sábado, 7 de mayo de 2022

La venganza de los Bernardino (2)

Pedro Conde Sturla

6 mayo, 2022

Galíndez y Gloria Estebanía Viera, la mujer que lo sedujo

Galíndez nunca vio venir el terrible golpe que le deparaba el destino, o mejor dicho la bestia. El 12 de marzo de 1956 desapareció de la faz de la tierra. Una hermosa mujer lo engatusó, le tendió una trampa en su propio apartamento de Manhattan. El apartamento donde lo drogaron y de donde lo llevaron al aeropuerto. El aeropuerto donde lo esperaba un avión que lo trajo drogado a Montecristi, haciendo escala en Miami. El avión que pilotaba el joven Gerald Murphy. El avión en que también viajaba el médico Miguel Rivera, el médico que drogó a Galíndez y lo mantuvo drogado durante el vuelo. El vuelo en que además venía el inefable Felix W. Bernardino.

Desde Montecristi Galíndez fue trasladado en ambulancia u otro tipo de vehículo adecuado al fronterizo pueblo de Dajabón y desde Dajabón a Ciudad Trujillo en un avión de la CDA, la célebre compañía dominicana de aviación.

Según se sabe, el piloto Murphy, de apenas 22 años, había sido contratado, comisionado discretamente para que trajera a un supuesto enfermo terminal a Montecristi, y Octavio de la Maza, aliasTavito, había sido enviado a buscarlo a Dajabón, a buscar “un paquete”. Eso fue lo que les dijeron. Eso era todo lo que sabían o creían saber. Ninguno de ellos tuvo conocimiento de lo que estaba ocurriendo.

Cuando Galíndez recuperó la lucidez tenía 41 años de edad y estaba en el infierno, quizás en Hacienda María, en manos de la bestia, la bestia que lo encaraba y lo encuadraba, la bestia con sus ojos de fiera y su sonrisa de hiena. La bestia que lo devoraba con la mirada, como hacen las lechuzas con sus presas antes de consumirlas. El hombre que lo había irrespetado, desconsiderado y calumniado estaba a sus pies. Con él se tomaría su tiempo, todo el tiempo del mundo, lentamente, sin prisa... Le quebraría el alma antes que el cuerpo.

Dicen que le hizo comer un ejemplar de la tesis que habían encontrado en su apartamento de Manhattan o por lo menos unas cuantas hojas. dicen que probablemente lo sometieron a todos los horrores imaginables, dicen que lo desollaron, dicen que lo quemaron a fuego lento, dicen que le sacaron las uñas y que le sacaron los ojos y que le habrían aplicado picanas en los genitales, dicen o pueden decir que le arrancaron la lengua, que le machacaron los testículos, y que le fueron rompiendo los huesos despacito, uno por uno, todos los huesos del cuerpo, desde los pies a la cabeza, pulverizándolos más bien uno por uno.
Dicen que finalmente lo echaron a los tiburones cuando todavía estaba quien sabe si medio vivo o medio muerto.

Crassweller afirma que la desaparición de Galíndez pasó varios días inadvertida y que cuando los primeros investigadores visitaron su apartamento encontraron que todo estaba en orden y que las pesquisas no señalaban en ninguna dirección. Cualquiera podía haber sido el culpable. Pero al poco tiempo empezaron a encenderse las alarmas y aunque lo que se sabía o sospechaba no podía ser demostrado, la opinión pública apuntaba en una dirección, señalaba a un responsable.

El escándalo que se armó en Estados Unidos y otros países fue algo parecido a un estallido, un estallido de indignación y cólera que sorprendió al gobierno de la bestia. Otras veces habían matado a un exiliado dominicano en ese país (empezando por Sergio Bencosme en 1935), y la prensa y las organizaciones democráticas habían protestado, algún funcionario se había pronunciado en contra de la bestia, pero en poco tiempo la noticia desaparecía de los titulares y el hecho no tenía mayores consecuencias. Quizás una amonestación, una advertencia de los altos mandos para que el SOB favorito del imperio mantuviera la compostura.

Pero Galíndez no era dominicano y tenía dolientes en el FBI y la CIA y a nivel del aparato gubernamental, y los medios de prensa no parecían agotar su caudal de noticias y empezó a cundir el nerviosismo entre los que tenían hecha y tenían sospechas.
Entonces la bestia ordenó que se realizara una operación de limpieza, un chapeo bajito, como se decía por estos rumbos, y en el curso de unos meses empezaron a desaparecer y morir en el país y en el extranjero algunos de los implicados en el rapto que menos confianza merecían. Unos siete u ocho en total.

Eliminaron, en primer lugar, según informes del FBI, a la persona que le echó gasolina en un aeropuerto de Long Island a la avioneta en que se llevaron a Galíndez. Eliminaron, en un accidente de tráfico en las cercanías de Villa Altagracia, a la criolla que había seducido y conducido a Galíndez a la trampa mortal.

En otro accidente de tráfico, ocurrido también en el país, eliminaron y desaparecieron a un demoníaco personaje que llamaban el Cojo, un cojo y bizco, con un ojo averiado, un oscuro delincuente internacional, un matón que estaba al servicio de Trujillo, un paisano de Galíndez que se hacía pasar por su amigo y jugó un papel de primer orden en el rapto.

El médico que lo drogó también murió de muerte innatural. No murió, sin embargo, en un accidente. Se optó por el suicidio con cianuro, algo más creativo.

Otro de los esbirros, un coronel cubano que sabía demasiado, optó asimismo por el suicidio. Se suicidó de varios disparos en su despacho.

El joven piloto Gerald Lester Murphy fue igualmente víctima de la pandemia de accidentes de tráfico y desapariciones. El día 3 de diciembre de 1956 su automóvil Ford, aparentemente abandonado, fue encontrado cerca de unos acantilados, en el malecón, a poca distancia del matadero municipal, pero de su cadáver todavía se ignora el paradero.

(Historia criminal del trujillato [85])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Tony Raful
La venganza fue de “espanto y brinco” (2) (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2015/03/24/361032/la-venganza-fue-de-espanto-y-brinco) “Tavito y Antonio de la Maza… principio y fin” (https://hoy.com.do/tavito-y-antonio-de-la-maza-principio-y-fin/)

Juan Daniel Balcácer
El caso Galíndez- Murphy: Una crónica de terror (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2019/08/14/578159/el-caso-galindez-murphy-una-cronica-de-terror)

Juan Daniel Balcácer
¿Por qué mataron al piloto Murphy? (y II) | Listín Diario (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2019/07/31/576234/por-que-mataron-al-piloto-murphy-y-ii)

José del Castillo Pichardo
El Sino Trágico de Galíndez (https://www.diariolibre.com/opinion/columnistas/2022/04/14/a-la-pluma-de-galindez-se-debe-la-era-de-trujillo/1770330)

Tony Pina
El asesinato de Galíndez provocó otros crímenes - Noticiario Barahona (http://www.noticiariobarahona.com/2011/05/el-asesinato-de-galindez-provoco-otros.html)

Secuestro y asesinato de Jesús de Galíndez — El Nacional (https://elnacional.com.do/secuestro-y-asesinato-de-jesus-de-galindez/)

La trágica historia de Jesús Galíndez. Portal Carta de España. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (https://www.inclusion.gob.es/cartaespana/es/noticias/Noticia_0349.htm).




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sábado, 30 de abril de 2022

La venganza de los Bernardino (1)

Pedro Conde Sturla

29 abril, 2022

Octavio de la Maza, alias Tavito

La venganza de los Bernardino se consumaría uno tres años después de la muerte de Luis, a raíz de un incidente que provocó uno de los más grandes escándalos internacionales de la era de la bestia. El famoso caso Galíndez.

Minerva Bernardino insistió desde el primer día para que la bestia castigase a Octavio de la Maza por lo que consideraba y llamaba el asesinato de su querido hermano Luis, el indefenso e inofensivo Luis Bernardino que había metido cinco plomos en el cuerpo de Octavio. Durante mucho tiempo insistió y persistió y nunca desistió en su clamor de venganza, pero la bestia no le prestó mayor atención. O por lo menos la postergó.

El tenebroso y tétrico y retorcido y escabroso Felix W. Bernardino secundó los deseos de su no menos tenebrosa, tétrica, retorcida y escabrosa hermana, emprendieron juntos una cruzada para tratar de convencer a su querido generalísimo de que les concediera la vida de Tavito. Solamente la vida de Tavito, como si de un conejo o un pollo se tratara.

Minerva, sobre todo, intrigó, cabildeó, envió cartas casi de súplica a la bestia, citó mentirosos testimonios, pruebas amañadas, mostró documentos que narraban una versión sesgada de los hechos, acusó al embajador dominicano en Londres de complicidad y encubrimiento, se empleó a fondo, definitivamente a fondo, tratando de ablandar el corazón de la bestia para que accediera a sus deseos, pero durante mucho tiempo la bestia se negó a complacerla y ni siquiera a responder a sus reclamos. La bestia la había escuchado, sin embargo, había escuchado sus ruegos y los había almacenado en su memoria. No los había desestimado del todo.

Luis Bernardino, según el informe del embajador dominicano en Londres, había muerto “en una reyerta entre amigos”, pero también se decía que en el trasfondo había un componente homosexual. Era un secreto a voces que el incidente había tenido lugar por el rechazo de Tavito a las pretensiones de Luis. El mismo guión, el mismo argumento daría base a una posterior acusación contra Octavio de la Maza y lo pondría en bandeja de plata en manos de los Bernardino. Le costaría la vida.

Tavito se había ganado, por desgracia, a unos enemigos poderosos e implacables, que gozaban del favor casi ilimitado de la bestia. Eran amigos y se trataban, al menos superficialmente, como familia. Minerva formaba parte del cuerpo diplomático del gobierno de la bestia y del servicio de espionaje, y Felix era su cancerbero, su más eficaz perro de presa en el extranjero, o por lo menos uno de los mejores, el de más fino olfato.

Ambos eran incondicionales, devotos de “su generalísimo”, y habían señalado, denunciado, entregado en manos de la bestia a un buen número de oposicionistas, habían colaborado en tramas criminales en el país y en el exterior, y tenían en sus manos la sangre de Mauricio Báez y muchos otros. Eran probablemente dos perfectos sicópatas. Dos consumados delatores.

Fue, incidentalmente, y sin que nadie se lo propusiera, una delación, una denuncia de Minerva contra Jesús de Galíndez la que hizo posible la venganza de los Bernardino.

Galíndez era un exiliado vasco que había venido al país en el año de 1939 y había servido a la bestia y también al FBI como informante de las actividades falangistas y comunistas de sus propios compatriotas. Al cabo de seis años, cuando llegó a conocer las interioridades del régimen, empezó a temer por su salud y en 1946 decidió prudentemente abandonar esta tierra y establecerse en Nueva York. No hizo más que llegar para ingresar a la nómina de informantes del FBI, el FBI del tenebroso Hoover, John Edgar Hoover.

Aparte de su labor de informante —informante a sueldo, asalariado, dedicado a suministrar incontables reportes sobre actividades comunistas o procomunistas de varias organizaciones—, Galíndez se desempeñó como catedrático de Derecho Público Hispanoamericano e Historia de la Civilización Iberoamericana en la Universidad de Columbia.

Pero el espía estaba siendo espiado por el servicio de inteligencia de la bestia. Ciertas actividades y contactos con exiliados dominicanos lo habían puesto en la mira, lo vigilaban, lo estudiaban, pero nadie lo molestó hasta que no empezó a escribir una tesis titulada “La Era de Trujillo: Un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana”. Su tesis doctoral para la Universidad de Columbia.

La redacción y el contenido de la tesis no pasó y no podía pasar desapercibido. En la obra se decían cosas terribles que llegaron a los oídos de los agentes de la bestia y llegaron a oídos de Minerva Bernardino.

Entre muchas otras cosas, Galíndez afirmaba que el primogénito de la bestia —el niño de sus ojos, el mimado Ramfis Trujillo Martínez—, no era hijo de la bestia.

Minerva Bernardino dio la voz de alarma, escribió un informe poniendo a la bestia en conocimiento de las labores curriculares y extracurriculares de Galíndez y la bestia se encabritó. Quizás pataleó, daría berridos de indignación. Había sufrido en lo más hondo una afrenta que no quedaría impune. Esta vez se atrevería a hacer algo que nunca había hecho y que pondría en peligro sus relaciones con el imperio. Pero lo hizo.

Una operación, en el más puro estilo mafioso o gansteril —con el propósito de raptar a Galíndez—, se puso en marcha poco tiempo después. En la misma jugaron un papel protagónico Felix Bernardino, el escalofriante Arturo Espaillat, alias Navajita, la entusiasta Minerva y un selecto grupo de sicarios. También participaron de alguna manera el prestigioso presbítero Oscar Robles Toledano, que se encontraba en Nueva York en esa época, y hasta el mismo Porfirio Rubirosa, que algún día sería interrogado por el Fiscal del Distrito de Nueva York en relación al hecho.


(Historia criminal del trujillato [85])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Tony Raful
La venganza fue de “espanto y brinco” (2) (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2015/03/24/361032/la-venganza-fue-de-espanto-y-brinco) “Tavito y Antonio de la Maza… principio y fin” (https://hoy.com.do/tavito-y-antonio-de-la-maza-principio-y-fin/)

Juan Daniel Balcácer,
El caso Galíndez- Murphy: Una crónica de terror (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2019/08/14/578159/el-caso-galindez-murphy-una-cronica-de-terror)

José del Castillo Pichardo
El Sino Trágico de Galíndez
(https://www.diariolibre.com/opinion/columnistas/2022/04/14/a-la-pluma-de-galindez-se-debe-la-era-de-trujillo/1770330)

viernes, 22 de abril de 2022

El otro Bernardino

Pedro Conde Sturla

22 abril, 2022

Luis Bernardino, Octavio de la Maza y una persona no identificada al fondo

Aparte de Felix y Minerva hubo otro Bernardino que se destacó a su manera, o mejor dicho a la manera de los Bernardino, por la complicidad o participación en hechos de sangre. Más bien un hecho de sangre, específicamente de sangre, en el que hubo dos ensangrentados y provocó un escándalo internacional. Esta vez, sin embargo, a los Bernardino —para variar—, les tocaría la peor parte.

Ese otro Bernardino se llamaba Luis y era, según se dice, el hermano favorito de Minerva y a lo mejor también el favorito de Felix, y compartía con ambos los mismos instintos criminales. Era, probablemente, un engreído, y demostró ser un abusador, un ventajoso, un matón, un pendenciero, igual que su hermano Felix. Pero los últimos tiros que tiró le salieron metafóricamente por la culata.

Luis Bernardino ocupaba el cargo de primer secretario o cónsul de la embajada dominicana en Londres y en la misma embajada estaba como agregado militar el joven piloto (mayor piloto) Octavio de la Maza, alias Tavito. Se dice que eran amigos o por lo menos compañeros de trabajo o que simplemente se toleraban. En alguna ocasión habían tenido ciertas diferencias y Tavito había golpeado a Luis con el puño en la cara. Supuestamente se reconciliaron y aparentemente siguieron siendo amigos o lo que quiera que fuesen, pero los hechos demostrarían lo contrario.

Luis Bernardino no solo había recibido un golpe sino también una humillación, un desprecio, tal vez un hiriente rechazo. A la luz de los acontecimientos, es evidente que no pudo superar la ofensa.
Por más que intentara disimularlo, lo más probable es que a Luis Bernardino se lo estaba comiendo y carcomiendo un rencor, un reconcomio, una incómoda desazón. Algo en verdad perverso le bailaba maligno entre pecho y espalda. El odio que alimentaba desembocaría en tragedia, una tragedia y un escándalo y una vergüenza. Una de esas tantas vergüenzas que ocurren tan a menudo en el desvergonzado mundo de la diplomacia.

Gran parte de lo que sucedió entre Octavio de la Maza y Luis Bernardino nunca ha podido ser ni será probablemente determinado. Lo que se sabe, se dice y se repite es que el día 10 de julio de 1953 Tavito y su esposa Altagracia salieron en compañía de un amigo y en compañía de Luis Bernardino. Se dice que fueron al supermercado, que hicieron compras, qué más tarde irían Bernardino, Tavito y el amigo a algún otro lugar, quizás un bar, y que tomaron tragos y escucharon tangos. El efecto amargo y nocivo de los tangos podría explicar muchas cosas.

O bien pudo suceder que los tangos y los tragos se los dieran en el apartamento de soltero de Luis. Que los ánimos empezaran a caldearse. Que alguien diría algo o que no dijera nada. Que los ánimos nunca se caldearon, que todo formaba parte de una venganza fríamente premeditada.

Luis subiría al baño, supuestamente al baño, en el piso de arriba, si había un piso arriba, bajaría despacito las escaleras... Bajaría calladito (alevoso y taimado, premeditado y nervioso, ventajoso en extremo), con un arma en la mano. No dijo una palabra o diría muchas, disparó a quemarropa, probablemente a quemarropa. Le metió cinco tiros en el cuerpo al sorprendido mayor piloto Octavio de la Maza, alias Tavito. Eso es lo único en esta historia que no se presta a especulación.

Luis Bernardino le vació a Tavito una pistola o revólver y le metió en el cuerpo cinco plomazos. Un plomazo tras otro, uno tras otro... Algo que se parece mucho a un crimen pasional, a la típica reacción de un pretendiente desdeñado.

Esta vez, sin embargo, un Bernardino había agredido a un hombre que sabía defenderse y se defendería. Tavito cayó al piso, tenía que haber caído al piso, pero a pesar de la desventaja —y en lo que de seguro pensó que eran sus últimos momentos—, lograría sacar su pistola y sacar apenas fuerzas para disparar un tiro. Sentiría que se hundía en un pozo profundo, perdería la conciencia. Quizás nunca escuchó la sirena de las ambulancias en que fueron llevados de urgencia al hospital. El hospital al que llegó más muerto que vivo, con cinco agujeros de bala y desangrado. Pero Tavito sobreviviría. Sobrevivió de puro milagro a la congestión de plomo. Contra todos los pronósticos sobreviviría y empezaría su lenta recuperación. En cambio Luis Bernardino al día siguiente estaba muerto. El disparo de Tavito se hizo valer y puso fin a su vida.

Como agregado militar de la embajada dominicana, Octavio de la Maza gozaba de inmunidad diplomática y no tuvo mayores problemas con la justicia inglesa ni los habría tenido en cualquier caso porque había actuado en legítima defensa. Además, el gobierno de la bestia empleó sus buenos oficios para protegerlo e impedir que prosperara cualquier acusación en contra suya.

Otra versión de los hechos, que no aparenta tener mucho sentido, es la que sostiene Hortensia Bernardino en un confuso comentario al calce de un artículo de Tony Raful. Hortensia Bernardino, que se declara hija del occiso y de su esposa Graciela Pichardo, asegura que la autopsia que supuestamente realizó Scotland Yard, prueba que su padre tenía en el cuerpo varios “balasos ...y golpe con removedor de chinenea en su nuca...” (sic). (1). Es decir, un golpe con un hierro para atizar que le habría propinado De la Maza a Minervino ¡antes o después de recibir los cinco balazos!

Todo parece indicar que Scotland Yard hizo investigaciones, pero las conjeturas de la hija de Luis Bernardino no tienen asidero, son absurdas, por no decir delirantes.

Tavito regresaría después de su recuperación al país y trabajaría durante tres años en la Compañía Dominicana de Aviación. Pero las cosas no terminarían bien para Tavito. Felix Bernardino y su hermana Minerva habían jurado vengarse y se vengaron. La bestia les permitiría vengarse. Y la venganza le costaría la vida a la bestia.

(Historia criminal del trujillato [84])

Nota:
(1) Hortensia Bernardino: Joshua D’Baron. Yo tengo la prueba de Scotland Yard de su autopsia y relatos emitido por la Sra...que estaba en habn..su ama de lleves.. senora mayor espanola que preparaba equipaje de papa porq. se iba de Londres.... Afeminado miembr@s de la flia De la Maza....y quien no sabe eso..........ATREVIDO...Raful.... ya me he visto en 2 ocaciones...peridista y ex Emb en Vaticano (y escritor)??????ufff....y se han tanto que disculpar....Raful es conicido de Filito mi esposo...y al igual que yo.....piensa que porque no nos busco antes de escribir.....esa ASQUEROSA E IRREAL ...como ...ABSURDA ....historia......quien murio....quien tenia en su cuerpo los balasos ...y golpe con removedor de chinenea en su nuca...y .... En que fecha.....fue ..ASESINADO....el Consul Dominican en Londres......LUIS BERNARDINO....casado con GRACIELA PICHARDO .....MI MADRE

Bibliografía: 
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
Tony Raful, La venganza fue de “espanto y brinco” (2) (https://listindiario.com/puntos-de-vista/2015/03/24/361032/la-venganza-fue-de-espanto-y-brinco)
“Tavito y Antonio de la Maza… principio y fin” (https://hoy.com.do/tavito-y-antonio-de-la-maza-principio-y-fin/).

viernes, 8 de abril de 2022

Bernardino y Bernardina (2 de 2)

Pedro Conde Sturla

8 abril, 2022

Minerva Bernardino ilustrada por Emily Cuthbert. 

A juzgar por las tantas cosas elogiosas que se han escrito y escriben sobre Minerva Bernardino, parecería que fue una especie de heroína, una persona de sólidos principios éticos, morales. Gran cantidad de artículos de opinión la describen en términos que no son simplemente elogiosos, sino de carácter apologético, hagiográfico. Se habla de ella en forma encendida, fogosa, vehemente. Estaríamos, pues, en presencia de una benefactora de la humanidad que —como dice en la mencionada placa de reconocimiento de Nueva York—, “dedicó su vida adulta al progreso de las mujeres y los niños del mundo”. La Bernardino sería casi una santa.

El único problema es que Minerva Bernardino vivió y hubiera muerto gustosa al servicio de la bestia, igual que sus hermanos, y el papel principal que jugó fue como miembro del temible cuerpo de espionaje de la tiranía trujillista, del gobierno de la bestia. Se desempeñó como espía, como delatora, como organizadora y cómplice (junto a su hermano Bernardino) de más de un asesinato y hasta de un rapto. En sus manos está la sangre del escritor Andrés Francisco Requena, de Jesús de Galíndez y otros exilados antrujillistas. Incluso de Tavito de la Maza.

Suele decirse que la verdad está siempre tirada por el suelo mientras que la mentira está sentada en un trono y que el papel lo aguanta todo, Esto es particularmente cierto e indignante en el caso de Minerva Bernardino.

La abundante bibliografía, —tanto en inglés como en español, en alemán y en francés—, presenta a la Bernardino como una incansable luchadora, un ser excepcional, una consumada diplomática a la que el movimiento feminista internacional debe importantes contribuciones.

Ella misma escribió y publicó un modesto libro, una autobiografía titulada “Lucha, agonía y esperanza: trayectoria triunfal de mi vida”. Pero no es que le hiciera falta la promoción. A la Bernardino le sobran admiradores.

Dice en Wikipedia y otros medios que Minerva Bernardino era miembro de una familia liberal, progresista y que su “atención se centró en la desigualdad de las mujeres tras la experiencia vivida cuando trabajó en el servicio civil, pero no recibió ningún aumento en el sueldo porque el gobierno rechazó pagar a cualquier mujer un estipendio mayor que el de sus compañeros hombres”. En su autobiografía dice que “fue éste el impacto que me lanzó a la lucha por los derechos de la mujer.”

Pero eso no es todo y es casi nada en comparación con otros honores que se le han concedido a Minerva Bernardino. La distinguida cancerbera es figura estelar en el libro “100 Grandes Mujeres Latinoamericanas”, de la autoría de Lauren Rea, Regina Solis y Ariela Kreimer. Solo queda esperar, a manera de consuelo, que las otras grandes mujeres que figuran en la obra no sean como la Bernardino.

Pero lo peor de lo peor no es el libro, sino el artículo que la revista Billiken publicó sobre Minerva Bernardino basado en lo que dice el libro. El artículo, firmado por Julieta Escat, lleva por título “Minerva Bernardino, la diplomática dominicana que luchó contra la opresión y el maltrato hacia las mujeres”. Desde este título se anuncia la desproporción, el ensarte de mentiras, la falsedad, la falsificación de la historia.

Además, para engalanar el texto, se recurrió a una foto muy retocada de Minerva Bernardino y a una sofisticada ilustración de Emily Cuthbert. De modo que en el articulo la enaltecieron y en la foto y la ilustración la embellecieron en la medida de lo imposible, quizás también la emblanquecieron.

He aquí lo que dice la revista Billiken sobre esta heroína nacional:
27 agosto, 2021

Minerva Bernardino nació el 7 de mayo de 1907 en la República Dominicana. Tuvo que aprender a valerse por sus propios medios desde muy joven. A los 15 años quedó huérfana. Completó su educación y comenzó a trabajar en el Servicio Civil. Fue promovida a cargos cada vez más altos, pero con el mismo sueldo: ¡el gobierno sostenía que no podía pagarle a una mujer más que a un hombre!

Ese hecho despertó la conciencia de Minerva y la llevó a luchar contra la opresión y el maltrato hacia la mujer. Comenzó a militar en la “Acción Feminista Dominicana”, de la que pronto se convirtió en líder. Y tuvo resultados: la reforma de la Constitución de República Dominicana de 1942 reconoce la igualdad de las mujeres. Una de sus frases célebres fue: “El hombre ya no representa a la especie: la especie está representada por el ser humano, hombre y mujer”.

Uno de sus grandes méritos fue haber sido una de las cuatro mujeres que firmaron la “Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas” en 1945. En aquel entonces, luego de la Segunda Guerra Mundial y los crímenes que se cometieron durante el conflicto, el tema de los Derechos Humanos era vital. Y Minerva hizo su aporte al exigir que quedara por escrito que los derechos humanos debían garantizarse a todas las personas “sin diferencia de raza, sexo, condición o credo.
Más tarde se convirtió en una brillante diplomática, que trabajó para asegurar en su país los derechos de las mujeres y los niños. Pero había un problema: el gobierno al que representaba era la dictadura de Rafael Trujillo, quien gobernó en la República Dominicana por treinta años y cometió innumerables crímenes contra sus opositores. El rol y el legado de Minerva han sido cuestionados debido a su vínculo con aquel régimen dictatorial.
Murió el 29 de agosto de 1998.
•••
Leyendo cosas cómo estás uno se explica que a la feroz Minerva Bernardino le hayan dedicado una placa de reconocimiento en un lugar público de Nueva York y que una fundación para ayudar a la mujer y a los niños lleve su nombre. Por si esto fuera poco y para aumentar la confusión y contribuir a la desinformación, en un artículo de Wikipedia alguien se atrevió a decir sobre la siniestra Bernardino algo que parece un chiste de mala leche: “Aunque mantuvo la conexión con la República Dominicana nunca regresó al país a causa de su oposición a Trujillo”.

La falsificación y distorsión de los hechos permite entronizar la mentira y presentar a los canallas como héroes . Lo esencial en la vida y obra de la Bernardino —el vínculo de Minerva con el régimen de la bestia y su participación en crímenes horrorosos— aparece en los textos citados y en otros medios como algo secundario, como un rumor, un chisme, algo no confirmado, infundado tal vez. Insignificante, quizás, respecto a su labor en el frente diplomático y feminista.

Pero lo que pudo haber hecho a favor de la mujer no es lo esencial. No es como diplomática y feminista que merece ser recordada, esa era su máscara, su careta.

La siniestra Minerva Bernardino merece ser recordada, entre otras cosas, por su devoción a la tiranía, por el secuestro, tortura y asesinato del catedrático de la Universidad de Columbia Manuel de Jesús Galindez en una calle de Manhattan, por su complicidad en otros varios hechos de sangre, por su pervertida humanidad, por sus incontables bellaquerías.

(Historia criminal del trujillato [83])
Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Dictador Trujillo fue subalterno de la familia del influyente Félix W. Bernardino (https://almomento.net/el-temible-felix-w/ https://elnacional.com.do/dictador-trujillo-fue-subalterno-de-la-familia-del-influyente-felix-w-bernardino/)

Naya Despradel, “Félix W. Bernardino”, (https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/felix-bernardino-4/)

Sebastián del Pilar Sánchez, “El temible Felix W”,(https://almomento.net/el-temible-felix-w/)

Santiago Estrella Veloz, “FELIX BERNARDINO ( BUCHILAY ) Y SU HERMANA , MINERVA BERNARDINO”, Historia Dominicana en Gráficas, (https://es-la.facebook.com/historiadominicanaengraficas/posts/felix-bernardino-buchilay-y-su-hermana-minerva-bernardinopor-santiago-estrella-v/355646504633839/)

Minerva Bernardino, la diplomática dominicana que luchó contra la opresión y el maltrato hacia las mujeres - Billiken (https://billiken.lat/interesante/minerva-bernardino-la-diplomatica-dominicana-que-lucho-contra-la-opresion-y-el-maltrato-hacia-las-mujeres/)

Minerva Bernardino - Wikipedia, la enciclopedia libre (https://es.wikipedia.org/wiki/Minerva_Bernardino)

Primera mujer en formar parte del Senado de la República, Isabel Mayer - Periódico El Caribe (https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/zona-retro/primera-mujer-en-formar-parte-del-senado-de-la-republica-isabel-mayer/)

viernes, 1 de abril de 2022

Bernardino y Bernardina (1)

Pedro Conde Sturla

1 abril, 2022

Minerva Bernardino en compañía de Eleanor Rooselvelt y una mujer no identificada. 

La familia de Felix W. Bernardino tenía vínculos de vieja data con la familia Trujillo Molina. Tanto el padre como el tío eran amigos de Pepito, el hombre que sería José Trujillo Valdez, el que sería esposo de la Excelsa Matrona y padre del Doctor Honorio, como decía la gente del pueblo, padre del Doctor Honoris Causa.

Algún día sería enterrado en la catedral primada de América y su memoria sería honrada por los siglos de los siglos con parques, avenidas, monumentos. Pero Pepito era entonces un notorio sinvergüenza que mantenía precariamente a su familia y, para aliviar la situación, de vez en cuando mandaba a alguno de sus hijos a la finca de los Bernardino en Yamasá. La bestia —como ya se ha dicho— vacacionó y trabajó en aquel lugar durante su juventud y de seguro se relacionó superficialmente con algunos de los hijos, tres varones y dos hembras. Años más tarde los incorporaría a su servicio y fueron tan eficientes servidores que mucha gente todavía siente escalofrío al escuchar sus nombres o mejor dicho el apellido.

Felix Bernardino no fue el único que se destacó. Aparte de Felix, en su gobierno ganaron fama su hermana Minerva y su hermano Luis. Quizás todos. Minerva brilló con luz propia como dirigente feminista y sigue todavía brillando. Luis brilló intensamente, pero sólo en el momento en que se apagaba.

El movimiento feminista a nivel internacional alcanzó un gran auge entre los años de 1940 y 1942. En los países más avanzados se reconoció a las mujeres formalmente, y quizás sólo formalmente en muchos casos, la igualdad de derechos civiles mediante enmiendas constitucionales que son todavía en parte letras muertas, pero se produjo en general un cierto progreso. Tanto así que hasta en el Partido Dominicano se fundó una rama feminista bajo la dirección de Isabel Mayer. De Isabel Mayer precisamente.

Es decir, que la más acreditada y devota celestina de la bestia, la principal encargada de proveerle a la bestia las más tiernas doncellas en flor, sería la defensora de los derechos de la mujer dominicana, la persona que lucharía por el pleno reconocimiento de la igualdad de derechos de la mujer en el país. Una de las más connotadas maipiolas dominicanas estaría al frente del movimiento feminista del Partido Dominicano. Parecía un chiste malo e indudablemente lo era.

Isabel Mayer era un cancerbero y había sido escogida por su fidelidad a la bestia, para asegurarse de que las cosas permanecieran en el terreno de las apariencias. Como miembro del movimiento Acción Feminista Dominicana luchó a brazo partido y con mucho éxito para que las mujeres obtuvieran el derecho y el privilegio de votar por la bestia en las elecciones del 16 de mayo de 1942. La constitución sería modificada y se le concedería a la mujer el derecho al sufragio, a elegir y ser elegida. Casualmente, Mayer sería la primera mujer dominicana que ocupó una posición política. En las ejemplares elecciones de 1942 fue nombrada senadora de la provincia de Montecristi, la primera senadora de la República. Junto con ella fueron designadas como diputadas otras cuatro mujeres. El Congreso quedó conformado por dieciséis senadores y treinta y tres diputados y las mujeres dominicanas quedaron por primera vez dignamente representadas por un grupo de cinco fieles cortesanas.

Isabel Mayer estaba destinada a grandes cosas y sólo permaneció dos años en el Senado. La patria reclamó sus servicios para cargos más importantes. la nombraron en una secretaría de estado, la designaron presidente de la Comisión Nacional de Frontera, finalmente fue designada gobernadora de Santiago y le fue dado su ilustre nombre al municipio de Villa Vásquez.
Terminó, en fin, convirtiéndose en una de las más destacadas personalidades. Pero ni ella ni ninguna otra mujer ocupó durante la era de la bestia un cargo de primera importancia. Además, al final de la tiranía su carrera se vio empañada por la inconducta de un nieto que se convertiría en un feroz oposicionista del régimen. Uno de los fundadores del Movimiento Revolucionario 14 de junio.

La que triunfó como feminista oficial del régimen de la bestia en el extranjero fue Minerva Bernardino. Minerva fue durante años una connotada dirigente feminista trujillista de la República Dominicana, una activista visible y reconocible en la escena internacional. Alguien que al decir de Crassweller obtuvo innegables reconocimientos y todo tipo de merecidas distinciones, merecidísimas al parecer. Alguien que jugó un papel de primer orden como delegada de la República Dominicana en las Naciones Unidas y que aparece en fotos junto a Eleanor Roosevelt, la esposa del presidente que había recibido a la bestia en la Casa Blanca para tomar el té de las cinco.

De hecho, son incontables las publicaciones que celebran a esta oscura figura, a esta mujer malvada que vivió de la apariencia, fingiendo ser lo que no era.

Asombra todavía y da vergüenza que en honor a esta verduga exista una placa de reconocimiento en la ciudad de Nueva York, colocada en el año 2006 en la Avenida Amsterdam del alto Manhattan.

La fatídica placa honra o pretende honrar a la deshonrosa “embajadora y feminista Minerva Bernardino (1907-1998), una de las cuatro únicas mujeres que firmaron la Carta de las Naciones Unidas en 1945. Representó a la República Dominicana en la primera Asamblea General de la ONU y dedicó su vida adulta al progreso de las mujeres y los niños del mundo”.

(Historia criminal del trujillato [82])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Dictador Trujillo fue subalterno de la familia del influyente Félix W. Bernardino

(https://almomento.net/el-temible-felix-w/
https://elnacional.com.do/dictador-trujillo-fue-subalterno-de-la-familia-del-influyente-felix-w-bernardino/)

Naya Despradel, “Félix W. Bernardino”, (https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/felix-bernardino-4/)

Sebastián del Pilar Sánchez, “El temible Felix W”,(https://almomento.net/el-temible-felix-w/)

Santiago Estrella Veloz, “FELIX BERNARDINO ( BUCHILAY ) Y SU HERMANA , MINERVA BERNARDINO”, Historia Dominicana en Gráficas, (https://es-la.facebook.com/historiadominicanaengraficas/posts/felix-bernardino-buchilay-y-su-hermana-minerva-bernardinopor-santiago-estrella-v/355646504633839/)

Minerva Bernardino, la diplomática dominicana que luchó contra la opresión y el maltrato hacia las mujeres - Billiken (https://billiken.lat/interesante/minerva-bernardino-la-diplomatica-dominicana-que-lucho-contra-la-opresion-y-el-maltrato-hacia-las-mujeres/)

Minerva Bernardino - Wikipedia, la enciclopedia libre (https://es.wikipedia.org/wiki/Minerva_Bernardino)

Primera mujer en formar parte del Senado de la República, Isabel Mayer - Periódico El Caribe (https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/zona-retro/primera-mujer-en-formar-parte-del-senado-de-la-republica-isabel-mayer/).




Amazon.com: Pedro Conde Sturla: Books, Biography, Blog, Audiobooks, Kindle 
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viernes, 25 de marzo de 2022

Un monstruo llamado Bernardino

Pedro Conde Sturla

25 marzo, 2022

Félix Wenceslao Bernardino Evangelista, alias Buchilai. 

Al inicio de su fatídico gobierno, en la fatídica década de 1930, la bestia incorporó a su servicio a uno de los personajes más oscuros de la muy oscura era gloriosa, alguien que se destacó por su oscuridad entre los muchos tipejos oscuros del régimen tenebroso. No era un simple sicario, un verdugo, un torturador, un asesino vesánico, era un hombre instruido, tan malo como instruido, y respondía al nombre de Felix W. Bernardino. Orgullosamente Félix Wenceslao Bernardino Evangelista. Todo un Evangelista. Además le decían Buchilai, alias Buchilai o Buchilay.

Paradójicamente, en esos tempranos años de 1930, Bernardino había estudiado leyes como estudiante libre cuando estaba preso en la Fortaleza Ozama por haber dado muerte a un munícipe del Seibo llamado Amable Dalmasí, un miembro muy apreciado de una apreciada familia. Se había graduado, pues, de abogado en el sitio más impensado con un flamante título de la Universidad de Santo Domingo, pero el título lo utilizó, si acaso lo utilizó, mayormente como adorno en alguna pared de su casa. Las leyes sólo le interesaban para quebrantarlas y las quebrantó casi todas, al igual que los mandamientos de las tablas mosaicas, empezando por el sexto.

Bernardino también era músico, tocaba el piano y el clarinete, y aunque seguramente no se distinguía por su virtuosismo ni hizo carrera como músico, alguna vez se ganó la vida tocando decentemente en un prostíbulo de la zona este del río Ozama. Uno de esos lugares donde se armaban con cierta frecuencia balaceras y reyertas de pronóstico reservado.

La música lo llevó a Nueva York y en el momento más alto de su carrera musical llegó a tocar en una banda de cierta categoría. Pero la música, como la abogacía, tampoco era lo suyo.
Bernardino tenía inclinación para el mal en grado superlativo y al mal se dedicó en cuerpo y alma. Al servicio de la bestia y de sí mismo.

Dice Crassweller que era un hombre muy leído, muy inteligente y a la vez disoluto, inmoral, irresponsable. Era sin duda un tipo tétrico, retorcido, desalmado, escabroso, un hombre en el que predominaban la pasión animal y los bajos instintos. Y sobre todo violento. Era boxeador, era pendenciero, era abusador, alguien que se divertía vejando y maltratando a los más débiles, cometiendo por gusto cualquier tipo de atropello y sobre todo matando sin remordimiento. Era un perfecto sicópata, si es que por casualidad puede ser perfecto un sicópata.

Trujillo había trabajado en alguna ocasión con el padre y un tío de Bernardino en una plantación de caña del Distrito Nacional y Bernardino lo conocía o lo había visto varias veces desde que tenía once años. Trujillo dejó de trabajar con los Bernardino para convertirse en jefe de guardias campestres del central azucarero de Boca Chica y luego se enganchó a la guardia, al llamado Ejército Nacional que fundaron los yanquis durante la primera ocupación, pero mantuvo con la familia vínculos que se transmitirían a los hijos.

Desde la Fortaleza Ozama, donde guardaba prisión, Bernardino vio el cielo abierto cuando la bestia llegó al poder. A su debido tiempo le escribió una carta en la que presentaría sus credenciales y lo colmaba de elogios, le agradecía sin duda la oportunidad de haber podido estudiar, de graduarse de abogado en virtud del avanzado sistema carcelario que permitía la plena rehabilitación de los presos y su eventual y exitosa reincorporación a la sociedad. Ese fue el origen de una imperecedera relación.

Bernardino —como dice Crassweller— le prestaría a la bestia servicios inestimables, los de un criado eficiente y devoto en una extraordinaria variedad de funciones. Se desempeñó como diplomático, político y espía, trabajó en las Naciones Unidas, en turismo, y sobre todo como encargado de limpieza en sentido figurado, en el peor sentido figurado.

En el decenio de 1950 Bernardino fue cónsul en Nueva York, fue cónsul en La Habana y fue cónsul en Caracas, y durante todos esos consulados los enemigos de la bestia en el exterior fallecían como por encanto. Minervino era un maestro en el arte del sigilo y de seguro tenía vínculos con el crimen organizado. Bajo su atinada dirección desaparecieron o fueron ejecutados públicamente varios conocidos y rabiosos opositores.

Durante su fructífera estadía como cónsul en La Habana, el día 8 de diciembre de 1950 se produjo el secuestro y posterior asesinato y la desaparición de Mauricio Báez, el más grande dirigente sindical en la historia de la República Dominicana. Báez había sido el organizador de la huelga azucarera de 1946, la única que le hicieron a la bestia en su gobierno, y a raíz de la terrible represión que se desató había tenido que emprender la vía del exilio y en el exilio vivió hasta el día en que en su casa se presentaron unos agentes encubiertos y no volvió a saberse nada de él.

Otra de las víctimas de Bernardino (en colaboración con su hermana Minerva), fue el escritor Andrés Francisco Requena.
Bernardino era Cónsul General de la República Dominicana en Nueva York y el asesinato ocurrió en esa ciudad la noche del 2 de octubre de 1952 en la calle Madison del bajo Manhattan.

A Bernardino y su hermana Minerva también se le atribuyen participación en el secuestro y desaparición del escritor español Jesús de Galíndez Suárez, que tuvo lugar en su apartamento de la Quinta Avenida de Nueva York el 10 de octubre de 1956 y provocó un escándalo internacional.

Una de las grandes hazañas de Bernardino (esta vez en combinación con el luciferino Johnny Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar de Trujillo), fue su participación en la trama para asesinar al presidente de Guatemala. Un asesinato que se realizó en la propia casa presidencial el 26 de julio de 1957 y que al parecer fue una venganza personal de la bestia por haberse negado el mandatario guatemalteco a concederle una distinción honorífica. La orden del Quetzal, que la bestia apetecía como un suculento bocado.

En la cúspide de su carrera, el nombre de Felix W Bernardino también sería asociado, junto al de Johnny Abbes, al atentado en el que estuvo a punto de perder la vida el presidente venezolano Rómulo Betancourt. El atentado, que se llevó a cabo el 24 de junio de1960 en la Avenida de Los Próceres, de Caracas, causó la muerte de un alto oficial y un estudiante, quemaduras en todo el cuerpo de primer y segundo grado a Betancourt, al ministro de defensa, a su esposa, al chofer del vehículo y otros más.
Betancourt quedó casi tuerto del ojo derecho y parcialmente sordo.

Las consecuencias, para el país y la bestia, fueron desastrosas. Esta vez la bestia se había extralimitado y perdería definitivamente el favor de sus amos.

(Historia criminal del trujillato [81])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

Dictador Trujillo fue subalterno de la familia del influyente Félix W. Bernardino

(https://almomento.net/el-temible-felix-w/ de d

https://elnacional.com.do/dictador-trujillo-fue-subalterno-de-la-familia-del-influyente-felix-w-bernardino/)

Naya Despradel, “Félix W. Bernardino”, (https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/felix-bernardino-4/)

Sebastián del Pilar Sánchez, “El temible Felix W”,(https://almomento.net/el-temible-felix-w/)

Santiago Estrella Veloz, “FELIX BERNARDINO ( BUCHILAY ) Y SU HERMANA , MINERVA BERNARDINO”, Historia Dominicana en Gráficas, (https://es-la.facebook.com/historiadominicanaengraficas/posts/felix-bernardino-buchilay-y-su-hermana-minerva-bernardinopor-santiago-estrella-v/355646504633839/)




sábado, 12 de marzo de 2022

El encanto indiscreto de Manuel de Moya Alonso (1-2)

Pedro Conde Sturla

11 marzo, 2022




Anuncios publicitarios en que aparece un juvenil Manuel de Moya Alonso

Manuel de Moya Alonso era un tipo lindísimo, elegantísimo, refinadísimo, educadísimo, un play boy y un dandy, un hombre de mundo que se sabía mover en sociedad, y que además hablaba fluidamente inglés y era modelo profesional, modelo y maestro de danza en el Arthur Murray studios. Desde que la bestia oyó hablar de él lo quiso conocer y lo conoció, se conocieron, se reconocieron, y aquello fue como quien dice amor a primera vista. Amor a primera vista entre la bestia y un encantador de serpientes. Amor plausiblemente platónico a primera vista. O quizás no. Quizás fue un amor prohibido, un amor escondido: ambixesual , según lo que dice Almoina:

“Para lo ambisexual —jura Almoina—, el hombre de confianza de Trujillo es Manuel de Moya, que se desnuda ante su Jefe y juntos realizan las más indescriptibles combinaciones”.

Pero Almoina era un exagerado. No siempre se puede creer lo que dice. La verdad es que resulta demasiado cuesta arriba imaginarse a Trujillo y Manuel de Moya peleando espadas. Sin embargo, hasta el mismo Joaquin Balaguer afirma que la bestia sucumbió a los encantos de Manuel de Moya Alonso:

“Se trataba de una especie de Adonis que supo conquistar el corazón de Trujillo con su belleza varonil y con su limpia sonrisa”.
En realidad, por la manera en que lo describe, el que parece haber sucumbido fue Balaguer. Balaguer habla con palabras emocionadas de la gran simpatía que unió a la bestia con el adonis durante todos sus días. Insinúa que De Moya Alonzo fue para el tirano (y quizás para el mismo Balaguer) “como una flor exquisita nacida al borde de un lodazal”. Los seducía, sin duda (¿a Balaguer y a la bestia?) la sonrisa de Manuel, “la sonrisa que llevaba cosida a sus labios”. La dulcísima sonrisa de un hombre que “hizo todo el bien que pudo” y que “no le abandonó ni aun en las horas trágicas en que el régimen vaciló, golpeado por las invasiones de Constanza, Maimón y Estero Hondo y por la conmoción que produjo en el país el asesinato de las Hermanas Mirabal”.

Lo cierto, sin embargo, es que en el entorno palaciego había otros personajes (de cuyos nombres no quiero acordarme), que bailaban en privado para la bestia con ropa de mujer y hacían todo tipo de porquerías, pero la especialidad de Manuel de Moya era otra.

Dice Crassweller que los más connotados cortesanos, tanto civiles como militares, aparte de los rasgos distintivos de su personalidad tenían un talento, una especialidad en cierta área específica de competencia. Pero en Manuel de Moya, las cualidades personales eran su área de competencia. Su encantadora personalidad y magnetismo personal eran su especialidad. Su profesión era ser encantador. El tal De Moya se dedicaba, en efecto, a ser encantador a tiempo completo. A ser encantador y a encantar. Pero no sólo para su beneficio. De Moya era un tipo generoso, desprendido, esplendido en su magnificencia. Se dedicaba a fondo, lo que se dice a fondo, con todos los atractivos que describe Balaguer, con todos sus finos modales, con toda su refinada elegancia y educación sentimental, con su conocimiento de idiomas, con su belleza etérea y deletérea, con todos los dones con que lo había agraciado la naturaleza a conquistar o, más bien, a cosechar doncellas para la bestia, doncellas para el minotauro. Su verdadera vocación era la de alcahuete, de chulo o celestino, de proxeneta o maipiolo como decimos en esta tierra.

Hasta la aparición de Manuel de Moya Alonso en la escena política no había, por lo que dice Almoina, una proveedora de mujeres más eficaz, “conspicua y asidua” que Doña Isabel Mayer. La Mayer había sido premiada por sus buenos servicios con cargos de gobernadora de provincia y senadora. Por donde quiera que pasaba arrasaba con las muchachas más atractivas y con frecuencia se presentaba en la Casa de Caoba de la Hacienda Fundación con un atado de doncellas que la bestia pasaba y repasaba por las armas, hasta que se aburría de ellas. La Mayer no reclutaba únicamente entre la gente humilde, no la intimidaban las barreras de clase y era capaz de hostigar a muchachas de cualquier nivel social con el propósito de arrearlas al redil, al cubil de la bestia.

Con Isabel Mayer competía Fefita Sánchez de González y el mismo Cucho Álvarez Pina, de acuerdo con lo que dice Almoina. Fefita pertenecía a la rama femenina del Partido Dominicano que presidía Don Cucho y era especialista en organizar concursos de belleza que tenían gran resonancia en el país. Había premios y otros incentivos para la reina y las finalistas, pero el premio mayor, el premio que algunas incautas no imaginaban, era conocer a la bestia, el honor de acostarse con la bestia.

Muchos otros cortesanos, como La Julia y La Calderona, rivalizaban con la Mayer y la Fefita, pero ninguno estuvo jamás a la altura de Manuel de Moya, el celestino por antonomasia. Nunca hubo nadie más esforzado, más entregado, más consagrado que él a su tarea. Manuel de Moya parecía incapaz de enamorar a una mujer sin pensar en la bestia. De hecho, hubo ocasiones en que se lo sacaron en cara, en que le preguntaron si no le daba vergüenza enamorar a una mujer para otro hombre. Pero la vergüenza, así como el menor sentido de dignidad o decoro, era algo que Manuel Moya no tenía.

El hecho es que de una u otra manera, aparte de celestino compulsivo, Manuel de Moya era un mujeriego empedernido. Eran las mujeres y no la cundanguería lo que lo unía a la bestia. 
(Historia criminal del trujillato [78])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).
Joaquín Balaguer, “
Memorias de un cortesano de la era de Trujillo”


El encanto indiscreto de Manuel de Moya Alonso (2 de 2)

Trujillo conoció, probablemente, a Manuel de Moya Alonso durante su primer viaje a los Estados Unidos en 1939. El glorioso viaje y la gloriosa estadía en la que fue agasajado a cuerpo de rey. Agasajado, homenajeado y recibido por Franklin Delano Rooselvelt en la Casa Blanca. Invitado más bien a tomar el té de las cinco de la tarde en la Casa Blanca. Colmado de honores y reconocimientos apenas dos años después de la matanza haitiana, como si de un premio o un incentivo se tratase.

Son muchos los que dicen y repiten (incluyendo a Balaguer) que la bestia mostró interés en conocer a Manuel de Moya cuando vio unos anuncios con su gallarda efigie, haciéndole promoción a la pasta de dientes Colgate. Afirma Balaguer, con palabras temblorosas por la emoción, que a la bestia “le llamó la atención la elegancia y la apostura del sujeto” y que cuando supo que era dominicano y miembro de una familia ilustre se redobló su interés, hizo que lo invitaran a venir a su presencia, que le hicieran una de esas invitaciones que no se pueden rechazar y que Manuel de Moya nunca habría rechazado.

Quizás se encontraron por primera vez en la guarida neoyorquina de la bestia, en el lujoso Hotel Carlyle, y de ese encuentro nació la simpatía que siempre se tuvieron y la cordialidad con que se trataron hasta “la tragedia del 30 de mayo”, como dice Malaguer. Joaquín Amparo Maldaguer Ricardo.

Lo cierto es que a Trujillo le informaron que aparte de modelo y maestro de danza, aparte de ser dominicano y de abolengo, el joven Manuel de Moya era un playboy y un dandy que conocía muchísimas mujeres, que vivía rodeado de bellas mujeres y que podría facilitarle el acceso a bellas mujeres. Desde el momento en que se conocieron, el adonis y la bestia congeniaron y, más que congeniar, intimaron.

Dice Crassweller que De Moya era un tipo buenmozo, complaciente, obsequioso y que la bestia estableció con él lazos de amistad tan profundos como su naturaleza se lo podía permitir. De hecho, lo admitió en una especie de “inusual intimidad”, lo convirtió en su protegido y le tomó un aprecio, un cariño casi paternal.

En su larga estadía en los Estados Unidos De Moya había adquirido o perfeccionado el buen manejo del inglés y disfrutaba de cierto éxito en el frívolo mundo de las vanidades. Incluso llegó a tomar parte, una parte insignificante, en una obra en Broadway, y en 1939, durante la primera visita de la bestia a los Estados Unidos, trabajaba como guía en el edificio de la General Motors de la Feria Mundial de Nueva York. Trujillo lo convertiría en hombre de estado y en su más confiable proveedor de mujeres.

Manuel de Moya le proveía mujeres en abundancia, y al parecer era muy refinado y selectivo en su oficio, pero también demostró ser un hombre útil, que se desempeñaba hábilmente en otros menesteres. Aunque no era un hombre formado ni interesado en asuntos políticos, era un diplomático natural. Cuando fue nombrado embajador en los Estados Unidos supo mantener las mejores relaciones, repartiendo su tiempo entre las ciudades de Washington y Nueva York, y se sabía mover con habilidad en los intrincados círculos superficialmente amables de aquel mundo frívolo y engañoso a la vez, en el cual se sentía como un pez en el agua.

En principio —dice Crassweller— el cargo de embajador no requería de mayor experiencia o conocimiento técnico sino más bien de contactos y relaciones y de los medios para ejercer influencia. Pero todo eso estaba cambiando. Trujillo estaba creando un complejo entramado político a base de mucho dinero, un mecanismo de presión, un eficiente lobby en el que figuraba un amplio círculo de congresistas y funcionarios del gobierno de los Estados Unidos que respondían a sus intereses. Cada vez más, los políticos que figuraban en la nómina de la bestia tenían que darle frente a las feroces críticas que se hacían contra su régimen y el inexistente estado de los derechos humanos en el país. En la medida en que la bestia se descontrolaba, se producían asesinatos e incluso raptos de distinguidas personalidades en la misma ciudad de Nueva York y era cada vez más difícil y mucho más costoso asumir su defensa. En ese mundo tenebroso de intrigas y ocultamientos, compra de conciencias y sobornos, Manuel de Moya no se mostró incompetente, resultó ser —a juicio de Crassweller—un representante muy apropiado.

Aparte de su cargo no oficial, el de celestino personal de la bestia, Manuel de Moya fue, a partir de 1943, Diputado al Congreso Nacional, Ayudante Civil del Presidente de la República, Ministro Consejero de la Embajada en Washington, director general de Obras Públicas, Secretario de Agricultura, Gobernador del Distrito de Santo Domingo, coronel honorario, diputado al Congreso, general del Ejército, Embajador en Washington (entre 1953 y 1954), Secretario de Estado sin Cartera, secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos, embajador en Washington (1957), Secretario sin Cartera.

Curiosamente, en algunos lugares públicos de Ciudad Trujillo había, por cierto, algunos afiches y anuncios publicitarios con la efigie de Moya Alonso que serían prudentemente retirados para no deslucir su carrera cuando fue nombrado diputado en 1943.

Con Manuel de Moya, por lo que se sabe, no tuvo la bestia ningún tipo de contratiempo ni parece haberlo sometido nunca a las típicas vejaciones que imponía rutinariamente a casi todos sus cortesanos. El cariño casi paternal que le profesaba fue en aumento, hasta el punto de demostrar en público la más sincera preocupación cuando se quebrantaba su salud.

Dice Balaguer, en sus memorias de cortesano, que “Cualquier quebranto de De Moya Alonzo, por ligero que fuera perturbaba a Trujillo como si se tratara de uno de sus hijos.Emilio García Godoy (le) refirió que una vez halló al dictador enternecido hasta las lágrimas, mientras recibía informes de uno de los facultativos personales. Creyendo que se trataba de alguna enfermedad de Ramfis, interrogó al medico y supo por labios de éste, que se trataba de un quebranto que parecía iniciarse sospechosamente en el organismo de De Moya Alonzo”.

Balaguer derrama, sobre el infortunio de Manuel de Moya Alonso, palabras tan tiernas como emocionadas, tan superficialmente tiernas y desconsoladas que hasta parecerían sinceras, si no fueran hipócritas. Al final, sin embargo, esas palabras sugieren un lamento en sordina, un lamento sincero, un dolor no resignado por la perdida belleza del fascinante adonis.

“Cuando se le descubrió a De Moya Alonzo un tumor debajo de la lengua, Trujillo lo envió a los Estados Unidos y durante varios días vivió pendiente del teléfono en espera del resultado de las pruebas correspondientes. Trujillo murió sin conocer la verdad. La tragedia del 30 de mayo le ahorró el dolor, de ver con sus propios ojos , los estragos hechos por la cirugía en el cuello y en parte del rostro del único tal vez de sus colaboradores a quien quiso con el afecto entrañable”.

(Historia criminal del trujillato [78])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).

Joaquín Balaguer “Memorias de un cortesano de la era de Trujillo”

NAYA DESPRADEL E HIBRAIN SOSA (Ma­nuel de Mo­ya Alon­zo (https://www.pressreader.com/ )






sábado, 5 de marzo de 2022

El círculo del poder (10): La danza de los favoritos

Pedro Conde Sturla

11 febrero, 2022

Virgilio Álvarez Pina —solemnemente Don Cucho— empezó su carrera al servicio de la bestia en la misma época que Paíno Pichardo, pero con anterioridad había sido un fiero y breve oposicionista y con mayor anterioridad había sido uno de los mejores o el mejor amigo de infancia de la bestia. Era el mismo Cucho que alguna vez había sido un ferviente y leal partidario de Horacio Vázquez, alguien que —según cuenta Crassweler—, le llevaba el desayuno a la cama y que había sido candidato a Senador por el Partido Nacional de Horacio Vázquez en las elecciones de 1930. Se trataba, en esencia del mismo Cucho que, al igual que otros, le había advertido en su debido momento a Horacio Vásquez que Trujillo estaba conspirando y que le aconsejó destituirlo, el consejo de varios colaboradores y de un Cucho Álvarez que ya le temía a su amigo de infancia y que por cierto dio lugar a un celebre episodio en la Fortaleza Ozama, una especie de desencuentro en el que Horacio no dejó de darse cuenta de que era más un prisionero que un Presidente en presencia del brigadier Trujillo.

La amistad de Virgilio y la bestia había comenzado en San Cristobal desde cuando la bestia tenía siete años. Se dice que eran parientes lejanos, aunque más bien parecería que Cucho era pariente de Plinio y Teódulo Pina Chevalier, los tíos maternos de la bestia, hijos de la segunda unión de Luisa Ercina o Erciná Chevalier, que era a vez la madre de la futura excelsa matrona y era la abuela materna de Trujillo, una consagrada y respetada maestra de origen haitiano.

La bestia mantuvo con sus tíos las mejores relaciones, pero su amistad con Virgilio (o lo que la amistad podía significar para la bestia) fue algo más trascendente. Virgilio solía ir de vacaciones a San Cristobal y con el tiempo se volvieron inseparables. Peinaban la zona en busca de aventuras, montaban caballos de palo, se entregaban al goce de los baños de río. Diariamente disfrutaban de la mejor diversión que ofrecían a los niños aquellos parajes, los baños de mar y río, aparte de cualquier diablura que se les ocurriera eventualmente.

La muy temprana amistad del futuro Don Cucho con la bestia no siempre lo mantuvo a salvo de sus intemperancias. Su militancia en el Partido Nacional y el célebre consejo que le diera a Horacio Vázquez no quedaron impunes, sufrió persecución y cárcel.

El miedo y la cárcel, y los muchos consejos que le dieron sus amigos en su etapa de oposicionista, hicieron que Cucho Álvarez se ablandara, se enterneciera, perdonara a la bestia por la traición, por el golpe de Estado que le había dado a Horacio y a solicitud de la misma bestia, según se dice, entró a su servicio en los tempranos años treinta. Desde entonces, y durante toda la era gloriosa, estuvo sometido al mismo régimen de premios y castigos que la bestia dispensaba a todos sus servidores. Con sus altas y sus bajas, conoció períodos de bonanza y otros más y menos tormentosos, períodos de bonanza y periodos de desgracia. Vivió, como todos los demás, en el saludable temor del jefe, y en los años finales fue su más fiel consejero. Uña y carne. Uña y mugre. Tuvo además la suerte de sobrevivirlo, de estar presente para ver su cadáver convertido en colador, en una masa sangrienta y mugrosa. Vivió para contarlo, como decía García Márquez, y lo contó todo un poco a su manera en un libro de anécdotas desangeladas, un libro cortesano, guabinoso, taimado, condescendiente.

Durante los años cuarenta, tanto Cucho Álvarez como Paíno Pichardo fueron agraciados y desgraciados con cargos y descargos, y a la larga llegaron a convertirse en la pareja de políticos más notoria del país. El llamado cuchipaineo, la mancuerna formada por Cucho y Paíno, estuvo en su mejor momento. Don Cucho retuvo el puesto de Presidente del Partido Dominicano durante cinco años, la segunda posición política más influyente del país, la del favorito número uno, y además recibió el título de general honorario en 1948. Paíno también había vuelto a ascender y hasta Peña Batlle había salido del exilio haitiano y había sido nombrado en un cargo honorífico de relumbrón. De manera que todo parecía marchar sobre ruedas, y sin embargo, al final de la década se produjo lo que Crassweller llama un eclipse mayor para Don Cucho y Paíno. Ambos fueron nombrados en cargos donde apenas permanecieron un mes. Nombrados y luego renombrados e intercambiados en cargos de poca relevancia y durante muy poco tiempo. En lugar de penas y castigos recibían castigos sobre castigos. Para Paíno empezaba su tercera y más larga caída, su más brusco descenso, y su amigo Cucho Álvarez corrió la misma suerte, lo acompañó en su misma desgracia. La carrera política de uno y otro entraba en un largo período de sequía que duró unos cinco o seis años. Años sin empleos, sin remuneración, alejados por completo del favor de la bestia.

La peor parte le tocó a Don Cucho, que tuvo que refugiarse durante casi todo ese tiempo en su finca y que sólo por milagro conservó su libertad.

La ingrata suerte de estos personajes coincidía, y no por casualidad, con el ascenso de Paulino Álvarez, el nuevo favorito. Paulino había contribuido desde luego a serrucharles el palo, y mientras Paulino estuviera en el poder ninguno de los dos levantaría cabeza, pero Don Cucho había contribuido espontáneamente a su caída con una metida de pata monumental que tuvo que ver con la construcción de famosa casa o Castillo del cerro. La mansión ideal que Don Cucho había concebido para halagar a su querido jefe, el adefesio monumental, la monumental barrabasada arquitectónica, la apología del mal gusto llamado Castillo del cerro del que Trujillo nunca quiso saber y donde no pasó o no durmió un sólo día de su vida.
(Historia criminal del trujillato [75])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

El “cuchipaineo” de Hipólito y Danilo, las obras públicas y la JCE
https://prensalibrenagua.blogspot.com/2016/10/el-cuchipaineo-de-hipolito-y-danilo-las.html

José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).

El libro de Don Cucho Álvarez

(https://hoy.com.do/el-libro-de-don-cucho-alvarez/). l


El círculo del poder (11): La danza de los favoritos y la casa del cerro

Pedro Conde Sturla
19 febrero, 2022

Parece que alguna vez Don Cucho Álvarez tuvo una revelación o por lo menos una anunciación, una visión idílica. Vio en sueños o en su imaginación algo que se le pareció a un paraíso en la tierra, o mejor dicho en un cerro. Un cerro que todo el mundo llamaba cerro. En ese lugar se construiría una mansión, un prodigio arquitectónico que deslumbraría a los visitantes por los siglos de los siglos y convertiría a su propietario, a su querido jefe, en el más feliz de los mortales.

San Cristobal era la cuna del jefe, la cuna del Benefactor de la Patria, y el benefactor pasaba en el lugar más tiempo que en ninguna otra parte y no le faltaban casas ni le faltaban fincas. Prácticamente todos los predios de su infancia los había convertido en fincas y en ingenios azucareros. En San Cristobal tenía la Hacienda Fundación, tenía la Hacienda María, tenía el Central Río Haina, tenía la fastuosa Casa de Caoba, tenía la casa de playa de Najayo, a la que llamaban Casa de Marfil, tenía la de Hacienda María, a la que le decían Casa Blanca y otras más. Aun así, el glorioso Partido Dominicano, bajo la dirección de Don Cucho Álvarez Pina y otros alcahuetes, tomó espontáneamente (aunque quizás también por insinuación de la bestia) la decisión de honrar con una nueva honra —una mansión palaciega—, al hombre más honrado de esta tierra.

El hecho es que lo que sería llamado y mal llamado Castillo del Cerro, el adefesio del cerro, se financió generosamente con fondos del Partido Dominicano y además fue construido en un terreno escogido por Virgilio Álvarez Pina en un lugar privilegiado, una colina ventilada, peinada por frescas brisas, con una vista maravillosa. Desde ahí se contemplaban todos los alrededores, el querido jefe tendría al alcance de sus ojos vastísimo paisajes, todos pertenecerían a sus dominios, San Cristobal y Ciudad Trujillo quedaban a sus pies. Con un poquito de imaginación y esfuerzo se podría ver hasta el fin del mundo.

Hasta ahí todo estuvo bien. La ubicación del lugar no podía ser más acertada, todos los cortesanos se felicitaron, la visión idílica de Don Cucho empezaba a hacerse realidad. Ahora lo que hacía falta era un ingeniero o un arquitecto —o un ingeniero-arquitecto como los de antes— y la elección, en principio, pareció afortunada. Designaron a un ingeniero-arquitecto de origen francés, llamado Henry Gazón Bona, que había estudiado en Francia y tenía una sólida formación y que además era guardia, un mayor del llamado Ejército Nacional. Gazón estaba pegado como un chicle al gobierno y había sido favorecido con varios contratos para diseñar o construir importantes obras. Gazón Bona fue el diseñador de los locales del Partido Dominicano, del Monumento a la  paz de Trujillo en Santiago, del  Matadero industrial de Ciudad Trujillo, del Mercado Modelo de la Avenida Mella, de la Casa Vapor, que fue su residencia en Gascue...

Sin embargo, a pesar de su fama y prestigio, la designación de Gazón Bona convertiría la visión idílica de Cucho Álvarez en pesadilla

Dice Crassweller que aparte de la elección del sitio todo lo demás fue un desastre, empezando por la fachada. El diseño tal vez pretendía imitar de alguna manera la proa de una nave que desde el cerro parecería estar a punto de navegar por los aires, de ahí la pretenciosa forma redondeada en un lado y algunas ventanas semejantes a claraboyas. Una nave de guerra, en todo caso, con profusión de estrellas, una abrumadora y vulgar profusión de las cinco estrellas indicativas del rango de almirante o general grabados en bajo relieve en los muros exteriores y en los trabajos de herrería. Una nave tan pesada que parece encallada, una mole desprovista de toda gracia arquitectónica, cuatro niveles con enormes ventanales curvos en el lado redondeado y ventanas excesivamente pequeñas y mal ubicadas y distribuidas en el otro.

Líneas de diseño torpe en conjunto. Todo resulta ser un poco descomunal y masivo, pesado en grado extremo, quizás abrumador y amenazante, algo sencillamente feo pero no alarmante. Uno de tantos adefesios. En cambio en el interior, o mejor dicho en los interiores de los diferentes niveles el mal gusto era de antología. Uno de los salones pretende, quizás el salón principal, ser una réplica de los salones del Palacio Nacional. La decoración pretende ser barroca y a veces clásica y a veces de estilo oriental, el peor barroco posible, con abrumadoras masas de oscuridad, madera mal tallada en intrincadas y absurdas formas, treinta habitaciones de tamaño desproporcionado, unas muy grandes y otras muy pequeñas, ocho salones de juego y fiesta, quince o veinte baños, columnas de mármol de color rojo, verde o amarillo, paredes y techos abarrotados con diseños en lo que Crassweller define como un frenesí decorativo: “diseños dorados serpenteantes que fluyen en bajorrelieve, sobre fondos de rojo, amarillo, verde o azul, que dejan espacio para más bajorrelieves de cestas de flores o cupidos presumiblemente clásicos”.

En cada salón, cada nivel, los techos tienen un motivo diferente y hay lugar un poco para todo tipo de cosa curiosa, incluyendo un Buda en las cuatro esquinas, pero también hay techos con forma de pagodas. Además, junto al comedor o uno de los comedores hay una sala de fumadores de estilo Chino que se antojaría ser una sala de fumadores de hachis.

Todo era rosado y verde, marrón y rojo vino en el llamado palacio del cerro: una pesadilla de colores y motivos aberrantes. 
(Historia criminal del trujillato [76])

Bibliografía:

Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
El “cuchipaineo” de Hipólito y Danilo, las obras públicas y la JCE
https://prensalibrenagua.blogspot.com/2016/10/el-cuchipaineo-de-hipolito-y-danilo-las.html

José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/
JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).
El libro de Don Cucho Álvarez
(https://hoy.com.do/el-libro-de-don-cucho-alvarez/)

El palacio que Trujillo no quiso
Evelin Germán | 6 septiembre, 2014
https://www.elcaribe.com.do/sin-categoria/palacio-que-trujillo-quiso/ La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro Marcos Rodríguez | 11 agosto, 2018



El círculo del poder (12): La danza de los favoritos y la casa del cerro

Pedro Conde Sturla
25 febrero 2022
Mural de Vela Zanetti en el comedor privado de la Casa del Cerro

Había infinidad de maravillas en el Palacio del Cerro, un derroche de imaginación pantagruélica, escabrosa, una apetencia por los colores más estridentes, un desborde alucinante de extravagancias por todos los rincones.

De acuerdo a la detallada descripción de Crassweller, aparte de los cuatro Budas en bajorrelieve (un Buda de color rojo y verde en las cuatro esquinas de uno de los techos), aparecían dragones y espadas y colmillos de elefante entrecruzados. Pero lo peor era el piso, un fatídico piso brillante a manera de complemento, un brillante piso de mármol con incrustaciones que duplicaba la existencia del techo, toda la decrepitud del techo, dos veces techo, como si con una no bastara.

Los dormitorios eran de pesadilla, habitaciones espeluznantes —dice más o menos Crassweller—, que producían una sensación de inquietud e inducirían en los posibles huéspedes un sueño de penitencia.

Los baños —añade Crassweller—eran otra de las cosas notables que sorprendían al visitante. Un baño principal con vidrios negros, demoníacos vidrios negros de mal agüero, y también vidrios azules de un azul brillante, aparte de una horrible bañera empotrada, con mosaicos de color negro y dorado (¡mosaicos de color negro y dorado!) y además una pared revestida de cerámica con bizarros motivos. Un pez espada saltando detrás de otro, diseños de colores igualmente negros y dorados, toda una fijación con los colores negros y dorados entremezclados con colores grises, verdes y naranja. Un desconcertante concierto de colores chillones. Y para colmo de remate, unos herrajes vulgares enchapados en oro.

Lo peor de lo peor es que además el edificio estaba mal construido y se había tragado una fortuna. El ascensor, por ejemplo, se atascaba en el tercer piso a causa de una falla en la construcción del hueco o en la instalación, pero los costos ascendían a unos cinco millones de pesos, quizás más. Es muy probable que se ocultaron o trataron de ocultar o por lo menos disimular. Aunque parezca mentira, se hablaba de sobornos, sobrevaluaciones, manejos turbios, de cosas que supuestamente nadie se atrevía a hacer o hacía con mucho tiento bajo el régimen de la bestia. Lo impedían, en lo posible, sus inspectores que estaban presentes en todas las construcciones de obras públicas y privadas. A la bestia le encantaba robar, pero no le gustaba que le robaran lo que consideraba suyo y todo el país era suyo.

En la medida en que la obra avanzaba, y sobre todo cuando tocaba a su fin, aumentaba el número de cortesanos curiosos que acudían en peregrinación para husmear, para hacerse una idea, para ver y comprobar con sus propios ojos lo que por todos lados se decía: el rumor público que se extendía como una mancha de aceite sobre papel.Nada de lo que se hacía y se decía era, por cierto, ajeno a las intrigas de Paulino ni a su deseo de provocar la caída de Cucho Álvarez, uno de sus mejores enemigos íntimos.

Alguna gente comenzó a decir que era el edificio más feo del mundo, incluso lo rebautizaron con el nombre de Casa de orates. Se decía por lo bajo y por lo alto que semejante adefesio era indigno de la dignidad de la bestia, indigno de ser habitado por el querido jefe, por el benefactor de la patria. Ni siquiera un mural del afamado pintor español José Vela Zanetti (en lo que debía ser el comedor privado) se salvaba de los chismes y las críticas. El mural representaba una fiesta campesina, pero era muy poco festivo y nadie parecía estar divirtiéndose, según los peores comentarios.

Se dice, sin embargo (o lo dice específicamente Cucho Álvarez en sus memorias), que el arquitecto Garzón Bona había presentado a Trujillo y María Martínez, a solicitud del mismo Trujillo, varias propuestas de diseño para dar inicio al proyecto y que al cabo de unos meses la Martínez le dio su entusiasta aprobación a una que parecía un castillo, pero con modificaciones antojadizas que la Ilustre dama consideraba pertinentes y que desfiguraban en gran medida el proyecto de Gazón Bona.

Durante el acelerado proceso de construcción, y bajo la estricta supervisión de María Martínez, Gazón Bona se reunió con ella en incontables ocasiones y de cada reunión salían nuevos cambios, modificaciones, ampliaciones, todo tipo de distorsiones.

Tanto María Martínez como la bestia visitaban con cierta regularidad la obra e incluso ordenaban cambios de los que el arquitecto se enteraba cuando ya se habían llevado a cabo.

Al parecer Cucho Álvarez, que era él responsable de la construcción, y el arquitecto Gazón Bona se limitaron a obedecer, a aceptar las “sugerencias” que impartía la esposa de la bestia y que volvieron a la larga irreconocible la propuesta original.

La doña y la bestia, pero sobre todo la doña, parecían, pues, estar satisfechos con la ejecución del proyecto. Pero un día, después de una visita en compañía de varias selectas amigas, cambió repentinamente de opinión. Las damas que la acompañaban no escatimaron burlas, críticas, intercambiaron risitas, denostaron el mal gusto, la decoración sobrecargada.

La doña se quejó entonces con su marido y el marido visitó el lugar que ya había visitado varías veces, pero en compañía del intrigante Anselmo Paulino, que estaba a punto de convertirse en el primer favorito.

Trujillo y su séquito —guiados por Don Cucho— recorrieron la edificación que ya estaba prácticamente terminada y las críticas de Trujillo no se hicieron esperar. En la habitación principal notó con disgusto que había un exceso de puertas, sin que Don Cucho se atreviera decirle que las puertas se habían puesto de acuerdo a las instrucciones recibidas de parte suya o de María Martínez. En algún momento se detuvo la bestia frente al mural de la fiesta campesina de Vela Zanetti y dijo que lo que parecía era un velorio. Nadie lucía contento en aquel mural, la mayoría de la gente estaba aburrida.

Cuando estaban a punto de salir, la bestia le preguntó a Paulino qué le parecía semejante disparate, el edificio en conjunto, y Paulino dijo que le parecía una verdadera casa de orates. Una casa de locos.

Tanto derroche de extravagancias era insultante, era una afrenta, no congeniaba, según los entendidos, con el carácter,  con el supuesto estilo o carácter espartano que le atribuían a la bestia, y la pundonorosa y noble bestia rechazó de plano la obra que nunca fue amueblada ni habitada por él.

Poco tiempo después Don Cucho recibió un nombramiento envenenado. Lo nombraron diputado en el mes de mayo de 1950, lo relevaron del cargo de Presidente del Partido Dominicano y lo nombraron diputado. Pero en agosto le retiraron el cargo de diputado, lo dejaron en el limbo, sin pito y sin flauta.

(Historia criminal del trujillato [77])

Nota: En la entrega anterior de esta serie apareció una información errada sobre la formación profesional de Henry Gazón Bona, del cual se dijo “que al parecer era autodidacta”, un “arquitecto práctico”. Por el contrario, Henry Gazón Bona había estudiado en Francia y tenía una sólida formación. Gazón Bona fue el diseñador de los locales del Partido Dominicano, del Monumento a la Paz de Trujillo en Santiago, del Matadero Industrial de Ciudad Trujillo, del Mercado Modelo de la Avenida Mella, de la Casa Vapor, que fue su residencia en Gascue....

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
El “cuchipaineo” de Hipólito y Danilo, las obras públicas y la JCE
https://prensalibrenagua.blogspot.com/2016/10/el-cuchipaineo-de-hipolito-y-danilo-las.html

José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).
El libro de Don Cucho Álvarez
(https://hoy.com.do/el-libro-de-don-cucho-alvarez/)

El palacio que Trujillo no quiso
Evelin Germán | 6 septiembre, 2014

El palacio que Trujillo no quiso

La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro
Marcos Rodríguez | 11 agosto, 2018

La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro

Arquitecto Bienvenido Pantaleón Hernández.
LA CASA QUE TRUJILLO NUNCA HABITO....
Virgilio Álvarez Pina
La Era de Trujillo, narraciones de Don Cucho

El círculo del poder (13): La caída de Don Cucho y otros favoritos

Pedro Conde Sturla

4 marzo, 2022

La caída de Cucho Álvarez fue estrepitosa. Cayó de la presidencia del Partido Dominicano a la humilde condición de diputado, y de diputado pasó a ser desempleado, le retiraron el rango de general honorario y desde luego todos sus privilegios.

Las cosas empezaron a ponerse color de hormiga para Don Cucho apenas unos días después de la visita de Trujillo y Paulino a la Casa del Cerro, cuando la prensa abrió fuego contra él y Gazón Bona en particular, pero también contra el español Vela Zanetti, que sólo tenía culpa de no saber pintar merengues. Lo que se armó contra Don Cucho y Gazón Bona fue una pelotera monumental. Una primera filípica, titulada “Casa de Orates en El Cerro”, apareció en la primera página del diario El Caribe, y en los días siguientes desde el Foro publico los plumíferos más abyectos empezaron a vomitar improperios, se produjo una andanada, un aluvión de improperios, de frases injuriosa a granel, todo tipo de insultos, una antología de denuestos, dicterios, vituperios... ataques desalmados contra la moral y el buen nombre de Cucho y Gazón

Salieron a relucir los desaciertos arquitectónicos reales e imaginarios del pretencioso Castillo del Cerro, la pobreza creativa del plano, el derroche y los turbios manejos que tuvieron lugar durante la construcción. Se dijo que ni la bestia ni la María Martínez vieron jamás el diseño ni conocieron de su existencia, que el dinero se había dilapidado graciosamente a manos llenas y que para lo único que podía servir la decrépita edificación era para poner un manicomio.

La deshonra del honorable Don Cucho Virgilio Álvarez Pina tocó fondo. La cosa más gentil que decían de él los medios de comunicación es que era un ladrón y un loco.

Para peor, mucho de lo que se decía parecía ser cierto y Don Cucho tuvo que marcharse al exilio, un pesaroso exilio, el exilio interior en alguna propiedad seguramente confortable y lujosa, un exilio que le pareció “un largo calvario, con reclusión doméstica voluntaria”, desde 1950 hasta 1954. Adoptó, entonces, durante esos años, un bajo perfil, el perfil que le permitía conservar el pellejo. Pero no estaba solo en su desgracia. Lo acompañó en su caída, no en su exilio, aunque por razones diferentes, su amigo Paíno Pichardo. El cuchipaineo, la mancuerna de Cucho y Paíno, permanecería en receso durante la mayor parte del reinado de Anselmo Paulino.

El español José Vela Zanetti, el muralista oficial del régimen, cayó también de la gracia del jefe y fue relegado durante un tiempo, apartado de las esferas oficiales por complicidad en la comisión del adefesio del cerro, pero no sufrió, no fue víctima de mayores consecuencias.

A Garzón Bona le fue mucho peor que a Don Cucho. Dicen que la bestia le dio en principio veinticuatro horas para salir del país, pero la verdad es que prefirió, como era su costumbre, desconsiderarlo, humillarlo, a pesar de su fama y gloria, a pesar de haber sido el diseñador del Monumento a La Paz de Trujillo que se levantó en la ciudad de Santiago de los Caballeros, a pesar de su dedicación, a pesar de su innegable contribución y su entrega total como arquitecto a su magna obra de gobierno durante más de veinte años.

A Gazón lo difamaron por todos los medios, naturalmente, como era de rigor, y también lo acusaron o levantaron sobre él de alguna manera la sospecha de malversación de fondos en la construcción del engendro del cerro. Lo amenazaron de muerte, lo amenazaron con meterlo en prisión, convirtieron su vida y la de su familia en una pesadilla y tuvo que irse al exilio, el verdadero exilio en el extranjero, no el exilio dorado que padeció Cucho Álvarez. Lo peor de todo es que se vio obligado a dejar a sus mujer y a sus hijos en el país durante lo que de seguro fue el más angustioso período de su existencia. Finalmente lo acusaron de desertor, de abandonar las filas del glorioso ejército en el cual ostentaba el rango de mayor más o menos honorífico.

A juicio de Crassweller, la principal razón de la caída de Cucho Álvarez y Paíno fueron las intrigas y la ascensión atropelladora de Anselmo Paulino Álvarez. Paulino se jactaba en voz alta de que la bestia le había pedido que tratara como un hermano a Cucho Álvarez, como un amigo fraterno, y Paulino lo complació de una forma tan peculiar que al cabo de un año había destruido (provisionalmente) su carrera. En esa misma época también se llevó de paso a Paíno Pichardo y logró apartar, por cierto tiempo, a Manuel de Moya Alonso, un personaje singular a quien la bestia apreciaba de una manera igualmente singular. El muy querido Manuel de Moya Alonso.

Por fortuna, y como dice el refrán, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. El reinado de Paulino, entre 1951 y 1954, llegó a su fin de una manera imprevista y mucho más estrepitosa que la de Cucho Álvarez.

Al poco tiempo, Paíno Pichardo regresó a la cumbre, recuperó las perdidas gracias del poder y fue de nuevo nombrado Presidente del Partido Dominicano.

Álvarez Pina regresó al círculo íntimo de la bestia donde permaneció hasta el fin de la era. Bajo su nefasta influencia harían carrera varios de sus descendientes, empezando por Virgilio Álvarez Sánchez, un personaje oscuro que parecía sacado de una película del cine negro. Crassweller lo describe como un tipo corpulento y de modales muy poco refinados, que se destacaba, por su impopularidad, por intrigante, por su notoria incapacidad y por el cigarrillo que a todas horas pendía de sus labios.

Dicen las malas lenguas que cuando por fin Don Cucho volvió a encontrarse con la bestia, después del plácido exilio, la bestia se mostró alegre y jovial, le dijo a boca de jarro en son de broma o de sarcasmo, “Pero carajo, Cucho, ¡dónde te habías metido?”.

(Historia criminal del trujillato [78])

Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.

El “cuchipaineo” de Hipólito y Danilo, las obras públicas y la JCE
https://prensalibrenagua.blogspot.com/2016/10/el-cuchipaineo-de-hipolito-y-danilo-las.html

José Almoina, “Una satrapía en el Caribe”
(http://www.memoria-antifranquista.com/wp-content/uploads/2014/10/JOSE-ALMOINA-UNA-SATRAPIA-EN-EL-CARIBE.pdf).

El libro de Don Cucho Álvarez

(https://hoy.com.do/el-libro-de-don-cucho-alvarez/)

El palacio que Trujillo no quiso

Evelin Germán | 6 septiembre, 2014

El palacio que Trujillo no quiso

La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro

Marcos Rodríguez | 11 agosto, 2018

La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro

LA CASA QUE TRUJILLO NUNCA HABITO....

Casa del Cerro

El Castillo del Cerro o “ Casa de Orates”

La Residencia que Trujillo nunca habitó, motivo de la desgracia de varios de sus más estrechos colaboradores.

Por: Arquitecto Bienvenido Pantaleón Hernández