror Lejía, el troglodita, no tiene nada que decir y nada que aportar, sino más de lo peor. Todo lo dice en forma inconvincente, porque habla rápido y sin pausas. Tiene taquilexia, habla más rápido de lo que piensa, quizás porque no piensa, y aunque inspira repulsión en una parte de la población, puede salirse con la suya porque tiene como oponente al desgastado miquifriqui. Si el miquifriqui no hace su magia.
El Miquifriqui es un preparlante. Frente a las masas, en un discurso, hace el papel de predicador, de un cura en misa. Denuncia los pecados de la pandilla del troglodita, que son muchos, y que además son los mismos pecados de la pandilla que representa.
Habla igualmente de la lucha contra la corrupción y se excluye, como si no fuera parte de la misma, elevada al cubo. De hecho se expone como cómplice al hablar de corrupción y expone imprudentemente el pichirrí. Por el pichirrí lo pueden agarrar, como agarró una vez el troglodita a Faraonel, en tiempos mejores.
Pero el miquifriqui es sagaz, es organizado, organizador.
El miquifriqui apuesta por la eternidad, la permanencia indefinida. Y si no cuenta con los votos cuenta con los medios para hacerlo y puede hacerlo. Hará si puede su magia. Incluso hasta brujería.
La Barbie, o mejor dicho la Barbolona, aportará el sombrero, su flamante colección de vestidos y sombreros costosísimos de mal gusto, su maravillosa sonrisa cosmética y astracanada y su proverbial don de mando, batuta y constitución. La sonrisa es lo mejor que tiene. Si abre la boca para decir algo lo echa todo a perder. Mejor es que siga sonriendo todo el tiempo.
De los demás ni hablar. La comedia electoral todavía está por definirse.
Para ganar credibilidad en esa lucha, todos deberían dar el ejemplo y hacerse un harakiri en televisión.

pcs, 20 de noviembre 20017



domingo, 19 de noviembre de 2017

JUECES Y PROSTITUTAS.

         Pedro Conde Sturla
        24 de octubre de 2007,

Comparar jueces con prostitutas, como hace mucha gente a menudo, es una falta de respeto a las prostitutas, sobre todo a las prostitutas dominicanas. El oficio de prostituta, después del oficio de poeta y el de aprendiz de brujo, es uno de los más antiguos del mundo y no me explico por qué está menospreciado. Las prostitutas venden lo que es suyo, se ganan la vida decentemente con el sudor del pichirrí que les pertenece de nacimiento, y desde varias naciones del globo mandan al terruño anualmente millones de dólares y euros con los que sus familiares se resarcen de la miseria, comen como Dios manda, se visten con ropas de calidad, construyen casas dignas de ser habitadas por seres humanos y acceden muchas veces a la educación superior.

Los jueces, igual que los políticos, senadores y diputados, venden generalmente lo que no les pertenece. Unos venden sentencias y otros lo que queda del país, casi todos venden impunidad, se constituyen en garantes de la corrupción, incluso del narcotráfico, y nos conducen a la ruina.
Pocos son los que se atreven a ponerse el Pantaleón, como hizo uno, darle seguimiento a una instrucción añeja y a fuerza de cojones llevar a una parte de los asesinos del periodista Orlando Martínez a la reja, sin reparar en las consecuencias, que no se hicieron esperar. La diligente suprema corte de justicia, así en minúsculas, como debe ser, castigaría, en efecto, su atrevimiento, sacándolo -con un pretexto baladí- del cargo que desempeñó más que honrosamente.
Yo no conozco nada o muy poco de derecho pero como la graciosa sentencia del caso Baninter en beneficio de una pandilla de depredadores, está evidentemente torcida y retorcida, me voy a permitir opinar, meter como quien dice la cuchara profana, incluso profanadora si viene al caso. Al fin y al cabo, los jueces que, literalmente, evacuaron la sentencia se graduaron, si se graduaron, de doctores en torcido pero nunca en derecho.
Altas instancias del poder económico y político, incluyendo al monarca constitucional de la República, príncipes de la iglesia  apostólica y romana hicieron valer su influencia. Plumíferos perversos pueden haber intervenido en la redacción del documento que no por casualidad, sino como producto de un cálculo avieso, es un mamotreto, un adefesio, un dechado de contradicciones. El engendro, el Frankenstein jurídico lo fabricaron aposta para enmendarlo en apelación, y ya desde ahora podemos anticipar que la enmienda estará dirigida a evitar que los depredadores  no pasen un solo día en la cárcel.
 Si algo se cumple en este país es el pacto de impunidad entre los sectores del poder, que ningún juez se atreve a irrespetar. Los jueces, como dice Bertolt Brecht, son incorruptibles en este sentido. No hay dinero en el mundo que los haga fallar conforme a lo que manda la ley.


pcs miércoles, 24 de octubre de 2007

El ESTILO ALEJANDRINO Y OTRAS MODALIDADES DE LA ARQUITECTURA DOMINICANA

            Pedro Conde Sturla
27 de julio de 2008 

Recientemente, casi como por arte de magia,  han surgido en la Cordillera Central o sierra madre ciertas edificaciones monumentales de inusual estilo arquitectónico, como el estilo alejandrino, por ejemplo, junto al estilo guaraguao o castrense, y el estilo hipolitense, que es jaula de acero y vidrio, característico de un propietario que al parecer no tiene nada que ocultar o es descarado.

Estos estilos arquitectónicos son propios de gente que ama las alturas, con vista muy afilada y muchas garras, igual que las aves de presa, de rapiña, que entre las uñas se han llevado “montañas y valles por el río” como diría y dijo el muy querido y siempre cercano Pedro Mir Valentín.
La muestra, el modelo de arquitectura alejandrina, por ser obra de una humilde, tesonera maestra, que atesoró peso a peso el dinero para construir una mansión de cinco niveles, llama mayormente la atención. El primer nivel, por lo que vemos en la fotografía facilitada por Nuria Fiera y compartes, accede a un río y una piscina donde los invitados se purgan de sus culpas, mean metafóricamente todas sus culpas.
Respecto al interior todo queda sujeto al ejercicio de la imaginación y hay que imaginar que  suben posiblemente en inútil ascensor al segundo nivel donde los espera imaginariamente un banquete pantagruélico preparado por los más virtuosos  chefs de cocina dominicanos.
En el tercer nivel, para hacer la digestión, imaginamos que  brindan  vino Petrus, a dos mil quinientos dólares la botella el más barato y Don Perignon, el champagne de James Bond.
En el cuarto nivel, hay que imaginar que están las numerosas habitaciones de huéspedes con aire acondicionado central, innecesario a esas alturas, pero indispensables para mantener el estatus de los invitados, acostumbrados  a esos niveles de confort, después de haber cambiado las chancletas por jeepetas.
En el quinto  nivel, presumiblemente, está la sala magna, el aula magna, en homenaje a Juan Bosch y a la honestidad de Juan Bosch, por la cual juran y firman todos sus acólitos. Ninguno cumple, desde luego, con su juramento de honestidad, pero lo exhiben como deidad, la deidad vegana como lo llamó una vez en la revista “Impacto socialista” un comunista del PCD. Es para ellos el símbolo de la bienaventuranza, el símbolo del cuerno de la abundancia.
Un retrato de Bosch, de cuerpo entero, aparece en la sala lleno de agujeros.
Allí la foto de Bosch sirve para practicar al tiro al blanco.
En la mansión hipolitense la foto de Peña Gómez sirve para practicar el tiro al negro.
El culto a estas grandes figuras, como el culto a Duarte que ejercía Joaquín Amparo Balaguer Ricardo disimula y no disimula la mayor hipocresía, pero nunca el monto de las grandes fortunas habidas y mal habidas a la sombra, al amparo del culto a la honestidad.

pcs. domingo, 27 de julio de 2008

         

sábado, 18 de noviembre de 2017

RIGOBERTO LÓPEZ PÉREZ

           Pedro Conde Sturla

 

 RIGOBERTO LÓPEZ PÉREZ
El justiciero

         

    El atentado contra Anastasio Somoza García, que Rigoberto López Pérez llevó felizmente a cabo a ritmo de mambo (y a costa de su vida), causó indignación y alarma en las más altas esferas del imperio y entre todos los tiranos y tiranuelos del continente.

     Sergio Ramírez -en un apéndice de la novela que comenté en la pasada entrega- describe con detalles la solidaridad y buenos oficios que le prodigó a su favorito, a su ángel caído, a aquella criatura monstruosa la gran democracia del norte. (Por las numerosas víctimas de la represión no hubo un responso):

“Al amanecer del 22 de septiembre, Somoza fue trasladado al Hospital Militar de Managua en un helicóptero Sikorski. Al día siguiente, el Presidente Dwight D. Eisenhower envió un equipo de cirujanos del Walter Reed Army Hospital, encabezado por el Mayor General Leonard D. Heaton, en un avión Constellation de la U.S. Air Force. Su primera provisión fue llevarse al paciente, en el mismo avión, a la Zona del Canal de Panamá, donde fue internado en el Gorgas Hospital. Operado por segunda vez, sufrió un shock del cual ya no se recuperó. Falleció el 28 de septiembre a las cinco de la mañana. Fue despedido en la Albrook Air Base con veintiún cañonazos. Volvió a Managua en un C-54 de transporte militar.

Anastasio Somoza, minutos antes del atentado

”Eisenhower, tras haber participado junto con su esposa Mammi en un desayuno ofrecido a veteranos inválidos de la guerra de Corea, compareció en el jardín este de la Casa Blanca para declarar que Estados Unidos había perdido a un amigo leal, víctima de las balas de un fanático comunista, a loyal friend of the United States of America victim of the bastardly attack made upon him by a communist fanatic, según transmitió por el teletipo la United Press (UP).

”Los funerales de Estado, que duraron una semana, se celebraron bajo férreo estado de sitio. Somoza recibió honores de Príncipe de la Iglesia acordados por el arzobispo de Managua, Monseñor González y Robleto, y el Generalísimo Trujillo envió una lujosa banda militar ataviada en uniformes oro y negro para tocar en el entierro.”

En opinión de un cronista, “Si quienes conocieron a Somoza García daban fe de que el hombre era capaz de cualquier cosa con tal de mantener el poder, quienes conocieron a Rigoberto López Pérez decían lo contrario: que el joven no parecía capaz de hacer algo indebido, mucho menos matar a nadie a sangre fría.”
Roger Morales, un cantante de la orquesta que amenizaba la fiesta la noche de la ejecución de Somoza, escribió este interesante testimonio sobre los movimientos de Rigoberto López Pérez:
  “Estábamos pues tocando la orquesta Occidental Jazz, yo era vocalista. A la hora del caso, estamos tocando Hotel Santa Bárbara, una pieza movida de jazz. Yo lo perdí de vista un rato y luego lo vi bailando con una muchacha que no sé quién era.” Más adelante afirma: “Era tanto el miedo por lo que había ocurrido, como la sorpresa por quien lo había hecho”.
Otro testigo de los acontecimientos afirma que “La orquesta de la guardia interpretaba ‘Caballo negro’, eran casi la 11 PM del 21 de septiembre de 1956. Rigoberto se colocó en posición de tiro y disparó cinco proyectiles del revólver .38 Smith & Wesson… ‘!Bruto animal!’, se quejó Somoza García al recibir los impactos, ‘Ay Dios”
Para conocer mejor al personaje, no hay nada como el escrito que le dedicó Mario Benedetti.

“Rigoberto López Pérez integra esa legión de jóvenes heroicos que en nuestra sufrida, esplendorosa América han pagado con la vida sus convicciones revolucionarias. Si fuera estrictamente eso y nada más, ya merecería la gratitud y el homenaje no sólo de su pueblo sino de todos los pueblos latinoamericanos. Pero Rigoberto es históricamente algo más, porque su indeleble acción del 21 de septiembre de 1956 demostró cómo un tirano, así ejerza el poder más absoluto y más cruel, así sea protegido por el imperialismo como uno de sus hijos putativos pero dilectos, aún así no es inexpugnable. Bastaron la voluntad y el coraje, la conciencia revolucionaria y la presencia de ánimo de un solo muchacho (apuntalado por otros tres) que ni siquiera tenía detrás un partido o una organización para convertir al tirano en expug-nable…Es claro que Rigoberto, Edwin, Cornelio y Ausberto eran los primeros en saber que un tiranicidio no es una revolución, y el propio Rigoberto tácitamente lo admite en la célebre carta a Soledad López, su madre. Sin embargo, el mero hecho de haber demostrado que los sádicos, los torturadores, los déspotas, también son vulnerables a las balas, genera una nueva dimensión en las luchas de Nicaragua. Uno de los rasgos más destacables del excelente trabajo de José Benito Escobar me parece su fundamentada afirmación de que Rigoberto ‘no era un suicida’. Todo el cuidado puesto por él y sus tres compañeros en la planificación del ajusticiamiento desmienten la irresponsable acusación de suicida. Pero también conviene destacar la formidable presencia de ánimo de Rigoberto, cuando Somoza anuncia que se retirará de la fiesta antes de lo previsto y el joven decide llevar a cabo, de todas maneras, el ajusticiamiento sabiendo, entonces sí, que el precio de su acción será su propia vida. Pero esa rápida, espontánea decisión, nunca podrá ser verosímilmente considerada un propósito suicida, sino un acto de una conmovedora humildad revolucionaria como sólo los héroes son capaces de cumplir…

”En su carta a la madre, Rigoberto, con pasmosa y serena lucidez, contabiliza sus riesgos y los asume, pero ése no es cómputo de suicida sino previsión de combatiente: con la muerte no se juega y él lo sabe. Por eso enfrenta el peligro que ha elegido, no sólo con coraje sino con realismo y objetividad. Esta es la otra lección de Rigoberto, la dedicación y el cuidado que pone en su preparación para la misión que así mismo se ha impuesto. Y si bien por la intervención de un azar desfavorable pone en su preparación el altísimo precio de su vida, la acción es sin embargo de una eficacia singular en cuanto a su objetivo primordial (la eliminación física del dictador) y esa eficacia se debe fundamentalmente a la conciencia que puso en su entrenamiento, realizado en tierra salvadoreña. Como revolucionario planificó hasta el último detalle; pero también como revolucionario no vaciló en recurrir a la improvisación para cumplir cabalmente su faena. Es claro que, en política, improvisaciones tan heroicas y decisivas no nacen como milagros sino como resultado de un proceso ideológico. Y ese proceso Rigoberto lo había transitado, opción por opción, riesgo por riesgo.

”Al igual que Sandino en su momento, cada uno en su dimensión y en su circunstancia, Rigoberto además de un Héroe es una síntesis, una Lección de Historia”.

La última tarde de su vida, Rigoberto López Pérez la pasaría en casa de su madre, la madre para la que tendría palabras después de su muerte en la carta que le escribió con la vana esperanza de mitigar el desgarramiento, el dolor infinito de la única persona que nunca aceptaría las razones de su sacrificio. La madre que nunca se resignaría.

         He aquí el conmovedor documento:
Carta de despedida de Rigoberto López Pérez a su madre poco antes de ajusticiar al dictador Anastasio Somoza García el 21 de septiembre de 1956.
Mí querida madre:
Aunque usted nunca lo ha sabido, yo siempre he andado tomando parte en todo lo que se refiere a atacar al régimen funesto de nuestra patria y en vista de que todos los esfuerzos han sido inútiles para tratar de lograr que Nicaragua vuelva a ser (o sea por primera vez) una patria libre, sin afrenta y sin mancha, he decidido, aunque mis compañeros no querían aceptarlo, el tratar de ser yo el que inicie el principio del fin de esa tiranía...
Espero que tomará estas cosas con calma y que debe pensar que lo que yo he hecho es un deber que cualquier nicaragüense que de veras quiera a su patria debía haber llevado a cabo hace mucho tiempo.
Lo mío no ha sido un sacrificio sino un deber que espero haber cumplido.
Si usted toma las cosas como yo deseo, le digo que me sentiré feliz. Así que nada de tristeza, que el deber que se cumple con la patria es la mayor satisfacción que debe llevarse un hombre de bien como yo he tratado de serlo...
Si toma las cosas con seriedad y con la idea absoluta de que he cumplido con mi más alto deber de nicaragüense, le estaré muy agradecido.
Su hijo que siempre la quiso mucho,
Rigoberto.


pcs,miércoles, 23 de diciembre de 2009