Rubirosa (1)
Pedro Conde Sturla
3 junio, 2022
Es difícil encontrar un personaje tan despreciable y repulsivo, tan inmoral y tan frívolo, y a la vez tan popular y admirado como Porfirio Rubirosa. Porfirio Rubirosa Ariza.
Rubirosa fue el más famoso cortesano de la era de la bestia, quizás el dominicano más vergonzosamente mencionado y glorificado de la historia. Quizás Porfirio Rubirosa, junto a Pedro Henríquez Ureña y Maximo Gómez (guardando, por supuesto, las insalvables diferencias), sean todavía hoy los dominicanos de mayor proyección internacional.
En Europa lo idolatraban, lo celebraban y lo celebran como el más grande play boy del siglo XX, como si fuera algo honroso, como si fuera admirable conquistar y desplumar mujeres ricas y además propinarles de vez en cuando golpizas. El hecho es que Rubirosa (o simplemente Rubí como le decían cariñosamente) aparecía en los noticieros, aparecía de refilón en algunas películas francesas, en las carreras de caballo y de autos, aparecía hasta en la ensalada. Los franceses bautizaron en honor a su miembro los grandes pimenteros de sus restaurantes de lujo con el nombre de Rubirosa, la prensa amarilla celebraba sus conquistas, celebraba al seductor irresistible, celebraba al jugador de polo, al piloto de carreras de autos, al hombre que según decía estaba demasiado ocupado para trabajar… Terminó convirtiendo al vulgar gigoló, al vulgar chulo, al infame prostituto, al detestable falócrata y vividor y maltratador y engañador de mujeres en una especie de modelo a seguir, en un personaje de culto.
De las bellaquerías que cometió en la misma Europa y de los asesinatos en que se vio envuelto al servicio de la bestia raramente se decía una palabra, si acaso se decía algo. Rubirosa estuvo involucrado en escándalos internacionales y en algunos de los peores crímenes que la bestia patrocinó en el extranjero, aparte de los que cometió por cuenta propia.
Por órdenes de la bestia, en el año de 1935 participó en la planificación y tentativa de asesinato del exiliado antitrujillista Ángel Morales, que vivía en Nueva York, y que culminó, por un azar del destino, con la muerte de Sergio Bencosme, hijo del hacendado Cipriano Bencosme, ultimado en 1930 por sicarios de la bestia. Sergio Bencosme se convertiría en la primera víctima de la bestia en el extranjero. El hombre que le quitó la vida era un primo de Porfirio, un desalmado gatillero llamado Chichí Rubirosa. Luis de la Fuente Rubirosa, alias Chichí.
Porfirio Rubirosa estuvo involucrado igualmente —junto a Felix y Minerva Bernardino y el general Arturo (Navajita) Espaillat— en el rapto de Galíndez y en tareas de espionaje y otras cosas sucias que muchos de sus admiradores prefieren no mencionar.
Durante la guerra civil española y el período anterior al estallido de la segunda gran carnicería mundial —amparado en su condición de diplomático— fueron numerosas las canalladas que cometió en perjuicio de exilados y fugitivos que buscaban salir desesperadamente de Europa y pagaban lo que fuera por un pasaporte o cualquier tipo de salvoconducto que les permitiera ponerse a salvo en algún país americano. Además, alguna vez fue mencionado, junto a otros diplomáticos dominicanos, en el robo y contrabando de valiosas piezas arqueológicas provenientes de Grecia. Se le menciona, por igual, en el asesinato de un polaco con el que viajó a España en busca de unas joyas durante la guerra civil, a finales de los años 1930.
Según se dice, el polaco y un joyero español se habían puesto de acuerdo con Rubirosa para que Rubirosa y el polaco fueran a rescatar lo que constituía prácticamente un tesoro, unas valiosas prendas que no habían podido sacar del territorio español. Era un viaje lleno de peligros que Rubirosa logró sortear viajando desde Francia en un automóvil con placas diplomáticas y con sus credenciales de diplomático, por supuesto. Rubirosa hizo el viaje de ida y vuelta y entregó al joyero español una parte del botín, quizás una parte insignificante.
El polaco en cambio desapareció o lo hizo desaparecer Rubirosa. También desapareció en los bolsillos de Rubirosa la mayor parte de las prendas. El polaco, desgraciadamente —de acuerdo con la versión de Rubirosa— fue víctima de la guardia fronteriza, al igual que el resto de las joyas, y Rubirosa no podía estar más compungido.
Lo cierto es que Rubirosa siempre tuvo problemas con las autoridades europeas y si salía bien librado era solo debido a su buena suerte y a su condición de diplomático. Incluso con la bestia tuvo problemas serios que pudieron costarle la vida. Trujillo mandaría a matarlo, supuestamente, para castigarlo por las golpizas que le había propinado a su hija Flor de Oro cuando estuvieron casados. Las golpizas y los cuernos. Rubirosa ya había sido despojado por la bestia de su condición de diplomático, pero sus amigos lo pondrían sobre aviso y se ocultaría durante un tiempo. Quizás no haya nada de cierto en esa historia, quizás se trató de una falsa alarma, pero con la bestia nunca se podía estar seguro.
Lo que sí es cierto es que estuvo a punto de perder la vida en 1946 —cuando recién había terminado la segunda guerra mundial—, por cortesía de unos miembros de la resistencia francesa que le metieron tres balazos en el cuerpo. Pero el blanco, o en este caso el trigueño, no era Rubirosa. Se trataba de un mal entendido, una equivocación o mejor dicho un lamentable accidente. Nadie quería eliminar a Rubirosa, sino a su reciente esposa, la bella actriz Danielle Darrieux, a quien se acusaba de colaboracionista. Rubirosa, según se dice y se repite, recibió heroicamente los balazos destinados a ella y le salvó la vida. Sin embargo, nada tendría de extraño que Rubirosa también fuera colaboracionista o simpatizante del nazismo. Lo extraño sería que no lo fuera. Lo más probable es que ambos eran colaboracionistas y filonazistas y que los erráticos balazos estaban dirigidos sin discriminación a uno y otra con la intención de poner fin a sus días, pero no cumplieron su cometido. Desafortunadamente las balas tuvieron mala suerte.
(Historia criminal del trujillato [90])
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”
(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)
Rubirosa (2)
Pedro Conde Sturla
10 junio, 2022
La celebrada vida de Porfirio Rubirosa —la impresionante y fascinante vida de un seductor como la definieron y definen muchos escritores y periodistas—, fue la vida de un libertino, un tipo vacío, un hombre hueco, hinchado de vanidad, un narcisista poseído de sí mismo en grado extremo, que hacía el mal sin darse cuenta o sin pretender darse cuenta y que tomaba lo que al parecer creía que el mundo le debía. Alguien que tuvo acceso durante una infancia dorada a la mejor educación, a una existencia regalada y placentera, y que pudo ser una persona útil y eligió ser un parásito.
Porfirio Rubirosa Ariza y sus dos hermanos mayores (Ana y César) eran hijos de un general de la época de Concho Primo (Pedro María Rubirosa Rossi), que se cansó de tirar tiros y abrazó la carrera diplomática en cuanto se le presentó la oportunidad. Eso le permitió a la familia dejar atrás el escenario del caciquismo y la montonera, las casas con refugios soterrados donde los habitantes podían protegerse de los muy frecuentes tiroteos, la violencia endémica que se agravó a partir de la muerte de Lilís en 1899 y perduró durante los primeros dieciséis años del siglo XIX.
La diplomacia le permitió, en definitiva, al general Rubirosa partir con su familia hacia Saint Thomas en 1914 y luego establecerse como jefe de la delegación dominicana en París de Francia casi en el mismo momento en que estallaba la primera guerra mundial. Los Rubirosa pasaron, pues, del sartén al fuego, y por un período de más de cuatro años se convirtieron en espectadores de la más feroz carnicería que había conocido la humanidad.
En 1916, a los dos años de la llegada a Francia, se produjo la primera ocupación armada del imperio norteamericano en Santo Domingo, que se prolongaría por ocho años. Ese pudo haber sido el fin de la estadía de los Rubirosa Ariza en Europa, pero los servicios internacionales y las representaciones diplomáticas o consulares se mantuvieron a pesar de la ocupación en países como Francia e Inglaterra. En el gobierno de Horacio Vázquez, que sucedió al de los yanquis, el general Rubirosa fue confirmado en su cargo y posteriormente nombrado como embajador en Londres
De tal manera, la familia Rubirosa Ariza pudo permanecer en el viejo continente durante largo tiempo. Porfirio llegó a París cuando tenía seis años y regresaría contra su voluntad al país cuando tenia diecinueve, un tiempo después que sus padres y hermanos.
Como estudiante no sirvió para nada y ni siquiera pudo terminar la enseñanza media. Pero aprendió inglés y francés, probablemente sin acento, y aprendió según se dice algo de alemán y portugués.
Aprendió a boxear, aprendió a bailar como un profesional, aprendió los más refinados modales, el arte de seducir, de engatusar, de engañar. Aprendió, además, el arte del desdoblamiento, el arte de la doble personalidad y doble moral. Podía ser el tipo más fino, el más atento, el más gentil y galante y podía propinar a una mujer una golpiza, matar por dinero o por órdenes de la bestia.
Lo más importante de todo es que aprendería a jugar polo y se convertiría en un notable jugador. Al polo se dedicaría toda la vida y llegó a tener su propio equipo, el equipo Cibao–La Pampa con el que cosecharía notables éxitos. Incluso llegó a ganar, en lo que sería el último día de su existencia, la Copa de Francia.
El polo le permitió relacionarse, desde su época de estudiante, con gente de alto postín, de un postín tan alto como el de Alí Khan, con el que entabló una especie de amistad que duró toda la vida. Ali Khan era hijo y sucesor de Aga Khan III, un líder religioso musulmán de la India, un tipo obeso, o por lo menos corpulento, al que sus fieles regalaban todos los años su peso en oro, a veces en diamantes, a veces en platino, quizás en piedras preciosas. Alí Khan, desde luego, estaba podrido en dinero y es muy probable que Rubirosa le ayudara con mucho gusto a gastarlo en incontables correrías, en fiestas, en prostitutas de lujo. La vida nocturna se convirtió para Rubirosa en la vida por excelencia, la verdadera vida. En algún momento decidió —si no lo había decidido desde siempre— dedicar su vida a la juerga, vivir de juerga en juerga, dedicarse a tiempo completo a la dolce vita, quizás la más divertida, superficial y estúpida manera de vivir.
Lo malo es que le faltaban los recursos. Su amigo Ali Khan había elegido el mismo estilo de vida y se convertiría con el tiempo en un famoso play boy y conquistaría muchas mujeres, pero a base de papeletas y no de muela, como Rubirosa. Rubirosa no gastaba dinero en mujeres, vivía de las mujeres, invertía en mujeres. Ali Khan se dio a conocer como mujeriego. Porfirio Rubirosa ganó fama como prostituto de alta sociedad. Dicen que un columnista llamado Taki Theodoracopulos decía que cuando Porfirio Rubirosa se emborrachaba, le echaba mano a la guitarra y cantaba “Soy sólo un chulo, soy sólo un chulo”.
En realidad era un poco más que eso. Atraía a las mujeres como dice Juan Luis Guerra, pero al revés: como el panal a la abeja. Como un imán. Pero un chulo era en esencia: un renombrado y exitoso chulo.Uno de esos extraños alborotadores de hormonas, un tipo feromonal. Un cuero macho.
Historia criminal del trujillato (91)
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”
(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)
Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)
Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)
PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)
pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)
Rubirosa (3)
Pedro Conde Sturla
17 junio, 2022
La familia Rubirosa Ariza —con excepción de Porfirio— dejó a Europa en 1928 y regresó al país en un momento de crisis, de gran incertidumbre. El gobierno de Horacio Vázquez se tambaleaba y la bestia preparaba el golpe de mano que lo llevaría al poder. Porfirio había demostrado ser un caso perdido, un bueno para nada, y ahora de repente había perdido el apoyo económico del cual había dependido toda la vida. Aún así decidió tratar de sobrevivir y sobrevivió en París durante un tiempo a base de sus encantos, de sus buenas y malas artes, echando mano a todos los recursos que tenia a su disposición y a otros que improvisaría sobre la marcha, haciendo de tripas corazón. Hay quien dice que se ganó el pan como miembro de un conjunto de baile, que se exhibió en clubes nocturnos de mala muerte y en las calles, como artista callejero, quizás cantando y tocando guitarra. Pero las cosas, y sobre todo las mujeres, no se le dieron tan fácil desde abajo, sin la cobertura y el pedestal y el brillo diplomáticos y fracasó en casi todo lo que intentó, incluso como seductor, como Don Juan y gigoló, y al cabo de un tiempo tiró el guante y decidió regresar al país, al paisaje que había conocido en su infancia y del cual posiblemente no conservaba memoria. Pero lo peor es que ni siquiera tenía dinero para regresar y regresó de contrabando, como polizonte, en un barco mercante que lo dejó en Puerto Plata.
Porfirio había nacido en 1909, se había ido como hijo de diplomático a Europa cuando apenas tenía seis años y ahora regresaba con una mano delante y otra atrás, a fines del gobierno de Horacio Vázquez, cuando tendría unos diecinueve. Para peor, la situación de la familia no era buena y tendía a empeorar. Se agravó definitivamente cuando el padre murió en 1930 en San Francisco de Macorís. El año en el que se estrenaba el régimen de la bestia.
La gente que conoció y trató a Porfirio Rubirosa en esa época cuenta que su situación económica no era nada halagüeña y que se vio obligado a desempeñar oficios humildes. Los sábados y domingos, sin embargo, vestía sus mejores galas y se reunía en el parque con los jóvenes del pueblo, trataba siempre de destacarse, exhibiendo sus finos modales, sus conocimientos de idiomas y de mundo. Haber ido a París era una profesión, como se decía en ese tiempo. Ser blanco también era una profesión. Pero Porfirio hablaba con amargura y desencanto de sus frustrados sueños. A más de un conocido le contó que la gran meta de su vida era conquistar una mujer rica, pero sabía que para lograrlo también tenía que ser rico o por lo menos aparentar cierto nivel de bonanza. Se sentía irrealizado, sentía que no tenía presente ni futuro y no encontró nada mejor que hacer que engancharse a la guardia.
Obedecer y recibir órdenes, dormir en incómodas literas, levantarse de madrugada y someterse a una disciplina, a una casi dictadura castrense no era lo suyo. Pero la carrera militar le abriría la puerta de sus sueños.Lo que menos pensaba Rubirosa, en el momento en que se puso el uniforme, es que esa mujer rica que había estado persiguiendo en la imaginación, muy pronto estaría al alcance de sus manos.
A la bestia le gustaba rodearse de hombres buenos mozos y gallardos, de gente elegante, atildada, bien vestida, y muy pronto se fijaría en Rubirosa y ese sería el principio de una gran amistad. La bestia lo designó como miembro de su escolta personal y al poco tiempo ostentaba el grado de capitán. Pero no cualquier capitán. El uniforme de Rubirosa estaba hecho a la medida, estrictamente a la medida de Rubirosa, todo en Rubirosa parecía estar hecho a la medida. Rubirosa lo medía y calculaba todo, como si estuviera permanentemente al acecho de una presa. Como en efecto lo estaba.
De una presa, de una codiciada presa había oído hablar y murmurar varias veces, la había oído mencionar, casi en secreto, y de seguro estaba esperando el momento de conocerla, la oportunidad de saltar sobre ella cuando el momento fuera propicio. De hecho, le saltó arriba casi desde el momento en que la vio y el salto estuvo a punto de costarle la vida.
El nombre de la agraciada era Flor de Oro Trujillo Ledesma, la hija superviviente de las dos que había tenido la bestia con una mujer humilde de la cual ahora se avergonzaba, de la madre de la única hija que tenía en esos años. Su hija llamada primorosamente Flor de Oro, la que había estado estudiando en París y regresó en 1932, a los diecisiete años de edad, la flor de la edad.
Semejante acontecimiento no podía ser pasado por alto y la bestia ordenó un recibimiento digno de una princesa. El Puerto de Santo Domingo se llenó de funcionarios y una multitud de curiosos. Toda una comitiva de edecanes, militares y cortesanos (entre los que no podía faltar y no faltaba Porfirio Rubirosa), fueron a recibirla. Flor de Oro bajaría del barco entre aplausos y voces de bienvenida, desfilaría entre filas de admirados admiradores, abrazaría a su amante padre. El padre le presentaría a sus acompañantes. Rubirosa le hablaría en francés, la deslumbraría desde el primer momento. Rubirosa también sufriría o fingiría sufrir un deslumbramiento. Se intercambiarían miradas furtivas. Se comerían con los ojos uno a otro.
Poco tiempo después Rubirosa estaría preso, mal preso, sería dado de baja deshonrosamente y reenviado a San Francisco de Macorís en las más vergonzosas circunstancias.
(Historia criminal del trujillato (92)
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”
(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)
Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)
Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)
Porfirio Rubirosa. Mi vida como playboy (https://www.cuestalibros.com/5056218252)
Pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ).
Rubirosa (4)
PedroConde Sturla
24 junio, 2022
Hay que imaginar que desde que conoció a Flor de Oro —y quizás desde antes de conocerla—, Rubirosa no pensaría en otra cosa. La hija de la bestia no era muy agraciada, debía tener un genio de mil demonios (como demostrarían a la larga sus ocho o nueve matrimonios fallidos), era seguramente una engreída, era dientuda o dentona, pero no carecía de encantos, ciertos encantos secretos. Flor de Oro tenía -según decían las matronas de la época- su música por dentro. Tenía, además, en especial, un atractivo que la hacía irresistible a los ojos de Rubirosa, algo inefable que la convertía en la mujer más deseada, la mujer de sus sueños. Era hija de la bestia. Era la gallina de los huevos de oro, era la llave maestra que le abriría la puerta del futuro. La mujer de su vida.
De hecho Rubirosa se lo debería todo a la hija de la bestia, ella sería la más importante de todas sus conquistas, la que le permitiría despegar, volver al mundo de la diplomacia y convertirse en lo que se convirtió.
Lo qué pasó entre ellos desde el día en que se encontraron por primera vez en el puerto, dio origen a múltiples versiones, algunas de ellas sazonadas con una cierta dosis de romanticismo. Lo más probable es que empezarían a verse a escondidas y que la bestia se enteró y sufrió una rabieta. De acuerdo con otra versión más creativa, fue a Flor de Oro que se le ocurrió hacer público el noviazgo. Se presentó un día en el despacho de su padre con los galones de capitán de Porfirio Rubirosa y le pidió que se los regalara de cumpleaños con todo y capitán. Esta versión también termina con una rabieta de la bestia, una rabieta bestial.
A Flor de Oro le prohibieron volver a verlo, fue confinada a sus habitaciones, la harían sufrir y llorar como una Magdalena, le prohibirían sus paseos a caballo. La privarían en fin del equivalente del celular y la tarjeta de crédito.
A Rubirosa lo bajaron del pedestal al que se había subido, lo dieron de baja, lo desconsideraron, lo humillaron, lo encerraron en la Fortaleza Ozama, lo arrojaron más bien en una celda inmunda para que se lo comieran los piojos y las pulgas y allí se estuvo consumiendo durante un tiempo.
La gente que lo conocía cuenta que lo vieron regresar a San Francisco de Macorís en un vehículo militar, que lo bajaron a empujones y que estaba sucio, sucio maltratado y descalzo, sin sus lustrosas botas de oficial, vestido apenas con los pantalones y una camisa ripiosa, andrajosa. Hay quien afirma que parecía un espantajo y que se escurrió por las calles del pueblo y fue a buscar refugio a la finca de un tío y no se le volvió a ver en algún tiempo. También se corrió el rumor de que la bestia lo había mandado a matar con Ludovino.
Cuando reapareció en el parque, vestido de la mejor manera posible, Rubirosa parecía una sombra de sí mismo. Había recibido una paliza sicológica, amenazas y malos tratos. Estaba deprimido y triste, hablaba ahora amargamente de cómo había estado a punto de empezar a cumplir sus objetivos y de cómo todo se había echado a perder. Ahora se encontraba sin dinero, sin profesión y sin oficio y sin esperanzas y con miedo de que le pudiera pasar algo. Como en efecto pasó.
Pasó que un día, al improviso, corrió el rumor de que lo habían venido a buscar. Un rumor que no presagiaba nada bueno. Lo vinieron a buscar a la finca y lo invitaron a subir a un vehículo militar y se lo llevaron de vuelta para la capital y no volvió a saberse de él durante un tiempo. Después se supo que a Rubirosa le habían restituido sus galones, sus botas y su brillo y su uniforme, le habían restituido la sonrisa y la luz de sus ojos y que se iba a casar con su Flor de Oro.
Dicen que la bestia se oponía a la relación entre Flor de Oro y Rubirosa porque Rubirosa se había propasado, porque había traicionado su confianza y le había faltado al respecto, porque le había arruinado la mercancía. Dicen que se había opuesto en principio porque ambicionaba casar a Flor de Oro con una persona de alcurnia, igual que alguna vez pretendería —según dicen las malas lenguas—, casar a su hija Angelita con Juan Carlos I de España, que tanto se la merecía. Dicen que la mamá de Rubirosa intervino, que fue ella la que convenció a la bestia de que los jóvenes se amaban, de que se merecían uno al otro. Dicen que la bestia se hartó de los interminables berridos de Flor de Oro, que se le ablandó el corazón. El hecho es que cambió de parecer y dio el permiso o mejor dicho la orden para que la infeliz pareja se uniera en matrimonio y fuera aún más infeliz. Pero la mamá de Flor de Oro no asistiría al matrimonio, ni siquiera se la mencionaría. La bestia se había casado en 1927 con una distinguida dama de Montecristi llamada Bienvenida Ricardo (aunque ya andaba entrotado con María Martínez, que le había dado un hijo), y ella sería la madre oficial de Flor de Oro. Un anuncio de prensa muy escueto anunciaría que EL GENERAL RAFAEL LEONIDAS TRUJILLO MOLINA, Presidente de la República, y BIENVENIDA RICARDO DE TRUJILLO se complacían en participar a sus amistades el matrimonio de su hija FLOR DE ORO con el Señor PORFIRIO RUBIROSA, y que el acto se celebraría en la mansión Presidencial de San José de las Matas el 3 de diciembre del presente año de 1932 a las 4 de la tarde.
El matrimonio se realizó, en efecto, en el mismo pueblo donde la bestia había hecho matar dos años antes a Virgilio Martínez Reyna y su esposa embarazada Altagracia Almánzar.
Cayó por cierto un aguacero, un aguacero monumental (aunque no del tamaño del que cayó en el cuento Dos pesos de agua de Juan Bosch), y el torrente que corría por las calles tenía un tinte rojo que se desprendía de los adornos de papel que se usaron para engalanar las calles…, como si el cielo llorara de indignación.
(Historia criminal del trujillato [93])
Bibliografía:
Robert D. Crassweller, “The life and times of a caribbean dictator.
Henry Espinal, “Porfirio Rubirosa-Rubí. El playboy dominicano más famoso”
(https://m.facebook.com/historiadominicanaengraficas/photos/a.267065323491958/1738755342989608/?type=3)
Alí Khan (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Al%C3%AD_Khan)
Lipe Collado – Porfirio Rubirosa. La Impresionante Vida de Un Seductor (https://es.scribd.com/doc/269366762/Lipe-Collado-Porfirio-Rubirosa-La-impresionante-vida-de-un-seductor-pdf)
PORFIRIO RUBIROSA. MI VIDA COMO PLAYBOY (https://www.cuestalibros.com/5056218252)
pablo Clase Hijo “Rubirosa: El primer playboy del mundo” (https://www.amazon.com/-/es/Pablo-Clase-Sanchez-ebook/dp/B0742FJHHQ)