lunes, 26 de noviembre de 2018

Travesía de Sánchez Beras


25 agosto, 2012
[Hace tiempo que le tengo un lugar destinado en esta columna a César Sánchez Beras, uno de los más prolíficos y meritorios autores de la diáspora dominicana. Es un tipo buena gente con cara de buena gente y cara de buen escritor, o, como dice Koldo Campos Sagaseta, “no sólo es un poeta extraordinario. Además, es un ser humano excepcional”.
De acuerdo a los datos biográficos que recojo del blog de Leibi Ng, César Sánchez Beras nació en el año 1962. Es doctor en Derecho (Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1988). Ha publicado los libros: Memorias del retorno (1993), Travesía a la quinta estación (1994), Con el pie forzado (1994), En blanco y negro (1995), Comenzó a llenarse de pájaros el sueño (1999), Trovas del mar (2002).
Premiaciones: Primer lugar Concurso Nacional de Décimas, 1990, Primer lugar Concurso Nacional de Décimas (Cedee), 1991, Segundo lugar Concurso Nacional de Décimas Juan A. Alix; Premio Nacional de Poesía (RD) 2004, Premio Nacional de Literatura Infantil (RD) 2004, Maestro del año, Premios Círculos Dorados, Massachussets.
Elegido como maestro del año por la premiación “Quién es quien dentro de los maestros de EstadosUnidos, en fecha 2001 y 2004, Padrino del Desfile Dominicano 2003, Lawrence, Massachussets, Poeta Laureado por Cambridge College (2004). Actualmente trabaja como maestro de español y literatura en Lawrence High School, Lawrence, Massachussets, donde junto a su labor de activista cultural,   
se desempeña como columnista del Periódico Siglo 21 y de la 
Revista Imagen Hispana. * Durante el período constitucional 1996-2000, fue Asesor Cultural del Consulado Dominicano en Boston (honorífico).
En la obra de César Sánchez Beras, como puede apreciarse, hay demasiada tela por donde contar, demasiado para elegir, y la elección que de ella hago es apenas un arbitrario botón de muestra que, sin embargo, representa de algún modo, algo esencial de su credo poético, literario, como esa introducción de su “Antología total”, Cicatriz sobre un cuerpo en el viento, y los poemas, El universo comenzó en noviembre, La huida de Emily y Ley de conservación de la mujer. El cierre es un breve relato de un libro titulado De la vida alegre, en el que al parecer el autor se hace un  mea culpa, mea toda una culpa si acaso es biográfico el texto. Pero quizás es culpa ajena. (PCS)].
Cicatriz sobre un cuerpo en el viento
No concibo mi vida fuera de la influencia de la poesía. Primero como un asombro infantil por las palabras, luego como un lujo juvenil para tocar los cuerpos, más tarde como una trinchera para soportar el miedo, y de ahí, a todos los otros estadios en que ella me ha acompañado: Como bocado para aguantar el hambre, como sombra para esconder la rabia, como armadura para vencer tormentas, como velero para emprender la huida, como faro para volver a mí mismo, como luz para encontrar el rastro, como lecho para acostar insomnios, como tibieza para vencer el frío. La poesía ha sido andamio y fortaleza. Justificación última para alcanzar el alfabeto, verdad relampagueante para aclarar los espejos de la duda. La poesía ha sido todo y parte. Parte, para acercarme al gran motivo de la existencia. Todo, para ver la vida de los otros en correspondencia vital con la propia existencia. La poesía ha sido ese animal mutante que he llevado dentro, que dejó de ser sonajero para dormir a los otros, para convertirse en hacha, en flor, en tumba y en ala. La poesía ha sido lumbre y desamparo, la hermosa cicatriz sobre un cuerpo en el viento.
El universo comenzó en noviembre
Sé que el universo comenzó en noviembre / porque diciembre es / frío para inventar estrellas. / Enero es bello pero le falta fuerza, / para crear arcoiris o cayenas. / Febrero es húmedo para forjar desiertos / y marzo es tibio para fundar glaciares. / Abril germina flores pero le faltan peces / y mayo tiene lluvia pero no tiene osos / y al pobre junio a veces le vuelan mariposas. / Julio y agosto mueren junto a la fuente, / septiembre tiene mares sin orillas / y octubre tiene lunas pero no tiene lobos. / Sé que el universo comenzó en noviembre, / en el onceno mes bebí tu cuerpo / y en el mundo no existen coincidencias.
La huida de Emily
Nadie tuvo su cuerpo / de desnudez salobre como las caracolas.
Ningún amor se vio en sus ojos de nubes, / ni bebió de su boca / 
las sílabas terribles con que nace un conjuro. / Nadie besó sus senos. / Ningún fantasma pudo atravesar descalzo / el risco de su espalda quebrándose en la lluvia. / Nadie la vio quitarse / ese / viejo vestido de las hojas caídas. / Nadie escuchó sus pasos / saliendo del insomnio, / ni vio la nieve roja que alumbraba su sexo. / Solo yo estuve allí. / Mirando levitar su lúgubre mortaja, / con el ojo perverso con que mira el asombro, / con la muerte impaciente deletreando su nombre.
Ley de conservación de la mujer
Ese hilillo de sangre que gotea, / esa cayena rota en el asfalto, / esa sombra que vuela en lo más alto, / que cruje, que tañe, que flamea. / Esa mirada que relampaguea, / esa palabra grave como el llanto, / esas dos sílabas que fueron el canto / del gozo de la piel que serpentea. / Ese viaje primigenio de la arcilla, / la / fragmentada luz de la costilla, / es enunciado final de Lavoisier: / Ellas vuelan, se desparraman, huyen. / ellas ni se crean ni se destruyen. / Es materia iluminada, la mujer.
De la vida alegre (relato)
Dicen los que estuvieron con ella en unas de esas noches de besos comprados, que tenía el don de hablar con fluidez y de opinar juiciosamente sobre cualquier cosa. Vestía modestamente pero limpia, nunca se le vio despeinada, en el trayecto que hacía desde su casa en el barrio “Punta Brava” hasta la Plaza, donde se encontraba todo el comercio legal o ilegal, del Ingenio Quisqueya.
Nunca faltó por ningún motivo a las pocas reuniones que se celebraban en la escuela para conversar con los padres de los educandos de la Escuela Virgen de la Caridad del Cobre.
Caminaba pausado pero con ritmo, como si estuviera escuchando una música interior mientras desandaba los polvorientos senderos del municipio. En tiempo muerto, cuando toda actividad comercial se reducía a cero, ella, ni corta ni perezosa lavaba ropa ajena, revendía huevos o gallinas ponedoras, rifaba galones de aceite o sábanas, para el sorteo de los domingos y hay quienes aseguran que hasta ofició “horasantas” cantadas en aniversario de difuntos.
Su personalidad misteriosa agregó más misterio a mi adolescencia, así, que en la próxima zafra, cuando ella reinició su vida de prostituta de pueblo, me propuse conocer mejor ese raro espécimen de mi pueblito natal.
Durante mucho tiempo la observé con detenimiento: Ni una palabra descompuesta, ni un tono más alto que lo normal, ni un vestido con escote ofensivo, ni una falda por encima de las rodillas, ni un milímetro más del colorete acordado. Cuando reuní los 5 pesos que costaría pagar el hotel de paso, y los honorarios por servicios sexuales prestados, me aventuré pasadas las nueve de la noche a buscarla en la plaza. Tuve que mentir varias veces antes de llegar a ella, pues siendo menor en un pueblo pequeño todo se conjuraba en mi contra.
Cuando cerré la puerta y ella se desamarró el pelo, quise socializar un poco para entrar en ambiente. -Usted es curiosa- le dije, privando en más adulto de lo que era. -Trabaja como prostituta y nunca le he escuchado una mala palabra, nunca le he visto una actitud indecente, nunca le he visto ni siquiera mover las caderas para buscar futuros clientes.
Entonces ella me miró con ojos inolvidables y me dijo… -Es que yo soy “cuero” aquí, fuera de esa puerta, está el mundo, está la sociedad, están mis hijos. Cuando ella entró al cuartucho de baño para asearse para la jornada. Puse los 5 pesos en la mesita y me fui llorando todo el camino. Toda la noche me pesaba en el alma, por muchos años sentí que la prostituta era yo. (César Sánchez Beras).




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viernes, 23 de noviembre de 2018

SIETE AL ANOCHECER (12)

Pedro Conde Sturla
22 de octubre 2018

EL ÚLTIMO CAUDILLO
(Última parte)
Diez u once días después de haber hecho  público el manifiesto a la nación Dominicana del 13 de junio de 1931, Desiderio Arias estaría muerto y decapitado. 

Todo resultó como aparentemente se había planeado. De la fortaleza San Luis de Santiago salió más de un centenar de soldados en medios motorizados para aplastar un levantamiento que en gran parte había sido provocado. Al llegar a Mao tomaron la plaza como si se hubiera tratado de una fortaleza enemiga y mataron a varios de los seguidores del caudillo. Desiderio apenas tuvo tiempo y fuerzas para abandonar el poblado y refugiarse en Gurabo con un puñado de fieles, donde muy pronto sería circundado. Desiderio estaba probablemente enfermo y en las peores condiciones para enfrentar lo que se le venía arriba. Las tropas del gobierno infundían terror entre los lugareños, y a base de terror y de torturas y quizás de traición no fue difícil ubicar su paradero.

Lo hirieron y lo capturaron o lo capturaron y lo hirieron el día 20 o 21 de julio. Lo hirieron según se dice por la espalda, a traición, en la espina dorsal, con un disparo que lo habría dejado inválido y le provocaría un terrible sufrimiento durante horas o minutos. Tal vez lo ametrallaron para poner fin a su agonía o tal vez la prolongaron, lo humillaron, se burlaron, disfrutarían hasta el fondo su martirio.

La historia señala a Mélido Marte, un cancerbero, como el oficial que dirigía las tropas cuando mataron a Desiderio. Mélido Marte era uno de esos personajes que parecía haber sido tocado al nacer por la mano del demonio y se convertiría en uno de los más feroces perros de presa del régimen, el mismo celoso perro de presa que serviría a Trujillo y luego a Balaguer con su pesada cola de infamias, latrocinios y muertos durante más de cuarenta años. La gente decía y no se cansaba de decir que tenía un pacto con alguna fuerza maligna y al parecer no se equivocaba.

Junto a Mélido Marte se encontraba el tenebroso teniente Ludovino Fernández, un personaje abominable que sobresalía entre los abominables, un tipo cuya presencia helaba la sangre, tan oscuro y retorcido que hasta Trujillo llegaría a tenerle desconfianza o miedo o quizás ambas cosas.

Ludovino tuvo la idea, la feliz iniciativa (si acaso no cumplía instrucciones de Trujillo), de cortarle la cabeza (o mejor dicho el cuello) al cadáver de Desiderio y quizás la exhibió públicamente. 

Trujillo se indignó o fingió indignarse, tal vez para ocultar su regocijo, cuando Ludovino se la mostró, y entonces ordenó supuestamente a un médico que volviera a ponerla en su lugar. Este hecho ha dado origen a unas especulaciones macabras y de mal gusto, pero no necesariamente falsas: Ludovino no pudo encontrar el cadáver de Desiderio o lo encontró en estado de descomposición y decidió ejecutar a algún infeliz y cortarle también el cuello para colocar la cabeza del guerrillero en un cuerpo más fresco. El cuerpo de Desiderio Arias habría sido así  enterrado en algún lugar con una cabeza que no le pertenecía y la cabeza en otro lugar con un cuerpo que no era el suyo.

De cualquier manera, lo cierto  es que a partir del día de su muerte, Desiderio Arias salió de la historia y se convirtió en leyenda

En una semblanza muy idealizada de esos últimos tiempos del guerrillero, a quien sin duda admiraba, dice Rufino Martínez:

“Desconfiado de la buena fe del candidato sustentado por la unión de partidos en el año 1930, entró en la combinación política. Complacía a los compañeros del Movimiento Cívico que dió al través con el gobierno de Vázquez, pero la suspicacia del hombre criollo mantenía sus grandes reservas, temeroso del engaño y la perfidia. No se equivocó, y el pueblo entró en una faz dolorosa de asfixia por la falta de libertades públicas y garantía personal. Lo que precisamente reclamaba el pueblo, se le negaba. Tamaña responsabilidad de los hombres creadores indirectos de aquel estado de cosas, no obstante sus empeños de bien público.Un estado de desesperación, efectos de  flojedad y cobardía, fue el producido en la sociedad por la terrible fuerza opresora. En medio de aquella depresión moral, se alzó una virilidad: Desiderio Arias, que tenia el cargo de Senador de la República. Ello no sirvió de estimulo para que se levantaran los ánimos; pareció surtir efecto contradictorio, pues vióse a los del bando liberal renunciar la filiación y hacer labor de descrédito contra el hombre único. Todos se le entregaban al  Presidente Trujillo, que, como amo, repartía él solo los favores del poder. Ante aquel desconcierto en que se le iba haciendo el vacío morbosamente, exclamó: ‘No importa. Cuando ninguno quiera pertenecer al Partido Liberal, yo sólo seguiré siendo liberal...’.  La millarada de tránsfugas de la hora, no derivó beneficio alguno; ni siquiera garantía. La opresión siguió su curso creciente, mientras Arias continuaba de pies, atreviéndose a pedirle al Presidente que le concediera libertad al pueblo.Éste miró en aquel la postrera esperanza de romper las cadenas que le aherrojaban. Por eso se le prendía en el corazón un sentimiento de simpatía, ajeno a toda suerte de interés político. Arias se fue a la manigua, que siempre ha sido un recurso libertador entre nosotros, y pareció iniciarse la solución apetecida. Pero no estuvo en el poder de los hombres torcer el curso de la etapa que se iniciaba para el pueblo dominicano, y todo salió fallido por la falta de factores primordiales. Contratiempos en la salud del hombre y la falta de armas no le permitieron desplegar el dinamismo indispensable a las acciones prontas y atrevidas, Como las que sabe conducir el guerrillero. En las estratégicas lomas de Gurabo de Mao, la acechanza, parapetada en la traición, logró darle muerte”. 

“El pueblo le lloró como nunca había llorado a un guerrillero. Era el último espécimen notable de una clase social que entraba en su fase de extinción (1872-1931).”

A los dos meses del asesinato del caudillo, según informa Ligia Minaya en uno de sus artículos, Rufino Martínez escribió otro emotivo testimonio que sólo pudo publicar treinta y cuatro años después, cuando Trujillo estaba muerto:

“Triunfó el crimen y fracasó el pueblo. Dentro del capitolio se desató la alegría del festín. Afuera desfilaba el pueblo cabizbajo y lloroso al contemplar el cadáver mutilado de un hombre trabajador y honesto, mientras se escuchaba la voz irónica y fatídica de Jacinto B. Peynado Secretario de Interior y Policía:  ‘Es un día de júbilo. Viva el Presidente Trujillo’”.

xxx

Nuestro difunto padre, el conocido general Bonilla, que Dios lo tenga en su gloria, estuvo con el querido Jefe en los momentos más difíciles, lo acompañó en las buenas y en las malas, en todas las circunstancias fue su más fiel servidor. Cuando la patria se vio amenazada por la invasión de haitianos en 1937, él acudió al llamado de las armas y se distinguió junto al sargento Manuel Nuñez  en las fieras batallas que tuvieron lugar durante el proceso de dominicanización de la frontera. Tanto así que el mismo Jefe se vería obligado a amonestarlo por exceso de celo. Pero fue un hombre leal a toda prueba, que dejó a sus hijas, a mí y a mis dos hermanas, un legítimo motivo de orgullo. No fue nunca un oportunista como Desiderio Arias, ese chaquetero que se rebeló contra el orden institucional que forjó  el querido Jefe...

Al Jefe lo mató un grupo de forajidos y lo ha pretendido matar la historia que escriben los resentidos de siempre, sobre todo esas hienas de la fracasada izquierda y todos los que se resisten a callar, que emplean la fábula pintoresca de Desiderio Arias para pretender asesinar al Jefe dos veces con sus rabias inveteradas de perros hueveros, aquellos que no conciben, que se niegan a reconocer que el querido Jefe fue un ente modernizante en su tiempo...

Matar al querido Jefe...varias veces...todas las veces posibles. Ese es el propósito.


pcs



DILUVIOS (serie completa)


Pedro Conde Sturla
2 de mayo/ 9 de mayo 2016

El diluvio en Mesopotamia

Durante un día sopló la tormenta, del sur, / cada vez más rauda, sumergiendo a las montañas, / alcanzando a todos como una batalla. / Nadie podía ver a su compañero, / ni desde el cielo ser reconocida la gente. / Los dioses estaban asustados por el diluvio /

El primer diluvio ocurrió en Mesopotamia (en el “Poema de Gilgamesh”), ocurrió en la India (en las “Escrituras védicas”), ocurrió en la Biblia (el más famoso y grande de todos), ocurrió en la mitología griega (en el mito de Deucalión y Pirra), y ocurrió también en el Nuevo Mundo, en las mitologías americanas de los chibchas o muiscas, de los mapuches, mayas, mexicas, incas, guaraníes y tainos…Incluso una tradición del pueblo de Isla de Pascua, situada en medio del Pacifico, “dice que sus ancestros llegaron al lugar escapando de la inundación de un mítico continente o isla llamada Hiva”.
El diluvio mesopotámico es un capítulo de “El poema de Gilgamesh”, posiblemente el texto literario más antiguo que se conoce, y la leyenda en que se basa es aún más antigua. “Ahí comenzó todo”, dijo Borges. El hecho es que Gilgamesh, al cabo de muchas aventuras y desventuras, conoce a Utnapishstim, el único hombre que había sobrevivido al diluvio, y de su boca escucha el relato del espantoso acontecimiento y las causas que le dieron origen. Los dioses no desatan el diluvio a causa de la maldad, el mal comportamiento de los humanos, sino principalmente, por la insoportable algarabía:
“El país era tan ruidoso como un toro que bramaba. / Los dioses vivían agitados y sin paz, con los disturbios ensordecedores…”
Mandaron primero una plaga y después una sequía terrible  para provocar una hambruna y reducir la creciente población, pero la población siguió creciendo y haciendo ruido y así también la ira de los dioses. Entonces decidieron desatar las aguas sobre el mundo para que todos perecieran ahogados. (Algunos de ellos se horrorizarán y arrepentirán de haber tomado esa decisión. Los dioses, en Mesopotamia, podían ser compasivos).

Diluvio en Mesopotamia

Utnapishtim vivía en la ciudad de Shurrupak, donde servía al dios Ea y éste le avisó en el sueño del cataclismo que se acercaba y le dijo que construyera una nave y que metiera en ella una pareja de cada especie. Durante siete noches hubo una gran tempestad y el mundo se cubrió de agua. La nave tocó tierra en la cima del monte Nisir. Para verificar la extensión del diluvio, Utnapishtim soltó una paloma, luego una golondrina y luego un cuervo. Este último no regresó. Utnapishtim supuso entonces que había encontrado dónde posarse y que las aguas estaban bajando. En agradecimiento, encendió una hoguera e hizo sacrificios a los dioses. Enlil, el dios que había provocado el diluvio, se encolerizó al oler el humo, pero el dulce Ea intercedió por Utnapishtim y Enlil lo convirtió a él y su esposa en inmortales. Ambos son los antecesores de la humanidad…

Tablilla XI.
(Texto asirio)

“Voy a revelarte, Gilgamesh, algo que se ha mantenido oculto, / un secreto de los dioses voy a contarte: / Shuruppak, una ciudad que tú conoces / y que se extiende a orillas del Éufrates, / era una ciudad antigua, como sus dioses, / cuando éstos decidieron desatar el diluvio. / Estaba allí Anu, el padre de los dioses, / el valiente Enlil, su consejero, / Ninurta, su heraldo, / Ennuge, cuidador de los regadíos. / y también estaba presente Ninigiku-Ea, / que dice a la choza de caña: / ‘¡Choza! ¡Choza! ¡Tabique! ¡Tabique! / ¡Choza, escucha! ¡Tabique, presta atención! / ¡Hombre de Shuruppak, hijo de Ubartutu, / derriba esta casa y construye una nave, / abandona las riquezas y busca la vida, / desprecia toda propiedad y mantén viva el alma! / Reúne en la nave la semilla de toda cosa viviente. / Que las dimensiones de la nave que has de construir / queden bien establecidas: / su longitud ha de ser igual que su anchura; / como a Apsu, dale un techo.’ / Comprendí y dije a Ea, mi señor: / ‘Será una honra para mí, ¡oh señor!, / ejecutar lo que has ordenado, / ¿pero qué diré a la ciudad, al pueblo, a los ancianos?’ / Ea abrió la boca y me contestó, / a mí, su humilde servidor: / ‘Les dirás lo siguiente: / He sabido que Enlil es mi enemigo, / y así no puedo vivir en nuestra ciudad / ni pisar el territorio de Enlil. / Por lo tanto, acudiré a las aguas profundas / para vivir con mi señor Ea. / Pero él os dará la abundancia: / los más escogidos pájaros, los más raros peces, / la tierra con sus ricas cosechas. / Quien, al crepúsculo, gobierna los cereales, / os mandará aludes de trigo.’ / Los pequeños se encargaron de acarrear betún, / mientras los mayores trajeron todo lo que era necesario. / Al quinto día, levantó el armazón, / cuyo fondo era de un acre. / Diez docenas de codos de altura tenía cada uno de sus lados, / diez docenas de codos cada lado de la cuadrada cubierta. / Di forma a sus dos costados y los uní. / De seis cubiertas doté a la nave, / que quedó dividida en siete partes. / Dividí su planta en nueve partes. /
Examiné las pértigas y me procuré abastecimientos. / Seis cargas de betún vertí en el horno, / y vertí en él también tres cargas de asfalto, / tres cargas de aceite trajeron en cestos los acarreadores, / además de la carga que consumieron los calafateadores / y de las dos que estibó el batelero. / Sacrifiqué bueyes para la gente / y degollé corderos cada día. / Mosto, vino rojo, y aceite y vino blanco / di a los trabajadores, así como agua del río, / para que celebraran el día del Año Nuevo. / Al séptimo quedó terminada la nave. / La botadura fue muy difícil, / porque se tuvieron que sacar las planchas de abajo y de arriba, / hasta que los dos tercios de la nave entraron en el agua. / Todo cuanto yo tenía fue subido a bordo. / Todo cuanto yo tenía de plata fue subido a bordo. / Todo cuanto yo tenía de oro fue subido a bordo. / Todo cuanto yo tenía de criaturas vivas fue subido a bordo. / Toda mi familia y parientes fueron subidos a bordo. / Los animales del campo, las bestias salvajes del campo / y todos los artesanos, dispuse que subieran a bordo. / Shamash había fijado la hora para mí: / ‘Cuando el que gobierna el tiempo nocturno / desate un gran aguacero, / sube a bordo y cierra la escotilla.’ / Observé el estado del tiempo / y vi que amenazaba tormenta. / Subí a la nave, y cerré la principal escotilla / y Puzur-Amurri, el batelero, / cerró las otras y tomó el mando. / Cuando apuntó el alba, / una negra nube cubría el horizonte. / Dentro de ella Adad tronaba, / mientras Shallat y Hanish iban delante, / corriendo como heraldos por lomas y llanos. / Erraga arrancaba las estacas de los diques / y Ninurta precipitaba las aguas. / Los anunnaki levantaban las antorchas / e incendiaban la tierra con sus llamas. / A causa de Adad, la consternación llegaba al cielo, / porque todo lo que había sido luz era negrura. / La vasta tierra era sacudida como una olla. /
Durante un día sopló la tormenta, del sur, / cada vez más rauda, sumergiendo a las montañas, / alcanzando a todos como una batalla. / Nadie podía ver a su compañero, / ni desde el cielo ser reconocida la gente. / Los dioses estaban asustados por el diluvio / y, temblando, regresaron al cielo de Anu. / Los dioses, como perros acobardados, / se habían agachado junto a la muralla. / Ishtar gritaba como una mujer en trance de parto; / la amante de los dioses, de dulce voz, ahora gritaba: / ‘¡Ay! Los antiguos días se han convertido en barro, / porque hablé malignamente en la asamblea de los dioses. / ¡Cómo pude hablar malignamente en la asamblea de los dioses, / aconsejando la lucha para la destrucción de mi gente, / cuando yo misma parí a mi pueblo, / que es semejante a los pececillos del mar!’ / Los anunnaki lloraban por ella, / los dioses, llenos de humildad, sollozaban sentados, / apretando los labios …

El diluvio en Mesopotamia (2 de 2)

En una de las dos versiones del diluvio bíblico hay algo ligeramente parecido, cierta muestra de arrepentimiento por parte del sumo hacedor, pero nada tan democrático como las encendidas discusiones entre dioses

En el tembloroso poema del diluvio, que en los albores de la civilización se escribió en Mesopotamia en tabletas de barro, Utnapishtim o Ut-Napishtim describe con tintas fuertes la magnitud del violento episodio, un episodio tan violento y devastador que, como se vio en la pasada entrega, arrancó gritos de conmiseración y dolor a los propios dioses. Las aguas finalmente lo cubren todo y la desolación es infinita, pero poco a poco deja de llover y empiezan los picos de las altas montañas a emerger, parece que se anuncia el principio del fin, o por lo menos el fin del principio:
Durante seis días y seis noches / sopló el viento del diluvio, /
la tormenta del sur barrió la tierra. / Al séptimo día, / la tempestad comenzó a ceder, / como un ejército en la batalla. / El mar se calmó, la tormenta amainó, / la inundación cesó. / Observé el tiempo: reinaba la calma / y la humanidad se había cambiado en barro. / El paisaje aparecía liso como un techo. / Abrí una escotilla, y la luz cayó sobre mi rostro. / Me incliné, reverente, senteme y lloré. / Las lágrimas resbalaban por mis mejillas. / Busqué con la mirada la línea de la costa / en la expansión de las aguas. / En cada una de las catorce regiones / emergía una montaña.
         A la vista de esas montañas, emerge la esperanza en el pecho de Utnapishtim, baja la intensidad del drama, el paisaje poético se suaviza, se produce una calma, un alivio. Mediante el recurso de la reiteración, que se emplea más de una vez en el poema, da la impresión de que Utnapishtim quiere confirmar que sus sentidos no lo engañan:
La nave se detuvo en el monte Nisir. / El monte Nisir retuvo firmemente a la nave, / sin dejar que se moviera. / Un día, dos días el monte Nisir retuvo firmemente a la nave, / sin dejar que se moviera. / Tres días, cuatro días el monte Nisir retuvo firmemente a la nave, / sin dejar que se moviera. / Cinco días, seis días el monte Nisir retuvo firmemente a la nave, / sin dejar que se moviera.
Utnapishtim suelta pájaros a partir del sexto día para cerciorarse de que el nivel de las agua seguía bajando y la tierra volvía a ser habitable. La paloma y la golondrina regresaron. Cuando un cuervo no regresó dejó en libertad a todos los animales que había en la enorme embarcación y ofreció, en acción de gracias, un sacrificio en el que no se menciona la sangre (“siete hogueras para incienso”, “caña, cedro y mirto”). Aun así los dioses -dice Utnapishtim con cierta irreverencia-, al percibir “el aroma” (…) “acudieron como una nube de moscas”. La “gran diosa Ishtar” da muestras de mayor irreverencia o por lo menos de falta de respeto cuando propone que el poderoso Enlil (“dios del cielo, del viento, las tempestades y la respiración”) no tome parte en el sacrificio por haber abierto las compuertas del cielo para exterminar a los ruidosos habitantes de la tierra:
Cuando llegó el sexto día, / solté una paloma. / La paloma emprendió el vuelo, pero regresó: / no había encontrado donde posarse. / Entonces solté una golondrina. / La golondrina emprendió el vuelo, pero regresó: / no había encontrado lugar donde posarse. / Entonces solté un cuervo. / El cuervo emprendió el vuelo, vio la mengua de las aguas, / corrió, resbaló, croó y no regresó. / Entonces hice que todo saliera, hacia los cuatro vientos, / ofrecí un sacrificio, en la cumbre de la montaña, / preparé siete hogueras para incienso. / En su base amontoné caña, cedro y mirto. / Los dioses percibieron el aroma / y acudieron como una nube de moscas, / rodearon al sacrificador. / Cuando la gran diosa Ishtar llegó, / hizo tintinear sus ricas joyas, obra de Anu, y dijo: / ‘¡Oh dioses que estáis reunidos aquí!: / tan cierto como que nunca me olvido de este collar de lapislázuli, / jamás me olvidaré de estos últimos días! / Que los dioses tomen parte en el sacrificio, / pero que Enlil se mantenga aparte, / porque, irreflexivamente, desencadenó el diluvio / y lanzó a mi pueblo a la destrucción’.
Enlil se pone furioso cuando llega y descubre que alguien había sobrevivido a sus designios y que además estaba celebrando en compañía de otros dioses. Un dios chivato denuncia a Ea, el protector de Utnapishtim, lo señala como culpable por haber desobedecido órdenes superiores, pero Ea no se arredra, no se amilana ni almidona y, al igual que la criada respondona, se convierte de acusado en acusador y le hace ver a Enlil lo caro que le ha salido al mundo su rabieta, el fatídico diluvio. Y otra vez, el recurso poético de la reiteración vuelve a demostrar su eficacia: A Enlil se le bajan los humos, se aplaca, bendice a Utnapishtim y colorín colorado. El diluvio mesopótámico tiene un final feliz, al menos para Utnapishtim:
Cuando Enlil llegó / y vio la nave / enfurecióse contra los dioses del cielo. / ‘¿Ha escapado algún alma humana? / ¡Ningún hombre ha sobrevivido a la destrucción!’ / Ninurta abrió la boca y dijo / ‘¿Quién, excepto Ea, puede formar planes? / Sólo Ea lo sabe todo’. / Ea abrió la boca y dijo al valiente Enlil: / ‘¡Oh tú, héroe, tú, el más sabio de los dioses! / ¿cómo pudiste, sin razón, desatar el diluvio? / ¡Al pecador castígalo por su pecado / y al transgresor por su transgresión! / Sin embargo, sé indulgente, / para que él no sea aniquilado; / sé paciente, para que no sea desalojado. / En vez de desatar el diluvio, / mejor hubiera sido que un león mermara a la humanidad. / En vez de desatar el diluvio, / mejor hubiera sido que un lobo mermara a la humanidad. / En vez de desatar el diluvio, / mejor hubiera sido que el hambre mermara a la humanidad. / En vez de desatar el diluvio, / mejor hubiera sido que la pestilencia mermara a la humanidad. / No fui yo quien descubrió el secreto de los grandes dioses. / Dejé que el sabio Ut-Napishtim tuviera un sueño / y penetrara el secreto de los dioses. / Ahora reflexiona sobre lo que debes hacer con él’. / Oído esto, Enlil subió a la nave, / donde me tomó de la mano; / luego tomó de la mano a mi esposa / e hizo que se arrodillara a mi lado. / Colocándose entre ambos, tocó nuestras frentes y nos bendijo: / ‘Hasta ahora, Ut-Napishtim, sólo has sido humano; / pero desde este momento, tú y tu esposa, seréis como dioses. / ¡Irás a vivir lejos, en la desembocadura de los ríos!’ / Tras lo cual, me llevó a vivir lejos, / en la desembocadura de los ríos.
En una de las dos versiones del diluvio bíblico hay algo ligeramente parecido, cierta muestra de arrepentimiento por parte del sumo hacedor, pero nada tan democrático como las encendidas discusiones entre dioses, el  coro de lamentaciones, las muestras de empatía y compasión y, sobre todo, las acusaciones que unos a otros se lanzan. En muchas religiones politeístas los dioses sienten y disienten. El monoteísmo es autoritario.

16 de mayo 20016

El diluvio en Grecia: Filemón y Baucis

Lo más inusual o extraordinario se da por sentado, como algo común y corriente, y cuando el lector muerde el anzuelo queda atrapado (o se deja atrapar) como una mosca en la telaraña.

Filemón y Baucis

Hay tantos diluvios como mitos, leyendas e historias del diluvio, la conocida historia del diluvio que es común a tantos pueblos y culturas en casi todos los continentes. Muchas sólo se relacionan superficialmente y otras son directamente dependientes de la original mesopotámica. En Grecia “La ira de los dioses (los dioses del Olimpo) también se abatió sobre la humanidad, debido a la conducta lujuriosa, deshonesta y egoísta de los hombres, provocando un diluvio universal”. Las huellas o el recuerdo del magno acontecimiento han perdurado en narraciones fantásticas como la de Filemón y Baucis y la de Deucalión y Pirra, que se remontan a tiempos muy remotos. En ambos casos el realismo mágico o la magia de los relatos conservan toda su ingenuidad y frescura, el don de atrapar a ciertos lectores en una narración ficticia que parece verdadera. 

El diluvio en la India

Pedro Conde Sturla
27 de junio 2016

Nada más que esto: a un hombre pío se le notifica el diluvio que se acerca; el hombre construye un buque, atraviesa el cataclismo, y llega por fin a la cima de un monte, donde celebra un sacrificio.

El Rig Veda –uno de los textos sagrados más antiguos de la India y del mundo–, recoge una original leyenda del diluvio que tiene poco en común con las de Mesopotamia, Grecia y la Biblia.
El Rig Veda es una  colección de “relatos mitológicos y poéticos que hablan sobre el origen del universo, himnos que alaban a los dioses, oraciones para la vida, la prosperidad, etc”, y cuenta cómo en la India había un rey llamado Manu que fue salvado de las aguas por una encarnación del dios Visnú en forma de pez y vivió, al parecer, durante varios millones de años.
“Según el Rig Veda, Manu es el nombre del primer ser humano, el primer rey que reinó sobre la Tierra. En sánscrito, Manu proviene de manas: ‘mente’, y significaría ‘pensante, sabio, inteligente’ y ‘criatura pensante, ser humano, humanidad’. También se cree que proviene de un vocablo indoeuropeo que habría dado lugar al término inglés man (hombre varón) y a los términos españoles ‘humano’ y humanidad’”.
El diluvio hindú no es pluvial, es de origen marítimo y fue, en consecuencia, “mucho más devastador, ya que el agua no provenía de las nubes de este planeta, sino que se trataba de una creciente del océano que se encuentra en el fondo del universo. Esta versión es congruente con el desbordamiento del Mar Mediterráneo que inundó el área ahora ocupada por el Mar Negro, forzando a los supervivientes indoeuropeos de la zona este del Mar Negro a emigrar, en este caso hacia la India. El mito persistió al igual que en Mesopotamia”.
Como dice el profesor Paolo Magnone (“El mito indio del diluvio en su relación con los cuentos clásicos y próximo-orientales”), “Los rasgos principales de la versión india más antigua son los siguientes: un hombre pío (Manu) salva a un pececillo — el pececillo sufre gradualmente una metamorfosis prodigiosa en monstruo marino — le devuelve el favor a Manu descubriéndole el diluvio inminente — el hombre construye un buque — empieza el diluvio — el pez viene en su ayuda — el hombre engancha el buque al cuerno del pez que lo remolca — se acaba el diluvio — el buque atraca en la cima de un monte — el hombre desembarca y ofrece un sacrificio — engendra descendencia con la mujer nacida del sacrificio”.
No hay, pues, como en los mitos mesopotámico, griego y bíblico “una motivación ética para el diluvio como castigo de la humanidad pecadora. Tal motivación brilla por su ausencia en la versión india, que ofrece en cambio un antecedente de naturaleza folklórica: el hombre pío le hace bien a una criatura humilde, que resulta por fin un ser poderoso y le devuelve el beneficio — un motivo bien conocido de numerosos cuentos populares”.
En el mito indio tampoco tiene cabida ninguna disidencia entre dioses ni “algún vestigio interiorizado en forma de tardío arrepentimiento.”
Algo más realista es que en el mito indio, aunque “al elegido se le confía la tarea de llevar a salvo ejemplares de las criaturas en vista de la futura” repoblación del mundo, hay una diferencia capital: “no se trata de “parejas, o en todo caso de seres completos.” De hecho, “en los mitos indios siempre se trata de semillas.
En resumen, Argumenta Paolo Magnone, “el mito indio no concuerda” con los demás en “los detalles marginales (…) Por ejemplo, no hay ni rastro del episodio de las aves enviadas a la descubierta, que en cambio fue adoptado por la versión bíblica gracias a su eficacia narrativa”.
“¿Qué queda entonces en común? –se pregunta Paolo Magnone-. Nada más que esto: a un hombre pío se le notifica el diluvio que se acerca; el hombre construye un buque, atraviesa el cataclismo, y llega por fin a la cima de un monte, donde celebra un sacrificio. Pero hasta estas concordancias, aunque sean bastante genéricas, son más aparentes que reales”.
EL DILUVIO HINDÚ
(Fragmento del Rig Veda)
Manú, en cierta mañana se hizo servir agua en un vaso. En tanto que se lavaba las manos, un pececillo que había en el agua le dirigió la palabra: “Manú, sálvame, y yo te salvaré del diluvio que debe arrastrar a todos los seres.”—¿Qué es necesario hacer para salvarte? —preguntó Manú al pez.—Mientras que somos peces pequeños nuestra existencia es precaria, porque los peces grandes nos devoran. Déjame, pues, en este vaso. Cuando yo haya crecido, haz un estanque y llénalo de agua para que me reciba, y cuando haya aumentado más aún de tamaño llévame al mar. Entonces seré bastante fuerte para librarme de todos los peligros. Efectivamente, el pez creció y un día dijo a Manú: “Deberás construir una nave para salvarte del diluvio que te he anunciado. Haz exactamente lo que te digo. Cuando el diluvio comience, métete en la nave que habrás construido y déjate llevar por las olas: yo iré entonces a salvarte”. Manú, cuando el pez llegó a ser enorme, lo llevó al mar. Después construyó una nave donde puso a salvo semillas de todos los arboles y plantas y el semen de todos los animales para repoblar la Tierra, y se metió en ella tan pronto como el diluvio comenzó. Las olas pronto llegaron a levantar a la nave y la transportaron de un lugar a otro. Manú vio entonces venir el pez que él había salvado; lo ató por medio de un cable a su nave, y el pez, nadando vigorosamente, lo condujo hacia una montaña elevada que el mar no había podido cubrir. Allí, el pez le dijo: “Amarra tu nave al tronco de aquel árbol corpulento. Conviene hacerlo así para evitar que las aguas cuando se retiren puedan arrastrarla.” Después se alejó y Manú no lo volvió a ver. Cuando las aguas se retiraron, Manú salió de su nave y se halló solo en la tierra, porque las aguas habían sumergido todo lo que había en el mundo, y habían hecho perecer a todas las criaturas. Manú vivió cuerdamente e hizo numerosas ofrendas al mar, al que pidió una compañera. Al cabo de un año, una mujer salió del mar y se dirigió hacia los dioses.Éstos le preguntaron quién era. “Soy la hija de Manú, respondió, y a él pertenezco.” Los dioses quisieron obligarla a permanecer con ellos, pero ella se negó, y fue a buscar a Manú: éste le preguntó quién era ella.—Soy tu hija —le respondió.—¿Cómo puedes ser mi hija?—Las ofrendas que has dedicado al mar me han dado vida, correspondiendo así a un voto que hiciste. Si quieres tener grandes riquezas y una larga prosperidad, hazme tu esposa durante un sacrificio, y todos nuestros deseos se realizarán. Manú celebró entonces un sacrificio y se unió a aquella mujer; vivieron largos años y fueron padres de la raza llamada de Manú…

jueves, 22 de noviembre de 2018

Sergio Forcadell: La derrota de Madrid y la Marca España

Pedro Conde Sturla
12 septiembre 2013

[Hoy tengo como invitado a un publicista catalán de pura cepa, casado con dominicana y castizamente aplatanado. Sergio Forcadell y Feliú. Lo conocí hace un millón de años en los predios de Publicitaria InterAmérica, junto al inolvidable Harold Priego y una dulce colombiana que se horrorizaba de nuestras ocurrencias e irreverencias, sobre todo de las óperas italianas que Harold memorizaba y cantaba o graznaba a voz en cuello sin entender el significado, desentonando, soltando gallos, maltratando sin piedad la lengua de Dante.
Alguna vez escribí sobre ellos en términos festivos, como acabo de hacer, evocando momentos felices de nuestra relación en la agencia publicitaria.
Ahora quiero hablar en serio –cosa que me cuesta trabajo porque soy un charlatán vocacional- y presentar al amigo Sergio como lo que de él se sabe a carta cabal: “Veterano publicista con 43 años de experiencia, presidente y director de estrategia de Forcadell Publicidad, agencia de servicios plenos creada en 1985. Es especialista en las áreas creatividad e implementación de estrategias de comunicación. Más de 30 años como profesor en las principales universidades del país.” Es decir, uno de los mejores publicistas del país, curtido además en el magisterio.
Pero también quiero presentarlo como el fino analista y escritor satírico que produce textos que siempre me hace llegar y rara vez tienen acogida en la prensa. Esta vez lo acojo yo en mi página, libertaria, sin pedir permiso, para mostrar el valor, la finura analítica de un productor de ideas que vale lo que pesa y pesa mucho. PCS)
La derrota de Madrid y la Marca España
Señores, es la tercera vez que la ciudad de Madrid intenta casarse con los Juegos Olímpicos y también la tercera vez que la dejan plantada en el altar con el vestido puesto y el moño hecho, cuando en un instante, un juez medio viejito, parco y lento, saca una cartulina con el nombre de otra capital, quedando así automáticamente eliminada. 
Y, de verdad, lo sentimos mucho por Madrid, una gran urbe que presentó una impecable candidatura, y que posee todas las condiciones para constituirse en sede olímpica, con una excelente infraestructura deportiva, buenas comunicaciones, capacidad organizativa y un ambiente único para pasarlo de maravilla durante el tiempo que transcurrirían los juegos. Creemos que Madrid se lo merecía y sobre todo, lo necesitaba, para volver a retomar un protagonismo internacional que desde hace algún tiempo ha venido perdiendo . 
Ahora, tras la derrota, como tantas veces ocurre en el ambiente deportivo, vienen las excusas, válidas, o podridas. Que si fue una trama para dar paso a París las próximas olimpiadas, que si el comité hizo esto, los turcos eso, los japoneses aquello, o los venusinos lo de más allá.
Pero nosotros creemos que la causa principal, aunque no única, de esta derrota ha sido el empeño del Gobierno, más necesitado de las olimpiadas que la misma Madrid para salir de la difícil situación en que se encuentra, por querer proyectar ante el mundo una imagen de la Marca España , muy diferente a lo que en la realidad es. 
Se quiere presentar a este país como fuerte, dinámico, pletórico, cuando desde el interior y exterior se le percibe en una profunda crisis, débil y problemático, por mucho que Rajoy y sus ministros quieran hacernos creer, con índices y estadísticas en mano, que la recuperación económica y laboral está a la vuelta de la esquina. 
Uno se pregunta cómo le van a dar las Olimpiadas a un país que la Unión Europea le ha tendido un rescate bancario (aunque lo hayan bautizado con otro nombre) de 50,000 millones de euros, según se dice en medios financieros, ya fracasado. 
Qué durante años mantiene ya 5 millones de para dos. Qué hay un millón de familias sin ingresos de ninguna especie. Con un serio aumento de la pobreza, de los recortes en educación, en sanidad y otras áreas sociales prioritarias. Qué tantos y tantos dirigentes políticos, de todo s los partidos, están implicados en severos y vergonzosos actos de corrupción. 
La Marca España
 ni siquiera proyecta una imagen unificada, pues el principal motor económico, Catalunya, quiere independizarse porque después trescientos años de unión forzada, no ha podido encajar en el estado español debido a la tradicional torpeza y miopía de su política, anclada aún en el siglo XIX. 
Eso sin contar algo tan importante como los dos pajes deportivos que se han presentado en los últimos tiempos que alcanzan a atletas ganadores y ganadoras de grandes competencias, médicos deportivos, y la sobre todo vista gorda que se ha hecho con ellos a través de fallos exculpatorios por parte de los organismos oficiales.
Y todo esto, en un mundo comunicado e interconectado se sabe y, en consecuencia, se percibe una Marca España,  inflada y florida que no encaja con su cruda realidad.
El Gobierno del PP, embarrado hasta el cuello, entre otros asuntos, con el escándalo de Bárcenas, ha querido salvarse primero, y de paso a su querida y maltrecha monarquía, con el respiro que podía otorgarle el balón de oxígeno que son las Olimpiadas, pero este tiro estratégico salió por la culata de la escopeta olímpica, y ahora debe soportar, además, el cubo de desprestigio y desmoralización que le ha caído en la cabeza. 
Estambul, capital de un país claramente emergente, con veinte millones de habitantes, situado a un puente de distancia entre dos culturas milenarias, con la posibilidad de avanzar con los Juegos a Turquía, en derechos de igualdad social y de género, y de influir en lo deportivo a las complicadas naciones que la rodean era, por hegemonía del deporte, mejor candidata. 
Y qué decir de Tokio, las Olimpiadas serán un tsunami de optimismo para paliar en parte la tragedia del tsunami marítimo que arrasó tantos pueblos y causó decenas de miles de muertos. Además. Japón es poderoso, tiene mucho dinero y recursos tecnológicos, así como una gran disciplina en lo económico, moral y humano que garantizan el cumplimiento de los objetivos propuestos. Tokio era mucho competidor, demasiado para Madrid en estos momentos. 
Este Gobierno del PP, debe aprender rápido una lección que le ha costado mucho dinero y esfuerzos a la comunidad de Madrid. Cifrar las mayores esperanzas en los Juegos, apostando más al continente del producto que al contenido, lo cual suele crear lo que en psicología denominan disonancia cognoscitiva, es decir, una gran diferencia entre lo que se ofrece y lo que se recibe, y que se traduce en una gran decepción.
Los productos, incluida la tan deteriorada Marca España, se venden más por lo qué son y lo qué ofrecen, que por sus envolturas, por muy bellas y atractivas que estas sean, como lo ha sido la bien elaborada y decorada presentación de la candidatura de Madrid. 
Y más aún cuando hay un Comité Olímpico Internacional, con un jurado de más de noventa miembros que los abre, huele, los compara, los manosea y los valora, hasta lo último. Meticulosos que son ellos. (Sergio Forcadell).
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